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Opinión

Danilo Medina: Hay que rematarlo política y judicialmente

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Por Melvin Mañón

Los jóvenes concentrados frente a la JCE, enarbolan un reclamo intransigente frente al fraude electoral perpetrado por el gobierno y expresan su repudio frente a la llamada clase política cuyo ejercicio partidario no los representa y donde florece la cultura que alimenta a quienes estupran no solo a ellos, sino a todos los que somos víctimas de sus abusos, corruptelas y desmanes. Nada ni nadie los hará cambiar de opinión.

Durante los meses que siguieron al ajusticiamiento de Trujillo en 1961 el pueblo empezó a desbordarse. Yo tenía entonces 17 años, ya era dirigente estudiantil y mi padre, junto a otros que no sobrevivieron “La 40”, había sido torturado tras participar en el movimiento clandestino 14 de Junio.

En esos meses, el Dr. José Augusto Puig que ya era un adulto, consumado y reconocido antitrujillista, nos llevó a una reunión en la casa de un tío de Narciso Isa Conde  en Puerto Plata donde un vice cónsul americano que se identificó como Joseph Fandino nos leyó la cartilla. Dijo que, si equivocábamos nuestro accionar, EEUU invadiría nuestro país. “Vayan preparando las tropas le dije. No aceptamos imposiciones”.

Poco tiempo después y tras otros incidentes relatados en mi libro Travesía, repudié al Dr. Puig convencido de que yo hacía lo correcto mientras que él con su moderación, sus límites y su prudencia iba rumbo al compromiso. El Dr. Puig fue candidato a la vice presidencia por la Unión Cívica Nacional que perdió ante Juan Bosch en las primeras elecciones libres en más de 30 años. Tras el golpe de Estado de 1963 el Triunvirato lo nombró embajador en Francia.  Habría de pasar toda una vida para que yo finalmente entendiera sus razones no necesariamente para que le diera la razón.

ENSEÑANZA

¿Por qué he querido rememorar esta historia tan antigua? El momento es oportuno para aprender de ella. Como dije antes, nada ni nadie hará que esos jóvenes cambien de opinión ni de actitud. Ellos ahora, como nosotros antes, están avergonzados de la mierda de país que tenemos, de cómo esta gente nos estupra y los hemos dejado hacer; de la inacción de una generación, de los valores enarbolados por los adultos de hoy; no están contaminados con la lógica perversa pero usualmente eficiente del sistema. Ellos tienen ahora un sueño, ya despiertan de una larga pesadilla y repudian a la clase política con la cual no quieren coincidir ni mezclarse. Como nosotros, estos jóvenes protestan. A diferencia de nosotros deberán pronto proponer.

A mi generación, ese sueño y la época la condujeron a la guerrilla, la conspiración, la muerte temprana, el fracaso. Estábamos dispuestos a todo menos a ceder, a hacer concesiones; éramos puritanos y fundamentalistas. No podemos echarle a nadie la culpa de nuestro fracaso. Quizás hayamos aprendido algo.

La integración y la mezcla de estos  jóvenes con nuestros políticos no es posible. El enemigo no es solo Danilo y el PLD sino la cultura prohijada por ellos. Aunque han sufrido reveses importantes, no están derrotados. La próxima solución política caerá inevitablemente en las manos de políticos y partidos contaminados y/o corresponsables del caos actual.

Sin embargo, el referente ético, los parámetros de conducta y la esperanza de un mejor país residen en esos jóvenes y son ellos los que pueden evitar que en aras del “pragmatismo” se destrocen los valores sobre las cuales edificar una nación y una sociedad.

Que sean pues los jóvenes la consciencia crítica de esta época y que sea su accionar la espada sobre los hombros de aquellos muchos que, incluso despojados de mérito, heredarán el poder político mientras, esta nueva generación apura el paso para convertirse  a su vez en relevo.

Mientras más tiempo duren los jóvenes en protesta mejores son las posibilidades de que pueda formarse una nueva cultura y una nueva tradición de lucha que supere el oportunismo, el consumismo y la desesperanza que prosperaron después que el fracaso de mi generación y la siguiente, estuvo consumado.

Aunque muchos no lo vean aun, desde la Marcha Verde hasta ahora esta sociedad ha empezado a renacer. Faltan éxitos y fracasos pero una sociedad vigilante en la defensa de la democracia solamente puede surgir de estas luchas. Un nuevo liderazgo nacional, por igual, se alimentará de estas jornadas. Por todo esto  suscribo Rescate Democrático: Al pueblo: está prohibido olvidar. A los que luchan: está prohibido fallar.

Mientras tanto, tratemos de no equivocarnos. Danilo Medina y lo que él representa, aunque golpeado, no está derrotado ni fuera de juego. Hay que rematarlo política y judicialmente. Será entonces cuando podremos exhibir la alegría que desde ya, sin haber completado la tarea, inunda las calles y plazas de cualquier parte del país y del mundo que albergue una comunidad de dominicanos. Además de protestar y hacerlo en todas partes y con la energía que está ocurriendo hay que proponer.

