Análisis Noticiosos
Negro Veras frente al juicio contra Leonel
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14 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Miguel Espaillat Grullón
Situaciones que a los padres nos pasan con los hijos, nos pueden colocar en una difícil disyuntiva, que nos pueden llevar a reaccionar en una forma de asumir conductas, que hasta sean una sorpresa para nosotros mismos. En este contexto, hay quienes por el amor hacia un hijo, pueden ser inducidos a quebrantar códigos y principios que creían inviolables, si lo ven como necesario para salvar o proteger al vástago de una injustica o de un peligro que consideran inminente para él, aunque sepan que esas maneras les puedan deparar para el resto de la vida, dolores y amarguras insuperables. Otros en cambio, pese a tener ese mismo amor por el hijo, no son capaces de violar los principios en que han sido formados, ni siquiera, si por esa violación dependiera el salvarle la vida. Ello sucede así, porque en materia del comportamiento humano, existe todo tipo de conducta imprevisible.
Los lectores de los clásicos de la literatura rusa recordaran a Taras Bulba, el épico protagonista de aquella novela homónima de corte romántico e histórico, escrita por Nikolai Gogol, que transcurre en el siglo XVI, en la que se cuenta que ese cosaco ucraniano que lideró la guerra contra Polonia, ejecutó entre lagrimas a su propio hijo, el introvertido y romántico Andréi, por haber traicionado la causa libertaria de los suyos y de su padre.
En el libro de Génesis del antiguo testamento, se describe que Dios queriendo probar la lealtad de Abraham, le pidió en sacrificio a su hijo unigénito Isaac, a quien amaba, y que ya al punto de degollarlo- narra ese libro- un angel del Señor desde los cielos lo impidió.
El rey David tuvo que sufrir las diabluras de sus hijos Amnón y Absalón. Amnón en un momento de irracionalidad violó a Tamar su hermana, también hermana de Absalón, su hermano. Este último, posteriormente mata a su hermano, para vengar la violación de su hermana. Estos hechos fueron parte de las grandes tragedias del rey David; pero pese a ello, siguió protegiendo y amando entrañablemente a su hijo Absalón.
En estos episodios del instinto paternal, es famoso el amor que tienen por sus hijos los psicópatas. Los tiranos y los grandes asesinos siempre han tenido un amor inconmensurable por sus hijos. Los tuvo Trujillo por los de él. Hitler y Mussolini por los suyos. Y cuanto general asesino que conozco, también amaron al fruto de sus entrañas, ¡claro!… a la manera de ellos.
Este amor, además es inherente en todo el reino animal. Es propio de aves, peces y reptiles; de mamíferos vertebrados e invertebrados, y del más insignificante ser creado. Entre ciertos arácnidos el padre se da en alimento para sus hijos. Si quieres saber de este instinto, acércate a cualquier fiera parida.
Tocado por la vorágine de pasiones que despierta la paternidad, en Quisqueya, un Presidente de la Junta Central Electoral extorsionado por el gobierno de turno, convino en favorecer con la ganancia de las elecciones presidenciales al ente de poder que lo chantajeaba con llevar a un hijo suyo a la cárcel, que estaba pendiente de la resolución de un juez (sub iúdice), por un caso de tráfico de drogas. El funcionario acorralado por la disyuntiva, optó por consumar el fraude, con lo que su instinto paterno primó sobre sus responsabilidades de Estado. También, en época no tan lejana, se cuenta de un vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, que sus altas decisiones se vieron contaminadas, al tener que ceder ante las presiones de “honorables” que lo chantajeaban con dejar caer todo el peso de la ley sobre un hijo suyo que lo habían descubierto introduciendo al país de manera ilegal 700 mil dólares, sino obtemperaba al fallo judicial preconcebido.
Mi primo hermano, el cardiólogo Rómulo Espaillat, su vida colapsó después que un hijo suyo murió ahogado mientras se bañaba en Las Terrenas, en unas vacaciones de Semana Santa. El impacto fue tan brutal para ese padre, que aplastado por la depresión, nunca más ejerció su profesión, pese a tener otros tres hijos.
En San Juan de la Maguana, se sabe de una mujer que perdió su vida en un fuego con el que luchó, hasta salvar la vida de sus tres hijos.
En este complicado accionar de padre e hijo, últimamente tenemos en la palestra pública, que el glorioso abogado Negro Veras, patrimonio y reserva moral de la República Dominicana y de la humanidad, declara que no participará en el juicio contra Leonel que sectores importantes de la población les están orquestando, aduciendo que no lo hará, porque le guarda eterna gratitud, en virtud, de que cuando buscaba que se sancionara a los criminales que habían atentado contra la vida de su hijo, tocó la puerta del exgobernante, y se la abrió, respuesta que hizo posible la justicia deseada.
