Opinión
El secuestro de la nación: del miedo a la libertad
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5 meses agoon
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Isaías RamosPor Isaías Ramos
Hace unos días, en Budapest, caminando por el barrio judío me encontré frente al Memorial Carl Lutz. Allí está grabada una frase que resume la esencia del valor humano: “Quien salva una vida, salva el mundo entero.”
Carl Lutz fue un diplomático suizo que, durante el Holocausto, salvó a más de sesenta mil judíos húngaros, arriesgando su propia vida para desafiar al poder y al miedo. Fue uno de los “Justos entre las Naciones”, hombres y mujeres comunes que decidieron actuar cuando el silencio se convertía en complicidad. Con todo respeto a la singularidad del Holocausto, evoco este recuerdo como espejo ético: para entender cómo se destruye la dignidad humana cuando el miedo se impone sobre la conciencia.
Hoy, en la República Dominicana, vivimos una forma distinta, pero igualmente corrosiva, de opresión. Una pequeña élite política y económica ha secuestrado el Estado para su provecho, saqueando los recursos del país y sumiendo al pueblo en una dependencia calculada. Cada cuatro años repiten el mismo teatro: promesas vacías, clientelismo y propaganda. No compran votos: compran miedo.
Según un análisis del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees), más de la mitad de los dominicanos —unos 5.5 millones de personas— depende de algún subsidio estatal. No es una muestra de justicia social, sino la evidencia de un sistema que mantiene a su pueblo preso del temor al hambre. Porque cuando el pan depende de la voluntad del poder, la libertad se convierte en limosna.
En nuestros barrios marginados, el aire huele a aguas estancadas y basura sin recoger; el sol cae sobre techos de zinc ardientes; los niños juegan entre charcos de cloaca, y las madres hacen milagros para llenar un caldero. Esa miseria no es casualidad: es el resultado de un modelo que roba oportunidades y llama “progreso” a la simple supervivencia.
Así comenzó también la domesticación en la vieja fábula de los cerdos indómitos: los cazadores les daban comida todos los días y, mientras comían, levantaban cercas a su alrededor. Cuando finalmente cerraron el cerco, los animales ya no sabían ser libres. Habían cambiado su independencia por la comodidad del plato lleno.
Eso nos está pasando. Nos adormecieron con propaganda, con consumo y con distracciones vacías. Nos enseñaron a temer la libertad y a confundir la obediencia con seguridad, hasta convertir el miedo en una forma de gobierno.
Se ha ido estructurando un verdadero estado de terror psicológico, calculado para cerrar las últimas ventanas de la libertad y manipular la conciencia colectiva con miedo y desinformación.
No hay hornos crematorios, pero hay hospitales sin insumos. No hay alambradas, pero hay deudas y corrupción que nos cercan. No hay soldados vigilando torres, pero hay miedo vigilando conciencias. El cuerpo puede sobrevivir… pero la dignidad está siendo asesinada. Matar la dignidad de un pueblo es también una forma de genocidio espiritual.
Los pueblos no mueren por pobreza: mueren por cobardía. Y en este momento crucial, la República Dominicana necesita a sus propios “Justos”, hombres y mujeres que no se dejen vencer por el miedo, que decidan hablar, denunciar y resistir. Porque cada ciudadano que defiende la verdad, aunque sea una sola voz, está salvando mucho más que una vida: está salvando la conciencia de una nación.
El miedo paraliza, pero la esperanza libera; y ningún poder puede dominar a un pueblo que ha decidido creer en sí mismo. Ha llegado la hora de romper las cercas, de volver a ser indómitos, libres y dignos. Despertar no es un acto de rabia: es un acto de amor hacia la patria.
Carl Lutz escribió en su diario: “…me vuelvo loco cuando de repente tengo que decidir a quién salvar.”
Y hoy, nosotros también estamos frente a esa decisión: ¿Salvaremos la patria o seguiremos alimentando el monstruo que la devora?
Hoy más que nunca, en el Frente Cívico y Social, estamos convencidos que la patria requiere hombres y mujeres que coloquen los principios por encima de las conveniencias personales, que valoren y respeten la dignidad humana por encima de sus intereses y caprichos. Solo así podremos despertar como nación y recuperar el sentido moral que nos fue arrebatado.
¡Despierta RD!
Opinión
Por una Corte Penal Latinoamericana en la Agenda de la X Cumbre de las Américas (2 de 2)
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5 horas agoon
marzo 16, 2026Por Rommel Santos Diaz
El fundamento del proyecto de creación de una Corte Penal para Latinoamérica y el Caribe, de carácter complementario de las justicias nacionales, y dedicada a la desarticulación de esas cúpulas criminales, se presenta como una alternativa adecuada para resolver o tramitar algunos casos, cuando la jurisdicción nacional así lo entienda.
