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Opinión

Publicidad, gobierno y paz social

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(Primera entrega)

Por Oscar López Reyes

Más que una noticia fugaz sin costo sobre turbulencias sociales, la publicidad planificada estratégicamente espolea para empujar la venta de bienes y servicios e informar sobre la gestión gubernamental. Por la ausencia de esa disciplina híbrida (arte y ciencia) en el borde de un súbito aluvión inflacionario, en 1984 sorprendió una poblada espeluznante: más de 100 muertos, cerca de 500 heridos y unos 6 mil fueron apresados y, en contraposición, actualmente los informes semanales pagados del Banco Central sobre la economía mundial y nacional han edificado a los ciudadanos y apaciguado los ánimos en la banqueta de la comprensión.

La publicidad toca el andén comercial o mercantilista de la comunicación, en el árbol de afirmaciones y repeticiones. Se adentra en la producción estética y el expresionismo, con juegos de imágenes visuales y la interacción textual en los mass-media. Políticos saltimbanqui y titiriteros y otros controversiales demagogos y sin discernimiento que alegremente proponen su eliminación: ¿Acaso protegen así la democracia? ¿O, sin casualidad, laboralmente atentan o no contra los periodistas, productores, locutores, camarógrafos, fotógrafos, publicistas, diseñadores gráficos, gestores de redes sociales y otros trabajadores de la comunicación?

Sea empresarial o estatal, la tradicional (“El Fin de la Publicidad como la Conocemos”, Sergio Zyman) o digital (con fundamento en el marketing interactivo) procuran robustecer la imagen de marca, persuadir y conquistar a segmentos objetivos o blanco de público. Para operativizar, apremia que productores radiotelevisivos, digitales e impresos capten audiencias, imprescindibles para lograr anuncios, ingresos y la apreciada rentabilidad.

En ese pórtico, durante una conferencia sobre memorias y desafíos del periodismo en la Era Digital presentamos Los 10 Sinsines Genéticos de la Publicidad (los Sin o los Sinsín). El evento, auspiciado por el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), tuvo como plató el hotel Costa Larimar de Barahona la noche del sábado 25 de abril de 2026, con la asistencia de más de 80 miembros del gremio y otros comunicadores de esa comunidad, Pedernales, Jimaní y Neyba.

1.- Sin publicidad existirán contados medios comunicativos.

Los avisos comerciales aseguran la supervivencia de la inmensa mayoría de los medios, por lo que su inexistencia acorta o impide el acceso a la información y la libertad de expresión. Sobreviven los subvencionados por el Estado o entidades privadas, o los que se encarrilan por el esquema de suscripción.

Advertising, Marketing, & Media: “El sector de la publicidad, el marketing y los medios de comunicación, que mueve miles de millones de dólares, es un mercado en rápida evolución. Ese crecimiento histórico es el resultado del fuerte crecimiento económico, mercados emergentes y tecnologías en desarrollo” (Informe 7 de agosto de 2025).

2.- Sin plataformas masivas no habrá democracia.

La falta mediática independiente priva a la sociedad de instrumentos para la democracia, la vigilancia y la fiscalización de la gestión pública; el cuestionamiento y la denuncia sobre el autoritarismo y el abuso de poder. Restringe la pluralidad de voces.

Springer Nature Link: “Desempeñan un papel indispensable en las sociedades democráticas: Informar al público, exigir responsabilidades al poder y proporcionar un foro para el debate público. El sistema de medios debe ser independiente, fiable, accesible y rendir cuentas de forma transparente al público” (Informe de uso Counter 2026).

3.-Sin publicidad habrá menos empleos directos e indirectos.

Como la publicidad actúa como el impulsor económico primario de la mayoría mediática, su extinción acarrea una merma notable de estos y de empleos en la comunicación y el marketing. Los ingresos publicitarios viabilizan la gratuidad de sus servicios.

Alec Benn: “La publicidad es parte esencial del sistema comercial. Le muestra a la gente cómo la vida puede ser mejor y fija metas y normas. Hace que la gente necesite más dinero y que se esfuerce más por conseguirlo” (Los 27 Errores más Comunes en Publicidad).

4.- Sin publicidad estatal habrá menos información y conocimientos sobre los servicios públicos.

La estatal posibilita la interacción entre el gobierno y la sociedad: informa sobre salud, educación, derechos y obligaciones ciudadanas, la transparencia y orienta y educa en torno a normas de convivencia y prevención de riesgos; a emergencias y gestión de crisis (terremotos, ciclones, disturbios sociales, etc.), y aminora malentendidos, incertidumbres, conflictos y tensiones sociales.

