Análisis Noticiosos
Drogas y hambre no ceden en villa argentina donde nacieron las Madres contra el paco
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4 años agoon
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LA REDACCIÓNLa pandemia multiplica la asistencia a los comedores sociales, mientras los “curas villeros” ayudan a los jóvenes hundidos en el drama de la pasta base de cocaína
Buenos Aires.- Ezequiel Antonio Arévalo lleva gorra, ropa deportiva y una mueca que parece sonrisa. Tiene 24 años. Empezó a fumar pasta base de cocaína —o paco, como le dicen en Argentina— a los 12. Sus padres murieron cuando nació y quedó al cuidado de sus abuelos. Antes de los cuatro años ya no tenía a nadie en el mundo. Dice que soñaba con “hacer plata fácil” y estuvo preso por robo. Una tarde, en su casa, recibió un disparo. Meses después, una cuchillada. Sintió que había tocado fondo y pidió ayuda. Hoy lleva “más de un año limpio”. “Yo antes no le daba mi nombre a nadie”, dice luego del saludo. Y cuando habla mira a los ojos.
Si en Argentina eres adicto y pobre, te fríes el cerebro con paco, fabricado con la resaca que queda en la olla de la cocaína. El polvo se fuma y el efecto es muy rápido y muy breve, de no más de cinco minutos. Antes de terminar, el adicto ya está pensando de dónde sacará el dinero para la próxima dosis. Los consumidores pueden llegar a fumar entre 10 y 15 dosis en un día; en combinación con alcohol, ese número puede ascender a más de 60. Ezequiel conoce bien de qué se trata, y por eso tiene hoy un trabajo importante: se convirtió en referente para los chicos que llegan buscando ayuda al Hogar de Cristo Gran Familia, territorio de “los curas villeros”. Son sacerdotes “con los pies en el barro”, como le gusta decir al papa Francisco.

El «cura villero» Gastón Colombres toma mate en su oficina del hogar en el que ayuda a jóvenes victímas del paco en Ciudad Oculta, Buenos Aires, el 11 de junio de 2022.ENRIQUE GARCIA MEDINA
A quienes llegan destruidos por las drogas se les brinda un techo, cama, comida y apoyo psicológico. La única condición es que estén decididos a dar el paso; que haya llegado “su momento”, como dice Ezequiel. Él decidió darlo hace poco más de un año. “Las ganas de consumir no se van nunca”, aclara. En el hogar donde trabaja Ezequiel bajo la supervisión del cura Colombres viven 25 varones. No todos son jóvenes. En la villa también hay uno que asiste a mujeres, pero por ahora es ambulatorio. Los curas encuentran a los jóvenes tirados en los corredores de Ciudad Oculta, consumiendo en alguna esquina. “Están en situación de calle”, dice Colombres.
Al cura de Ciudad Oculta le dicen Tonga. Tiene 35 años y lleva desde los 20 en el equipo de la Pastoral de las Villas y Barrios de Emergencia. Viste ropa de calle y en su oficina tiene una bandera de River Plate. Si cruza el pasillo angosto de la villa estará en la parroquia, pintada de naranja. Es sábado y hay un bautismo. Se escucha de fondo un reggaeton que viene del hogar, ubicado a metros de allí. Colombres dice que la droga hace estragos entre los jóvenes. “No solo el paco”, dice, “ahora vemos mucha droga sintética”. Y pide no subestimar los efectos del consumo de alcohol. El trabajo de Colombres es acompañar, porque nadie sale del agujero solo. Menos si tienen una causa judicial abierta o si no acceden a derechos esenciales como un techo y un documento de identidad. “Priorizamos el acompañamiento con la convicción de que son la paciencia, la cercanía, el afecto y la dedicación los que educan, sostienen y orientan”, dice. Entonces pide disculpas porque tiene que debe irse para bautizar al niño.

