Reportaje A Fondo
La ciencia intenta responder al mayor enigma sobre el coronavirus: la inmunidad
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6 años agoon
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LA REDACCIÓNLos investigadores quieren averiguar cuánto dura la protección contra el virus tras una infección y si se puede reactivar
Esta semana, uno de los países que mejor está conteniendo la pandemia del coronavirus aportó un dato preocupante. El Centro de Control de Enfermedades de Corea del Sur informó que hasta 116 pacientes a los que se consideraba curados habían vuelto a dar positivo unos días después. El país está analizando estos casos y no ha aportado más datos.
Estas observaciones llevan a una pregunta que aún no tiene respuesta: ¿cuál es la reacción del sistema inmune ante el nuevo coronavirus? De ella se derivan otras dos incógnitas fundamentales. ¿Puede contagiarse una persona dos veces? ¿Por cuánto tiempo será inmune al virus una vez que ha superado la infección?
Los coronavirus humanos más parecidos al SARS-CoV-2 son el SARS que surgió en 2002 y el MERS de 2012. En 2006 un estudio demostró que las personas que tuvieron SARS y se curaron tenían en su sangre anticuerpos contra el virus dos años después. En el caso del MERS eran hasta tres años. La duda es si esos anticuerpos siguen siendo capaces de localizar y eliminar el virus.
No se sabe cuánto dura la inmunidad de una persona ante el SARS-CoV-2. La razón fundamental es que China lanzó la primera alerta sobre la epidemia hace apenas tres meses y medio, no ha pasado suficiente tiempo. Además, muchos países están teniendo complicaciones para desarrollar las pruebas serológicas necesarias.
¿Por qué hay enfermos con lesiones pulmonares y síntomas que dan negativo y otros curados que dan positivo? Hay muchas explicaciones más probables que la reinfección, explica África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología. “Hay estudios recientes en China que indican que la sensibilidad de la PCR es de en torno a un 67%”, señala. Esta sensibilidad, según este estudio de 173 pacientes, desciende a un 54% a partir del día ocho tras el inicio de los síntomas y hasta un 45,5% en los días 15 al 39.
“Las cargas virales en las muestras del tracto respiratorio superior son mucho más bajas que las de las muestras inferiores, la liberación de cargas virales de pacientes en diferentes etapas de infección varía en un amplio rango, la recolección de muestras de hisopos de alta calidad requiere de personal cualificado, los reactivos de PCR de diferentes fuentes tienen una alta variabilidad”, detalla. “Los casos de reinfección podrían ser posibles, pero seguramente anecdóticos. Lo más probable es que se trata solo de persistencia del virus en algunos pacientes, que puede ser superior a los 25 días”, añade. La forma de evitar estos falsos positivos sería realizar una prueba de anticuerpos complementaria lo que permite elevar la sensibilidad de la prueba al 100% a partir de los 15 días se enfermedad.
En España por ahora no hay constancia de casos de reinfección, según los técnicos del Ministerio de Sanidad, que esperan que esta no sea posible debido a la generación de anticuerpos.
Cuando cualquier virus entra en el cuerpo, se activan dos líneas de defensa del sistema inmune. La primera es innata, la tenemos desde que nacemos y consiste principalmente en macrófagos, células devoradoras que se lanzan a ciegas contra cualquier invasor, lo engullen y lo descuartizan. A la vez se activa la segunda línea de defensa, la adaptativa, que es específica para cada patógeno. En este cuerpo de élite están los anticuerpos, proteínas que han recibido un retrato robot del virus: un fragmento de la secuencia de su genoma llamada antígeno. Cuando encuentran ese fragmento, que puede ser una de las proteínas que recubren al virus, se unen a ella y evitan así que la partícula viral contagie a otra célula e inician el proceso para destruirla.
