Análisis Noticiosos
Inseguridad, crimen organizado y narcotráfico, principales amenazas para América Latina
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3 años agoon
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LA REDACCIÓNAgencia Efe
El índice de Riesgo Político América Latina, que identifica los peligros que amenazan a la región, muestra en la edición de este año un aumento significativo entre la corrupción y la impunidad.
Chile.-La inseguridad, el crimen organizado y el narcotráfico son de nuevo los principales riesgos políticos que enfrentará América Latina en 2024 y prueba de ello es la crisis de violencia extrema sin precedentes que atraviesa Ecuador, reveló este miércoles un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
El índice de Riesgo Político América Latina, que identifica los peligros que amenazan a la región, muestra en la edición de este año un aumento significativo entre la corrupción y la impunidad.
Además, el crimen organizado es el responsable de alrededor de la mitad de los homicidios en Latinoamérica, además de que ocho de las diez ciudades más peligrosas del mundo están en la región, explicó Jorge Sahd, director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica y coautor del informe presentado hoy.
Ecuador vivió ayer martes una jornada de terror, que dejó al menos diez muertos en distintos actos violentos, entre ellos la toma temporal de un canal de televisión por parte de un grupo armado en Guayaquil.
El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, declaró la existencia de un «conflicto armado interno» en el país y ordenó a las Fuerzas Armadas ejecutar acciones militares contra varios grupos criminales que las autoridades consideran «terroristas».
El informe, elaborado a partir de un millar de entrevistas a distintos actores políticos de la región, identifica como el segundo riesgo el aumento de la corrupción e impunidad, «un problema sistémico relacionado con la falta de institucionalidad».
Le siguen la desafección democrática y el avance del populismo y el autoritarismo; la gobernabilidad bajo presión y la rápida pérdida de apoyo a los mandatarios; y el aumento de flujos migratorios.
«Tsunami electoral»
Latinoamérica tendrá que enfrentar estos riesgos en un escenario de desaceleración económica y estancamiento en la lucha contra la pobreza, que en 2022 afectó al 29 % de la población, lo que equivale a 181 millones de personas, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
La región vivirá además un «tsunami electoral» en 2024, con elecciones en El Salvador, Panamá, República Dominicana, México, Uruguay y Venezuela.
«El voto de castigo a los oficialismos que venía siendo tendencia se va a interrumpir y habrá un mayor balance entre continuidad y alternancia», afirmó el jurista y politólogo argentino Daniel Zovatto, coeditor del informe.
El maratón electoral arrancará en febrero en El Salvador, unas elecciones que el presidente Nayib Bukele ganará seguramente «con facilidad en primera vuelta», pese a que su reelección es «totalmente inconstitucional», apuntó Zovatto.
Zovatto, investigador del Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dijo que «el escenario aún está abierto» en Panamá, Uruguay y Venezuela y apostó asimismo por la reelección del presidente de dominicano, Luis Abinader, y el triunfo de Morena en México, el partido de Andrés Manuel López Obrador, que lleva como candidata presidencial a Claudia Sheinbaum.
De confirmarse nuestras proyecciones, añadió Zovatto, «el nuevo mapa político regional será más heterogéneo, sin olas rosas ni olas azules predominantes».
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
