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“No sé por qué tenemos que volver si no hay forma de estar separados”

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Miles de trabajadores se incorporan este lunes a sus puestos mientras las autoridades reparten 10 millones de mascarillas en las principales estaciones de transporte público

Madrid | Sevilla.-  La mayoría de los trabajadores no esenciales que ha vuelto este lunes a sus puestos ya están concienciados de la necesidad de protegerse frente al coronavirus: en el transporte público, casi todos llevan mascarilla y guardan la distancia con otros viajeros. Sin embargo, la preocupación por reincorporarse en plena pandemia era un pensamiento recurrente. “No sé por qué narices tenemos que volver si no hay forma de estar separados. Solo espero que mis compañeros también trabajen con máscara. Si no, estamos jodidos”, critica Rafael Antúnez, de 53 años, que trabaja como encofrador en una obra en Pozuelo. Ese miedo es compartido por muchos otros ciudadanos que vuelven a salir a la calle tras dos semanas de confinamiento.

Así, la escena que se repetía en paradas de autobús, metro e intercambiadores de transporte de la capital era la de policías, voluntarios o guardias de seguridad distribuyendo este material sanitario desde primera hora de la mañana. Casi todos los viajeros cogían una o dos. La industria y la construcción han reiniciado este lunes su actividad, aunque solo en algunas comunidades. “Hemos estado parados 15 días, pero hoy volvemos. Nos han dado guantes y mascarillas. No me da miedo volver, estamos protegidos”, cuenta Franklin Rodríguez, que espera el metro en la Puerta del Sol para dirigirse a una obra en la zona de Iglesia. En cambio, para otras personas estas medidas siguen siendo insuficientes. Paloma, de 28 años, se reincorpora este miércoles a su trabajo como cuidadora de una niña y tiene miedo de contagiarse. “Vivo con mi padre, que es persona de riesgo, y me asusta mucho infectarme”.

En la estación de cercanías de Príncipe Pío (Madrid) solo se escucha el chirrido de las escaleras mecánicas y las llegadas y partidas de los trenes. Una decena de miembros de la Policía Nacional reparte, apenas en esta parada, más de 5.000 mascarillas. Irud aparece tapado hasta la nariz con una braga y con las manos en los bolsillos. Va a la localidad de Las Matas para seguir trabajando como jardinero. “No sé si es esencial o no, pero me seguían llamando”, cuenta. “¿Cómo vas a dejar las plantas tanto tiempo sin cuidar? Sería un desastre”. Fátima no se para. Solo se quita la mascarilla de la cara para decir: “Yo nunca he dejado de trabajar. Soy auxiliar en una residencia”. ¿Y cómo está la situación allá? Silencio. Apura el paso y entra en el tren con dirección a Atocha.

Varios guardias de seguridad vigilan en cada andén que los usuarios mantengan la distancia apropiada. Aunque hay más movimiento que en otras estaciones, en Atocha sigue siendo un lunes atípico, muy lejos del ajetreo de la principal estación de trenes de la capital.

 
La gran mayoría de ciudadanos recibe las mascarillas con una ya puesta. Otros se cubren con pañuelos o máscaras improvisadas. Y otros no lo hacen. Ismael Rubio es uno de ellos. Es albañil y espera su tren hacia la localidad de Villalba con los auriculares puestos y sin protección alguna. “No me la pongo porque no sirve para nada”, opina. “Una vez toques el móvil o la ropa, eso ya está manchado”. Rubio no tiene miedo de enfermarse, pero sí teme que se contagien las personas mayores con las que vive. “Pero no creo que esto haga mucho”, explica dejando ver la mascarilla que recogió en la entrada y que guarda en un bolsillo.

Las autoridades aseguran que el reparto se extenderá un par de días más, sobre todo en las ocho comunidades en las que este lunes es festivo. Entre avisos de tren, un anuncio de precaución: “Atención. Cercanías Renfe les recuerda que hay que mantener las medidas de seguridad…”. Los que aguardan cerca por inercia, se separan incómodos. Lo mismo sucede en la estación de metro de Sol.