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Opinión

¿De qué nos avergonzamos realmente?

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Por Isaías Ramos

En el evento reciente denominado La Semanal, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, manifestó que sentía vergüenza debido a la falta de un estadio modelo que pueda acoger eventos de Grandes Ligas en nuestro país. Estas declaraciones resaltan un malestar superficial que contrasta dramáticamente con las verdaderas vergüenzas que afligen a nuestra nación.

La propuesta de solucionar esta carencia a través de «Alianzas Público-Privadas», conocidas por socializar las pérdidas y privatizar las ganancias, es indicativa de una problemática mucho más profunda y sistemática.

Esta situación nos invita a reflexionar y cuestionar: ¿No es acaso más vergonzoso que nuestros gobernantes adopten políticas neoliberales que contravienen el espíritu de la Constitución que juran proteger? ¿No deberíamos sentir una indignación más profunda cuando el régimen promueve un consumismo insostenible y un modelo económico que favorece la extracción sobre la producción genuina, despreciando así la creación de riqueza sostenible y la productividad?

Observamos con dolor cómo la palabra “político” se ha convertido en sinónimo de corrupto en el imaginario colectivo. Es desgarrador ver cómo nuestros líderes permiten que el futuro de la nación se vea comprometido por una deuda que supera los 70 mil millones de dólares en las últimas dos décadas, mientras nuestros recursos naturales son saqueados impunemente, dejando a la población solo con daños ambientales y problemas de salud irreparables.

Nuestro sistema educativo se encuentra entre los más ineficientes del mundo, deteriorándose ante nuestros ojos, y la seguridad en nuestras calles ha llegado a tal punto que la población vive prácticamente encerrada en sus propios hogares.

La implementación de leyes de «alianzas público-privadas» se ha convertido en un mecanismo legalizado para el saqueo de fondos públicos, exacerbando la corrupción ya rampante y desviando recursos que podrían mejorar la vida de todos.

¿Cómo no sentir un profundo malestar al saber que la deuda pública se ha incrementado en más de 27 mil millones de dólares en los últimos cuatro años sin mostrar ningún impacto social significativo de las inversiones realizadas?

¿No es vergonzoso que las políticas públicas hayan abandonado por completo el sector agropecuario desde 1996, permitiendo que nuestros campos sean invadidos por extranjeros siendo el desprecio más evidente para este sector bajo la actual administración del «cambio»?

Es hora de que como sociedad dominicana enfrentemos estas verdades incómodas. No podemos continuar tolerando la corrupción, el abandono de nuestra educación y salud, y la desatención hacia el bienestar general.

Desde el Frente Cívico y Social, hacemos un llamado a cada ciudadano a exigir cuentas, a reclamar transparencia y a trabajar juntos para reconstruir un país donde la dignidad, la justicia y el progreso real sean los pilares de nuestra comunidad.

¡Es tiempo de dejar atrás la vergüenza que nos paraliza y abrazar la valentía necesaria para cambiar nuestro destino colectivo! ¡Actuemos con determinación por un futuro mejor para todos!

Este es un momento crucial en nuestra historia. Debemos elegir si continuaremos permitiendo que estas prácticas vergonzosas definan nuestro país o si, en cambio, nos levantaremos para demandar y efectuar un cambio genuino y duradero que refleje el verdadero espíritu y potencial de la República Dominicana.

¡Despierta, RD!

 

 

 

 

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Opinión

Los Tribunales Militares y la Corte Penal Internacional

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Por Rommel Santos Diaz

Los tribunales militares, tal como los tribunales ordinarios, podrán procesar a los autores de un delito de la CPI. El Estatuto de Roma no hace ninguna distinción entre estos dos tipos de sistemas  y los Estados Partes pueden escoger libremente cuál tribunal nacional será competente para procesar un delito  de la CPI.

Un Estado Parte podrá decidir que los procedimientos relacionados  con el Estatuto de Roma  serán competencia de los tribunales ordinarios, de los tribunales militares, o de ambos, dependiendo de la organización general  de su sistema  judicial.

Sin embargo, los tribunales militares normalmente tienen  una competencia restringida. Solo pueden enjuiciar al personal  militar, y no tienen competencia  sobre los civiles.

Los crímenes de la competencia de la CPI , sin embargo, podrán  cometerse en tiempo de paz,  tanto por miembros de las fuerzas armadas , así como  civiles. Por ejemplo, la fuerza policial o grupos armados paramilitares pueden cometer crímenes de lesa humanidad, como un civil que participe reclutando niños o  niñas,  y que por ende cometa un crimen de guerra.

