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Opinión

Ataque racista al fútbol haitiano

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El fútbol haitiano sufre una prohibición en República Dominicana, impulsada por el Ministro de Deportes, en un contexto de creciente racismo.

  • Kelvin Cruz anunció prohibir a Haití competir en todos los estadios dominicanos.
  • La medida se tomó después del partido del 1 de octubre en el Estadio Félix Sánchez.
  • Al encuentro asistieron 50 mil personas, pese a una capacidad total de 25 mil.

Por Narciso Isa Conde

El nuevo fascismo se sustenta en una base ideológica racista que ha perdurado a lo largo de la dominación imperialista occidental… apoyada en una supremacía blanca y sustentada en la supuesta superioridad de los conquistadores y dominadores blancos.

En Asia, África y América Latina y el Caribe el racismo ha acompañado al saqueo imperialista, la explotación y sobreexplotación en las etapas precapitalista y capitalista del coloniaje.

En estos tres continentes, el colonialismo y el neocolonialismo europeo y norteamericano han tenido una fuerte tendencia racista.

Pero también Haití y su pueblo han sido sometidos a un intenso y creciente despliegue de racismo anti-haitiano, ejercido en su contra por la clase gobernante-dominante dominicana de mentalidad pro-española.

Ese racismo anti-haitiano ha llegado al extremo de tratar de imponer una prohibición fascista al fútbol haitiano en RD.

El autor visible de esa medida despótica y draconiana contra el deporte insular y continental, ha sido el Ministro de Deportes Kelvin Cruz.

El padrino mayor de la misma es Luis Abinader en su condición de administrador del protectorado yanqui en este país.

Es claro que tal decisión fue concertada en el Palacio Nacional, sede de un gobierno cada vez más proclive a asumir viejas y nuevas modalidades de fascismo con una fuerte impronta anti-haitiana.

La decisión de prohibirle a Haití competir en fútbol en todos los estadios del país se decidió después de la realización de la competencia del pasado jueves 1 de octubre en el Estadio Félix Sánchez del Centro Olímpico.

La asistencia a esa competencia fue desbordante, al punto de registrarse una asistencia de 50 mil personas, con gran presencia, como es natural, de la inmigración haitiana.

Ambas gradas están diseñadas para 25 mil fanáticos, 12 mil una y 13 mil otra, pero permitieron la entrada de 50 mil.

Ese juego de la denominada LIGA DE NACIONES lo ganó Haití 4 goles a 1.

El ministro alega un desorden y daños a puertas del Estadio, que la reseña del diario Hoy en su sesión de DEPORTES del viernes 2, no recoge.

Tampoco se presentan fotos que muestren los hechos y los daños, cuando el sábado 3, Kelvin Cruz, anunció la prohibición en ese mismo diario.

Pero aun fuera cierto el desorden, no se trata de algo extraño ni de una provocación necesariamente intencional en tales circunstancias de sobrepoblación tolerada y rivalidad histórica agravada.

No ha mediado investigación del desorden, ni precisiones de sus circunstancias, ni establecimiento de responsabilidades en personas físicas en medio de una concurrencia grande y diversa.

Hechos así, se producen en circunstancias parecidas y a nadie se le ocurre prohibir.

Ni Kelvin Cruz, ni Abinader, tienen poder para prohibir competencias deportivas.

Para esos fines existen normas olímpicas, reglas de las Federaciones de Fútbol y de la propia de la Liga de Naciones.

Esto es abuso y arbitrariedad que agrava la rivalidad. En fin, torpe reacción racista y nueva expresión de odio fascistoide.

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Opinión

Otra estafa, la Inteligencia Artificial (1 de 4)

