Esta es una pregunta muy difícil de responder, ya que, si bien la derecha se mueve por intereses, la izquierda, que sustenta lo contrario, no ha podido establecer esta diferencia en la conducción de los Estados en una serie de naciones del hemisferio.
Nadie puede poner en duda que las gestiones de Evo Morales en Bolivia arrojaron resultados muy buenos en lo que respecta al manejo de los recursos públicos, pero su falla ha estado en que de una forma insensata ha querido perpetuarse en el poder.
Pero si Evo hubiera escogido la fórmula esgrimida, por ejemplo, por Manuel López Obrador en México, quien luego de seis años en el poder decidió abandonarlo, pero mantuvo intacto el plan estratégico y programático de su partido Morena.
Es decir, que el partido sigue en el gobierno o el control del Estado, pero no a través de su principal líder, sino de otra persona que es la actual primera mujer presidenta en ese país, Claudia Sheinbaum.
Este modelo de la izquierda sólo se ha observado en México, aunque parece que se quiso replicar en Honduras, donde gobierna Xiomara Castro, esposa del destituido mandatario de esa nación José Manuel Zelaya Rosales, fundador del partido de izquierda que llevó al poder a su compañera sentimental, pero quien no intentó quedarse en el poder en las elecciones recién concluidas.
Como se ve, la izquierda no ha sido consistente y tampoco inteligente para concebir formas de alargar su control del Estado, aunque en lugares como Venezuela se mantuvo en el poder Maduro desde la muerte de Chávez, pero no permitió que otra cara emergiera dentro del contexto de su mismo plan programático y estratégico, lo que le trajo un descrédito tan grande que propició que prácticamente sus propios compañeros de izquierda no le respetaran y mucho menos los Estados Unidos de América, donde ha surgido un presidente que no se acoge a derechos, ni interno y menos a nivel internacional, lo que trajo consigo su derrocamiento mediante un procedimiento ilegal.
Tras la caída de Maduro nadie sabe en qué caballo está montado Venezuela, porque a pesar de que Trump era un enemigo abierto de los chavistas, pero ahora resulta que son sus aliados y prácticamente se opone a propiciar unas elecciones en las que tenga una participación igualitaria la oposición.
El asunto ahora en Venezuela se debate entre unos y otros que apuestan a ver quién resulta más gracioso o títere ante las pretensiones de Donald Trump de controlar las riquezas naturales de esa nación.
De manera, que no se sabe cuál es peor si la izquierda o la derecha, porque ambas han fracasado, la primera a través de la democracia representativa y la otra mediante un tipo de gobierno con personajes odiosos que han buscado perpetuarse en el poder.
Hay que esperar que le depara el destino a los sufridos pueblos de América y otros lugares del mundo.