Contra el coronavirus se producen primero anticuerpos IgM —siglas de inmunoglobulina M— que son los primeros en acudir, pero también los menos específicos. Una segunda oleada llega con los IgG, cuyo conocimiento y afinidad por el virus es mayor. “Según los estudios publicados hasta el momento, sabemos que las IgM aparecen entre siete y 12 días después de la aparición de los primeros síntomas de covid-19”, explica Francisco Borrego, jefe de inmunopatología del Hospital Cruces de Baracaldo. “Mientras, los anticuerpos IgG empezarían a ser detectables a partir del día 14”, añade.
Es demasiado pronto para saber por cuánto tiempo estos anticuerpos permanecen en la sangre y son funcionales. Según un estudio de 173 pacientes en China publicado a finales de marzo, las IgM e IgG siguen presentes hasta 39 días después del inicio de los síntomas. Es lo máximo observado hasta el momento.
La clave de la inmunidad puede estar en otro tipo de células inmunes: los linfocitos T, otro componente de la respuesta inmune adaptativa. Un linfocito puede identificar una célula infectada y destruirla, reconocer al virus y matarlo, recordar una o varias de sus proteínas para que pasados meses, años, incluso a veces toda una vida, puedan volver a identificarlo y matarlo. Por ahora, la información sobre linfocitos T en la covid-19 es prácticamente inexistente.
“En general, podemos decir que si se han generado anticuerpos IgG, también se han creado linfocitos T contra el virus”, explica Manel Juan, inmunólogo del Hospital Clínico de Barcelona. “Estudiar los linfocitos es complicado metodológicamente porque necesitas aislarlos de la sangre y que sigan vivos, enfrentarlos a un antígeno del virus, incubar la mezcla y observar la respuesta. Hasta ahora hemos estado sobrecargados con el día a día y ha sido imposible hacer esto. Esperamos que la próxima semana, si es que no hay un repunte de casos, podamos tener los primeros datos de pacientes sobre esto”, explica.
Algo similar sucede con los anticuerpos. “Detectarlos en sangre no significa que sean protectores, no todos bloquean la entrada del virus”, advierte África González. “Estudiar si un anticuerpo es neutralizante es complejo; necesitas células que se infecten del virus y trabajar con el virus vivo, algo al alcance de pocos laboratorios en España”, resalta. En este sentido los tests rápidos no valen de mucho, pues solo indican si hay o no hay anticuerpos, no si son activos y funcionales.
Hay observaciones preliminares que indican que el virus puede atacar a los linfocitos T y desactivarlos. Uno de los marcadores que pueden indicar que un paciente desarrollará covid-19 grave es la caída de linfocitos. “Esta enfermedad es un reto porque vemos que el virus es capaz de inhibir la respuesta inmune adaptativa”, reconoce May Villar, jefa de inmunología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. “Por esto es importante usar con mucho cuidado algunos tratamientos inmunosupresores que pueden empeorar las cosas, como ya se ha visto con el interferón”, destaca.
“Si has sido infectado y has pasado la infección, lo más probable es que la memoria inmune te dure, aunque siempre se va desvaneciendo”, explica la viróloga Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO-CSIC). Su laboratorio es uno de los que va a comenzar ensayos con virus vivos para probar la efectividad de los anticuerpos y linfocitos extraídos a pacientes. “La clave es si se desvanece poco o mucho, pero incluso si fuera poco y pudiese ser posible una segunda infección, esta sería más benigna”, opina. La excepción a esto son algunos flavivirus como el dengue que en unas pocas personas causa una segunda infección más intensa, “pero no hay razones para pensar que este coronavirus sea así”, detalla. La investigadora espera tener resultados a finales de año, aunque en esto no se pueden acelerar los tiempos: hay que hacer seguimiento de los recuperados durante meses, o años.
