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Negro Veras frente al juicio contra Leonel

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Por  Miguel Espaillat Grullón

Situaciones que a los padres nos pasan con los hijos, nos pueden colocar en una difícil disyuntiva, que nos pueden llevar a reaccionar en una forma de asumir conductas, que hasta sean una sorpresa para nosotros mismos. En este contexto, hay quienes por el amor hacia un hijo, pueden ser  inducidos a  quebrantar códigos y principios que creían inviolables, si lo ven como necesario para salvar o proteger al vástago de una injustica o de un peligro que consideran inminente para él, aunque sepan que esas maneras les puedan deparar  para el resto  de la vida,  dolores  y  amarguras insuperables.  Otros en cambio, pese a tener ese mismo amor por el hijo, no son capaces de violar los principios en que han sido formados, ni siquiera, si por esa violación dependiera el salvarle la vida.  Ello sucede así, porque en materia del comportamiento humano, existe todo tipo de conducta imprevisible.

Los lectores  de los  clásicos de la literatura rusa recordaran  a Taras Bulba, el épico protagonista de aquella novela homónima de corte romántico e histórico, escrita por Nikolai Gogol, que  transcurre en el siglo XVI, en la que se cuenta que ese  cosaco ucraniano  que lideró la guerra contra Polonia, ejecutó entre lagrimas a su propio hijo, el introvertido y romántico Andréi, por haber traicionado la causa libertaria de los suyos y de su padre.

En el libro de Génesis del antiguo testamento, se describe que Dios queriendo probar la lealtad de Abraham, le pidió en sacrificio a su hijo unigénito Isaac,  a quien amaba, y que  ya al punto de degollarlo- narra ese libro- un angel del Señor desde los cielos lo impidió.

El rey David tuvo que sufrir las diabluras de sus hijos Amnón y Absalón. Amnón en un momento de irracionalidad  violó a Tamar  su hermana,  también hermana de Absalón, su hermano.  Este último, posteriormente mata a su hermano, para vengar la violación de su hermana. Estos hechos  fueron parte de las grandes tragedias del rey David; pero pese a ello, siguió protegiendo y  amando entrañablemente a su hijo Absalón.

En estos  episodios del instinto paternal, es famoso el amor que tienen por sus hijos los psicópatas. Los tiranos y los grandes asesinos siempre han tenido un amor inconmensurable por sus hijos.  Los tuvo Trujillo por los de él. Hitler y Mussolini por los suyos. Y cuanto general asesino que conozco, también amaron al fruto de sus entrañas, ¡claro!… a la manera de ellos.

Este amor, además  es inherente en todo el reino animal. Es propio de aves,  peces y reptiles; de mamíferos vertebrados e invertebrados, y del más insignificante ser creado. Entre ciertos arácnidos el padre se da en alimento para sus hijos. Si quieres saber de este instinto, acércate a cualquier fiera parida.

Tocado por la vorágine de  pasiones que despierta la paternidad, en Quisqueya, un Presidente de la Junta Central Electoral extorsionado por  el  gobierno de turno, convino en favorecer con la ganancia de las elecciones presidenciales al ente de poder que lo chantajeaba con llevar a  un hijo suyo a la cárcel, que estaba pendiente de la resolución de un juez (sub iúdice), por un caso de tráfico de drogas. El funcionario acorralado por la disyuntiva, optó por  consumar el fraude, con lo que su instinto paterno primó sobre sus responsabilidades de Estado.  También, en época no tan lejana, se cuenta de un vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, que sus altas decisiones se vieron contaminadas, al tener que ceder ante las presiones de “honorables” que lo chantajeaban con dejar caer todo el peso de la ley sobre un hijo suyo que lo habían descubierto introduciendo al país de manera ilegal 700 mil dólares, sino obtemperaba al fallo judicial preconcebido.

Mi primo hermano, el cardiólogo Rómulo Espaillat, su vida colapsó después que un hijo suyo murió ahogado mientras se bañaba en Las Terrenas, en unas vacaciones de Semana Santa. El impacto fue tan brutal para ese padre, que aplastado por la depresión, nunca más ejerció su profesión, pese a tener otros tres hijos.

En San Juan de la Maguana, se sabe de una mujer que perdió su vida en un fuego con el que luchó, hasta salvar la vida de sus tres hijos.

