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Opinión

Publicidad, gobierno y paz social

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(Primera entrega)

Por Oscar López Reyes

Más que una noticia fugaz sin costo sobre turbulencias sociales, la publicidad planificada estratégicamente espolea para empujar la venta de bienes y servicios e informar sobre la gestión gubernamental. Por la ausencia de esa disciplina híbrida (arte y ciencia) en el borde de un súbito aluvión inflacionario, en 1984 sorprendió una poblada espeluznante: más de 100 muertos, cerca de 500 heridos y unos 6 mil fueron apresados y, en contraposición, actualmente los informes semanales pagados del Banco Central sobre la economía mundial y nacional han edificado a los ciudadanos y apaciguado los ánimos en la banqueta de la comprensión.

La publicidad toca el andén comercial o mercantilista de la comunicación, en el árbol de afirmaciones y repeticiones. Se adentra en la producción estética y el expresionismo, con juegos de imágenes visuales y la interacción textual en los mass-media. Políticos saltimbanqui y titiriteros y otros controversiales demagogos y sin discernimiento que alegremente proponen su eliminación: ¿Acaso protegen así la democracia? ¿O, sin casualidad, laboralmente atentan o no contra los periodistas, productores, locutores, camarógrafos, fotógrafos, publicistas, diseñadores gráficos, gestores de redes sociales y otros trabajadores de la comunicación?

Sea empresarial o estatal, la tradicional (“El Fin de la Publicidad como la Conocemos”, Sergio Zyman) o digital (con fundamento en el marketing interactivo) procuran robustecer la imagen de marca, persuadir y conquistar a segmentos objetivos o blanco de público. Para operativizar, apremia que productores radiotelevisivos, digitales e impresos capten audiencias, imprescindibles para lograr anuncios, ingresos y la apreciada rentabilidad.

En ese pórtico, durante una conferencia sobre memorias y desafíos del periodismo en la Era Digital presentamos Los 10 Sinsines Genéticos de la Publicidad (los Sin o los Sinsín). El evento, auspiciado por el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), tuvo como plató el hotel Costa Larimar de Barahona la noche del sábado 25 de abril de 2026, con la asistencia de más de 80 miembros del gremio y otros comunicadores de esa comunidad, Pedernales, Jimaní y Neyba.

1.- Sin publicidad existirán contados medios comunicativos.

Los avisos comerciales aseguran la supervivencia de la inmensa mayoría de los medios, por lo que su inexistencia acorta o impide el acceso a la información y la libertad de expresión. Sobreviven los subvencionados por el Estado o entidades privadas, o los que se encarrilan por el esquema de suscripción.

Advertising, Marketing, & Media: “El sector de la publicidad, el marketing y los medios de comunicación, que mueve miles de millones de dólares, es un mercado en rápida evolución. Ese crecimiento histórico es el resultado del fuerte crecimiento económico, mercados emergentes y tecnologías en desarrollo” (Informe 7 de agosto de 2025).

2.- Sin plataformas masivas no habrá democracia.

La falta mediática independiente priva a la sociedad de instrumentos para la democracia, la vigilancia y la fiscalización de la gestión pública; el cuestionamiento y la denuncia sobre el autoritarismo y el abuso de poder. Restringe la pluralidad de voces.

Springer Nature Link: “Desempeñan un papel indispensable en las sociedades democráticas: Informar al público, exigir responsabilidades al poder y proporcionar un foro para el debate público. El sistema de medios debe ser independiente, fiable, accesible y rendir cuentas de forma transparente al público” (Informe de uso Counter 2026).

3.-Sin publicidad habrá menos empleos directos e indirectos.

Como la publicidad actúa como el impulsor económico primario de la mayoría mediática, su extinción acarrea una merma notable de estos y de empleos en la comunicación y el marketing. Los ingresos publicitarios viabilizan la gratuidad de sus servicios.

Alec Benn: “La publicidad es parte esencial del sistema comercial. Le muestra a la gente cómo la vida puede ser mejor y fija metas y normas. Hace que la gente necesite más dinero y que se esfuerce más por conseguirlo” (Los 27 Errores más Comunes en Publicidad).

4.- Sin publicidad estatal habrá menos información y conocimientos sobre los servicios públicos.

La estatal posibilita la interacción entre el gobierno y la sociedad: informa sobre salud, educación, derechos y obligaciones ciudadanas, la transparencia y orienta y educa en torno a normas de convivencia y prevención de riesgos; a emergencias y gestión de crisis (terremotos, ciclones, disturbios sociales, etc.), y aminora malentendidos, incertidumbres, conflictos y tensiones sociales.

Otto Kleppr’s: “Está diseñada para convencer a una persona de que compre un producto, para apoyar una causa o incluso para alentar menor consumo (desmercadotecnia); puede usarse para elegir a un candidato, reunir fondos de caridad o para anunciar las posiciones del sindicato o de la administración durante una huelga” (Texto: Publicidad).

