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La mayor potencia mundial ante disyuntiva de la institucionalidad y la individualidad de un político ultraderechista.

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El expresidente Donald Trump mantiene un gran pulso con la llamada institucionalidad de los Estados Unidos, la cual muchas veces parece ceder ante los intereses de un político radical de derecha que ya ha hecho un daño más que suficiente a la democracia de la mayor potencia del mundo.

Este martes Trump se presentó ante  un juez y se declaró inocente de unos 34 cargos criminales en su contra, algunos delitos menores, cuyo acontecimiento tuvo de preámbulo el lanzamiento de una serie de adjetivos y epítetos del exmandatario en contra del que tiene la responsabilidad de juzgarlo, situación nunca vista en los Estados Unidos, lo cual constituye un acontecimiento que marca la más fuerte y hasta ahora creíble democracia del mundo occidental.

El expresidente Donald Trump acudió al tribunal de Nueva York, donde es juzgado por un gran jurado, que ha determinado declararlo culpable de una serie de delitos y crímenes que determinarán si este hombre va a la cárcel o si sencillamente gana una batalla que establecería que él está por encima del sistema de justicia y la institucionalidad de los Estados Unidos de América.

Los delitos y crímenes son diversos, incluidos el de mal uso de los fondos de su fundación, de haber pagado para callar y sacar del mercado un libro de una mujer que lo acusa de haberla violado hace ya algunos años y de evasión de impuestos.

El temperamento de Trump habla por sí solo y cualquiera que lo escuche sin necesariamente ser psicólogo se hace la idea de que se está frente a una persona con serios problemas de comportamiento.

Las ilegalidades de este político de ultraderecha no dejan ninguna duda, las cuales deben valorarse a partir de que fue capaz de atentar en contra de la institución más sólida de la democracia de los Estados Unidos, como el Capitolio, sede del Congreso Nacional, cuya conducta puede socavar a las instituciones que dan credibilidad al sistema estadounidense.

Sin embargo, a pesar de que son muchas las investigaciones que se desarrollan en su contra, todo parece que una de las más graves es la evasión de impuestos, por cuyo ilícito ya está preso su contable de 76 años.

Una táctica de Trump ha sido querer quitarle mérito al juez que conoce su caso y la pregunta que todo el mundo se hacía era si saldría esposado del tribunal que conoce las acusaciones en su contra,  donde tuvo que presentarse, lo cual no ocurrió y por lo contrario se fue y pronunció un discurso a sus seguidores en su residencia de Mar a Lago en el que sostiene que los Estados Unidos se ha ido al infierno, lo cual representa un desafío de su parte al sistema de justicia.

Hay quienes apostaban a que ocurriría lo que   exactamente pasó y Donald Trump no sólo se declaró inocente o no culpable de los cargos, sino que tampoco fue esposado aparentemente por su condición de expresidente, lo que representa el envío de un mensaje equivocado a todos los pueblos del mundo, porque se supone que la ley es igual para todos.

Lo que ocurrirá con Trump aún está por verse, pero lo que sí llama a la atención son otros asuntos que no entran en el marco judicial, como es el hecho de que este político populista de derecha cuente en la actualidad con tanto apoyo electoral que podría, si no es condenado, convertirse en candidato presidencial del Partido Republicano.

Lo otro que también preocupa es el discurso que se esgrime para descalificar o tergiversar las acusaciones en contra del magnate, sobre todo el que proviene del Partido Republicano, el cual atribuye a razones políticas el proceso de investigación que se lleva en contra del expresidente.

Esto indica que es absolutamente cierto de que la vida en los Estados Unidos camina aceleradamente hacia el tercermundismo, donde todo político procesado por la justicia lo atribuye a razones políticas.

Todo ello indica que los políticos de los Estados Unidos no entienden que no juzgar a Trump por los delitos cometidos es crear un clima de impunidad en una sociedad que una de las cosas que mejor puede exhibir es precisamente su fortaleza institucional, la cual se expresa principalmente a través del sistema de justicia.

Lo que ocurre con Trump tendrá un impacto muy fuerte, no sólo en seno de la sociedad de los Estados Unidos, sino de todas las democracias del mundo.

El hecho de que Trump no saliera esposado de la audiencia que tuvo lugar en un tribunal federal de Nueva York, deja la sensación de que en la democracia de la potencia más grande del mundo se producen distorsiones que afectan su imagen y también su credibilidad, constituyéndose  así en el  peor revés para el Estado norteamericano, lo cual surtirá un efecto mortal interior y exteriormente, máxime para que las demás naciones vean a este país como un ejemplo a seguir en términos de la aplicación de la ley y de la justicia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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