Muchas de las personas que usan el transporte público ya lo usaban antes: médicos, guardias, empleados de supermercados… Es el caso de Asier, guardia de seguridad, que se queja de haber tenido que esperar 12 minutos su tren de la línea 1 a primera hora de la mañana. “Estas frecuencias no favorecen que vayamos separados”, dice. Sin embargo a las 8.00, en plena hora punta, los vagones de metro, que a esta hora suelen estar atestados, presentan un inusual aspecto medio vacíos. Fuera, policías reparten mascarillas por las distintas entradas; dentro lo hacen dos voluntarias de la Cruz Roja. “Estamos repartiendo en todos los intercambiadores y en las paradas con más afluencia”, dice Carmen, una de ellas. Hasta las 8.00 de este lunes, 32.546 usuarios han usado el metro de la capital, un 35% más que el lunes anterior, según los últimos datos de Metro de Madrid publicados en su cuenta oficial de Twitter.

Actividad en las obras

Las obras vuelven a la actividad en Madrid. Un ejemplo es un edificio que ocupa casi una manzana en la calle Montera, junto a la Gran Vía, que se va a convertir en un hotel. “Hemos vuelto a trabajar hoy”, confirma Florin, un obrero que maneja grandes baldosas y que suma al tradicional chaleco amarillo una no tan tradicional mascarilla. El ruido de las máquinas y las voces de los empleados rompen el silencio que se escucha tanto en la Puerta del Sol como en la Gran Vía, ambos lugares que normalmente están atestados y que este lunes permanecen casi vacíos.

Dos trabajadores en una obra, este lunes en Madrid. VICTOR SAINZ / EL PAÍS

Lo mismo ocurre con los trabajadores que construyen un hostel en la calle de La Encomienda (La Latina), donde varios operarios se afanan en rematar la edificación. “Nos incorporamos hoy, todos con mascarillas”, dice Herminio, que dirige a otro compañero mientras mueve material de construcción.

Poco movimiento en Sevilla

Poco trasiego en las estaciones de metro de Sevilla, donde desde las seis de la mañana voluntarios del Sistema Nacional de Protección Civil, apoyados por agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, están repartiendo mascarillas. Los pocos transeúntes que desde primera hora acuden a sus puestos de trabajo ya llevan protección desde sus casas y el material sanitario se reparte solo a aquellos que no dispongan de él y a quién no se lo vayan a proporcionar en el trabajo, recuerda uno de los miembros de seguridad.

Una viajera en la estación de Santa Justa de Sevilla, este lunes.PACO PUENTES

Más movimiento había en la estación de Santa Justa, principal nodo de comunicaciones de la capital andaluza y donde confluyen cinco líneas de Cercanías. Allí la Policía Nacional sí ha podido entregar mascarillas a varios pasajeros, que llegaban a pie o acompañados de sus bicicletas para trasladarse al trabajo y que no disponían de equipos sanitarios. María trabaja en un despacho de abogados de Sevilla y viene desde Bellavista. “No estaba segura de que fueran a repartir mascarillas o de que tuvieran para mí cuando llegara”, cuenta. En Andalucía está previsto que se repartan hasta 1.800.000 mascarillas en 365 nodos de transporte público de las ocho provincias. De ellas, 434.000 se distribuirán en la capital.

La cerámica en Castellón retoma “muy paulatinamente” su producción

La potente industria cerámica radicada en la provincia de Castellón, que concentra el 90% de la producción en España, ya inició el viernes su particular disminución de las medidas de contención. A pesar de que hoy es festivo en la Comunidad Valenciana, el humo blanco de las chimeneas es perfectamente visible esta mañana. Las columnas de vapor no son tan numerosas como antes del decreto de alarma, pero sí evidencian que los hornos están en marcha en el interior de las fábricas. En el exterior, apenas se detectan movimientos de carga y descarga del material que, en su 80%, se destina a la exportación.

Esta reactivación se está produciendo de manera “muy paulatina” y “de forma diferente en cada empresa”, señalan desde la patronal azulejera Ascer. Las mismas fuentes indican que la puesta en marcha de los hornos “queda muy lejos de la vuelta a la normalidad” y que la actividad solo se recuperará muy lentamente a lo largo de los meses. Se une además que este lunes es festivo en Castellón, provincia que concentra el grueso de la producción de cerámica española.