5.- Sin publicidad habrá menos comprensión y menos persuasión para la estabilidad social.

La gubernamental amplifica mensajes para generar confianza y proporcionar la comprensión ciudadana sobre los planes de desarrollo para el cambio social. Concientiza sobre deberes y derechos, así como los programas sociales.

Alfonso Durán: “El proceso publicitario, visto desde la teoría de la disonancia cognoscitiva, trata de transformar no compradores en compradores. En vez de estados de consonancia de una persona (equilibrio, orden, congruencia y consistencia interna), la mayoría de las decisiones provocan disonancia (desorden, incongruencia, etc.)” (Psicología de la Publicidad y de la Venta).

6.- Sin amplia o mediana difusión, la inversión en publicidad será un botarate.

La inversión monetaria con un texto comercial sin investigación, target o nicho específico de mercado, mensaje sin calidad ni impacto, con escaso reconocimiento de marca y bajísima difusión, eleva la factibilidad de que genere una venta pírrica. Por esas causales, será una fuga de capital o un desperdicio financiero.

Biblioteca de Manuales Prácticos de Marketing: “La publicidad no es un gasto, sino una inversión necesaria y su función eficaz: lograr el más alto rendimiento y potenciar la rentabilidad de la inversión” (Cómo Evaluar su Publicidad).

7.- Sin publicidad habrá menos consumo y menos dinámica económica.

No sólo concibe y engendra necesidades, sino que incentiva el acto de adquisición de bienes y servicios a gran escala, con lo cual acelera el crecimiento económico.

Oscar Malfitano Cayuela y otros: “Es el ser humano en su rol de cliente, sujeto del deseo, al que se intenta comprender y complacer. Cuando se conocen sus percepciones, inteligencias múltiples, modelos mentales y representacionales, es decir sus formas de pensar y actuar, es posible satisfacer mejor, en forma permanente y sostenible, esa relación de intercambio de valores” (Obra Neuromarketing. Celebrando negocios y servicios).

8.-Sin publicidad, los bienes y servicios tendrán menos transacciones.

Facilita que los usuarios perciban y sepan de la existencia de bienes y servicios, y contribuyan con el incremento de las ventas de esos productos y la libre competencia. Funciona como el componente central en la comercialización masiva, para el consiguiente aumento de la demanda y la producción.

Luciano M. Metzinger: “La publicidad procura vender, vender siempre más… se convierte en una formidable empresa para transformar los patrones de consumo a nivel mundial y crear un nuevo estilo de vida” (Libro Publicidad: La otra Cultura).

9.-Sin mensajes cautivadores y conectantes, la publicidad será nula.

Crea, con imágenes y palabras que impacten para la conexión retórica triangular: emoción, logos y credibilidad, narrativas creativas de los productos, a fin de cautivar a las audiencias para cambiar actitudes, recurriendo a sus necesidades, deseos y aspiraciones.

J.A.C. Brown: “Existe en el cerebro un mecanismo capaz de responder a cierto tipo de estímulos de posible importancia para el individuo, y aunque este no se dé cuenta de su naturaleza precisa, su sistema nervioso autónomo puede reaccionar ante ellos como ante una alarma o una amenaza emocional” (Libro Técnicas de Persuasión).

10.- Sin amarres ni castigo, la publicidad será más confiable y efectiva.

Un anuncio sin promesas exageradas ni engañosas, y sin presión ni coerción, es más confiable y efectivo. La autenticidad construye credibilidad y seguridad, potencializa la lealtad y esquiva el castigo de un consumidor contemporáneo cada vez más crítico y valorativo.

Reginald Watts: “El industrial o el comerciante compra publicidad cuando la necesita. Y nada más. Porque hablar del comportamiento del anunciante como si formase parte de nuestro mundo es tan absurdo como si los médicos organizasen congresos para decir cómo, cuándo y dónde deben enfermar los pacientes” (Libro La Nueva Publicidad).

El sector de la comunicación ha sido un catalizador de oportunidades de trabajo y del desarrollo de la economía nacional, con efecto multiplicador. ¿Perjudica o no a la democracia y a la paz social que se complazca a acróbatas y manipuladores que presionan para que se haga añicos a la publicidad, como la informativa y educativa, que aporte un valor útil, en audiencias reales?

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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.

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Opinión

La inmunidad de altos funcionarios

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Por Rommel Santos Diaz

A  fin de garantizar el desarrollo de sus actividades, determinados funcionarios estatales gozan de una prerrogativa por medio de la cual no puede ser sometido a un proceso penal  si previamente el Congreso, u otra instancia no otorga su autorización.

La inmunidad, como lo ha señalado la doctrina, es una institución que fue establecida  con un objetivo concreto, cual es el de poner freno a las intenciones políticas de interrumpir el normal desarrollo de las actividades de una importante autoridad pública.

De acuerdo al Estatuto de Roma, esta prerrogativa de los altos funcionarios no constituye un impedimento para que pueda juzgarse a estas personas. Así lo establece el Art. 27 del Estatuto  de Roma.

