Editorial
Las Comunidades del Exterior: Un Verdadero Capital Social, Político y Económico del País.
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4 años agoon
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LA REDACCIÓN
La falta de oportunidades que tienen los jóvenes y las mujeres, así como la población en general, alimenta las aspiraciones del dominicano a buscar suerte en otras tierras, muchas veces con la adversidad del idioma y otras barreras culturales.
Es impresionante la cantidad de criollos que ya han perdido la esperanza de mejorar sus condiciones de vida en el territorio nacional por el manejo inadecuado de las riquezas nacionales y cuyo último propósito es irse del país, tal vez para nunca más volver.
Todo joven que termina una carrera universitaria no ve otro sendero que la emigración para poder garantizar una vida digna junto con sus familiares.
Ahí está la razón de que en los últimos años la emigración de dominicanos hacia el exterior sea realmente impresionante, muchos de ellos inmersos en esfuerzos extraordinarios para insertarse en el mercado de los Estados Unidos y Europa y cuyo principal escollo lo constituye el idioma.
Sin embargo, cuando el dominicano logra superar esa barrera se convierte en un elemento de primer orden para evitar que la República Dominicana reviente por los cuatro puntos cardinales por el desempleo, los altos precios de la canasta familiar y los bajos salarios que se pagan en la industria nacional.
La suma del que logra superarse académica y tecnológicamente con el que va al exterior a ser un simple trabajador de una factoría, constituyen una fuerza económica que prácticamente lleva sobre sus hombros la pesada carga de mantener a segmentos muy importantes del país.
El asunto reviste tanta importancia desde la perspectiva de la sociología, que los dominicanos se iban al extranjero con la aspiración de regresar años después para con sus ahorros iniciar algún tipo de negocio en el entorno del calor familiar.
Pero hasta eso murió, ya que el llamado síndrome del regreso ha desaparecido porque los dominicanos del exterior se han convencido de que ello no es posible, porque el mismo generalmente se convierte en una pesadilla.
Ahora ocurre lo contrario, porque el dominicano cuando recibe una visa para irse a vivir al exterior no quiere volver, aunque nunca reniegue de sus vínculos con las tierras que le vio nacer y a partir de esta realidad lo más importante es determinar en qué medida el Estado dominicano puede desarrollar políticas públicas que impacten al criollo que vive fuera y que de esa menara sienta el peso de las autoridades del lar nativo.
Pero el asunto es tan complejo que las falencias del Estado dominicano impactan de muy mala manera a los que han huido del país como resultado del mal manejo de las riquezas nacionales y cuyo lastre lo persigue cuando las autoridades envían a los consulados, como el de New York, a burócratas que sólo buscan enriquecerse a la sombra del poder con la imposición de tarifas abusivas en contra de los que se han ido del país como resultado de la vocación mafiosa en el manejo de la administración de la cosa pública.
Le sacan hasta la sangre a su gente con tarifas tan altas que rayan en abusivas con el fin de enriquecer a un burócrata enviado desde el país a hacerse millonario con el esfuerzo de los que se han ido a trabajar duro para protegerse a sí mismos y a sus familiares que quedan en el territorio nacional.
En virtud de este complejo problema y que está asociado al mismo comportamiento de los partidos tradicionales que tienen el control del Estado dominicano, se impone que esta situación sea sometida al escrutinio público para por lo menos reflexionar sobre el tema.
Por tanto, el periódico La República entra en el escenario de representar y tratar con justicia a los hombres y mujeres de la llamada diáspora, que llevan sobre sus hombros la manutención de sus familiares sin empleos o con empleos de mala calidad, pero además de todo el mal comportamiento del Estado, el cual no se corresponde con la buenas y desinteresadas intenciones del dominicano del exterior que sólo da a cambio de prácticamente nada.
Gobiernos vienen y gobiernos van a hacer promesas en el exterior que nunca cumplen y que ha llevado incluso al cansancio a gente que aporta tanto a la economía y la democracia dominicanas.