En este complicado accionar de padre e hijo, últimamente tenemos en la palestra pública, que el glorioso abogado Negro Veras, patrimonio y reserva moral de la República Dominicana y de la humanidad, declara que no participará en el juicio contra Leonel que sectores importantes de la población les están orquestando, aduciendo que no lo hará, porque le guarda eterna gratitud,  en virtud, de que cuando buscaba que se sancionara a los criminales que habían atentado contra la vida de su hijo, tocó la puerta del  exgobernante, y se la abrió, respuesta que hizo posible la justicia deseada.

Pues bien…el Dr. Fernández es  un depredador del erario…el gobernante más corrupto y pésimo que ha tenido la República.  Su ostentación de riquezas, lo mismo que la condición de quiebra y endeudamiento en que ha dejado al país, son hechos  acreditados tanto por  el rumor público, como por los números que hablan de su gestión de gobierno.

“Según el índice de competitividad global, la República Dominicana es el país más corrupto de la tierra y  líder en el bajo nivel de la calidad de la educación, en el desvío de fondos públicos, en la inseguridad ciudadana, en el despilfarro gubernamental, en la desconfianza de la población en los políticos y en la corrupción policial, entre otros desastres.

Leonel despilfarró más de 60 mil millones de pesos para apuntalar la reelección del hoy presidente Danilo Medina, e hizo  emitir 48 mil millones de pesos inorgánicos para mantener la macroeconomía y la estabilidad del dólar en forma ficticia.

Se estima que en  los gobiernos de Fernández, la corrupción administrativa equivalía entre un 20-25 % del Presupuesto Nacional, con lo que todos sus funcionarios –se intuye- robando descaradamente… se hicieron multimillonarios, cosa que es fácil deducir porque  los señalados como tales, ostentan las riquezas adquiridas públicamente con el mayor desparpajo. Las mansiones, carros de lujo, relojes Rolex, fincas, helicópteros privados, ropa de la alta costura, bebidas y comidas gourmet, con precios solo para  príncipes y jeques árabes, dan crédito a lo que la mente imagina y ven los ojos.

El robo de los 130 millones de dólares del caso Sund Land, atribuidos a Leonel Fernández y a Felix Bautista, no es un supuesto, sino un hecho documentado.

Leonel manejó pesimamente la economía, a tal punto que ha entregado a Danilo un país quebrado,  con un  déficit fiscal de más de 140 mil millones de pesos, más una deuda interna y externa rondante por los 25 mil millones de dólares.

 Contribuyó con esta debacle, los salarios de lujos que se pagaban a los altos funcionarios, el exceso de viceministros,  de secretarios sin cartera y asesores; la sobrevaluación de las construcciones de las obras del Estado hasta en un 100%, como el caso del Metro construido en la capital. En este tema del derroche, caben, las altas remuneraciones, prebendas y privilegios que se conceden a los congresistas, los cuales con los llamados barrilitos y cofrecitos, exoneraciones, dietas, gastos de representación, salarios especiales, y otras cogiocas, como la que les proporcionan  el hombre del maletín, se hacen de cientos de millones de pesos, en el periodo legislativo que les toca.

Pero también están los hechos que incriminan a Leonel como antipatriótico. El contrato- estafa firmado con la Barrick Gold y otras empresas mineras, entregándoles nuestros enormes recursos naturales, con cuyas explotaciones se está dañando en forma irreversible nuestro hábitat, no es cuestión de patriotas. Tampoco son ideales de Duarte, Sanchez y Mella, cercenar la Soberanía Nacional de nuestra media isla, permitiendo su venta  por pedazos como si esta fuera una finca de su propiedad, principalmente a extranjeros con voraz mentalidad neoliberal,  tales como Carlos Slim, Donald Trump, Gustavo Cisneros y otros  tantos de esa especie.

Con esta situación, dadas las evidencias ya irrefutables, los Leonelistas, si estuvieran en su sano juicio, y tuvieran decencia y sentido de la justicia social, estarían avergonzados de ese capo de la política en sus filas, que ha hundido al país, moral y económicamente y en lugar de glorificarlo como lo están haciendo, lo anatematizarían, y le pedirían perdón a ese pueblo que tan miserablemente han engañado.  Pero no…no lo hacen porque todos ellos han perdido la dignidad y la vergüenza.  Ello es parte del trabajo de envilecimiento que Leonel a hecho con ese partido que se ha convertido en una desgracia  para el país.

