Opinión
La Alianza para el Desarrollo en Democracia
Published
4 años agoon
Por Rommel Santos Díaz
Los pilares en que se fundamenta la Alianza para el Desarrollo en Democracia indican la proyección regional que podría tener esta iniciativa de los presidentes de República Dominicana, Costa Rica y Panamá en el contexto actual de la región Latinoamericana y Caribeña sobre todo al contar con el apoyo decidido de los Estados Unidos de América.
Países como Ecuador y Canadá también han tenido acercamientos importantes con los gestores de la Alianza para el Desarrollo en Democracia y han expresado interés de contribuir con su integración al desarrollo y fortalecimiento de esta alianza regional haciendo contribuciones significativas en diversos aspectos.
El liderazgo de los tres presidentes iniciadores de la Alianza para el Desarrollo en Democracia como actor regional se está fortaleciendo en sus respectivos países y de manera especial en el ámbito regional toda vez que mantienen posturas firmes en el impulso de los pilares que le dieron origen a este espacio democrático que procura elevar el perfil de la región de Latinoamérica y el Caribe.
La participación de los Estados Unidos ayudaría a la consolidación de una asociación estratégica con los países que conforman la Alianza para el Desarrollo en Democracia, lo cual contribuirá a potenciar áreas de interés común en materia de fortalecimiento de las instituciones democráticas, la libertad de expresión, la promoción del crecimiento económico inclusivo y de nuevas oportunidades laborales; el apoyo a iniciativas para la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad, así como la atención del tema de la migración y sus causas estructurales.
La Alianza para el Desarrollo en Democracia tiene todo el potencial para lograr una incidencia regional con los actores claves en un marco de diálogo democrático para buscar mecanismos innovadores y recursos frescos que respalden los esfuerzos de financiamiento para el desarrollo de los países que conforman la alianza e impulsar la creación de empleos y el crecimiento con igualdad y sostenibilidad.
Las áreas temáticas identificadas por la Alianza para el Desarrollo en Democracia para articular esfuerzos y compartir buenas prácticas y experiencias exitosas son de primer orden para los países de la región como lo son: el cambio climático, la seguridad alimentaria, la educación y la gestión del talento humano, y la ciencia, tecnología e innovación. También el compromiso de desarrollar iniciativas de cooperación Sur-Sur, triangular y descentralizada, así como incorporar socios para la implementación de programas y proyectos que favorezcan a sus países o terceros beneficiarios.
En el ámbito del comercio y la inversión la Alianza para el Desarrollo en Democracia propugna por la implementación de políticas públicas para promover los objetivos compatibles de una inversión que fomente una alianza estratégica para incrementar los flujos comerciales en correspondencia con el Memorándum de Entendimiento suscrito por los Ministros de Comercio Exterior de la República de Costa Rica, la República Dominicana y la República de Panamá, en diciembre de 2021.
La Alianza para el Desarrollo en Democracia reconoce a los Estados Unidos de América como aliado estratégico para compartir objetivos comunes de fortalecer, en democracia y libertad, la competitividad, el desarrollo socioeconómico y la creación de empleo en todos los países de la región de Latinoamérica y el Caribe, a través del comercio y la inversión.
La búsqueda de actores claves para el óptimo funcionamiento y aprovechamiento de una gran alianza estratégica para impulsar la Alianza para el Desarrollo en Democracia, especialmente con el Consejo Empresarial de esta alianza y Estados Unidos, y agregó, a las Organizaciones de la Sociedad Civil y Actores Sociales de los países de la región, el éxito está asegurado.
La comunicación permanente con los organismos financieros internacionales es otro elemento clave para el impulso regional de la Alianza para el Desarrollo en Democracia para establecer líneas de créditos de emergencia y mecanismos de garantía de la deuda para solventar el financiamiento de los distintos países en momentos de crisis. Por otra parte, trabajar para fortalecer el financiamiento de los gobiernos locales e instituciones públicas no pertenecientes a los Gobiernos Centrales, sin garantía soberana.
Finalmente, la República Dominicana ha sido escenario importante para la construcción de la Alianza para el Desarrollo en Democracia, lo cual debe mover el interés de los Partidos políticos, las Organizaciones de la sociedad civil y Actores Sociales para integrarse a los esfuerzos de impulsar esta alianza vital para el progreso y el desarrollo de nuestra región en Post Covid 19.
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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5 días agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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6 días agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