El sector se enfrenta a una situación en la que irá ajustando la producción a las necesidades de la demanda de sus clientes “y, por lo tanto, será una etapa larga y muy complicada para las empresas”, advierten. La demanda de baldosas cerámicas “ha caído estrepitosamente en las últimas semanas debido a que nuestros principales mercados, como España, la UE y EEUU, han tomado medidas de contingencia para frenar la propagación de la Covid-19”.

La industria azulejera de Onda, en Valencia, este lunes. MARTI DOMENECH

Ascer recuerda la “amenaza” que para el sector suponen “esos productores internacionales que no han tenido que parar su fabricación” al tiempo que reivindica inyectar dinero y circulante en los sectores y tomar medidas de liquidez inmediata como el aplazamiento de pagos tributarios a todos los niveles “y, en sectores exportadores como el nuestro, el adelanto del pago de las devoluciones de IVA”.

Sindicatos y Ascer acaban de ratificar una ampliación del Plan de Continuidad frente al coronavirus SARS-CoV-2 que reúne un compendio de las medidas que las empresas cerámicas han implantado hasta la fecha y tienen previsto adoptar para afrontar la alarma sanitaria provocada por la Covid-19 en material de salud y prevención de los trabajadores.

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Erika Hilton, la diputada trans que preside la Comisión de la Mujer en Brasil

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São Paulo.-Hace cuatro años Brasil eligió uno de los Congresos más conservadores de las últimas décadas. Un Parlamento de mayoría bolsonarista, dominado de nuevo por señores de tez blanca, traje, corbata y Biblia. Basta comparar el poder político de los religiosos al de las mujeres. Los escaños de la bancada evangélica duplican a los ocupados por legisladoras. Pese a haber tenido una presidenta, el porcentaje de diputadas en Brasil es menor que en cualquier otro país latinoamericano… Y menor que en Arabia Saudí. Pero en aquella misma elección los brasileños también eligieron por primera vez en la historia a dos diputadas transexuales: las izquierdistas Erika Hilton, 32 años, y Duda Salabert, 44 años.

Paradojas de un país que es al mismo tiempo paraíso e infierno para ese colectivo, porque en pocos rincones del mundo tiene tanta visibilidad, pero ninguno es tan letal (al menos 80 asesinatos en 2025).

La reciente elección de una de ellas, Hilton, como presidenta de la Comisión de Defensa de los Derechos de la Mujer ha desatado una polémica formidable en torno a la diputada, la definición de mujer y la representatividad. “Siempre seré mujer”, contestó ella.

Con once votos a favor y diez en blanco, su designación fue saludada por sus aliadas de la izquierda parlamentaria como un paso más a favor de la inclusión en la política institucional. Toma el relevo al frente de la comisión de una parlamentaria indígena, también del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). La diputada Hilton también suele definirse como “una travesti negra, de la periferia”. Erika Santos Silva creció en una favela de Francisco Morato, una ciudad en la zona metropolitana de São Paulo.

En esta controversia, a la cuestión trans, que desgarra al feminismo en medio mundo, se le suman los componentes de raza y clase, una arraigada polarización, la toxicidad de las redes sociales y la cuenta atrás para unas elecciones muy reñidas.

Los más reaccionarios intentaron sabotear la designación con una campaña para la que se apropiaron del lema Ele, não (Él, no), con el que la izquierda intentó galvanizar en 2018 la oposición a que Jair Bolsonaro alcanzara el poder, y lo resignificaron como ofensa tránsfoba. Fracasaron. Una vez electa, los ultras atacaron sin piedad a la diputada Hilton al grito de que no es una mujer “de verdad” y, por tanto, carecería de legitimidad para el cargo. Otras voces combinaron la defensa de los derechos de los transexuales con el temor a que las cuestiones identitarias monopolicen el debate en la Comisión de la Mujer y los problemas cotidianos y acuciantes que atañen a las brasileñas de a pie acaben arrinconados o diluidos en una discusión ideológica.

La nueva presidenta de la comisión ha anunciado que su prioridad será fiscalizar la red de acogida de mujeres maltratadas (en un momento en que Brasil contabiliza cuatro feminicidios al día, más que nunca), luchar contra la violencia política de género y promover políticas de salud integral para las brasileñas.

