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Periodismo Interpretativo

Estados Unidos siempre necesita justificaciones

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  Por Sergio Rodríguez Gelfenstein 

AVN

capitolio_congreso_estados_unidos1327112860«Nuestra comunidad de inteligencia ha determinado que el régimen de Assad ha usado armas químicas, incluyendo el agente nervioso sarín, a pequeña escala, contra la oposición en múltiples ocasiones el último año». Esas palabras de Ben Rhodes, vice asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense, Barack Obama bastaron para que el gobierno estadounidense justificara la decisión de enviar armas a los mercenarios que combaten contra el gobierno sirio.

Aunque Rhodes no proporcionó detalles sobre tales informes que según él fueron elaborados por la «comunidad de inteligencia» ni dio pruebas científicas avaladas por instituciones respetables y creíbles, sus aseveraciones fueron determinantes toda vez que aseguró que provenían de «fuentes múltiples e independientes» de información que aseguraban una «alta confianza».

El gobierno ruso refutó de inmediato tal decisión diciendo que las pruebas –que según el New York Times fueron presentadas por la CIA- pueden ser falsas, mientras que la OTAN y la UE han pedido que una comisión internacional investigue los alegatos.

La invención de pruebas ha sido algo natural en la política exterior de Estados Unidos. A través de la historia han sido innumerables las ocasiones en que han recurrido a tales subterfugios para justificar ante la opinión pública su política agresiva, la intervención militar y la guerra.

A comienzos de 1898, el presidente Mckinley envió el acorazado Maine al puerto de La Habana para «proteger» los intereses de los estadounidenses que en la isla hubieran podido ser afectados por la lucha que sostenían los independentistas cubanos contra el gobierno colonial español. EL 15 de febrero de 1898 en circunstancias «extrañas», dicha nave estalla frente al puerto de La Habana falleciendo 260 oficiales y soldados, de los 355 que había a bordo lo que provocó el reclamo inmediato de Estados Unidos contra España, responsabilizándola por el hecho ocurrido (las investigaciones posteriores arrojaron que los españoles no tuvieron nada que ver, y que en realidad se cree que fue una explosión interna debido a la gran cantidad de explosivos que había dentro del barco). Los magnates de los medios de comunicación Hearst y Pulitzer magnificaron el hecho y culpabilizaron a España con el objetivo de que su gobierno emprendiera una guerra contra este país, cosa que logran cuando el gobierno de Washington envió un ultimátum, -casi declaración de guerra- a Madrid, obligando a ésta a iniciar hostilidades, en una confrontación en la que fueron rápidamente derrotados conduciendo a una independencia mediatizada que se legalizó posteriormente a través de la Enmienda Platt y que permitió una descarada injerencia de Estados Unidos en Cuba por sesenta años.

El 7 de diciembre de 1941, Japón atacó y destruyó la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawái, hundiendo 18 barcos, 5 acorazados, con el saldo de 3.435 estadounidenses muertos (militares y civiles), convirtiendo este hecho en la justificación de Estados Unidos para entrar formalmente en la II Guerra Mundial, lo que no se menciona, es que antes de este acontecimiento ya las relaciones bilaterales eran muy tensas, no por las acciones imperialistas que realizó Japón en China sino por las medidas que Estados Unidos había adoptado unilateralmente contra el imperio japonés.

Investigaciones posteriores han demostrado que Estados Unidos estaba en conocimiento de la preparación japonesa para el ataque e incluso el día del mismo pudieron detectar en sus radares la avalancha de aviones nipones que se acercaban a Hawái, sin que hicieran nada por impedirlo. El ataque japonés le permitió al gobierno justificar su ingreso en la guerra, decisión que no habían tomado esperando la derrota de la Unión Soviética a manos del ejército nazi.

En otro escenario, a principios de agosto de 1964 ocurrieron una serie de acontecimientos provocados en el golfo de Tonkín (ubicado en la costa de Vietnam) que «justificaron» la intervención militar de Estados Unidos, se acusó a Vietnam del Norte de lanzar un ataque con torpedos al destructor estadounidense Maddox cuando realizaba una misión rutinaria en aguas internacionales el 2 de agosto, dos días después, se imputó nuevamente al gobierno norvietnamita querer torpedear al destructor Turner Joy. Esto llevó al presidente estadounidense Lyndon Johnson y el secretario de Estado, Robert McNamara a mentirle a la opinión pública respecto de esa supuesta agresión que sirvió como argumento principal para la escalada del conflicto y el incremento de la presencia directa de las tropas estadounidenses en la región, la cual fue aprobada por el Congreso otorgándole al presidente Johnson «el poder para tomar las medidas militares que creyera necesarias en el sudeste asiático». Con esto se dio inicio a la guerra de Vietnam. El pasar del tiempo hizo público que el hecho usado como argumento para la invasión fue falso.