Estos estudios son fundamentales para explicar si todos los infectados de coronavirus, incluidos los asintomáticos, desarrollan linfocitos de memoria que darían inmunidad a largo plazo. Por el momento, basándose en estudios con otros patógenos, la respuesta es que sí, aventura Juan. “Sabemos que cuando le das una vacuna a una persona esta no genera enfermedad, pero sí produce linfocitos T”, destaca, pero añade que, por lo general, la respuesta inmune es más fuerte y duradera cuanto más grave es la infección.
Aún hay otra pregunta crucial: ¿cuánta gente se ha infectado? Imposible saberlo sin realizar una prueba serológica en busca de anticuerpos. Según Juan, lo ideal sería hacerle esta prueba a toda la población española o al menos una gran proporción. Este no es el plan del Gobierno, que de momento se plantea hacer un ensayo aleatorio en unas 30.000 familias.
“Tecnológicamente podríamos haber hecho un test a casi todo el mundo si nos hubiesen avisado con un mes de antelación”, opina Juan. “Si no se ha hecho ha sido por un tema regulatorio y político. Se prefería encargar los tests a una empresa homologada que ofreciese el mejor precio. Esto no ha funcionado en un contexto como el actual porque los países fabricantes han preferido quedarse sus existencias. En nuestro hospital habíamos comprado pruebas a Alemania pero se las han quedado. Ahora estamos desarrollando las nuestras”, añade.
Reportaje A Fondo
Otras vez injerencia de Trump en Latinoaméricana, ahora es en Guatemala.
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7 días agoon
marzo 3, 2026La embajada estadounidense afirma: “No vamos a tolerar que haya contaminación de narcotraficantes y crimen organizado” en la designación de nuevos funcionarios de la Corte
En lo que parece ser una razón más de indignacion de los paises latinoamericanos, según una publicaciñn del periódico El Pais de España, la cual es reproducida inextensa por este diario, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, informó este martes de que su Gobierno consultó con el Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre una supuesta injerencia en la elección de dos magistrados, entre ellos la Fiscal General del Ministerio Público (MP), Consuelo Porras, quien, según la información del mandatario, sería nombrada para ocupar una silla en la Corte de Constitucionalidad (CC), el máximo tribunal del país.
“Nos hemos enterado de que se está intentando aparentar que la Embajada de los Estados Unidos está pidiendo el voto a favor de candidatos que no son íntegros, como Roberto Molina Barreto y Consuelo Porras”, dijo Arévalo en una conferencia de prensa y en un comunicado emitido más tarde por el Gobierno. “Esta situación es altamente irregular y preocupante. Acciones como estas son incongruentes con el excelente estado de las relaciones entre nuestro Gobierno y el de Estados Unidos. Por ello, hemos comenzado las consultas con el Departamento de Estado para aclarar esta situación”, informó el mandatario.

Consuelo Porras en Guatemala, en septiembre de 2025.Congreso de Guatemala
Guatemala deberá designar este año a los nuevos magistrados de la Corte para el periodo 2026-2031. Para integrar ese ente, el Congreso, el Ejecutivo, la Corte Suprema de Justicia, el Colegio de Abogados y Notarios y la Universidad de San Carlos, la principal del país, votan a lo interno para nombrar a un magistrado titular y un suplente eligiendo así cinco magistrados titulares y cinco suplentes que dirigirán esa Corte.
Las declaraciones del presidente surgieron luego de que uno de los candidatos que apoyaba el Ejecutivo a través de su bancada oficial y de diputados aliados, Rony López, actual magistrado suplente de la CC, quien ha denunciado al MP por seguimiento y amenazas, perdió los votos y en su lugar comenzó a correr el rumor de que el actual magistrado de la CC, Roberto Molina Barreto, sería reelecto.
Molina Barreto fue candidato a la vicepresidencia en 2018 con Zury Ríos, la hija del fallecido dictador Efraín Ríos Montt, acusado de haber cometido un genocidio contra las poblaciones indígenas de Guatemala. Además, ha sido criticado por sus fallos judiciales en los que anuló la condena por genocidio contra Ríos Montt, por fallar a favor del expresidente condenado por corrupción Otto Pérez Molina y por beneficiar al líder del Barrio 18, Aldo Ochoa.
