La plaga conocida como corrupción administrativa es alimentada y estimulada por los partidos políticos.
Son, sin ninguna duda, los responsables de la descomposición ético-moral de que adolece el Estado a nivel de sus tres podres, el legislativo, el ejecutivo y el judicial.
Carecen de disciplina, metodología de trabajo y claridad de propósito, pero sí saben como hacerlo para favorecer a personas, grupos y corporaciones privadas vinculadas al poder.
Los partidos políticos son los que han corrompido el sistema de justicia y los diferentes sectores que conforman la vida nacional.
Es impresionante como los partidos desde que toman el control del Estado pierden la sensatez, el decoro y la prudencia en la administración de la cosa pública.
Por todo esto, preocupa el curso que toma la sociedad dominicana, cuyos partidos políticos, grandes y pequeños sólo se diferencian en sus colores, nombres y rostros de sus miembros y dirigentes.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuyo surgimiento fue un ejemplo de servicio y amor al pueblo, hoy es, podría decirse, una basura ético-moral, en el que murieron los escrúpulos.
Pero no se puede calificar de una forma diferente al Partido Revolucionario Moderno (PRM), donde no hay titubeos para engañar o falsificar cualquier documento y en estafar, incluso, a sus propios aliados.
Siendo así las cosas en el PRM, se podrá esperar una conducta diferente si ganara las elecciones del 2020 y pasa a tener el control del patrimonio público?
No parece que vaya a ser de otra manera, por lo que no se vislumbra en el futuro mediato e inmediato una solución a los problemas más acuciantes que padece la sociedad dominicana.
Será más de lo mismo, porque lo que habla no son las palabras, sino los hechos.