El 13 de marzo de 1979, el líder revolucionario Maurice Bishop y su movimiento de la Nueva Joya, tomaron el poder en Granada, el nuevo gobierno se distanció políticamente de Estados Unidos y buscó el apoyo del campo socialista. En octubre de 1983, una conjura militar encabezada por el vice primer ministro Bernard Coard, logró derrocar a Bishop, disponiendo su arresto domiciliario y posterior ejecución, esto provocó una revuelta social en la isla que derivó en la intervención estadounidense. El presidente Ronald Reagan, informó a la ciudadanía que a raíz del golpe de estado en Granada corría peligro la vida de un grupo de estudiantes estadounidenses que cursaban sus estudios de medicina en la isla, por lo que se hacía necesaria la intervención de sus tropas,. Lo cierto es que los dichos estudiantes jamás estuvieron en riesgo alguno, el objetivo real fue impedir que un gobierno revolucionario se estableciera en el Caribe, cuestionando junto a Cuba y la Nicaragua sandinista la hegemonía estadounidense en un territorio estratégico para sus intereses.

Los sucesos ocurridos en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001 le dieron a George Bush el momento histórico y la oportunidad «perfecta» para derrocar a uno de los «enemigos» de su nación, con el argumento falso de que Irak poseía armas de destrucción masiva, nucleares, biológicas y químicas, así como ser una de las naciones que albergaba y «protegía» a grupos terroristas, entre ellos Al Qaeda, a quién responsabilizaba por el ataque contra las torres gemelas. Por ello Estados Unidos inició el 20 de marzo de 2003 el conflicto bélico contra Irak sin declaración de guerra formal, toda vez que el Congreso norteamericano le confirió tal potestad al presidente Bush sin el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Secretario de Estado Colin Powell llegó a presentarse en la ONU con un despliegue de fotografías por satélite que «demostraban» tal verdad, pero después de la invasión, las armas nunca aparecieron.

En el caso actual que nos compete, el de Siria, las pruebas que se han presentado son débiles. Así lo explica el teniente coronel Francisco Berenguer Hernández, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del Ministerio de Defensa, en un documento publicado el pasado mayo en el que afirma que «Las apreciaciones visuales, las muestras obtenidas no se sabe de qué modo, que posteriormente llegan a laboratorios situados fuera del territorio sirio, los posibles equipos de inspección independientes que serían dirigidas por las autoridades de uno u otro bando por el territorio bajo su control, y todos los demás intentos de verificación son indignos de confianza en la situación actual».

Los analistas internacionales afirman que tal decisión fue tomada por el Presidente Obama «bajo presión» y que dicha situación está precisamente sustentada en las dificultades para probar la veracidad de las mismas. Obama habló de una supuesta «línea roja» que El Assad no debería pasar. Esa «línea roja» sería el uso de armas químicas. Lo cierto es que la supuesta confirmación del uso de tales armas llega en momentos en que los sectores más reaccionarios tanto del partido republicano como del demócrata actuando bajo el influjo del lobby sionista exigen un involucramiento mayor de Estados Unidos en el conflicto. Influyen también los éxitos militares del gobierno sirio en los escenarios de combate y las dificultades internas que atraviesa el gobierno turco, principal plataforma para las operaciones militares contra el vecino país.

En cualquier caso, en el ambiente flota la variable de que, de manera directa o indirecta, Estados Unidos podría estar armando fuerzas terroristas radicales que podrían utilizar su poder bélico contra intereses occidentales en el Oriente Medio o en la propia Europa. Evidentemente, al igual que en Libia, Estados Unidos está dispuesto a correr dicho riesgo, incluso poniendo en peligro a sus propias ciudadanos.