Pues bien…el Dr. Fernández es un depredador del erario…el gobernante más corrupto y pésimo que ha tenido la República. Su ostentación de riquezas, lo mismo que la condición de quiebra y endeudamiento en que ha dejado al país, son hechos acreditados tanto por el rumor público, como por los números que hablan de su gestión de gobierno.
“Según el índice de competitividad global, la República Dominicana es el país más corrupto de la tierra y líder en el bajo nivel de la calidad de la educación, en el desvío de fondos públicos, en la inseguridad ciudadana, en el despilfarro gubernamental, en la desconfianza de la población en los políticos y en la corrupción policial, entre otros desastres.
Leonel despilfarró más de 60 mil millones de pesos para apuntalar la reelección del hoy presidente Danilo Medina, e hizo emitir 48 mil millones de pesos inorgánicos para mantener la macroeconomía y la estabilidad del dólar en forma ficticia.
Se estima que en los gobiernos de Fernández, la corrupción administrativa equivalía entre un 20-25 % del Presupuesto Nacional, con lo que todos sus funcionarios –se intuye- robando descaradamente… se hicieron multimillonarios, cosa que es fácil deducir porque los señalados como tales, ostentan las riquezas adquiridas públicamente con el mayor desparpajo. Las mansiones, carros de lujo, relojes Rolex, fincas, helicópteros privados, ropa de la alta costura, bebidas y comidas gourmet, con precios solo para príncipes y jeques árabes, dan crédito a lo que la mente imagina y ven los ojos.
El robo de los 130 millones de dólares del caso Sund Land, atribuidos a Leonel Fernández y a Felix Bautista, no es un supuesto, sino un hecho documentado.
Leonel manejó pesimamente la economía, a tal punto que ha entregado a Danilo un país quebrado, con un déficit fiscal de más de 140 mil millones de pesos, más una deuda interna y externa rondante por los 25 mil millones de dólares.
Contribuyó con esta debacle, los salarios de lujos que se pagaban a los altos funcionarios, el exceso de viceministros, de secretarios sin cartera y asesores; la sobrevaluación de las construcciones de las obras del Estado hasta en un 100%, como el caso del Metro construido en la capital. En este tema del derroche, caben, las altas remuneraciones, prebendas y privilegios que se conceden a los congresistas, los cuales con los llamados barrilitos y cofrecitos, exoneraciones, dietas, gastos de representación, salarios especiales, y otras cogiocas, como la que les proporcionan el hombre del maletín, se hacen de cientos de millones de pesos, en el periodo legislativo que les toca.
Pero también están los hechos que incriminan a Leonel como antipatriótico. El contrato- estafa firmado con la Barrick Gold y otras empresas mineras, entregándoles nuestros enormes recursos naturales, con cuyas explotaciones se está dañando en forma irreversible nuestro hábitat, no es cuestión de patriotas. Tampoco son ideales de Duarte, Sanchez y Mella, cercenar la Soberanía Nacional de nuestra media isla, permitiendo su venta por pedazos como si esta fuera una finca de su propiedad, principalmente a extranjeros con voraz mentalidad neoliberal, tales como Carlos Slim, Donald Trump, Gustavo Cisneros y otros tantos de esa especie.
Con esta situación, dadas las evidencias ya irrefutables, los Leonelistas, si estuvieran en su sano juicio, y tuvieran decencia y sentido de la justicia social, estarían avergonzados de ese capo de la política en sus filas, que ha hundido al país, moral y económicamente y en lugar de glorificarlo como lo están haciendo, lo anatematizarían, y le pedirían perdón a ese pueblo que tan miserablemente han engañado. Pero no…no lo hacen porque todos ellos han perdido la dignidad y la vergüenza. Ello es parte del trabajo de envilecimiento que Leonel a hecho con ese partido que se ha convertido en una desgracia para el país.
Imagino que para una montaña de hombre como Negro Veras, con tradición de combatir los truhanes de su patria, ha debido de ser muy difícil asumir la posición de negarse a participar en el aludido juicio contra el Leonel, motivado por el sentimiento de gratitud que ha expresado tiene con el exgobernante; razones que jurídicamente se convierten en sin razón, porque mejor debemos enrostrarle a Leonel, que un ciudadano tenga que acudir a él para lograr justicia, cosa que delata la falta de institucionalidad en la República Dominicana, lo que recae directamente sobre él, que ha hecho del país una tierra de injusticias, privilegios y corrupción.