Blanco de incontables ataques y bregada en frecuentes polémicas, la parlamentaria celebró el nombramiento como “una reparación de la historia para tantas mujeres a las que les negaron la dignidad”. Y a sus críticos los despachó con el estilo combativo que ha convertido en marca de la casa: “La opinión de transfóbicos e imbeCIS es loúltimoo que me importa”, tuiteó con esas mayúsculas, haciendo un juego de palabras en portugués con imbécil y cisgénero, las personas que se identifican con el género con el que nacieron.

Antes de saltar en 2022 al Congreso en Brasilia, Erika Hilton triunfó en las municipales de 2020 como la concejala más votada del país. Destaca entre sus señorías porque entra al embate directo, tiene más de cuatro millones de seguidores en Instagram y es objeto preferencial de ataques y amenazas de la derecha más radical. Y por su aspecto. Sí, tacones, vestidos ajustados y melena siempre impecable. Ella misma ha contado que de niña soñaba con ser presentadora o artista, y que decidió entrar en política al verse tirada en la calle, forzada a ganarse la vida con la prostitución, cuando era una cría de 14 años.

En una larga entrevista con el podcast Mano a mano contó que la misma madre que la crio con su abuela en un hogar donde tuvo la libertad ser tal y como se sentía abrazó un día el fundamentalismo religioso y la expulsó de casa. “De repente, era un demonio, un animal”. Ese dolor la impulsa y la acompañará siempre, aunque se haya reconciliado con su madre. “Queremos caminar con la cabeza erguida, vivir más allá de los 30 años y ser algo más que putas”, explicó en aquella entrevista.

Con un 18% de parlamentarias, los problemas de las mujeres brasileñas siempre han resultado bastante secundarios para el Parlamento. Por la presidencia de la Comisión de la Mujer ya han pasado diputadas de derechas, centro e izquierda, pero si un partido tan pequeño como el PSOL logra presidirla es porque no es ahí donde se libran las batallas políticas más relevantes para sus señorías. Un veterano observador del Congreso dice que la Comisión de la Mujer nunca, desde que fue creada en 2016, había concitado tanta atención.

Tanto Hilton como Salabert se han esforzado hacer política parlamentaria más allá de la defensa de los derechos LGTBQ+. Tienen estilos muy distintos, pero ambas son blanco preferencial de ataques derechistas, sea por su condición de mujeres, por ser transexuales o por sus propuestas. Mientras la primera centra su trabajo en cuestiones de derechos humanos o derechos laborales, como la ampliación de uno a dos días libres por semana, la segunda aborda esos asuntos además de cuestiones mediaombientales y educativas. Mientras a Hilton se la ve cómoda en la confrontación directa, Salabert, del Partido Democratico Trabalista ( PDT), de centro-izquierda, apuesta más por la conciliación.

Al hilo de la polémica, la parlamentaria Salabert ha criticado “la indignación selectiva” y recordado algunos hechos a los desmemoriados que ahora salen a defender a las mujeres: que Brasil ya tuvo una comisión municipal de la mujer integrada solo por hombres (en São Paulo, en 2024), partidos que usan candidatas femeninas fraudulentas para beneficiarse de las cuotas de género o que la dirección del Partido de la Mujer Brasileña es netamente masculina.

Todas las formaciones políticas calientan ya motores para las elecciones de octubre, de las que saldrán el presidente, los gobernadores y el Congreso. Las negociaciones para formar candidaturas y alianzas son intensas. Ni una sola mujer suena como candidata a la presidencia en unos comicios dominados por Lula y Bolsonaro hijo. Tampoco se espera ninguna revolución que propicie un desembarco de mujeres que coloque a Brasil en la parte alta de la tabla de la representación parlamentaria femenina, junto a países como México, Bolivia o Costa Rica, que rondan el 50%.

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Otras vez injerencia de Trump en Latinoaméricana, ahora es en Guatemala.