Medios locales, que han documentado dos lobbys pagados por políticos de oposición y algunos empresarios de la élite guatemalteca, atribuyen el apoyo de la mayoría de diputados y de la embajada de Estados Unidos a favor de Barreto debido a ese cabildeo. La embajada estadounidense en Guatemala no respondió a las consultas sobre la denuncia del presidente. John Barrett, encargado de negocios de la embajada, dijo en la red social X que “como ya hemos declarado, las elecciones de segundo grado son procesos guatemaltecos que tienen sus normas y reglas, y vamos a respetar estos procesos, pero no vamos a tolerar que haya contaminación de narcotraficantes y crimen organizado”.
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Una segunda vida para los disfraces de Carnaval: la idea de Río para que los residuos de la fiesta no acaben en el vertedero
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3 semanas agoon
febrero 17, 2026El proyecto ‘Sustenta Carnaval’ ha recuperado casi 70 toneladas de los vestuarios que se usan en el Sambódromo, reduciendo emisiones e integrando a población en riesgo de exclusión social
Río de Janeiro.-En la bella canción del sambista carioca Martinho da Vila llamada ‘Para tudo se acabar na quarta feira (Para que todo se acabe el miércoles)’ el compositor exalta, con cierta melancolía, a los artesanos del carnaval, esas personas anónimas que trabajan todo el año “empeñadas en construir la ilusión” para que después, todo se termine el Miércoles de Ceniza. El carnaval es, por definición, la fiesta de la alegría efímera, pero en el caso del Sambódromo de Río de Janeiro, con sus monumentales desfiles, esa fugacidad tiene un coste ambiental considerable. En las noches en que reinan las escuelas de samba, desfilan decenas de miles de personas vestidas con aparatosos disfraces, unos 100.000 cada año. Su vida útil es lo que se tarda en cruzar el gran estadio del carnaval durante el desfile, menos de 90 minutos. Hasta hace pocos años, después de brillar bajo los focos y los aplausos muchos de ellos acababan en el vertedero. Para luchar contra ese problema ambiental y convertir el residuo en oportunidad, hace unos años surgió el proyecto ‘Sustenta Carnaval’.
La sede de la organización está en la zona portuaria de Río, a pocos pasos de la Cidade do Samba, el gigante recinto donde se construyen las carrozas y se confeccionan los disfraces del carnaval. Aquí el almacén es menos opulento, pero igualmente colorido: montañas de disfraces se acumulan en el suelo y suben varios metros hasta casi tocar el techo en algunos puntos. Son los restos de los carnavales de otros años, que tras pasar por aquí tendrán una segunda oportunidad: los clientes de a pie más creativos pueden llevarse piezas tras un módico precio en función del peso, pero además hay convenios con agrupaciones carnavalescas con menos recursos o incluso con ayuntamientos de otras ciudades que buscan organizar un carnaval más económico. También se donan a escuelas públicas, o se alquilan a compañías teatrales y rodajes de cine. La idea es reciclar de todas las maneras posibles. De momento, en los últimos cinco años, los impulsores de la idea ya han salvado de la basura 66 toneladas.

Jean Michel Santos, en Río de Janeiro, el 27 de enero.Leonardo Carrato
Pululando entre esta marea de sombreros, faldas, plumas y todo tipo de tejidos aparece, siempre sonriente, Jean Santos, el coordinador técnico del proyecto. Recuerda divertido la aventura del primer año: “Fue un test, alquilamos un camión y recolectamos tres toneladas. Las colocamos provisionalmente en mi casa y en casa de una amiga, fue una locura”. En realidad, las propias escuelas de samba recopilan sus propios disfraces para reutilizar lo que se pueda al año siguiente (tras un minucioso trabajo de descarte, reconversión, pintura, tinte, etc).