Editorial
En el país el principal problema no es ideológico, sino ético moral.
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1 semana agoon
febrero 16, 2026
El reportaje histórico-interpretativo de esta semana parte del legado ético moral de los tres grandes líderes de las últimas décadas, naturalmente guardando las diferencias entre ellos, lo que lleva a este periódico a sostener que su legado parece que ha servido de poco.
Los tres, Balaguer, Pena Gómez y Bosch, representan una época que luce que no volverá, porque la sociedad dominicana ha entrado en un marcado deterioro en los detalles que constituyeron las principales fortalezas de estos prohombres.
Estamos hablando de la visión ética de los tres, uno más que otro, pero que actuaron durante toda su trayectoria no apegados a lo que es el comportamiento de la figura del depredador del patrimonio público, el cual acompaña la historia nacional desde los tiempos de la colonia.
La muerte de los tres líderes ha traído consigo una profundización del problema ético en la política, ya que se ha visto que el asunto es tan serio que nadie entra a esta actividad para servir, sino para servirse, cuyas aspiraciones no es llevarse del Estado 1,50 o cien millones de pesos, sino miles.
Los casos de corrupción que no paran son el mejor ejemplo de la realidad por la que atraviesa la sociedad dominicana, ya que se puede afirmar que con el dinero público sustraído se pueden construir varias republicas dominicanas y más grande que la que tenemos.
El panorama nacional luce bastante feo, dado que los déficits fiscales de la nación están asociados a un gasto público definitivamente poco racional y explicado por los niveles tan altos de corrupción administrativa, cuya deuda externa también impactada por ese deseo de acumulación de bienes materiales de los actores de la vida política nacional.
Es muy común escuchar que si se quiere acumular riquezas hay que incursionar en la actividad política partidista o vender drogas o ascender al control del patrimonio público y cuando esto no ocurra perseguir una contrata del Estado para de entrada llevarse a sus bolsillos no menos de un 80 por ciento del presupuesto de la misma, la cual tiene la opción de aumentar el monto originalmente aprobado mediante adendas que cuadruplican el valor de la obra.
Todo ello deja claro que el problema del país es ético-moral, pero que este discurso no encaja con ninguno de los partidos que tienen reales posibilidades de ascender al poder, porque ya han sido probados y los mismos continuarán pregonando lo que no practican.
Es decir, que el legado de los líderes políticos ya fallecidos, no le sirve de mucho al país, ya que la formación de los actores de la vida política nacional consiste más en llenar sus bolsillos que apegarse al legado de prohombres que pregonaron durante toda su vida política la ética y la moral en el manejo de la administración pública.
Editorial
Otra vez el lenguaje de sustituir la fuerza por la razón.
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2 semanas agoon
febrero 9, 2026
No hay un solo escenario en el que la administración estadounidense no busque sustituir la fuerza por la razón.
El primer lugar escogido fue Venezuela, donde fue apresado dentro de su territorio el presidente de ese país, quien independientemente de su legitimidad o no, debe ser enjuiciado por los tribunales de su país, no de los Estados Unidos.
La ofensiva a través del uso o de la amenaza de la fuerza fue seguido en contra de Groenlandia, isla autónoma de Dinamarca, e igual amenaza sufre el pueblo haitiano con buques de guerra en sus costas.
Pero la imposición de la fuerza, aunque en una versión política, no militar, también ha sido vista en Honduras, Costa Rica, Chile, Argentina, entre otras naciones del continente, por parte de la nueva versión de gobernar del presidente Donald Trump.
Aunque todo luce como una locura que no cabe en pleno siglo 21, cuando el derecho internacional está lo suficientemente empoderado, es como una versión del régimen nazi, cuyo principal protagonista actúa sin miramientos y sin importarle las consecuencias de su conducta.