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Por Oscar López Reyes
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.
Sí, dos estafas. La primera se patentiza en la global automatización planificada de las gigantes tecnológicas, y la segunda, la ciberdelincuencia, que procede de hábiles empíricos y hackers teñidos de mafiosos. Para vulnerar sistemas informáticos y leyes, estos piratas supervillanos se sumergen en dispositivos y navegadores, engendros primigenios de la devastadora revolución transhumanista y posthumanista.
Balanceando la beneficiencia (comunicación, salud, educación, economía, etc.) y la maleficiencia (ciberterrorismo, ciberrrobos, ciberacosos, armas biológicas, reducción laboral, deshumanización, agujero negro, etc.) de las tecnociencias digitales, científicos computacionales cuánticos y cognitivos, programadores, pensadores, filósofos y otros expertos se inclinan en señalar que los ciudadanos están siendo embaucados y colocados en una trampa por el algoritmo y la robótica.
Y con una asombrosa responsabilidad advierten que ese intelecto sintético o cibernético “aterroriza” y se delinea como “la mayor crisis existencial”, por “la pérdida del control de la civilización”, que entraña “un jaque mate a la civilización”, que avizora “un futuro impredecible”, que los ciudadanos no captan por el apabullante “bombo” de los predicadores de la IA.
Una de las personas más influyentes en Inteligencia Artificial, la lingüista de la Universidad de Washington Emily M. Bender, y la antigua investigadora científica de IA ética de Google, la socióloga Alex Hanna, impugnan “la implacable promoción de la IA por parte de las empresas tecnológicas para justificar el robo de datos, motivar la creación de herramientas de vigilancia en el puesto de trabajo y devaluar la creatividad humana”
Y plantean los “riesgos” de la IA,  que “amenazan nuestra existencia”, en tanto que “cuanta más gente esté preparada para identificar y resistirse a las nuevas promesas, menor y menos destructiva será la burbuja” (1), mientras que Mo Gawdat, exdirector ejecutivo de Google, señala que “los villanos funcionando con IA es tan inevitable como el desarrollo de la IA” (2), y Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, España, resalta “El afán imperialista de las ciencias triunfantes por negar la libertad” (3).
Reforcemos los lineamientos de estas advertencias y petitorios:
Un total de 86 desarrolladores de Inteligencia Artificial han acumulado una fortuna récord, y 45 cofundadores y ejecutivos de primera línea de compañías de esta tecnología se convirtieron en multimillonarios en apenas el último año. Y para 2026 se calcula en más de 11 billones de dólares los perjuicios por los delitos de la ciberdelincuencia, como los usos de la propiedad intelectual, el phishing (notificaciones falsas para sustraer datos), el Ransomware (software que interrumpe o cifra archivos y sistemas para exigir dinero para volver a permitir el acceso), estafas de inversión y fraudes con criptomonedas, impulsadas por IA.
Conforme firmas especializadas, como Cybersecurity Ventures, con su sede en Nueva York y que opera a escala mundial, si la ciberdelincuencia fuera una nación, sería la tercera economía más grande del globo terráqueo, superada apenas por Estados Unidos y China (4).
Corporaciones que implementan la IA apelan a sistemas, dispositivos y procesos de espigadas especializaciones y a la ingeniería civil ((manipulación psicológica), así como los ciberdelincuentes, para defraudar a empresas y consumidores. Las estafas sofisticadas son múltiples, y plasmemos 10 de ellas:
1.- Despojo de propiedad intelectual (Big Tech). Difundir, sin permiso ni remunerar a los autores, contenidos de libros, artículos periodísticos, software, códigos de programación, modelos de lenguaje, imágenes, música y otras obras de arte, así como para entrenar a recursos humanos de compañías tecnológicas. Están en marcha múltiples demandas judiciales por plagios de autores de obras posteadas en internet por empresas, que han tenido que pactar acuerdos millonarios con artífices de proyectos intelectuales y artísticos copiados y explotados.
2.- Afectación de la creación cultural. Redactores, ilustradores, fotógrafos y músicos que viven de sus producciones denuncian que las gigantes computacionales devalúan su trabajo, y que no informan a los autores ni a la sociedad el uso que dan a los contenidos ajenos. Cuando una máquina produce en segundos, y casi gratis, el trabajo humano pierde precio en el mercado.
3.- Exagerar el potencial de productos. Inflan las capacidades y el rendimiento de hardware para elevar el precio de sus acciones, atraer inversores y reclutar a ingenieros y científicos para que laboren en proyectos avanzados. Otras simulan la utilización de algoritmos, cuando en verdad operan con herramientas manuales tradicionales o software básico y, además, monopolizan el mercado.
4.- Estafas artificiales financieras. Esquemas de compañías de inteligencia virtual prometen jugosas rentabilidades, empleando presuntos algoritmos milagrosos y plataformas de Trading automatizadas capaces de predecir el mercado a la perfección, y para lo cual presentan gráficos y ganancias simuladas en pantallas controladas por los estafadores, pero el dinero real nunca se invierte. Asimismo, muestran vídeos y audios hiperrealistas sobre «oportunidades de inversión masivas», que aseguran beneficios sin riesgos y rápidos.
 5.- Bloquear el acceso a documentos (Ransomware). Obstaculizan matemáticamente o con software desactualizado ficheros de datos y servidores esenciales -paralizan operaciones comerciales- bajo la amenaza de publicarlos si no se materializa el pago, comúnmente aceptados en criptomonedas.
6.- Clonación de voz y video. Reproducir o imitar con gran precisión, empleando redes neuronales artificiales, la voz y la imagen de un pariente cercano o una persona famosa (deepfakes o ultrafalsos) para simular una emergencia y solicitar dinero. También se usa para destruir reputaciones.
 7.- Crear nueva identidad sintética. Concebir perfiles falsos, mezclando informaciones reales e inventadas por IA (incluidas fotografías), para aperturar cuentas bancarias o solicitar créditos ilegítimos. Se construye un historial, obtiene un crédito y un día la deuda desaparece y, aunque el golpe inicial recae en bancos y financieras, termina siendo pagado por todo el sistema con controles más estrictos y créditos más caros para clientes honestos.
 8.- Chatbots amables e impostores. Asistentes virtuales o robots conversacionales (chatbots impostores), que imitan a agentes de servicios de atención a clientes de bancos y empresas legítimas, sustraen contraseñas y claves bancarias, para robar dinero. Ningún banco serio pide claves por mensaje ni teléfono.
9.- Acceso telefónico no autorizado. Hackears de centrales telefónicas privadas o sistemas de Voz sobre IP (VoIP) carentes de seguridad efectúan llamadas internacionales para recibir una comisión del operador dueño de los teléfonos. La empresa agraviada se entera de la generación del tráfico cuando recibe costosas facturas de cobros.
10.- Engaños de soportes técnicos. Infractores que simulan ser empleados de compañías tecnológicas o mensajería contactan por ventanas emergentes, chats o redes sociales y números de teléfonos fraudulentos para hacer advertencias o alertas de que dispositivos de la empresa han sido afectados por un virus grave o serán víctimas de un bloqueo inminente. Entonces proponen instalar aplicaciones para controlar computadoras o celulares, con la espuria promesa de repararlos a remoto y hurtar datos y dinero.
Habitualmente, por chats grupales, entrevistas en pódcast, libros e instrumentos mediáticos se encomia y loa apasionadamente a los robots humanoides, a los buscadores de internet y a los que responden preguntas, como Chatbolts, pero no se detienen, ni por un instante, a interpretar informaciones, aprendizajes y el análisis de datos, y sus objetivos ocultos. No se detecta a los villanos y malvados.
La inteligencia artificial no inventó las estafas, aunque lo hizo más barata, más rápida y más creíble. Lo que antes de su aparición requería una banda organizada, hoy lo hace una sola persona con las herramientas adecuadas. La respuesta no es temerle a la tecnología, sino educarnos para usarla a sabiendas de cuándo la usan en contra de los ciudadanos y la sociedad.
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Citas bibliográficas:
1.- Bender, Emily M., y Hanna, Alex, en “La Estafa de la IA. Cómo combatir el espejismo de las grandes tecnológicas que amenaza tu trabajo y tu libertad”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, págs. 310, 246 y contraportada.
2.- Gawdat, Mo, “La inteligencia que asusta. El futuro de la inteligencia artificial y cómo podemos salvar nuestro mundo”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2024, pág. 104.
3.- Cortina, Adela, “¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, pág. 140.
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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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Opinión