Otto Kleppr’s: “Está diseñada para convencer a una persona de que compre un producto, para apoyar una causa o incluso para alentar menor consumo (desmercadotecnia); puede usarse para elegir a un candidato, reunir fondos de caridad o para anunciar las posiciones del sindicato o de la administración durante una huelga” (Texto: Publicidad).

5.- Sin publicidad habrá menos comprensión y menos persuasión para la estabilidad social.

La gubernamental amplifica mensajes para generar confianza y proporcionar la comprensión ciudadana sobre los planes de desarrollo para el cambio social. Concientiza sobre deberes y derechos, así como los programas sociales.

Alfonso Durán: “El proceso publicitario, visto desde la teoría de la disonancia cognoscitiva, trata de transformar no compradores en compradores. En vez de estados de consonancia de una persona (equilibrio, orden, congruencia y consistencia interna), la mayoría de las decisiones provocan disonancia (desorden, incongruencia, etc.)” (Psicología de la Publicidad y de la Venta).

6.- Sin amplia o mediana difusión, la inversión en publicidad será un botarate.

La inversión monetaria con un texto comercial sin investigación, target o nicho específico de mercado, mensaje sin calidad ni impacto, con escaso reconocimiento de marca y bajísima difusión, eleva la factibilidad de que genere una venta pírrica. Por esas causales, será una fuga de capital o un desperdicio financiero.

Biblioteca de Manuales Prácticos de Marketing: “La publicidad no es un gasto, sino una inversión necesaria y su función eficaz: lograr el más alto rendimiento y potenciar la rentabilidad de la inversión” (Cómo Evaluar su Publicidad).

7.- Sin publicidad habrá menos consumo y menos dinámica económica.

No sólo concibe y engendra necesidades, sino que incentiva el acto de adquisición de bienes y servicios a gran escala, con lo cual acelera el crecimiento económico.

Oscar Malfitano Cayuela y otros: “Es el ser humano en su rol de cliente, sujeto del deseo, al que se intenta comprender y complacer. Cuando se conocen sus percepciones, inteligencias múltiples, modelos mentales y representacionales, es decir sus formas de pensar y actuar, es posible satisfacer mejor, en forma permanente y sostenible, esa relación de intercambio de valores” (Obra Neuromarketing. Celebrando negocios y servicios).

8.-Sin publicidad, los bienes y servicios tendrán menos transacciones.

Facilita que los usuarios perciban y sepan de la existencia de bienes y servicios, y contribuyan con el incremento de las ventas de esos productos y la libre competencia. Funciona como el componente central en la comercialización masiva, para el consiguiente aumento de la demanda y la producción.

Luciano M. Metzinger: “La publicidad procura vender, vender siempre más… se convierte en una formidable empresa para transformar los patrones de consumo a nivel mundial y crear un nuevo estilo de vida” (Libro Publicidad: La otra Cultura).

9.-Sin mensajes cautivadores y conectantes, la publicidad será nula.

Crea, con imágenes y palabras que impacten para la conexión retórica triangular: emoción, logos y credibilidad, narrativas creativas de los productos, a fin de cautivar a las audiencias para cambiar actitudes, recurriendo a sus necesidades, deseos y aspiraciones.

J.A.C. Brown: “Existe en el cerebro un mecanismo capaz de responder a cierto tipo de estímulos de posible importancia para el individuo, y aunque este no se dé cuenta de su naturaleza precisa, su sistema nervioso autónomo puede reaccionar ante ellos como ante una alarma o una amenaza emocional” (Libro Técnicas de Persuasión).

10.- Sin amarres ni castigo, la publicidad será más confiable y efectiva.

Un anuncio sin promesas exageradas ni engañosas, y sin presión ni coerción, es más confiable y efectivo. La autenticidad construye credibilidad y seguridad, potencializa la lealtad y esquiva el castigo de un consumidor contemporáneo cada vez más crítico y valorativo.

Reginald Watts: “El industrial o el comerciante compra publicidad cuando la necesita. Y nada más. Porque hablar del comportamiento del anunciante como si formase parte de nuestro mundo es tan absurdo como si los médicos organizasen congresos para decir cómo, cuándo y dónde deben enfermar los pacientes” (Libro La Nueva Publicidad).

El sector de la comunicación ha sido un catalizador de oportunidades de trabajo y del desarrollo de la economía nacional, con efecto multiplicador. ¿Perjudica o no a la democracia y a la paz social que se complazca a acróbatas y manipuladores que presionan para que se haga añicos a la publicidad, como la informativa y educativa, que aporte un valor útil, en audiencias reales?

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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.

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Opinión

Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.

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Por Isaías Ramos

En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.

Son preguntas indispensables.

Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:

¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?

Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.

Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.

La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.

El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.

Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.

Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.

Solamente hemos reemplazado una pieza.

Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.

Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.