Lo que subyace es lo que dijo el periodista británico George Monbiot en los días previos a la invasión a Irak cuando afirmó que «Si Estados Unidos no se estuviera preparando para atacar Irak, se estaría preparando para atacar otra nación. Estados Unidos irá a la guerra porque necesita un país con el cual ir a la guerra»

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Somalia vuelve a mirar de frente al hambre: miles de niños luchan por sobrevivir

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El cierre de centros de salud, la caída de la ayuda internacional, la sequía y el aumento del costo de los suministros agravan una crisis que golpea con especial dureza a la población infantil

Mogadiscio, Somalia.– Somalia vuelve a aproximarse peligrosamente a un escenario de hambre extrema. Hospitales saturados, niños con desnutrición severa, familias desplazadas y comunidades que han perdido prácticamente todo forman parte de una crisis humanitaria que se profundiza mientras disminuyen los recursos internacionales destinados a contenerla.

Uno de los rostros de esta emergencia es Shukri Mahad Mohamed, un niño de cuatro años que pesa apenas 4.5 kilos y recibe tratamiento por desnutrición aguda grave en el Hospital Daynile de Mogadiscio. Su madre, Madina Osman Hassan, de 22 años, permanece junto a él mientras el menor es alimentado mediante una sonda nasogástrica.

El caso de Shukri forma parte de una realidad que afecta a cientos de miles de menores. Según datos citados por Naciones Unidas, más de 493,000 niños han recibido atención por desnutrición aguda grave en Somalia, una condición que los coloca en riesgo de muerte.

Durante el primer semestre de 2026, los ingresos de niños en centros de estabilización por desnutrición aguda grave aumentaron 32 % respecto al mismo período del año anterior. Al mismo tiempo, más de 200 centros de salud y nutrición han cerrado debido a los recortes de financiación internacional.

Familias que entierran a sus hijos

En los campamentos de desplazados, la crisis se mide también en tumbas improvisadas.

Amina Abukar Tifu, de 26 años, llegó junto a su familia al asentamiento de Balow, en Burhakaba, después de abandonar su lugar de origen. Hace dos meses dio a luz estando anémicamente debilitada. Su bebé nació en condiciones precarias y murió poco después.

La familia lo enterró cerca de las chozas del campamento.

Amina relata que el hambre forma parte de la vida cotidiana y que tampoco cuentan con una vivienda adecuada para protegerse de las lluvias y el frío.

No es el único caso.

Otra residente del mismo campamento, Urtero Abdellahi, de 45 años, ha perdido a dos hijos a causa de la malnutrición. Uno tenía un año y el otro dos. Ahora intenta sacar adelante a otros siete menores, entre ellos un niño de cinco años que también presenta desnutrición grave.

El responsable del asentamiento, Abdi Adan, también perdió recientemente a un hijo de tres años.

“Nuestros hijos comen una vez al día”, relató al describir las condiciones en las que sobreviven las familias.

Seis millones padecen hambre aguda

Somalia tiene una población cercana a los 20 millones de habitantes y alrededor de seis millones, aproximadamente un tercio del país, padecen hambre aguda.

La capacidad de respuesta internacional resulta insuficiente: el Programa Mundial de Alimentos apenas puede asistir a una de cada diez personas que necesitan ayuda, debido principalmente a la falta de recursos.

Unicef advierte además que alrededor de 1.9 millones de niños se encuentran en riesgo de padecer desnutrición aguda.

En algunas zonas, solo el 5 % de los menores entre seis y 23 meses recibe la alimentación necesaria para desarrollarse adecuadamente.

La ayuda internacional se desploma

Uno de los factores que agrava la emergencia es la reducción drástica de los fondos destinados a Somalia.

Para 2026, Naciones Unidas había solicitado recursos equivalentes a unos US$852 millones, pero solo se había logrado financiar alrededor del 30.5 % de esa cantidad.

La diferencia resulta aún más dramática cuando se compara con 2022, año en que la cobertura del plan humanitario superó el 92 %.

La disminución de recursos ha obligado a cerrar establecimientos sanitarios y centros de nutrición, haciendo más difícil detectar tempranamente los casos de malnutrición.

Cuando algunos niños finalmente consiguen llegar a un hospital, lo hacen en condiciones mucho más graves.

Sequía, guerra y alimentos más caros

El hambre en Somalia no responde a una única causa.

A la reducción de la cooperación internacional se suman años de sequía, malas cosechas, desplazamientos internos, violencia armada e inestabilidad política.

El conflicto también encarece el traslado de alimentos y suministros médicos.