Ángel (primero a la izquierda), Elio, Gabriel, Ezequiel, Javier y Brian posan en el Hogar de Cristo Gran Familia, de Ciudad Oculta, donde se recuperan de su adicción al paco, el 11 de junio de 2022,ENRIQUE GARCIA MEDINA
El paco está vinculado a la pobreza; y la pobreza al hambre. En la conjunción de ese tridente trabaja Bilma Acuña. En uno de los ingresos a Ciudad Oculta, Acuña y su marido, Abel Meza, tienen desde 1993 el comedor comunitario En-Haccore (“Manantial del que clama”, en la Biblia). Antes de la cuarentena por la covid alimentaban a 380 personas. La cifra saltó a 700 durante el cierre de actividades y hoy se ha quedado en 560. Los vecinos de Ciudad Oculta se acercan al comedor de lunes a viernes, hacen una larga fila en uno de los pasillos de la villa y se llevan un plato de comida. Por la tarde hay merienda. “Cada vez estamos peor”, se lamenta Bilma.
Hace 30 años, cuando la hiperinflación devastaba Argentina, en Ciudad Oculta ya se repartía comida en ollas populares, y esa experiencia está en el origen del comedor de Bilma y Abel. Los vecinos de aquella época habían sido expulsados de la villa por la topadoras de la dictadura (1976-1983), que consideraba que las casas de chapa y las calles de tierra afeaban la ciudad durante el Mundial de 1978. Cuando terminó la dictadura, la gente volvió a Ciudad Oculta. Pero ya nada fue igual. El desarraigo había roto los lazos sociales y la solidaridad. Y después llegó la droga.
Bilma nació en Paraguay y Abel en la provincia de Chaco (norte). Llegaron a Buenos Aires con sus padres y se asentaron en la villa. En 2001, uno de sus seis hijos murió acribillado por los narcos. Era el año de la debacle económica de Argentina, cuando apareció el paco en los barrios marginales. “David había cumplido 16 años, y unos chicos que protegían a una mujer que vendía drogas acá adentro lo asesinaron”, cuenta Acuña, sentada en una silla de plástico blanca en su comedor. Ella decidió vencer el miedo, quedarse en la villa y pedir justicia. “Me propuse que mi hijo no iba a ser un chico más. Y ahí empecé la guerra”. Nació así la Red de Madres en Lucha contra el Consumo de Paco de Ciudad Oculta. Las mujeres “escrachaban” a los narcos en sus casas y los obligaban a abandonar el barrio. En 2007, Bilma consiguió que Isidro Ramón Ibarra Ramírez, líder de la banda narco que abastecía a Ciudad Oculta, fuera condenado.

Bilma Ibarra posa frente a uno de los murales que adornan su comedor comunitario En-Haccore, en Ciudad Oculta, Buenos Aires, el 11 de junio de 2022.ENRIQUE GARCIA MEDINA
Bilma peleó contra el paco y ahora lo hace contra el hambre. Desde el principio, ella y su marido pensaron el comedor como un sitio de encuentro. “Como un puente para llegar a las familias y ver sus necesidades”, explica. “Y así fue. Empezamos a apuntar a la violencia de género y a la violencia que sufrían los chicos. Armamos redes de defensoría con abogados y juzgados para ayudar a los jóvenes. Todo fue a los golpes. Había mucha violencia acá, los chicos se mataban entre ellos y la Policía los mataba”.

El cura Gastón Colombres se prepara para un baustismo en la capilla de Ciudad Oculta, el 11 de junio de 2002.
ENRIQUE GARCIA MEDINA
El comedor da cursos auspiciados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y aloja una escuela primaria para adultos. Pero el trabajo es enorme. La crisis económica y la pandemia han disparado el hambre. Al menos algo ha cambiado en Ciudad Oculta con la demolición del Elefante Blanco, una mole de 14 pisos que debía ser un hospital y terminó ocupada por desamparados. El Elefante Blanco llegó al cine en 2012, bajo la dirección de Pablo Trapero. Hoy en su lugar hay dependencias del Gobierno de la ciudad y parques públicos. “Lo extrañamos”, dice Bilma, “porque era nuestro muro”. Y enseguida responde a una pregunta sobre su vida: “No recuerdo haber sido feliz”.
elpais.com
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
