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Editorial

Una Nueva Era Comunicacional

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bannercanal-241x300Desde hace más de seis meses se inició un nuevo capítulo en lo que se refiere a la televisión alternativa, comprometida con los intereses de las grandes mayorías nacionales.

La República Dominicana es una nación donde hay una gran concentración de la propiedad de los medios de comunicación social, dígase periódicos, emisoras de radio y canales de televisión.

Son medios profundamente comprometidos con grupos económicos que no logran entender por razones histórico-sociales que no se debe acumular fortunas a la sombra del Estado, porque esa es una forma de inhabilitar e impedir que éste cumpla con su misión de satisfacer necesidades sociales para mantener la gobernabilidad y la estabilidad política y social.

Esto así, porque en la medida en que no se entienda que la perpetuación del Estado sólo beneficia a la clase gobernante y que si éste pierde la credibilidad los que más salen perjudicados  son precisamente aquellos que lo tienen todo, los que se sirven de él, ya que está concebido y diseñado para privilegiarlos.

Sierravisión, la Señal de la Naturaleza, aspira por lo menos a que aquellos que no tienen voz, lo que andan con chancletas y que no tienen para comer puedan decir lo que sienten y exigir que por lo menos se les dé aunque sea una migaja del paster.

Este nuevo canal de televisión que salió al aire hace ya más de seis meses ahora inicia un nuevo capítulo con la actualización de su portal en internet, www.sierravisión.com.do, a fin de que las historias de nuestra gente humilde, aquella que vive en la cima y la falda de las montanas que circundan la Cordillera Central, así como en los barrios y pueblos marginados promuevan sus bondades, su abnegación y sus sacrificios.

Ahora usted podrá contar con una forma y estilo diferentes de narrar y analizar los hechos que se producen cotidianamente en los municipios y la capital de la República Dominicana y al momento de decir la verdad no están por el medio los grandes intereses de los grupos económicos que se quieren apropiar de todos, absolutamente de todos.

Somos un canal y un periódico digital para defender a los que más lo necesitan, a los de a pie, a aquellos que no siempre tienen la comida sobre la mesa, a los dominicanos y dominicanas que desean vivir en paz, pero que las injusticias y la mala distribución de las riquezas no les permite tranquilidad y sosiego.

Una nueva era se ha iniciado para bien de todos, para gobernados y gobernantes, para obreros y empresarios, para letrados e iletrados, para niños y ancianos, para mujeres y hombres. Absolutamente para todos los que han tenido la dicha de nacer en las tierras de Juan Pablo Duarte, padre de la patria y de la dominicanidad.

Trabajaremos para hacer entender lo que no se entiende, para respetar lo que no se respeta, para mirar lo que no se mira, para exigir lo que no se exige, para reclamar lo que no se reclama, para corregir lo que cada día está peor.

Seremos un pie de amigo del que cumple con su deber, del que respeta el patrimonio público, del honesto, del buen funcionario, del hombre y la mujer con sensibilidad social que busca permanente un cambio para bien de todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Editorial

La Justicia y la Partidocracia.

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 Nadie en la República Dominicana se atrevería a negar que los partidos políticos lo han contaminado todo, absolutamente todo.

Es un mal general que contrarrestarlo costará mucho esfuerzo y un periodo largo en  el tiempo, pero que su impacto lo destruye todo en  su camino.

Cada día surge una nueva prueba del daño que causan los partidos políticos a la democracia nacional y en consecuencia su descredito alcanza niveles insospechados en la sociedad.

Hace pocos días que hasta el otorgamiento y anulación de una visa hacia los Estados Unidos estaba determinada muchas veces por la contaminación proveniente de la partidocracia, ya que esa es una vía de desacreditar al contrario, cuya revelación vino de la actual embajadora de esa nación en el país.

Pero las cosas son peores de ahí, porque los partidos políticos aparte de ser responsables de la tragedia nacional que conlleva la corrupción administrativa que propician y promueven, también tienen una influencia decisiva en la escogencia de los jueces del sistema de justicia nacional.

Ahí está la explicación de tantas demandas que son declaradas inadmisibles por los tribunales nacionales, porque en realidad se trata de la vía más fácil para quitarse de encima un proceso que podría comprometer el empleo de los jueces.

De manera, que se impone despolitizar el Consejo Nacional de la Magistratura, el cual está dominado por la partidocracia, cuyos postulantes a jueces y aquellos que ya los son y que deben ser evaluados tienen que someterse para ser elegibles al tráfico de influencia y al modo operandi de los partidos políticos.