El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.

Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.

Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.

Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.

La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.

Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.

Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:

¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?

Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.

Por eso no basta preguntar quién cayó.

Debemos preguntar:

¿Qué estructura descubrimos?

¿Qué red desmantelamos?

¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?

Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.

Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.

Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.

Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.

Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.

Eso protege al ciudadano.

Y también protege al policía que actuó legítimamente.

Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.

Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.

Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.

Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.

Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.

Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.

El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.

Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.

La República Dominicana necesita autoridad.

Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.

Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.

Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.

Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.

Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.

Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.

Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.

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Opinión

Otra estafa, la Inteligencia Artificial (1 de 4)

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Por Oscar López Reyes
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.
Sí, dos estafas. La primera se patentiza en la global automatización planificada de las gigantes tecnológicas, y la segunda, la ciberdelincuencia, que procede de hábiles empíricos y hackers teñidos de mafiosos. Para vulnerar sistemas informáticos y leyes, estos piratas supervillanos se sumergen en dispositivos y navegadores, engendros primigenios de la devastadora revolución transhumanista y posthumanista.
Balanceando la beneficiencia (comunicación, salud, educación, economía, etc.) y la maleficiencia (ciberterrorismo, ciberrrobos, ciberacosos, armas biológicas, reducción laboral, deshumanización, agujero negro, etc.) de las tecnociencias digitales, científicos computacionales cuánticos y cognitivos, programadores, pensadores, filósofos y otros expertos se inclinan en señalar que los ciudadanos están siendo embaucados y colocados en una trampa por el algoritmo y la robótica.
Y con una asombrosa responsabilidad advierten que ese intelecto sintético o cibernético “aterroriza” y se delinea como “la mayor crisis existencial”, por “la pérdida del control de la civilización”, que entraña “un jaque mate a la civilización”, que avizora “un futuro impredecible”, que los ciudadanos no captan por el apabullante “bombo” de los predicadores de la IA.
Una de las personas más influyentes en Inteligencia Artificial, la lingüista de la Universidad de Washington Emily M. Bender, y la antigua investigadora científica de IA ética de Google, la socióloga Alex Hanna, impugnan “la implacable promoción de la IA por parte de las empresas tecnológicas para justificar el robo de datos, motivar la creación de herramientas de vigilancia en el puesto de trabajo y devaluar la creatividad humana”
Y plantean los “riesgos” de la IA,  que “amenazan nuestra existencia”, en tanto que “cuanta más gente esté preparada para identificar y resistirse a las nuevas promesas, menor y menos destructiva será la burbuja” (1), mientras que Mo Gawdat, exdirector ejecutivo de Google, señala que “los villanos funcionando con IA es tan inevitable como el desarrollo de la IA” (2), y Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, España, resalta “El afán imperialista de las ciencias triunfantes por negar la libertad” (3).
Reforcemos los lineamientos de estas advertencias y petitorios:
Un total de 86 desarrolladores de Inteligencia Artificial han acumulado una fortuna récord, y 45 cofundadores y ejecutivos de primera línea de compañías de esta tecnología se convirtieron en multimillonarios en apenas el último año. Y para 2026 se calcula en más de 11 billones de dólares los perjuicios por los delitos de la ciberdelincuencia, como los usos de la propiedad intelectual, el phishing (notificaciones falsas para sustraer datos), el Ransomware (software que interrumpe o cifra archivos y sistemas para exigir dinero para volver a permitir el acceso), estafas de inversión y fraudes con criptomonedas, impulsadas por IA.
Conforme firmas especializadas, como Cybersecurity Ventures, con su sede en Nueva York y que opera a escala mundial, si la ciberdelincuencia fuera una nación, sería la tercera economía más grande del globo terráqueo, superada apenas por Estados Unidos y China (4).
Corporaciones que implementan la IA apelan a sistemas, dispositivos y procesos de espigadas especializaciones y a la ingeniería civil ((manipulación psicológica), así como los ciberdelincuentes, para defraudar a empresas y consumidores. Las estafas sofisticadas son múltiples, y plasmemos 10 de ellas:
1.- Despojo de propiedad intelectual (Big Tech). Difundir, sin permiso ni remunerar a los autores, contenidos de libros, artículos periodísticos, software, códigos de programación, modelos de lenguaje, imágenes, música y otras obras de arte, así como para entrenar a recursos humanos de compañías tecnológicas. Están en marcha múltiples demandas judiciales por plagios de autores de obras posteadas en internet por empresas, que han tenido que pactar acuerdos millonarios con artífices de proyectos intelectuales y artísticos copiados y explotados.