En Burhakaba, donde grupos vinculados a Al Shabab mantienen presencia en determinadas rutas, buena parte de la asistencia debe llegar por vía aérea.

Funcionarios de Unicef explican que transportar un kilo de ayuda desde Mogadiscio cuesta actualmente unos dos dólares y que los servicios aéreos se han encarecido alrededor de 40 % desde el año pasado.

En algunas comunidades rurales, el precio del agua se ha multiplicado por cuatro.

Un depósito de 200 litros que anteriormente costaba dos dólares puede alcanzar ahora los ocho.

Cientos de miles abandonan sus hogares

Las condiciones climáticas y la violencia han provocado también un enorme desplazamiento interno.

Solo durante 2026, unas 700,000 personas abandonaron sus lugares de residencia dentro de Somalia. De ellas, aproximadamente 500,000 lo hicieron directamente por la sequía, según datos del Consejo Noruego para los Refugiados.

Muchas terminan instalándose en campamentos improvisados construidos con ramas, telas y plásticos, donde el acceso a alimentos, agua potable y atención sanitaria sigue siendo limitado.

Ahora también preocupa el exceso de lluvia

Después de años marcados por la falta de agua, Somalia enfrenta una nueva amenaza: posibles inundaciones asociadas al fenómeno de El Niño.

Las previsiones citadas por Naciones Unidas estiman que las lluvias podrían afectar hasta a tres millones de personas y provocar el desplazamiento de alrededor de dos millones.

La paradoja resulta especialmente dura para quienes abandonaron sus comunidades huyendo precisamente de la sequía y ahora podrían verse obligados a desplazarse nuevamente, esta vez por inundaciones.

Una crisis que puede volver a convertirse en hambruna

Somalia ya sufrió en 2011 la primera hambruna oficialmente declarada del siglo XXI.

Quince años después, organismos humanitarios vuelven a advertir que el peligro no ha desaparecido.

La combinación de desnutrición infantil, reducción de la financiación, cierre de centros sanitarios, desplazamientos, conflictos armados y fenómenos climáticos extremos mantiene al país en una situación de enorme fragilidad.

En los hospitales y campamentos, sin embargo, las grandes cifras terminan adquiriendo nombres concretos: niños como Shukri, madres como Amina y familias que se enfrentan cada día a una pregunta elemental: si habrá suficiente comida para llegar al día siguiente.

Informaciones tomada de Elpais.com

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Periodismo Interpretativo

Los altos niveles de la espiritualidad se constituyen en un dique de contención de la vocación delincuencial.

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Por Elba García

La sociedad dominicana es amenazada por una descomposición social y ético moral que pone en peligro su integridad  en todos los aspectos, principalmente porque el Estado no está en capacidad de preconizar y promover valores, sino anti-valores.

La posibilidad de contrarrestar en mayor medida el fenómeno de la descomposición social y moral descansa, principalmente, en el Estado porque cuenta con las herramientas para imponer un régimen de consecuencia y de hacer la inversión económica requerida para crear las oportunidades de empleos y disminuir la desigualdad, lo cual ataca una de las razones que más genera, por ejemplo, la delincuencia, como lo es la exclusión social.

Sin embargo, frente a la incapacidad del Estado para diseñar políticas públicas que priorice la inversión social, el papel protagónico para enfrentar el fenómeno recae en las organizaciones que trabajan y conectan con la gente, sobre todo en las comunidades más carenciadas del país, donde tiene nacimiento la vocación delincuencial.

El trabajo, por ejemplo, de las iglesias, tanto católica como protestante, juega un papel decisivo en muchos jóvenes para no caer en las garras de las bandas o de la vocación de una conducta al margen de la ley, porque proporcionan fortaleza espiritual que sin dudas se convierte en un dique de contención para impedir que entre a sus vidas  una inclinación delincuencial.

Está más que demostrado que aquellas comunidades donde hay una mayor  integración a las  labores de las iglesias, sobresale una conducta apegada al respeto de la ley y de mejor convivencia social, donde ésta juega un papel  importante en la formación que se adquiere a través de estas instancias.

La iglesia católica acaba de comprobar en un estudio que la Sierra es uno de los lugares donde menos delincuencia se produce, pero todo el mundo sabe que esos pueblos tienen un fuerte apegamiento a valores cristianos desde los tiempos coloniales, pese a que los niveles de pobreza y analfabetismo son muy altos, aunque no tan críticos como los de otras zonas del territorio nacional.