La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados

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Por Rommel Santos Diaz

El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.

La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el  31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.

El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.

Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.

Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.

No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado  podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de  esos crímenes  por sus nacionales  o en su territorio¨.

El objetivo de la disposición indicada anteriormente  es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Lula es caballo de fondeo

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Por Nelson Encarnación

Quienes dominan la hípica saben que un caballo de fondeo es aquel que, al partir del punto de arrancada, da la impresión que salió retrasado y le será muy difícil rebasar el pelotón que va delante.

Sin embargo, a medida que avanza la carrera, ese ejemplar irá dejando rezagados a los que salieron primero, y en la recta final dominará con ventaja hasta cruzar la meta como triunfador.

El presidente y candidato brasileño Luiz Inacio Lula da Silva es este caballo de fondeo que no teme a la distancia de los delanteros.

Otro ejemplo del lenguaje hípico es que el líder del Partido de los Trabajadores (PT) nunca ha corrido por el carril de adentro.

Desde que inició su carrera presidencial hace varias décadas, a Lula le ha tocado correr por los carriles más difíciles, es decir, los que van del centro hacia afuera.

En una oportunidad me dijo un bien ranqueado jinete del viejo hipódromo Perla Antillana, que correr por el carril de afuera suponía una gran desventaja, pues al doblar en la famosa “curvita de la Paraguay”—narrada por la maestría única de Simón Alfonso Pemberton—la tendencia del caballo a perder unos metros vitales para cruzar la meta como puntero.

En cambio, los que corrían por los carriles centrales podían abrirse y todavía conservaban una posición de ventaja.
El veterano político brasileño ha sido ese caballo que siempre ha llegado a la carrera final corriendo en los canales más complicados, pero siempre ha cruzado la meta electoral como ganar.

El domingo 25 de octubre estará en las condiciones habituales cuando se enfrente al ultraderechista Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones en el denominado gigante sudamericano, país cuya posición actual en la escena mundial se debe también a la gran impronta de Lula.

Pero, aun con la indiscutible fortaleza del liderazgo de Lula, el 25 de octubre librará, probablemente, su batalla más crucial, enfrentado a factores de intrincado manejo, como, por ejemplo, los elementos extraños que gravitan en el panorama electoral brasileño y que no son ajenos a la corriente negativa que está azotando al continente.

Revertir la desventaja en tales circunstancias le resulta al presidente Lula una tarea ciclópea, propia de gladiadores de una estirpe que ya no abunda. Los brasileños no se merecen a otro Bolsonaro ciclónico.

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