No obstante, muchas no tienen los recursos ni la logística necesaria para movilizar camiones, personal y almacenes y acaban desechando parte de sus disfraces. Durante años, muchos quedaban acumulados al final del Sambódromo durante horas, pero generaban problemas incluso de seguridad, porque se generaban auténticas montañas que dificultaban la salida del recinto de los componentes de las escuelas, un flujo continuo que dura toda la madrugada durante cinco noches consecutivas.




El proyecto ha sido premiado incluso en el Reino Unido y ha logrado la certificación ISO20121, por su minucioso trabajo para mitigar la huella de carbono de estas piezas. Se sabe que la industria textil es de las más contaminantes del mundo, y según estudios de ‘Sustenta Carnaval’ un kilo de un estos disfraces generalmente sintéticos y procedentes de China o India ha supuesto, a lo largo toda su trayectoria, la emisión de 47,2 kilos de CO2 equivalente. Por eso estiman que con todo lo que se ha reusado hasta ahora se ha evitado la emisión de más de 3.115 toneladas de CO2 en a la atmósfera.

Pero la preocupación no es sólo ambiental, sino también social. En el almacén de Río trabajan personas en riesgo de exclusión social y parte de los disfraces son transformados en carteras por mujeres inmigrantes y vecinas de una favela de la ciudad de Niterói. En el propio almacén de la organización estos días se imparten talleres de reciclaje de disfraces y accesorios.
‘Sustenta Carnaval’ cuenta con el apoyo de la Secretaría de Medio Ambiente del ayuntamiento de Río y de la Liga Independiente de las Escuelas de Samba, pero faltan recursos. Santos explica que el sueño que acarician ahora es poder construir un entresuelo para ganar espacio y clasificarlo todo. Además, así también podrían impartir clases continuamente. “Nuestro sueño es que las personas que trabajan todos los años en el carnaval puedan hacer un curso y certificarlas como profesionales. Hoy en día ya hay cursos de posgrado en temas de carnaval, pero sobre todo en el mundo académico. La gente que está en la base no está certificada, nuestra idea es revertir eso”, dice optimista. Mientras tanto, una vez termine el carnaval, la rueda volverá a ponerse en marcha: será hora de hacer espacio para otra veintena de toneladas y de ir pensando en cómo aprovechar esa infinidad de posibilidades.
elpais.com
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Centroamérica: incertidumbre, violencia criminal e intervencionismo
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2 meses agoon
enero 6, 2026En este momento, Centroamérica experimenta el descalabro de las frágiles democracias electorales que se habían logrado

Históricamente, Centroamérica ha sido dominada por cuatro grandes tendencias: la violencia política, el intervencionismo extranjero, la desigualdad económica y social, y la ausencia de regímenes democráticos. Es decir, de regímenes estructurados en torno a un Estado de derecho más o menos viable, instituciones legítimas y, sobre todo, una administración capaz de gestionar lo público con eficacia y eficiencia.
Con excepciones, tales tendencias suelen acompañarse de algunos factores inexorables: el militarismo, la corrupción y la exclusión de la mayoría de la población, ya sea por razones étnicas, sociales, económicas o políticas. Y aunque fueron brevemente neutralizadas tras la firma del Plan de Paz de Esquipulas II (7 de agosto de 1987), en las últimas dos décadas Centroamérica ha iniciado un proceso de involución que recuerda -pero todavía no sobrepasa- los horrores de la década perdida de los años 1980.
En efecto, Centroamérica logró reencauzar sus esfuerzos de reconstrucción y reconciliación de forma gradual durante el decenio de 1990, mismo que produjo elecciones libres en todos los países, el relanzamiento del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y lo que parecía ser una etapa de estabilidad. Pero, lamentablemente, todo aquello se volvió un espejismo.