2.- Afectación de la creación cultural. Redactores, ilustradores, fotógrafos y músicos que viven de sus producciones denuncian que las gigantes computacionales devalúan su trabajo, y que no informan a los autores ni a la sociedad el uso que dan a los contenidos ajenos. Cuando una máquina produce en segundos, y casi gratis, el trabajo humano pierde precio en el mercado.
3.- Exagerar el potencial de productos. Inflan las capacidades y el rendimiento de hardware para elevar el precio de sus acciones, atraer inversores y reclutar a ingenieros y científicos para que laboren en proyectos avanzados. Otras simulan la utilización de algoritmos, cuando en verdad operan con herramientas manuales tradicionales o software básico y, además, monopolizan el mercado.
4.- Estafas artificiales financieras. Esquemas de compañías de inteligencia virtual prometen jugosas rentabilidades, empleando presuntos algoritmos milagrosos y plataformas de Trading automatizadas capaces de predecir el mercado a la perfección, y para lo cual presentan gráficos y ganancias simuladas en pantallas controladas por los estafadores, pero el dinero real nunca se invierte. Asimismo, muestran vídeos y audios hiperrealistas sobre «oportunidades de inversión masivas», que aseguran beneficios sin riesgos y rápidos.
 5.- Bloquear el acceso a documentos (Ransomware). Obstaculizan matemáticamente o con software desactualizado ficheros de datos y servidores esenciales -paralizan operaciones comerciales- bajo la amenaza de publicarlos si no se materializa el pago, comúnmente aceptados en criptomonedas.
6.- Clonación de voz y video. Reproducir o imitar con gran precisión, empleando redes neuronales artificiales, la voz y la imagen de un pariente cercano o una persona famosa (deepfakes o ultrafalsos) para simular una emergencia y solicitar dinero. También se usa para destruir reputaciones.
 7.- Crear nueva identidad sintética. Concebir perfiles falsos, mezclando informaciones reales e inventadas por IA (incluidas fotografías), para aperturar cuentas bancarias o solicitar créditos ilegítimos. Se construye un historial, obtiene un crédito y un día la deuda desaparece y, aunque el golpe inicial recae en bancos y financieras, termina siendo pagado por todo el sistema con controles más estrictos y créditos más caros para clientes honestos.
 8.- Chatbots amables e impostores. Asistentes virtuales o robots conversacionales (chatbots impostores), que imitan a agentes de servicios de atención a clientes de bancos y empresas legítimas, sustraen contraseñas y claves bancarias, para robar dinero. Ningún banco serio pide claves por mensaje ni teléfono.
9.- Acceso telefónico no autorizado. Hackears de centrales telefónicas privadas o sistemas de Voz sobre IP (VoIP) carentes de seguridad efectúan llamadas internacionales para recibir una comisión del operador dueño de los teléfonos. La empresa agraviada se entera de la generación del tráfico cuando recibe costosas facturas de cobros.
10.- Engaños de soportes técnicos. Infractores que simulan ser empleados de compañías tecnológicas o mensajería contactan por ventanas emergentes, chats o redes sociales y números de teléfonos fraudulentos para hacer advertencias o alertas de que dispositivos de la empresa han sido afectados por un virus grave o serán víctimas de un bloqueo inminente. Entonces proponen instalar aplicaciones para controlar computadoras o celulares, con la espuria promesa de repararlos a remoto y hurtar datos y dinero.
Habitualmente, por chats grupales, entrevistas en pódcast, libros e instrumentos mediáticos se encomia y loa apasionadamente a los robots humanoides, a los buscadores de internet y a los que responden preguntas, como Chatbolts, pero no se detienen, ni por un instante, a interpretar informaciones, aprendizajes y el análisis de datos, y sus objetivos ocultos. No se detecta a los villanos y malvados.
La inteligencia artificial no inventó las estafas, aunque lo hizo más barata, más rápida y más creíble. Lo que antes de su aparición requería una banda organizada, hoy lo hace una sola persona con las herramientas adecuadas. La respuesta no es temerle a la tecnología, sino educarnos para usarla a sabiendas de cuándo la usan en contra de los ciudadanos y la sociedad.
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Citas bibliográficas:
1.- Bender, Emily M., y Hanna, Alex, en “La Estafa de la IA. Cómo combatir el espejismo de las grandes tecnológicas que amenaza tu trabajo y tu libertad”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, págs. 310, 246 y contraportada.
2.- Gawdat, Mo, “La inteligencia que asusta. El futuro de la inteligencia artificial y cómo podemos salvar nuestro mundo”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2024, pág. 104.
3.- Cortina, Adela, “¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, pág. 140.
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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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Opinión

La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados

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Por Rommel Santos Diaz

El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.

La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el  31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.

El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.

Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.

Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.

No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado  podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de  esos crímenes  por sus nacionales  o en su territorio¨.

El objetivo de la disposición indicada anteriormente  es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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