Sin embargo, otra razón para que tal vez la delincuencia no haya impactado tanto a los pueblos de la Sierra se debe a las remesas que reciben del exterior, principalmente de los Estados Unidos, lo cual se convierte en una válvula de escape para que no se desarrollo la vocación delincuencial.

Pero la revelación al respecto confirma que se hace más que necesario que el trabajo de las iglesias vaya más allá de los templos y toque el corazón de aquellos jóvenes excluidos y golpeados por el desempleo y el hambre y que en consecuencia no escojan el camino equivocado.

La mejor dosis que pueden recibir los jóvenes desorientados y con el solo camino de la delincuencia, el tráfico y consumo de drogas es la espiritual, la cual necesariamente tiene que estar  revestida de un componente profundamente humano.

Esta sería una respuesta que siempre será necesaria y vital para el mejoramiento social, pero hará falta la refundación del Estado que para el restablecimiento de valores también cuente con la fuerza institucional pública y de ese modo incorporar otros elementos importantes como los medios de comunicación y el sistema educativo nacional, a fin de que el esfuerzo sea tan integral como el mal que nos aqueja.

Se impone una gran jornada nacional, pueblos por pueblos, para trabajar por una transformación total de aquel que ve la vida sólo desde la perspectiva del dinero, pero que ojalá se puedan incorporarse recursos a través del Estado para además crear empleos y mejorar las condiciones de vida de la gente.

Sólo de esa manera podría producirse  una verdadera transformación social y convertir a la República Dominicana en una sociedad más habitable y humana, donde la delincuencia y la degeneración sea un fenómeno aislado y no general como pasa actualmente.

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Periodismo Interpretativo

Será la frontera la excepción en corrupción en la República Dominicana?

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Por Elba García

La emigración haitiana, con implicaciones socio-económicas como prácticamente todas en el mundo de hoy, continuará aunque el Gobierno haya anunciado una serie de medidas en la frontera para evitar la entrada ilegal desde el vecino país.

La llegada masiva de haitianos ha creado una verdadera alarma nacional, sobre todo porque en opinión de muchos esta inmigración implica un aumento de la delincuencia y la promoción de una serie de enfermedades que son consustanciales a la pobreza y que afectan a pueblos como el haitiano.

El presidente de la República anunció un aumento de los militares que vigilan la zona fronteriza e incluso la medida habla de la incorporación de drones para monitoreal al haitiano hambriento que tiene como norte establecerse en el país.

La migración haitiana tiene un componente que forma parte de una cultura como la corrupción, ya que la entrada de éstos está determinada porque hay de por medio el pago de un peaje a los responsables de vigilar la frontera.

El hecho de que haya un elemento prácticamente cultural en el pueblo dominicano que motiva esa inmigración haitiana, permite colegir que es un problema no tan fácil, aunque no imposible, de detener.

Lo primero que habría que analizar es si el presidente de la República Dominicana, licenciado Danilo Medina, tiene moral para exigirles a sus subalternos lo que él y su Gobierno no pueden dar.

La pregunta que se impone es si podrán los militares de la frontera parar el cobro del peaje a los haitianos ilegales si quien se lo pide anda en lo mismo en otras instancias de la administración pública?

Realmente tiene moral un presidente involucrado en el caso Odebrecht y en otros escándalos para pedir que la frontera y los encargados de vigilarla sean éticos y decentes?

Podría el Gobierno pedir un cambio en la actitud de los militares que cuidan la frontera, mientras el presidente nombra como cónsul a un traficante con haitianos ilegales?

Se trata de un mensaje dual, porque con palabras se expresa preocupación por el fenómeno, pero con los hechos se promueve.

Es una doble moral que su fin no será otro que el fracaso.

El otro elemento es que la inmigración, incluida la haitiana, está motivada en el hambre y la pobreza y no hay muro que la detenga, no importa que sea físico, institucional o de cualquier otra índole.

Mientras los funcionarios hacen fiesta con los recursos públicos, los militares de la frontera harán lo mismo para permitir la entrada no sólo de haitianos ilegales, sino de todo lo demás, como drogas y el contrabando de mercancías.

Que nadie se llame a engaños con las palabras huecas del presidente Danilo Medina, experto en la simulación y la mentira.

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