Ya para inicios del siglo XXI empezaron a despuntar nuevas, y a reverdecer viejas, disfunciones en toda la zona. Ello fue resultado de una combinación de factores como la reaparición de poderes fácticos, en particular el crimen organizado; el gradual debilitamiento de las democracias electorales; el lento proceso de reactivación económica prometido pero no concretado por el libre comercio; la inconclusa transición hacia modelos de gobierno y de sociedad más inclusivos, y el abandono del desarrollo sostenible como concepto guía del sistema regional. Pronto afloraron nuevas formas de violencia y represión, y se iniciaron masivas olas migratorias hacia Estados Unidos. En pocos años, Nicaragua cayó presa de una dictadura atroz gracias al llamado Pacto Ortega-Alemán (2000), Honduras experimentó un nuevo golpe de Estado (2009), se produjeron un sinnúmero de eventos como el asesinato de periodistas y dirigentes ambientalistas y sociales, y aparecieron poderosas redes de narcotraficantes y renovadas tensiones geopolíticas. Estos elementos configuran hoy una región que en poco tiempo, y pese a la masiva ayuda recibida de la Cooperación Internacional, ha sucumbido ante los avatares de su propia historia.
Acabar con las guerras domésticas -y particularmente con el terrorismo de Estado- fue uno de los logros más notables del Procedimiento de Esquipulas II. Sin embargo, desde entonces Centroamérica ha sido víctima de “otras violencias” no menos graves y dolorosas. Quizá la mayor de ellas sea la resultante de las acciones del crimen organizado y ordinario, cuyas raíces en el área eran de larga data, pero que se aceleraron y profundizaron como resultado de una triple coyuntura: el descalabro institucional de las democracias electorales a partir del año 2008; los rápidos cambios acaecidos en la producción, la comercialización y el control de las redes de del narcotráfico internacional, y el aumento y diversificación de los flujos de cocaína proveniente de Colombia, resultantes de las nuevas condiciones domésticas en ese país (acordadas en el plan de paz de 2016).
Ello vino acompañado de un incremento de otras formas de crimen organizado no menos perniciosas, como la trata de personas, el tráfico de armas, los diversos tipos de contrabando (oro, bienes culturales y naturales, cigarrillos, cosméticos y licores, entre otros) y el fenómeno de las pandillas o “maras”, que impusieron un virtual “estado de sitio” en amplios espacios urbanos del llamado Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras). Las extorsiones, secuestros, estafas cibernéticas y, más recientemente, el aumento de los femicidios y los actos de violencia contra otras poblaciones en condición de vulnerabilidad son también expresiones de una realidad que afecta a todas las sociedades centroamericanas.
El miedo y la zozobra que acompañan siempre a la violencia, y en particular a la violencia criminal cuando esta se entroniza y produce una percepción generalizada de inseguridad e indefensión, han traído como consecuencia el retorno de las propuestas de mano “super dura”, que se han posicionado como “únicas e idóneas” para neutralizar tales fenómenos. Ese fue el caldo de cultivo que permitió el arrollador triunfo en el Salvador del presidente Nayib Bukele, quien fue capaz de someter a las “maras” de su país por medio de políticas represivas ampliamente apoyadas por la población. Si bien el costo de esas políticas en términos de libertades públicas y calidad democrática ha sido devastador, las mismas han catapultado a Bukele como líder internacional de un “modelo” de Estado que repudia a la democracia liberal y propone sustituirla por un régimen autocrático unipersonal.
En este momento, Centroamérica experimenta el descalabro de las frágiles democracias electorales que se habían logrado. Este proceso de deterioro ha sido resultado de las disfunciones propias de regímenes políticos que, en distintas proporciones y formas, han tenido como características comunes la ausencia de políticas públicas inclusivas, el consecuente aumento de la desigualdad y la pobreza, una masiva corrupción y el ya mencionado aumento de la violencia criminal. Todos estos fenómenos han producido, más recientemente, el surgimiento de liderazgos populistas que, emulando a otros en América Latina, Estados Unidos y Europa, proponen soluciones “contra la dominación de los de siempre” (a quienes se señala como beneficiarios de la corrupción), y de un entramado presuntamente cómplice de estos, conformado por medios de comunicación, poderes judiciales, partidos políticos, agentes legislativos y algunos sectores económicos privados.