Los Estados Partes que deseen enjuiciar a los autores de un delito  de la Corte Penal Internacional  deberan, la mayor parte del tiempo , utilizar sus jurisdicciones  ordinarias, salvo que los tribunales militares cuenten con una amplia competencia  que cubra los crímenes cometidos en tiempo de paz y aquellos cometidos por civiles.

En muchos países, los procedimientos ante los tribunales militares son distintos a aquellos  ante un tribunal ordinario.

Los procedimientos son a veces  más expeditos ante un tribunal militar, y en algunas jurisdicciones el debido proceso puede que no se garantice al mismo nivel  que en los procedimientos penales comunes.

Sin embargo, la Corte Penal Internacional no puede admitir  un caso que se esté persiguiendo en una jurisdicción nacional, en el que el procedimiento a nivel nacional  tenga como fin proteger  de su responsabilidad penal o se esté llevando a cabo de manera contraria a la intención de llevar a la persona  ante la justicia.

Cualquier procedimiento militar que se  lleve  cabo de buena fe normalmente no será asumido  posteriormente por la competencia de la Corte Penal Internacional, sólo porque el proceso fue expedito.

Los tribunales militares deberán determinar la responsabilidad penal de un individuo tal y como lo describe el Estatuto de Roma, tomando en consideración a manera de lo posible, las definiciones de los delitos, los medios de defensa, y los principios generales de derecho penal descritos en el Estatuto de Roma.

El Estatuto de Roma no establece explícitamente las obligaciones de los Estados Partes  relacionadas a la dirección de sus ejércitos.Sin embargo, uno de los propósitos del Estatuto es asegurar un mayor respeto de las leyes de los conflictos armados al mismo tiempo que muchos de los crímenes de la CPI están relacionados a la práctica militar.

Cada prohibición que resulte de las definiciones de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra deberá  ser aplicable a los miembros de las fuerzas armadas de los Estados Partes.

Adicionalmente, los principios generales del derecho penal, y las ofensas establecidas en el Estatuto de Roma deberán incorporarse en los códigos militares.

 Finalmente, como medidas preventivas, los Estados Partes deberían incluir en su manual militar y adaptar la capacitación e instrucción de sus tropas, a medida de lo necesario,  con el fin de respetar la prohibición de utilizar ciertas armas establecidas por el Estatuto de Roma. La misma medida debería tomarse en relación con las cuestiones relacionadas a las órdenes de superiores.

[email protected]

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Opinión

¡Ojo con el plan en las EDE!

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Nelson Encarnación

El proceso de capitalización de las empresas públicas fue una iniciativa que, sin ninguna duda, estaba justificado desde el punto de vista gerencial, pues se suponía que el Estado se quitaba de las espaldas una pesada carga de subsidios a unidades “productivas” cuya permanencia solo se justificaba en el interés de disponer dónde acoger una empleomanía inútil. En lo concerniente al sector eléctrico, de una gigantesca Corporación Dominicana de Electricidad (CDE) surgieron ocho empresas y tres entidades, es decir, once espacios para albergar una plantilla de personal casi siempre superior al que existía antes de la capitalización.

El proceso en su génesis fue bueno, si lo vemos desde la perspectiva del ahorro para el Estado, pero fue desvirtuado en lo esencial, al asignar a las distribuidoras el papel de balones en la cancha pública, que pasaron del Estado al sector privado, volvieron al Estado, y ahora posiblemente regresen a ser administradas por particulares.

Es lo que prima en la lógica empresarial del licenciado Celso Marranzini, y parece que esa lógica cuajará, pues también es del agrado de algunos funcionarios, entre ellos el ministro de Energía y Minas, Antonio Almonte. Poner gerentes privados en las distribuidoras no sería nada nuevo, pues en su origen dichas empresas estuvieron dirigidas por ejecutivos privados —para colmo extranjeros— que cobraban un dineral con resultados financieros muy cuestionables.

Pero ya muchos años antes se había incurrido en un experimento similar, cuando en los albores del gobierno del presidente Antonio Guzmán en 1978, fueron designados numerosos empresarios privados como administradores en unidades de la entonces todopoderosa Corporación de Empresas Estatales (Corde), heredera del patrimonio corporativo del dictador Rafael L. Trujillo que fue pasado al dominio público.

¿Qué resultado obtuvieron esos administradores privados como gerentes de las empresas de Corde? Un fracaso absoluto. De modo que, como experiencia, esa fue bastante negativa.

¿Y qué decir de los socios estratégicos del Estado en la capitalización de la parte comercial del negocio eléctrico? Otro fracaso, sin decir que en algunos casos fue más bien un atraco.

La pregunta obligada es: ¿incurriremos nuevamente en la experiencia negativa del presidente Guzmán, del negocio de capar perros con Unión Fenosa o el fiasco de los administradores sudamericanos, caros e ineficientes? Con los pies se camina, pero también se tropieza.

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