Análisis Noticiosos
Suiza adora el dinero en efectivo, mientras en Suecia lo odian.
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4 años agoon
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LA REDACCIÓNEl país helvético va hacer un referéndum para prohibir que la economía vaya por completo al dinero digital
Madrid.-Suiza es el país del mundo más apegado al dinero en efectivo. Suecia, en cambio, es uno de los más partidarios del dinero digital. Los suizos acumulan de media 11.000 francos en billetes y monedas (algo más de 11.000 euros), unos 22.000 francos por familia, mientras que en Suecia la gente tiene menos de 500 euros en casa. En Suiza se va a celebrar en breve un referéndum para consagrar en la constitución el derecho a mantener efectivo. En Suecia hacen gala de ser el país más avanzado del mundo en el destierro de los pagos en metálico. Allí solo los ancianos siguen utilizando los billetes y monedas. ¿Cómo pueden ser tan distinta la relación con el dinero?
En Suiza, un colectivo denominado Movimiento de Libertad Suiza ha recogido 157.000 firmas entre la ciudadanía referéndum a nivel nacional. Detrás de esta iniciativa está el temor de que el dinero en papel desaparezca en algún momento y que todas las transacciones pasen a ser digitales, lo que consideran que aumentaría también el riesgo de ser vigilados. Curiosamente, allí ni el Gobierno ni el banco central han anunciado que quieran acabar con el efectivo.
La idiosincrasia suiza está muy vinculada a la libertad y a la neutralidad. Desde hace siglos, sus ciudades han sido refugio para perseguidos políticos y religiosos de toda Europa. También han sido la cuna de largas sagas de banqueros (los Rothschild, los Lombard Odier, los Pictet…) donde millonarios de todo el mundo podían dejar parte de sus fortunas a buen recaudo.
ABBA y la tierra sin efectivo
En el caso de Suecia, su interés por ir dejando atrás los pagos en metálico se puede rastrear hasta uno de los emblemas nacionales, el grupo ABBA. Uno de sus fundadores, Björn Ulvaeus, es el principal defensor de la deriva del país hacia una sociedad sin efectivo. De hecho, en el Museo ABBA de Estocolmo no se pueden comprar las entradas con billetes desde hace más de 20 años.
La inquina de Ulvaeus contra el dinero en metálico se remonta a 2008, cuando unos ladrones robaron en el apartamento de su hijo Christian. El joven quedó tan afectado como para decidir mudarse. Para su padre, todo el episodio fue un escándalo. “Empecé a pensar que solo habían asaltado su casa para ver si tenía billetes”, contaba Ulvaeus en una entrevista con una televisión local.
Así que Ulvaeus, que conserva su influyente estatus de ídolo pop (al menos en Suecia), empezó a escribir artículos de opinión para periódicos y sitios web. Su argumento era sencillo: La economía criminal depende del carácter anónimo e imposible de rastrear del dinero en efectivo. De hecho, gran parte del dinero en efectivo que hay en el mundo, quizá la mayor parte, simplemente no se sabe dónde está. A menos efectivo, menos delincuencia. Su campaña tuvo un enorme éxito
Entre 2006 y 2016 la moneda en circulación disponible ha caído a la mitad, siendo sólo el 1% de la economía frente al 10% de la eurozona. Y en 2018 sólo uno de cada seis suecos declaraba haber hecho una compra reciente con dinero en efectivo. Y ya hay más de 4.000 personas que se han implantado un microchip en la mano para poder pagar si ni siquiera utilizar una tarjeta o un móvil.
Suiza y el billete más caro del mundo
Todos estos avances, en Suiza serían impensables. Para la mayoría de suizos, los pagos en efectivos son sinónimo de anonimato y privacidad. Cuando se hacen abonos con tarjetas de crédito o con sistemas de pago vinculado a grandes grupos tecnológicos (Google o Apple Pay), siempre quedan rastros de las transacciones.
Desde el portal Moneyland explican que: “a medida que ha avanzado la digitalización, también lo han hecho la ciberdelincuencia y el fraude online. Las cuentas en bancos suizos y las tarjetas de crédito son regularmente el objetivo de ciberdelincuentes y estafadores. El dinero en efectivo puede ser robado físicamente en un lugar, pero el ‘dinero digital’ puede ser robado en cualquier lugar y en cualquier momento”.
De hecho, en ciudades como Basilea o Zúrich todavía es habitual que haya algunas personas, ya de cierta edad, que siguen pagando el alquiler de su apartamento en efectivo. Y muchos negocios en los que no se acepta el pago con tarjeta. El Banco Nacional de Suiza (BNS) sigue emitiendo billetes de 1.000 francos (unos 1.000 euros) que son el papel moneda corriente con más valor de toda la tierra. En la Unión Europea, en cambio, ya se han dejado de producir billetes de 500 euros, para tratar de reducir la economía sumergida y el dinero negro.
El vicepresidente del BNS, Fritz Zurbruegg, habla del efectivo como un “fenómeno cultural” y explica que si siguen teniendo billetes de 1.000 francos “corresponde a lo que la gente quiere”. Es popular para las compras de bienes de alto valor y el pago de facturas en la oficina de correos, además de ser “un depósito de valor”, añadió.
Convergencia: Covid y exclusión financiera
Aunque parece que Suecia y Suiza tienen dos estrategias diametralmente opuestas en relación al uso del dinero en efectivo, en cierta medida también están convergiendo. En Suiza, la epidemia del coronavirus provocó un fuerte incremento de los pagos con tarjetas y móviles, al tratarse de un método de pago más aséptico.
Antes de la pandemia, hasta el 70% de los pagos puntuales (en restaurantes, supermercados, comercios…) se hacían aún en efectivo. En cambio, en julio de 2021 esa cifra había caído hasta el 43%, de acuerdo con una encuesta del BNS.
En Suecia, que hace unos años llegó plantearse el desterrar por completo el dinero en metálico, las autoridades han visto que hay algunos colectivos de personas desfavorecidas que siguen dependiendo de las monedas para vivir. Obligar a que todas las personas hagan todos los pagos con dinero electrónico implica presuponer que todo el mundo tiene una cuenta corriente, una tarjeta bancaria o un móvil. Sin embargo, muchas personas, sobre todo migrantes, sufren exclusión financiera y no tienen acceso a esos servicios básicos.
También la Organización Nacional Sueca de Pensionistas está en contra de suprimir por completo los pagos en metálico. Incluso la Agencia Sueca de Contingencias Civiles ha recomendado a los ciudadanos que guarden en sus hogares algo de efectivo para emergencias, ya que no se sabe qué podría ocurrir en el país en caso de que cayesen los sistemas de pago, se provocase un ciberataque o, bueno, se declarase la guerra.
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