Además del caso salvadoreño ya mencionado, hay dos ejemplos muy claros (aunque también muy distintos) de esta tendencia. El primero, de perfiles decimonónicos, es la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, que desde 2018 domina al país a sangre y fuego a través de mecanismos de represión que recuerdan los peores días del somocismo, e incluso los superan. Estos mecanismos, algunos tipificados como crímenes de lesa humanidad por el Grupo de Expertos sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas, incluyen -además de asesinatos, torturas, desapariciones y persecución de medios y periodistas independientes– el destierro, las expropiaciones arbitrarias y la eliminación de la nacionalidad de quienes el régimen considera enemigos. El segundo caso, sorpresivo y para muchos inaudito, es el de Costa Rica. Allí gobierna, con amplio respaldo popular, Rodrigo Chaves, un exfuncionario del Banco Mundial, quien fue electo en 2022 con una propuesta antisistema. Neoliberal en lo económico y conservador (aunque laico) en lo social, Chaves ha satanizado los entendimientos políticos predominantes en el país desde 1948, promovido la confrontación entre el Ejecutivo y los demás poderes de la República (incluido el Tribunal Supremo de Elecciones), deteriorado la libertad de expresión y de prensa, alimentado deliberadamente la polarización social y, últimamente, deslegitimado la institucionalidad judicial, que es la única que hasta ahora ha impedido el éxito de su proyecto político.
Los tres países restantes también discurren por sendas complicadas. En Guatemala, el gobierno del presidente Bernardo Arévalo, desde antes de su toma de posesión (2024), libra una batalla sin descanso contra el llamado “Pacto de Corruptos”, un conglomerado de poderes fácticos que buscan afanosamente su caída por medio de permanentes conspiraciones que involucran a la Fiscal General y a jueces corruptos del Poder Judicial. En Honduras, la presidenta Xiomara Castro -quien fue electa con altas expectativas tras dos mandatos de un presidente que terminó indultado por Trump luego de haber sido condenado en los tribunales estadounidenses por narcotráfico- hoy propone anular los últimos comicios generales (noviembre de 2025) en medio de un proceso electoral de gran opacidad, persiguiendo fines de muy dudosa naturaleza. Mientras tanto, en Panamá el clima político y social se ha enrarecido en la administración de Raúl Mulino, un presidente que fue electo como sustituto del candidato de su partido, el expresidente Ricardo Martinelli, quien fue encontrado culpable de corrupción e inhabilitado por la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral para ocupar cargos públicos.
Todo lo anterior se produce en un contexto de reconstitución hegemónica de los Estados Unidos, cuyo gobierno ha retomado su dominio histórico, basado en al menos dos ámbitos: el enfrentamiento con China y el apoyo público -e incluso la interferencia abierta en procesos electorales internos- a los gobiernos y líderes dispuestos a cumplir con sus designios en la zona (especialmente en temas migratorios y de inversiones en sectores estratégicos como las telecomunicaciones y la minería, de combate al narcotráfico y de cooperación militar). Además, buena parte de los gobiernos centroamericanos se han sumado a la diplomacia estadounidense en los foros multilaterales, alineándose en temas como el apoyo a Israel, las críticas a la Agenda 2030, el cambio climático, la invasión rusa a Ucrania, etc. Ese sometimiento, sin duda, recuerda al predominante durante la Guerra Fría.
La democracia vive hoy horas oscuras en Centroamérica, horas que, pareciera, no serán más luminosas en el futuro previsible.
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