En cierta forma, debe ser incomodo colocarse del lado de los que sostienen que Leonel es un hombre digno, de probada honradez, con la frente en alto frente al sol; que es un hombre excepcional, que ha hecho grandes aportes a la democracia y al desarrollo de la sociedad dominicana, que representa la figura más patriótica de la generación post Trujillo, y que por demás que es un abanderado contra la corrupción; cuando se sabe que es, todo lo contrario.
El hecho de alguien tenga que acudir al presidente para pedir de favor, que se haga justicia, demuestra que es una farsa la proclama que hace Leonel de que en su gobierno se ha fortalecido la democracia dominicana y con ella la institucionalidad.
Si fuera así, Negro Veras no hubiese tenido la necesidad de ir a pedirle ayuda al presidente de la República, para que se hiciera justicia en el caso de su hijo; porque en una real democracia, su impartición y aplicación, es deber, obligación y orgullo.
Con la agravante de que esto fue posible, porque se trató de una familia importante, puesto que si el caso que nos ocupa, hubiese sido con un hijo de machepa, Leonel, ni ninguna instancia de la llamada justicia dominicana se hubiesen interesado por el caso, tal como ha sucedido y sucede con cientos, o miles de gente pobres.
Entonces… el caso que nos ocupa, el de un padre en el ocaso de vida, un tiempo en que las personas ya están con una condición de alta vulnerabilidad física y emocional, es deleznable por los leonelistas, o por quien sea, que usen la decisión circunstancial de este abuelo, de no sumarse a las voces que reclaman justicia para el hombre que ha quebrado el país, y corrompido y humillado la nación.
Ello así, porque ellos saben perfectamente que la posición del Negro Veras ha sido motivada por un sentimiento de gratitud, que envuelve el amor por su hijo, por lo que obviando su categoría de jurista, se ha negado a la confrontación, con un gesto que muchos han entendido como claudicante, cosa que no es cierta por si, si tomamos en cuenta la condición emocional que penetra a este hombre en estos momentos del otoño de su vida.
Esta conducta de los leonelistas yo la entiendo. La misma es recurrente cuando de lograr sus fines se trata; ya lo hicieron con Juan Bosch. Cuando ya este no era consciente de sus actos, para sus fines de llegar al poder, lo usaron abrazándolo con Balaguer en aquel acto celebrado el 2 de junio de 1996 en el Estadio Olímpico, donde quedó constituido el “Frente Patriótico” con el cual, dizque se cerraría el camino malo que representaba el Dr. José Francisco Peña Gomez. Fueron tan perversos en esta acción, que la llevaron a cabo, sin importarles, que con este vil acto, desprestigiaban e irrespetaban y desconsideraban a un hombre que de haber estado en sus cabales, nunca se hubiera prestado para conformar semejante frente entre diablos y demonios.
Con la inhibición del Dr. Veras, los Leonelistas, tal como lo hicieron con Bosch, están tratado de sacarle capital político, retorciendo el por qué de sus verdaderas motivaciones. Perversamente han querido sembrar en un pueblo mayormente iletrado, que Negro Veras se suma a los defensores de Leonel, que sostienen que su líder está siendo calumniado, cuando simple y llanamente Veras solo ha dicho por las razones citadas “yo no participo en ese juicio”. Lo que de ningún modo significa que exima al “líder” de todas sus tropelías, tal como ellos quieren hacer creer.
Para finalizar, aclaro que solo motivaciones filosóficas me mueven a estas disquisiciones, queriendo compartir las creencias que tengo sobre las diferentes reacciones que puede tener un padre, cuando movido por el instinto y amor paterno, actúa para resolver situaciones que se dan en torno a sus hijos. Reacción que llegada la ocasión, nunca sabremos cómo será; por lo que unos reaccionarán como Taras Bulba o Abraham, y otros como los demás aludidos en este trabajo. Pero en todos los casos… uno nunca sabe.
Dada esta situación, la lección que podemos aprender es que, tenemos que luchar para que en nuestra patria exista un estado de derecho e institucionalidad, donde la obligación y el deber de impartición y aplicación de la justicia, no esté sujeta a la voluntad autoritaria de un funcionario judicial o de un mal jefe de Estado; de modo que en ninguna circunstancia pueda darse un caso, donde un ciudadano, por humilde que sea, se vea en la necesidad de mendigar justicia, ni misericordia, mucho menos si las acciones de ese jefe de Estado, lo hacen en justicia, merecedor de estar en la cárcel de por vida.
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