Imagino que para una montaña de hombre como Negro Veras, con tradición de combatir los truhanes de su patria,  ha debido de ser muy difícil asumir la posición de negarse a participar en el aludido juicio contra el Leonel, motivado por el sentimiento de gratitud que ha expresado tiene con el exgobernante; razones que jurídicamente se convierten en sin razón, porque mejor debemos enrostrarle a Leonel, que un ciudadano tenga que acudir a él para lograr justicia, cosa que delata la falta de institucionalidad en la República Dominicana, lo que  recae  directamente sobre él, que  ha hecho del país  una tierra de injusticias, privilegios y corrupción.

En cierta forma, debe ser incomodo colocarse del lado de los que sostienen que Leonel es un hombre digno, de probada honradez, con la frente en alto frente al sol; que es un hombre excepcional, que ha hecho grandes aportes a la democracia y al desarrollo de la sociedad dominicana, que representa la figura más patriótica  de la generación post Trujillo, y que por demás que es un abanderado contra la corrupción; cuando se  sabe que  es, todo lo contrario.

 El hecho de  alguien tenga que acudir al presidente  para  pedir de favor, que se haga justicia, demuestra que es una farsa la proclama que hace Leonel de que en su gobierno se ha fortalecido la democracia dominicana y con ella la institucionalidad.

Si fuera así, Negro Veras  no hubiese tenido la necesidad de  ir a pedirle  ayuda al presidente de la República, para que se hiciera justicia en el caso de su hijo; porque en una real democracia, su impartición y aplicación, es deber, obligación y orgullo.

 Con la agravante de que esto fue posible, porque se trató de una familia importante,  puesto que si el caso que nos ocupa, hubiese sido con un hijo de machepa, Leonel, ni ninguna instancia de la llamada justicia dominicana se hubiesen interesado por el caso, tal como ha sucedido y sucede con cientos, o miles de gente pobres.

Entonces… el caso que nos ocupa, el de un padre en el ocaso de vida, un tiempo en que las personas ya están con una condición de alta vulnerabilidad física y emocional, es deleznable por los leonelistas, o  por quien sea, que usen la decisión circunstancial de este abuelo, de no sumarse a las voces que reclaman justicia para el hombre que ha quebrado el país, y corrompido y humillado la nación.

Ello así, porque ellos saben perfectamente que la posición del Negro Veras ha sido motivada por un sentimiento de gratitud, que envuelve el amor por su hijo, por lo que obviando su categoría de jurista, se ha negado a la confrontación,  con un gesto que muchos han entendido como  claudicante, cosa que no es cierta por si, si tomamos en cuenta la condición emocional que penetra a este hombre en estos momentos del otoño de su vida.

 Esta conducta de los leonelistas yo la entiendo. La misma es recurrente cuando de lograr sus  fines se trata;  ya lo hicieron con Juan Bosch.  Cuando ya este no era consciente de sus actos,  para sus fines de llegar al poder, lo usaron abrazándolo con Balaguer en aquel acto celebrado el 2 de junio de 1996 en el Estadio Olímpico, donde quedó constituido el “Frente Patriótico” con el cual, dizque se cerraría  el camino malo que representaba el Dr. José Francisco Peña Gomez.  Fueron tan perversos en esta acción,  que la llevaron a cabo, sin importarles, que con este vil acto, desprestigiaban e irrespetaban y desconsideraban a un hombre que de haber estado en sus cabales, nunca se hubiera prestado para conformar semejante frente entre diablos y demonios.

Con la inhibición del Dr. Veras, los Leonelistas, tal como lo hicieron con Bosch, están tratado de sacarle capital político, retorciendo el por qué de sus verdaderas motivaciones. Perversamente han querido sembrar en un pueblo mayormente iletrado, que Negro Veras se suma a los defensores de Leonel, que sostienen que su líder está siendo calumniado, cuando simple y llanamente Veras solo ha dicho por las razones citadas “yo no participo en ese juicio”.  Lo que de ningún modo significa que exima al “líder” de todas sus tropelías, tal como ellos quieren hacer creer.

Para finalizar, aclaro que solo motivaciones filosóficas me mueven a estas disquisiciones, queriendo compartir las creencias que tengo sobre las diferentes reacciones  que puede tener un padre, cuando movido por el instinto y amor paterno, actúa para resolver situaciones que se dan en torno a sus hijos. Reacción que llegada la ocasión, nunca sabremos cómo será; por lo que unos reaccionarán como Taras Bulba o Abraham, y otros como los demás aludidos en este trabajo. Pero en todos los casos… uno nunca sabe.