Por qué no cambiar la conformación del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) para que sus miembros provengan de las universidades pública y privadas, el Colegio Dominicano de Abogados, la Suprema Corte de Justicia y de jueces de carrera con largos años de ejercicio.

De no ser así, muy difícilmente podremos mejorar el Estado Social Democrático de Derecho como lo consigna la constitución de la República, porque la manipulación de la designación de los jueces, sobre todo para buscar impunidad, contamina y daña todo el sistema público del país y destruye la democracia.

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Editorial

El informe de Transparencia Internacional no ayuda a la democracia nacional.

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Los dominicanos somos los mejores testigos del deterioro que sufre la confianza pública por las graves violaciones a la seguridad jurídica y el criterio con que se maneja la partidocracia.

Decir que el país tiene una buena imagen en el  combate de la corrupción administrativa, es pretender tapar el sol con un dedo, porque los casos de este tipo generalmente quedan en la impunidad.

El problema tiene una envergadura que asusta, porque no hace muchos días que se repitió la historia de que primero cualquier aspirante presidencial tiene que verse involucrado en escandalosos actos de corrupción para que la misma tenga alguna legitimidad.

Esa historia lamentable acaba de repetirse con Gonzalo Castillo, quien fue absuelto de los cargos que pesaban en su contra por la comisión de no cualquier sustracción de dinero del patrimonio nacional.

Pero lo propio se repite constantemente, dado que el Ministerio Público sólo pretende buscar sanciones penales para los casos que tienen importancia mediática, ya que este órgano del Estado en la práctica no tiene ningún nivel de eficiencia, cuyo rol es fundamentalmente politiquero.

Es decir, que hablar de transparencia en la sociedad dominicana es una aspiración que todavía falta un largo camino por recorrer, dado que desde la propia Presidencia de la Republica se producen fuertes y preocupantes atentados a la seguridad jurídica, pese a que se quiere pregonar lo contrario.

Basta con revisar los desacatos que se producen al sistema de justicia constitucional, los cuales tienen como protagonistas a los órganos del Estado, pero preocupantemente al propio presidente de la República que viola la Constitución de la República cuando le viene en gana.

Transparencia Internacional antes de emitir su informe debió consultar los archivos del Tribunal Constitucional para que entonces emitiera una valoración más acorde con la realidad, lo cual conoce muy bien su dependencia nacional como lo es Participación Ciudadana.

Es una insensatez y una desproporción afirmar que el país está bien en transparencia pública y en el combate a la corrupción cuando todo el mundo sabe que la impunidad es un elemento con raíces culturales y que es promovida por los que tienen el control del Estado.

La falta de transparencia, la poca confianza pública y carencia del respeto a la poca seguridad jurídica que prevalece en el país son de las falencias a combatir para el logro de una mejor democracia.

 Por qué nos meten gatos por liebres, aunque no hay que escudriñar mucho para encontrar la respuesta.

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Editorial

Un problema que habla muy mal del país.

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La República Dominicana atraviesa por un trance muy peligroso que tiene ver con que quien tiene que velar por el respeto del orden jurídico nacional es el primero que lo viola.

Son numerosos las veces que Luis Abinader incurre en el mismo problema, lo cual implica que o no tiene claras sus funciones y responsabilidades o sencillamente de que se está frente a un gobierno irresponsable.

El país lleva años montado en el mismo caballo, ya que los niveles de ignorancia y de improvisación del presidente Abinader dejan la sensación de que el orden legal es lo que menos importa.

La gravedad de este problema tiene un impacto en la comunidad internacional en razón de que las normas del derecho interno tienen una conexión determinante con aquellas provienen del derecho externo.

Este comportamiento del presidente Abinader no sólo compromete la responsabilidad civil y penal del Estado, sino que la imagen del país se deteriora que deja mucha incertidumbre y amenaza la seguridad jurídica y en consecuencia renglones de la economía nacional como el turismo.

De manera, que la conducta del presidente no sólo representa una amenaza en contra de la imagen del país, sino también atenta en contra del progreso económico y social.

El presidente debe detener en lo inmediato la violación de la jerarquía jurídica, cuyo lugar cimero ocupa la Constitución de la República, la cual es permanentemente violada por decretos emitidos por el jefe del Poder Ejecutivo.

Lo planteado en este editorial puede parecer una irreverencia en contra del presidente Luis Abinader, pero es que su comportamiento no es para menos.

En lo que respecta a este caso no queda otra expresión que se ajuste más al comportamiento indicado que aquel que dice que el presidente tiene más miedo que vergüenza, porque su proceder indica que le importa poco lo que la gente pueda pensar de él.

Es un caso tras otro.

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