Por Elba García
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en una acción completamente irracional insiste en someter a una dominación neocolonial a Venezuela.
Trump ya advirtió que si la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, no se somete a las directrices de Washington sufriría peores consecuencias que Nicolás Maduro, quien fue capturado mediante un operativo sangriento del Ejército de Estados Unidos.
En franca violación del derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos, Trump insiste en apropiarse de las riquezas petroleras de Venezuela.
Pero la pretensión no sólo tiene que ver con Venezuela, sino que en la misma declaración advierte que quiere apropiarse de Groenlandia y de ese modo se pone por encima de la tendencia del derecho internacional sin que haya forma de detenerlo.
El asunto reviste tal gravedad que las amenazas del presidente imperial pone a todas las naciones del planeta bajo sus irracionales pretensiones.
Sin embargo, falta ver qué tanto se somete la cúpula gobernante en Venezuela tras la captura de Maduro a los excesos legales de Trump.
El cuadro luce complicado y no hay quién se haya atrevido en Latinoamérica a lanzar una primera propuesta para contrarrestar las aspiraciones coloniales del trumpismo.
Lo mismo parece ocurrir con las demás potencias imperiales como Rusia y China que ante la situación planteada no van más allá de ofrecer unas declaraciones tibias que no surten ningún efecto.
De manera, que el proceder ilegal de Trump no parece que vaya a generar una confrontación que vaya más allá de las palabras.
En las actuales circunstancias Trump hace gala de un poder que parece que no puede ser atacado por nadie en el mundo en franca violación de los derechos de los Estados mediante convenciones y tratados internacionales que son de obligatorio cumplimiento de todas las naciones del mundo.