Dada esta situación, la lección que podemos aprender es que, tenemos que luchar para que en nuestra patria exista un estado de derecho e institucionalidad, donde la obligación y el deber de impartición y aplicación de la justicia, no esté sujeta a la voluntad autoritaria de un funcionario judicial o de un mal jefe de Estado; de modo que en ninguna circunstancia pueda darse un caso, donde un ciudadano, por humilde que sea, se vea en la necesidad de mendigar justicia, ni misericordia, mucho menos si las acciones de ese jefe de Estado, lo hacen en justicia, merecedor de estar en la cárcel de por vida.

 

 

 

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El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.

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Por José Cabral

La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.

Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.

Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.

Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,

En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.

Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.

Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.

En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.

El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.

Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.

Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.

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Análisis Noticiosos

CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA

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Por Nelson Valdez
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.
Cuando una minoría decide en las urnas el destino de la mayoría, el sistema pierde su legitimidad moral. Una sociedad donde más de la mitad del país prefiere el silencio y la ausencia no es una sociedad apática: es una sociedad frustrada, desconectada y al borde de la ruptura. Gobernar o hacer oposición sobre la base de un electorado menguante es un espejismo de poder.
El verdadero peligro no es solo el diagnóstico de hoy —la desconfianza profunda y la falta de fe en el voto—, sino a dónde nos lleva este camino mañana: al extremismo, al colapso institucional y a la fractura irrecuperable de la paz social. Ninguna victoria electoral es sólida si se edifica sobre las ruinas de la apatía popular.
No podemos construir un país sostenible si marginamos la fuerza activa de nuestra juventud ni si mantenemos a la diáspora dominicana como una simple fuente de remesas sin voz ni participación real.
Hoy asumo el compromiso y levanto la voz de alerta para decirles que hay otra vía:
Reconciliación real con el ciudadano: Superar la división y el pragmatismo hueco para edificar un proyecto donde la mayoría vuelva a sentirse representada.
Compromisos alcanzables, no promesas vacías: Erradicar definitivamente los males estructurales que sí tienen solución mediante metas claras, medibles y sin demagogia.
Voluntad genuina de cambio: Mostrar con hechos que la política puede ser una herramienta de servicio y no de beneficio corporativo.
Para esta tarea de reencantar a nuestra juventud, de integrar a la diáspora y de devolverle la dignidad a la participación ciudadana, cuentan conmigo. Pero para que esa voz tenga eco, ustedes —oficialismo y oposición— deben demostrar que están a la altura del momento histórico.
Aún estamos a tiempo de evitar el abismo. Reconstruyamos la confianza antes de que el silencio de la mayoría se convierta en una tormenta incontrolable.

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Análisis Noticiosos

La República Dominicana entre las estadísticas y la realidad de la delincuencia en el pais.

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Las cifras oficiales presentan una supuesta tendencia descendente en los homicidios durante 2026, pero los robos, los hechos violentos de alto impacto y el temor ciudadano son el pan de cada día.

Por la redacción

La delincuencia sigue ocupando un espacio central en la conversación pública dominicana, pese a que las estadísticas oficiales hablan de avances en algunos indicadores, especialmente en la reducción de los homicidios, pero los hechos y  la percepción de inseguridad continúa presente en la mayoria de la población.

Al 11 de septiembre de 2026, la Fuerza de Tarea Conjunta reportó una tasa acumulada de 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, inferior a los registros de 2025, 2024, 2023 y 2022. Además, pero lo que se se observa no parece corresponderse con esas estadisticas.

Ese dato muestra una aparente tendencia favorable en materia de violencia homicida. Sin embargo, por sí solo no permite concluir que la inseguridad haya dejado de ser un problema de primer orden en la preocupacion de la gente.

En el reporte correspondiente al corte del 31 de agosto, las autoridades contabilizaron 4,402 robos, junto con 91 homicidios y 183 personas heridas. Esto evidencia que la criminalidad no puede analizarse únicamente a través de las muertes violentas.

Una cosa es la estadística y otra la experiencia cotidiana

El ciudadano no mide la seguridad solamente por la tasa nacional de homicidios.