Los integrantes de la X Cumbre de las Américas deben expresar un apoyo contundente mediante una declaración de compromisos a la creación de la Corte Penal Latinoamericana y del Caribe Contra el Crimen Transnacional Organizado para la persecución y castigo de las cúpulas criminales en estrecha colaboración con las fuerzas de justicia y de seguridad nacionales y a la campaña que se está desarrollando con este objetivo
La COPLA se fundamenta jurídicamente en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus Protocolos, documentos que han sido suscritos por todos los Estados que conforman este cuerpo; cumpliéndose así con creces las medidas en materia de prevención y sanción de delitos transnacional organizado previstas en las referidas normas.
La inclusión de la creación de la Corte Penal Latinoamericana y del Caribe Contra el Crimen Transnacional Organizado en la Declaración Final de Compromiso de la X Cumbre de las Américas representa una gran oportunidad para los participantes en esta Cumbre mandar un mensaje inequívoco a las organizaciones criminales que desarrollan sus actividades delictivas en la América Latina y el Caribe.
De la Declaración de Compromiso de la X Cumbre de las Américas deberá resultar un plan de acción con los mandatos de las reuniones ministeriales para la implementación y seguimiento de estos mandatos a través del Grupo de Revisión de la implementación de la Cumbre (GRC).
Entre las instituciones internacionales que esperamos se comprometan con la creación de la Corte Penal Latinoamericana y del Caribe Contra el Crimen Transnacional Organizado (COPLA), se encuentran la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre otras.
Finalmente, el éxito de la cumbre dependerá de la adopción de una agenda objetiva y orientada a la acción, y del cumplimiento de los compromisos que los líderes asuman en la República Dominicana para hacer frente a los desafíos de la región dentro de los cuales está la urgencia de crear la Corte Penal Latinoamericana y del Caribe Contra el Crimen Transnacional Organizado (COPLA) para dar respuestas contundentes al fenómeno del crimen transnacional organizado en la región de Latinoamérica y el Caribe.
Por Narciso Isa Conde
Los medios de EEUU y sus reflejos en el Caribe ocultan la verdad, desviando la atención de temas cruciales.
- El texto critica el resurgimiento de fascismos y tiranos que amenazan derechos fundamentales.
- Se cuestiona la democracia liberal occidental por ser controlada por minorías corruptas.
- Se destaca la resistencia de Irán y Cuba frente al poderío militar de EE.UU.
De sus entrañas brotan los fascismos de estos tiempos, con sus nuevos tiranos y nuevos sátrapas. Esos que aplastan los derechos de los trabajadores y de las mujeres, la soberanía de pueblos y naciones, la libertad de opción sexual y los derechos de niños.
La mediática de EEUU, y la de aquí, que es uno de sus espejos en el Caribe, escamotean la verdad.
Crisis de la democracia liberal
La democracia liberal promovida por Occidente, que prometió igualdad y fraternidad, ha devenido en un sistema político secuestrado por minorías y/o tutelado por un poder supranacional altamente corrompido.
De sus entrañas brotan los fascismos de estos tiempos, con sus nuevos tiranos y nuevos sátrapas. Esos que aplastan los derechos de los trabajadores y de las mujeres, la soberanía de pueblos y naciones, la libertad de opción sexual y los derechos de niños.
Brotan los políticos, generales y empresarios racistas, que odian a los inmigrantes y a las culturas no occidentales. Esos son los Trump, los Biden, los Elon Musk, los Netanyahu, Macri, Meloni, Milei, Noboa, Kast y Bolsonaro… las ultraderechas y todo lo ultraconservador y mafioso asociado a Trump, Macron y Abinader.
La humanidad estaría condenada a morir y a sacrificar el futuro de su descendencia si no toma conciencia, se organiza y lucha para transformar esta trágica realidad.
Debilidades del sistema dominante
Ahora bien, este cuadro, un tanto lúgubre, no es señal de fortaleza del sistema de dominación que ha encabezado EEUU. Es más bien consecuencia directa de sus profundas debilidades en todo lo que no es poderío militar y capacidad de matar, mentir y engañar. Es desesperación por su decadencia.
- Incluso con la agresión a Irán, EEUU e Israel van hacia una crisis y un declive mayor. Allí también brotan evidencias de que el poderío militar gringo no es invencible.
No es cualquier cosa que una potencia media como Irán, bloqueada, hostilizada por décadas, esté dando una demostración insólita, destruyéndole gran cantidad de bases militares, aviones y buques de guerra al imperio estadounidense en esa región; poniendo en jaque a los estados lacayos que les alquilan sus territorios, a lo Abinader.
Resistencia de Irán y Cuba
Entonces, es importante que se entienda que, por más duro que se presente el momento, es posible vencer a un imperio en crisis de decadencia; y para lograrlo, no hay que darle espacio al pesimismo y a la rendición. Vencer la desesperanza, despreciar el miedo y el terror, y desplegar el optimismo del triunfador.
Es la actitud de Irán y también la de Cuba, ambas distantes en geografía y cultura, pero cercanas en heroísmo y firmeza: sometidas durante décadas al escarnio imperialista sin gritar, dispuestas a resistir hasta que la humanidad, desde el Sur Global y desde las entrañas del hemisferio occidental, le diga basta ya, al mismísimo verdugo.
