República Dominicana en silencio, tal y como lo advierte este diario en su reportaje De Portada, fruto de política exterior ultraconservadora y de alianza incondicional con Trump.
La República Dominicana no se ha pronunciado ni parece que lo haga sobre la violación del derecho internacional por parte de la administración Trump de ingresar a territorio venezolano para apresar a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Este accionar, evidentemente ilegal y que vulnera los principios del derecho internacional, no merece el más mínimo comentario del gobierno de Luis Abinader por estar plegado a la política ultraconservadora y violadora del derecho a la autodeterminación de los pueblos.
Este diario ya había advertido que el Gobierno del PRM y Luis Abinader confrontarían en este nuevo año serias tensiones por su postura de defensa de la intromisión en los asuntos internos de otras naciones.
En los actuales momentos en que todo el mundo se ha pronunciado en contra de la política hegemónica de la potencia del norte, cuya principal travesura e irracionalidad ha comenzado por Venezuela, el gobierno dominicano no ha dicho ni esta boca es mía.
El apresamiento ilegal de Maduro y su esposa ha provocado reacciones de rechazo de países como México, Uruguay, Brasil, Chile, entre muchos otros, pero no incluye el dominicano porque su silencio es una expresión de complicidad con lo mal hecho.
Este caso es sólo una muestra de que la República Dominicana transita por un sendero que los resultados no pueden ser otros que la generación de conflictos sociales y políticos como resultado de una gestión oficial que violenta todo lo prometido durante sus tiempos de partido de oposición.
No ha habido forma de que el PRM y Luis Abinader cumpla con la palabra empeñada de mejorar el desempeño de la democracia nacional, sobre todo en lo referente a política exterior.
Este cuadro representa mucha frustración de los amplios sectores que hoy sufren las incoherencias de las actuales autoridades nacionales que no tienen la menor idea de lo que implica una buena administración pública.
El panorama sólo advierte una profundización de los problemas de endeudamiento externo, carestía de la vida y descrédito del sistema democrático, dado que la principal alianza del actual gobierno es con los sectores más conservadores de la comunidad internacional.