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Análisis Noticiosos

La ciencia económica SÍ predijo la crisis, solo había que…

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Por Nasser Khoury y Xavier Massa

Cuántas veces habremos oído en los últimos años decir que la crisis financiera mundial que acaeció en 2008 era totalmente imprevisible, y que no se puede juzgar a la ciencia económica predominante por no haber podido ni tan si quiera intuir lo sucedido.

Este texto pretende ser un alegato en defensa de la ciencia económica, ya que puedo asegurar que si predijo lo que iba a suceder cuando finalizara la espiral de endeudamiento con asignaciones de activos de cada vez menor calidad.

Entonces nos surge una nueva pregunta: si los economistas lo predijeron porque no se hizo nada para intentar solucionarlo, o como mínimo paliar sus efectos. Son los políticos los que gobiernan los países, no los economistas. Esto debería responder en parte la inacción gubernamental respecto a la crisis financiera global. Pero los políticos se dejan asesorar, y en teoría, disponen de los mejores economistas para este fin.

La respuesta es que hay muchos economistas, y en una materia como la economía es muy sencillo confundir ciencia con ideología. Más allá de este hecho, los preámbulos de la crisis eran un momento dulce para la economía aparentemente. Salir-se de la línea ortodoxa que solo tenía en cuenta unos cuantos indicadores de referencia para valorar la situación era muy difícil. Además la desregulación que había padecido el sector financiero en los años previos había debilitado mucho las fuentes de información sobre sus operaciones, creando la denominada shadow banking o banca en la sombra. Los mismos ortodoxos aceptaban que la banca era un simple intermediador y que por tanto sus actuaciones no interferían en el buen funcionamiento de la economía.

Entonces, ¿quiénes fueron estos hombres que desafiaron a la “mainstream” para advertirnos de lo que se nos venía encima?

Más allá de la multitud de economistas que podríamos nombrar en este apartado (Raghuram Rajan y Noriel Roubini como más conocidos), me gustaría destacar las enseñanzas que ya existían desde principios del siglo XX. No somos la primera generación en vivir una crisis de este calibre, 1873 y 1929 son años que serán recordados para siempre por las respectivas crisis económicas y financieras que vivió el planeta y que no se separan tanto de la que vivimos hoy en día.

Las teorías de Irving Fisher, posteriores al crack del 1929, en las que recoge que es el sobreendeudamiento y la deflación las dos principales variables generadoras de crashes y depresiones deberían haber servido para evitar comportamientos de la economía como el vivido en nuestro país entre 1995 y 2007. El sobreendeudamiento en el caso español llevo como Fisher predice textualmente en su libro a la sobreinversión y la sobrespeculación. El sobreendeudamiento, predice, en algún momento causara la alarma de los deudores y los creditores lo que provocara que se empiecen a cancelar deudas. Si son activos los que soportan estas deudas se venderán a cualquier precio para minimizar la perdida. La cancelación de deudas reduce el dinero bancario, esto hace caer el nivel de precios por la venta de activos indiscriminada, la caída de los precios hará caer a su vez los beneficios que acaban generando más bancarrotas. De una tacada se reduce la producción el comercio y la ocupación, por el efecto bancarrota de negocios que se han visto arrastrados por esta espiral negativa, pero que funcionaban antes del crash. Esto genera pesimismo y pérdida de confianza que frenan aún más la circulación de dinero y la creación de nuevo valor. Lo que provoca finalmente la caída de los tipos de interés pero la subida de los tipos reales.

Esta disección aproximada de lo sucedido entre 2007 y 2012 fue recogido por Fisher en 1933 donde ya advertía de forma contundente los problemas que generaba el sobreendeudamiento y las políticas monetarias especialmente laxas que lo provocan. Pero no solo él (Fisher), también Ludwig von Misses, liberal recalcitrante de la escuela austriaca llega a conclusiones semejantes y Hyman P. Minsky y su hipótesis de inestabilidad financiera. Estos ejemplos excusan, a mi juicio, a la economía como ciencia social de la ignorancia y en muchos casos parcialidad de las decisiones de nuestros gestores que nos han llevado a tropezar por enésimas vez con la misma piedra.

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Análisis Noticiosos

La Pérdida de la Cultura del Trabajo

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Por José Cabral

Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.

Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.

La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.

La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.

La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.

Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.

Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.

Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.

Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.

Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.

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Análisis Noticiosos

La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.

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Por Nelson Valdez
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.
Han acudido presurosos a firmar el despojo de la entraña nacional, ofreciendo en bandeja de plata las riquezas del subsuelo patrio a la insaciable voracidad del coloso del norte.
Aquellos minerales que la Providencia depositó en la tierra dominicana para sustentar el porvenir de la República son hoy entregados con pasmosa ligereza, a cambio del aplauso efímero de una legación extranjera.
Nos dicen, con el descaro propio de la retórica oficialista, que este marco de cooperación protegerá nuestros «intereses nacionales». ¡Qué colosal impostura! La historia enseña con claridad meridiana que los imperios no reconocen socios, sino vasallos.
Mientras la diplomacia norteamericana asegura su hegemonía tecnológica y la seguridad de sus cadenas de suministro sin arriesgar un solo ápice de su suelo, la patria de Duarte y Luperón aporta la materia prima, asume las heridas ambientales y se conforma con el papel humillante de proveedora subordinada.
Se firma a espaldas de la soberanía popular un pacto que hipoteca el patrimonio de las futuras generaciones bajo la excusa de alineamientos geopolíticos que en nada benefician al campesino ni al obrero dominicano.
El suelo que pisamos no es una simple mercancía en la mesa de negociación de los poderosos. Las tierras raras del sur no pertenecen a una administración ni a una casta de diplomáticos encumbrados; pertenecen a la historia, al honor y al destino de la nación dominicana.
Ceder la llave de nuestras riquezas estratégicas a una potencia imperial bajo la vestidura de un «acuerdo de confianza» no es diplomacia activa: es una capitulación moral, un acto de indignidad que profana la memoria de los libertadores y reduce la soberanía nacional a una simple nota al pie en la agenda de Washington.

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Análisis Noticiosos

El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.

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Por José Cabral

Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.

En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.

Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.

Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.

Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.

Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.

Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.

Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.

De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.

Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.

La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.

Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.

Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.

Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.

Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente,  sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que  su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.

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