La mide cuando sale de su casa, cuando utiliza su teléfono en la calle, cuando deja un vehículo estacionado, cuando abre un negocio o cuando un familiar regresa tarde de trabajar.

Por eso, puede existir una aparente reducción  de algunos delitos y, al mismo tiempo, mantenerse una percepción elevada de inseguridad.

El problema se vuelve aún más visible cuando ocurren hechos violentos de gran repercusión mediática. Casos de homicidios, atracos, ataques dentro de viviendas o enfrentamientos armados generan un impacto social que va más allá de las estadísticas.

En septiembre, por ejemplo, la Policía ha informado sobre varios operativos vinculados a robos, atracos y homicidios, incluyendo casos en Boca Chica y Santo Domingo Norte.

Los robos siguen siendo parte importante del problema

Uno de los puntos que merece mayor atención es el comportamiento de los delitos contra la propiedad.

En apenas una semana, con corte al 4 de septiembre, el reporte policial registró 563 robos.

Aunque ese número necesita ser interpretado dentro del total nacional y comparado con períodos equivalentes, refleja que miles de ciudadanos continúan enfrentándose a situaciones relacionadas con sustracción de bienes, atracos y otros delitos patrimoniales.

Las propias autoridades han informado que, durante el primer semestre de 2026, los robos mostraban una reducción interanual de alrededor de 27 % frente a igual período de 2025.

La conclusión, por tanto, no es que los robos estén aumentando necesariamente, sino que siguen siendo numerosos y visibles, aun dentro de una tendencia oficial de esgrimir una narrativa de reducción del fenómeno..

El reto no es solo detener, sino prevenir

Otro elemento central del debate es la estrategia de seguridad.

La Policía ha intensificado patrullajes, operativos, allanamientos y ejecución de órdenes de arresto. A junio de 2026, las autoridades reportaban más de 1.7 millones de acciones preventivas, 3,220 órdenes de arresto ejecutadas y 845 allanamientos.

Pero una política de seguridad pública sostenible necesita ir más allá de la reacción policial.

Debe incluir prevención comunitaria, inteligencia criminal, control de armas ilegales, investigación de redes delictivas, persecución financiera del crimen organizado y fortalecimiento de la justicia.

También requiere atender factores sociales que, sin ser una causa automática de la delincuencia, pueden crear contextos de mayor vulnerabilidad: abandono escolar, falta de oportunidades laborales, consumo problemático de drogas, violencia familiar y presencia de estructuras criminales en determinados sectores.

La confianza ciudadana es parte de la seguridad

Existe otro desafío menos visible: la confianza en las instituciones.

Cuando una víctima no denuncia porque considera que “no vale la pena”, cuando teme represalias o cuando piensa que el expediente no avanzará, el sistema de seguridad pierde información esencial.

La lucha contra la delincuencia también depende de que el ciudadano confíe en la Policía, el Ministerio Público y los tribunales.

Una investigación bien realizada, un proceso judicial transparente y una sanción conforme al debido proceso pueden tener un efecto preventivo tan importante como el patrullaje.

Una realidad con dos caras

Los datos actuales permiten identificar una realidad compleja.

Por un lado, la tasa de homicidios presenta una tendencia supuestamente descendente: pasó de niveles superiores a 13 por cada 100,000 habitantes en 2022 a alrededor de 7.4 en septiembre de 2026, según las estadísticas oficiales, pero en la práctica no parece ser esa la realidad.

Por otro, los robos, los delitos violentos de alto impacto y la constante difusión de hechos criminales mantienen viva la preocupación social.

La cuestion es que eso explica por qué puede existir una diferencia entre lo que muestran las cifras y lo que siente la gente.

El desafío: que la mejoría estadística llegue a las calles

La verdadera prueba para cualquier política de seguridad no será únicamente reducir una tasa.

Será conseguir que esa reducción se traduzca en una experiencia cotidiana diferente.

Que el comerciante pueda cerrar su negocio con menos temor.

Que una persona pueda caminar por su comunidad sin sentirse permanentemente vulnerable.

Que una familia pueda confiar en que, si ocurre un delito, habrá una investigación seria y una respuesta institucional.

La República Dominicana muestra, de acuerdo a los informes oficiales, supuestos avances  en algunos indicadores, particularmente en homicidios, pero  el desafío de la seguridad ciudadana continúa siendo mucho más amplio: reducir el delito, fortalecer la justicia y lograr que la población también perciba esa mejoría en su vida diaria.

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