La gran cantidad de funcionarios públicos, electos y no electos, involucrados en ilícitos penales, pero no en cualquier violación a la ley, sino de asuntos muy propios del bajo mundo como las drogas, es una expresión de lo mal que andamos como sociedad.
Lo grave de este problema es que hay mucho de simulación y doble moral, cuyas distorsiones forman parte de una cultura en la República Dominicana, donde todo se fundamenta en el dinero sin importar como se consiga.
Los personajes del bajo mundo se refugian en el Estado porque de ese modo pueden simular sus reales intenciones y actividades a las que se dedican.
Todo el que se mueve en el bajo mundo ve la política como el canal más idóneo para esconder sus reales intereses y entonces utiliza el poder para simular un tipo de vida que no se corresponde con la verdad.
Por esta razón, las personas involucradas en el lavado de activos, el narcotráfico y cualquier otra actividad ilegal se refugian en los partidos políticos con el padrinazgo de sus lideres que de esa manera garantizan mucho dinero para financiar sus actividades, pero también para enriquecerse.
Esta tendencia en la sociedad se fortifica cuando los hombres y mujeres que se dedican a lo mal hecho cuentan con el aval de fiscales, alguaciles y jueces para cometer todo tipo de violación a la ley.
El mucho dinero garantiza una tolerancia muy perjudicial para el Estado, la sociedad y la democracia y ahí está la explicación de que tantos capos hoy sean caciques en la política nacional y que para su incursión a esta actividad cuente con el soporte hasta de los propios presidentes de la República.
El apresamiento del diputado Miguel Diaz Gutierrez permite develar por lo menos algunos de los entramados que se mueven en el escenario político nacional y que contaminan al Estado dominicano con la complicidad de los partidos políticos.
En el país hay mucha gente con fortunas que no puede explicar y parece llegar el momento de por lo menos reducir la incidencia social y política de este tipo de personaje, porque sabemos que la desaparición de esta irregularidad no es tan fácil de lograr.
Sin embargo, se debe admitir que es muy bueno que los que se esconden en la política y en las posiciones públicas para continuar y ensanchar sus actividades ilegales caigan de alguna manera, aunque en esto tenga que jugar un papel de primer orden una autoridad extranjera.
Lo recomendable frente a casos como el que se ha producido en las últimas horas con el diputado de Santiago, es que se aumenten los esfuerzos para que quede sentada una incuestionable vocación de combatir ilícitos que dañan profundamente a la sociedad.