La realidad es que se sienta un precedente de tensión y violencia que cambia una serie de patrones culturales que se han impuesto en las sociedades civilizadas y modernas de estos tiempos.
Este periódico lo había advertido de que Donald Trump era un peligro para la paz mundial, quien, incluso, ha logrado doblegar la institucionalidad que ha exhibido históricamente los Estados Unidos, ejemplo de aplicación de un buen derecho y cuyo sistema de justicia es admirado en todo el planeta.
Sin embargo, inexplicablemente Trump se ha puesto por encima del orden y la ley, lo que distorsiona el espíritu que tradicionalmente ha caracterizado a la nación más poderosa del mundo, fruto de que allí prevaleció un Estado netamente capitalista sin influencias federales, como resultado de un alto desarrollo de las fuerzas productivas y de la conciencia social.
En el contexto de los embates de una visión autoritaria y vulneradora de derechos, Trump ahora mete sus manos en Haití mediante la amenaza de la fuerza a través de las armas e impone a un gobernante que no garantiza el logro del objetivo perseguido por la comunidad internacional de construir un Estado que haga duradera una democracia que promueva el estado de derecho y la paz anhelada por el pueblo más débil y pobre de todo el hemisferio.
El desgraciado precedente que persigue hacer sucumbir el derecho internacional, el respeto a los derechos humanos y a la auto determinación de los pueblos toma cuerpo ante la mirada complaciente de gente que antepone el miedo frente la vergüenza y la dignidad humana.
Editorial
La educación superior, ¿instrumento de desarrollo o de atraso?
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3 semanas agoon
febrero 2, 2026
La educación superior es cuestionada permanentemente por aquellos que conocen del asunto, porque en el país las universidades se han convertido en un negocio vulgar.
Formar a troche y moche es la filosofía que prevalece en la mayoría de las universidades nacionales, donde un buen nivel académico y mucho más preocuparse por la investigación científica es un asunto del pasado y que parece que nunca volverá.
Lo peligroso de este concepto de comercializar con la educación es que genera la salida hacia las calles, que entran al mercado laboral, profesionales como médicos, abogados e ingenieros que poco les importa los resultados de su trabajo.
Porque su poca formación no es solo académico, sino tambien ético, ya que son educados en un entorno en el que no tiene ningún valor una buena conducta, sólo el componente dinero.
Hace algún tiempo que luego de la celebración de una feria de la salud se vio a un joven profesional de la Medicina muy preocupado mientras estaba en la oficina de la empresa organizadora de la misma y cuando se le preguntó por qué lucia así, dijo que tenía una paciente que había venido de los Estados Unidos para hacerse una cirugía plástica, pero que mostraba las plaquetas muy bajas y que si se concreta la operación podía morir.
Agregó que su dilema era si hacía o no la cirugía porque entendía que frente a la situación ella podía morir, pero que el dueño de la clínica le decía que le pusiera sangre y la interviniera, lo que dejó evidente su poco amor por la vida de sus pacientes y que sólo le interesaba el dinero.
Ese cuadro es el pan nuestro de cada día, a lo que se agrega el hecho de que en muchos casos no sólo se produce un problema ético, sino también de poca preparación o formación profesional y cuando ambos se juntan los resultados jamás pueden ser buenos.
La cuestión es que el aspecto ético generalmente es imperceptible y el Estado no cuenta con mecanismos para detectarlo o vigilarlo, ya que incluso los colegios profesionales que deben jugar ese papel están también desnaturalizados como parte del problema integral que padece la sociedad.
Se impone que las universidades dominicanas sean vigiladas para que mejoren académicamente y que fortalezcan la ética en la enseñanza para que el país esté en manos de médicos más preparados, pero lo propio hay que decir de los abogados e ingenieros, así como de los demás profesionales académicos que también son parte del festival de graduaciones universitarias sobre la base del dinero, de las ganancias económicas, sin importar suplir la necesidad nacional de formar los científicos y técnicos que contribuyan con el desarrollo nacional.