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La embajada estadounidense afirma: “No vamos a tolerar que haya contaminación de narcotraficantes y crimen organizado” en la designación de nuevos funcionarios de la Corte

En  lo que parece ser una razón  más de indignacion de los paises latinoamericanos, según una publicaciñn del periódico El  Pais de España, la cual es reproducida inextensa por este diario,  el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, informó este martes de que su Gobierno consultó con el Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre una supuesta injerencia en la elección de dos magistrados, entre ellos la Fiscal General del Ministerio Público (MP), Consuelo Porras, quien, según la información del mandatario, sería nombrada para ocupar una silla en la Corte de Constitucionalidad (CC), el máximo tribunal del país.

“Nos hemos enterado de que se está intentando aparentar que la Embajada de los Estados Unidos está pidiendo el voto a favor de candidatos que no son íntegros, como Roberto Molina Barreto y Consuelo Porras”, dijo Arévalo en una conferencia de prensa y en un comunicado emitido más tarde por el Gobierno. “Esta situación es altamente irregular y preocupante. Acciones como estas son incongruentes con el excelente estado de las relaciones entre nuestro Gobierno y el de Estados Unidos. Por ello, hemos comenzado las consultas con el Departamento de Estado para aclarar esta situación”, informó el mandatario.

Consuelo Porras en Guatemala, en septiembre de 2025.Congreso de Guatemala

Guatemala deberá designar este año a los nuevos magistrados de la Corte para el periodo 2026-2031. Para integrar ese ente, el Congreso, el Ejecutivo, la Corte Suprema de Justicia, el Colegio de Abogados y Notarios y la Universidad de San Carlos, la principal del país, votan a lo interno para nombrar a un magistrado titular y un suplente eligiendo así cinco magistrados titulares y cinco suplentes que dirigirán esa Corte.

Las declaraciones del presidente surgieron luego de que uno de los candidatos que apoyaba el Ejecutivo a través de su bancada oficial y de diputados aliados, Rony López, actual magistrado suplente de la CC, quien ha denunciado al MP por seguimiento y amenazas, perdió los votos y en su lugar comenzó a correr el rumor de que el actual magistrado de la CC, Roberto Molina Barreto, sería reelecto.

Molina Barreto fue candidato a la vicepresidencia en 2018 con Zury Ríos, la hija del fallecido dictador Efraín Ríos Montt, acusado de haber cometido un genocidio contra las poblaciones indígenas de Guatemala. Además, ha sido criticado por sus fallos judiciales en los que anuló la condena por genocidio contra Ríos Montt, por fallar a favor del expresidente condenado por corrupción Otto Pérez Molina y por beneficiar al líder del Barrio 18, Aldo Ochoa.

Medios locales, que han documentado dos lobbys pagados por políticos de oposición y algunos empresarios de la élite guatemalteca, atribuyen el apoyo de la mayoría de diputados y de la embajada de Estados Unidos a favor de Barreto debido a ese cabildeo. La embajada estadounidense en Guatemala no respondió a las consultas sobre la denuncia del presidente. John Barrett, encargado de negocios de la embajada, dijo en la red social X que “como ya hemos declarado, las elecciones de segundo grado son procesos guatemaltecos que tienen sus normas y reglas, y vamos a respetar estos procesos, pero no vamos a tolerar que haya contaminación de narcotraficantes y crimen organizado”.

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Una segunda vida para los disfraces de Carnaval: la idea de Río para que los residuos de la fiesta no acaben en el vertedero

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El proyecto ‘Sustenta Carnaval’ ha recuperado casi 70 toneladas de los vestuarios que se usan en el Sambódromo, reduciendo emisiones e integrando a población en riesgo de exclusión social

Río de Janeiro.-En la bella canción del sambista carioca Martinho da Vila llamada ‘Para tudo se acabar na quarta feira (Para que todo se acabe el miércoles)’ el compositor exalta, con cierta melancolía, a los artesanos del carnaval, esas personas anónimas que trabajan todo el año “empeñadas en construir la ilusión” para que después, todo se termine el Miércoles de Ceniza. El carnaval es, por definición, la fiesta de la alegría efímera, pero en el caso del Sambódromo de Río de Janeiro, con sus monumentales desfiles, esa fugacidad tiene un coste ambiental considerable. En las noches en que reinan las escuelas de samba, desfilan decenas de miles de personas vestidas con aparatosos disfraces, unos 100.000 cada año. Su vida útil es lo que se tarda en cruzar el gran estadio del carnaval durante el desfile, menos de 90 minutos. Hasta hace pocos años, después de brillar bajo los focos y los aplausos muchos de ellos acababan en el vertedero. Para luchar contra ese problema ambiental y convertir el residuo en oportunidad, hace unos años surgió el proyecto ‘Sustenta Carnaval’.