Opinión
Tiempos duros: doctrina nacional para un país vulnerable en un mundo incierto
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6 horas agoon
marzo 16, 2026Por Isaías Ramos
La República Dominicana no puede seguir financiando su vulnerabilidad energética como si fuera una política transitoria. Solo en 2025, el subsidio al sector eléctrico ascendió a RD$105,849.1 millones, una cifra superior al presupuesto conjunto de Obras Públicas, Agricultura y Vivienda. Y a esa carga estructural se añade el repunte del subsidio a los combustibles, que solo para la semana del 14 al 20 de marzo de 2026 obligó al Estado a destinar RD$1,189.8 millones adicionales.
Después de más de dos décadas de subsidios al sector eléctrico, que según distintas estimaciones han absorbido recursos equivalentes a decenas de miles de millones de dólares sin corregir las fallas estructurales del sistema, la República Dominicana sigue sosteniendo un modelo que ha probado su insostenibilidad.
Que esto ocurra, además, sin una auditoría integral e independiente desde la generación hasta la distribución, mientras el Estado continúa asumiendo nuevos subsidios extraordinarios, revela que el problema ya no es únicamente de sostenibilidad fiscal: también es de seriedad institucional.
Los subsidios no focalizados, opacos y escasamente auditables crean un terreno fértil para la discrecionalidad, la ineficiencia y el riesgo de desvío de fondos públicos. Cuando el Estado subsidia sin focalización clara, sin trazabilidad y sin evaluación verificable, termina destinando recursos de todos a esquemas que no necesariamente protegen mejor a quienes más lo necesitan. Por eso, la corrección no debe consistir en abandonar a los sectores vulnerables, sino en sustituir subsidios generalizados por apoyos directos, transparentes y auditables, preservando de manera expresa un subsidio focalizado al GLP doméstico para los hogares de menores ingresos.
Pero el problema no termina ahí. El mundo atraviesa una etapa de desorden e incertidumbre marcada por guerras, rivalidades geopolíticas y tensiones sobre rutas energéticas estratégicas. Para una economía abierta y dependiente de importaciones como la dominicana, esos choques externos no son noticias lejanas: se traducen en inflación, presión fiscal, encarecimiento del transporte y aumento del costo de vida.
Las crisis internacionales rara vez llegan sin aviso. Antes de convertirse en emergencia, suelen anunciarse durante años. En tiempos inciertos, la esperanza sin previsión no es una estrategia. La verdadera prudencia consiste en prepararse para lo peor mientras se trabaja por lo mejor. Gobernar, en tiempos difíciles, es anticipar.
Por eso, la República Dominicana necesita algo más que administración cotidiana del Estado. Necesita una doctrina nacional sobria, realista y sostenida, capaz de ordenar prioridades, reducir vulnerabilidades y garantizar continuidad estratégica más allá de los ciclos políticos. Esa doctrina debería comenzar, al menos, por tres prioridades: seguridad energética, soberanía alimentaria y fortaleza institucional.
La primera es la seguridad energética. Persistir indefinidamente en un esquema de subsidios generalizados sería una temeridad fiscal y estratégica. Un país vulnerable no puede darse el lujo de subsidiar su propia fragilidad. Un país que subsidia el consumo sin corregir las fallas estructurales del sistema no está protegiendo su futuro: está hipotecando su propia estabilidad.
La segunda es la soberanía alimentaria. Cuando sube la energía, no solo se tensionan las cuentas públicas: se encarece el transporte, aumenta el costo de producción y suben los alimentos que llegan a la mesa de las familias dominicanas. Por eso, fortalecer la producción nacional de alimentos no es únicamente una política agrícola. Es una política de estabilidad económica y seguridad nacional.
La tercera es la fortaleza institucional. La República Dominicana ha preservado una estabilidad democrática relativa, pero todavía no puede darse por sentada. Existen reglas y órganos de control en el plano formal; sin embargo, persiste con demasiada frecuencia una distancia incómoda entre la norma y su aplicación efectiva. Cuando esa brecha se amplía, la confianza se resiente, la seguridad jurídica se debilita y la estabilidad deja de ser una fortaleza para convertirse en una vulnerabilidad.
Corregir estas vulnerabilidades no debería ser materia de improvisación ni de cálculo partidario. Debería convertirse en un acuerdo mínimo de Estado sobre lo que la República Dominicana debe proteger primero en un mundo cada vez más caro, más volátil y más incierto.
La pregunta ya no es si el mundo seguirá siendo incierto, sino si la República Dominicana corregirá a tiempo sus vulnerabilidades antes de que esa incertidumbre la obligue a hacerlo bajo presión. Porque en tiempos de desorden global, los países que llegan a puerto seguro no son los que improvisan el rumbo, sino los que protegen con claridad aquello que consideran esencial.