La sede de la organización está en la zona portuaria de Río, a pocos pasos de la Cidade do Samba, el gigante recinto donde se construyen las carrozas y se confeccionan los disfraces del carnaval. Aquí el almacén es menos opulento, pero igualmente colorido: montañas de disfraces se acumulan en el suelo y suben varios metros hasta casi tocar el techo en algunos puntos. Son los restos de los carnavales de otros años, que tras pasar por aquí tendrán una segunda oportunidad: los clientes de a pie más creativos pueden llevarse piezas tras un módico precio en función del peso, pero además hay convenios con agrupaciones carnavalescas con menos recursos o incluso con ayuntamientos de otras ciudades que buscan organizar un carnaval más económico. También se donan a escuelas públicas, o se alquilan a compañías teatrales y rodajes de cine. La idea es reciclar de todas las maneras posibles. De momento, en los últimos cinco años, los impulsores de la idea ya han salvado de la basura 66 toneladas.

Pululando entre esta marea de sombreros, faldas, plumas y todo tipo de tejidos aparece, siempre sonriente, Jean Santos, el coordinador técnico del proyecto. Recuerda divertido la aventura del primer año: “Fue un test, alquilamos un camión y recolectamos tres toneladas. Las colocamos provisionalmente en mi casa y en casa de una amiga, fue una locura”. En realidad, las propias escuelas de samba recopilan sus propios disfraces para reutilizar lo que se pueda al año siguiente (tras un minucioso trabajo de descarte, reconversión, pintura, tinte, etc).

No obstante, muchas no tienen los recursos ni la logística necesaria para movilizar camiones, personal y almacenes y acaban desechando parte de sus disfraces. Durante años, muchos quedaban acumulados al final del Sambódromo durante horas, pero generaban problemas incluso de seguridad, porque se generaban auténticas montañas que dificultaban la salida del recinto de los componentes de las escuelas, un flujo continuo que dura toda la madrugada durante cinco noches consecutivas.

 

 

 

 

 

 

 

El proyecto ha sido premiado incluso en el Reino Unido y ha logrado la certificación ISO20121, por su minucioso trabajo para mitigar la huella de carbono de estas piezas. Se sabe que la industria textil es de las más contaminantes del mundo, y según estudios de ‘Sustenta Carnaval’ un kilo de un estos disfraces generalmente sintéticos y procedentes de China o India ha supuesto, a lo largo toda su trayectoria, la emisión de 47,2 kilos de CO2 equivalente. Por eso estiman que con todo lo que se ha reusado hasta ahora se ha evitado la emisión de más de 3.115 toneladas de CO2 en a la atmósfera.

Pero la preocupación no es sólo ambiental, sino también social. En el almacén de Río trabajan personas en riesgo de exclusión social y parte de los disfraces son transformados en carteras por mujeres inmigrantes y vecinas de una favela de la ciudad de Niterói. En el propio almacén de la organización estos días se imparten talleres de reciclaje de disfraces y accesorios.

‘Sustenta Carnaval’ cuenta con el apoyo de la Secretaría de Medio Ambiente del ayuntamiento de Río y de la Liga Independiente de las Escuelas de Samba, pero faltan recursos. Santos explica que el sueño que acarician ahora es poder construir un entresuelo para ganar espacio y clasificarlo todo. Además, así también podrían impartir clases continuamente. “Nuestro sueño es que las personas que trabajan todos los años en el carnaval puedan hacer un curso y certificarlas como profesionales. Hoy en día ya hay cursos de posgrado en temas de carnaval, pero sobre todo en el mundo académico. La gente que está en la base no está certificada, nuestra idea es revertir eso”, dice optimista. Mientras tanto, una vez termine el carnaval, la rueda volverá a ponerse en marcha: será hora de hacer espacio para otra veintena de toneladas y de ir pensando en cómo aprovechar esa infinidad de posibilidades.

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