El artículo 27 del Estatuto de Roma establece que el mismo será aplicable por igual a todos sin distinción alguna basada en el cargo oficial.

En particular el cargo oficial, el cargo oficial de una persona, sea Jefe de Estado o de Gobierno , miembro  de un gobierno, en ningún caso la eximirá de responsabilidad penal ni constituirá per se motivo para reducir la pena.

Las inmunidades y las normas de procedimiento especiales que conlleven el cargo oficial de una persona, con arreglo al derecho  interno o al derecho internacional, no obstan para que la Corte Penal Internacional  ejerza su competencia sobre ella.

La prerrogativa de la inmunidad se encuentra prevista en algunos casos en las normas constitucionales  o en las leyes. En este último caso, cualquier posible contradicción con el Estatuto de Roma puede solucionarse con la reforma de la legislación respectiva.

Sin embargo, cuando la inmunidad se encuentra  prevista en la constitución el asunto se complica,  ya que por su naturaleza , es una norma que exige para su modificación un proceso más rígido.

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Treinta años de leyes. Casi dos generaciones esperando.

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Dr. Isaías Ramos

Durante casi treinta años, la República Dominicana ha recibido una advertencia tras otra sobre la calidad de su educación y la formación de sus ciudadanos.

Han cambiado gobiernos, programas, funcionarios y discursos.

Lo que demasiado poco ha cambiado son los resultados.

Cada vez que llega una nueva evaluación repetimos el mismo ritual: alarma, titulares, explicaciones, promesas. Después pasa la noticia y continuamos.

Así llevamos demasiado tiempo.

La Ley General de Educación 66-97 definió con extraordinaria claridad el ciudadano que debía formar la escuela dominicana.

Su artículo 5 ordena formar personas libres, críticas y creativas; ciudadanos amantes de su familia y de su patria, conscientes de sus deberes, derechos y libertades, con profundo sentido de responsabilidad y respeto a la dignidad humana. También manda fortalecer la identidad nacional y educar en valores morales y éticos, solidaridad, trabajo productivo y servicio comunitario.

Desde 2010, la Constitución reforzó ese mandato: formación social y cívica, enseñanza constitucional, valores patrios y ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes.

El mandato nunca faltó.

Después llegaron las advertencias.

El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, ha mostrado reiteradamente graves dificultades de nuestros jóvenes para comprender, razonar y aplicar conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias.

El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana, ICCS, reveló profundas debilidades en conocimientos y competencias cívicas.

Nuestras propias Pruebas Nacionales también han mostrado desempeños modestos al concluir la secundaria.

Y la Encuesta de Cultura Democrática volvió a encender alarmas sobre dimensiones esenciales de nuestra cultura ciudadana.

No fueron hechos aislados.

Fueron advertencias acumuladas durante años.

Es justo reconocer avances. Entre PISA 2018 y 2022 el país mejoró significativamente en matemáticas, lectura y ciencias. Pero en 2025 esos avances no continuaron: los resultados fueron estadísticamente similares a los de 2022.

Después de mejorar, nos estancamos.

Y ahí surge la pregunta que la nación merece responder:

¿cómo es posible que, después de tantos diagnósticos, no hayamos tenido la voluntad política, la determinación institucional y la continuidad necesarias para implementar plenamente los fines educativos que nosotros mismos convertimos en ley y mandato constitucional?

No faltaron normas.

No faltaron pruebas.

No faltaron diagnósticos.

Faltaron voluntad política, determinación institucional y continuidad para convertir la educación y la formación ciudadana en una verdadera causa nacional.

Y eso tiene un costo humano.

Ya no hablamos solamente de porcentajes y rankings.

Hablamos de casi dos generaciones de dominicanos que atravesaron el sistema mientras sabíamos que no estábamos formando las competencias académicas y ciudadanas que necesitaban para dirigir sus vidas y, algún día, conducir la República.

¿Quién responde por ellos?

¿Dónde está el gran programa nacional para recuperar y fortalecer a quienes ya salieron de las aulas con brechas académicas y cívicas que el propio sistema había identificado?

En 2025, el Consejo Nacional de Educación aprobó la Ordenanza 02-2025 para incorporar explícitamente la Educación Moral, Cívica y Ética Ciudadana. Hoy vuelve a discutirse legislativamente la obligatoriedad de esa formación.

Bienvenidas sean esas iniciativas.

Pero debemos hacernos una pregunta más profunda:

¿cuántas veces tendremos que escribir la misma obligación antes de convertirla en conducta?

Porque el verdadero problema dominicano no parece ser la ausencia de normas, sino la distancia entre lo que proclamamos y lo que cumplimos.

Ahí la calle compite contra el aula.

Le enseñamos al niño a respetar la ley, pero observa que violarla puede no tener consecuencias.

Le hablamos de mérito mientras contempla favoritismo.

Le exigimos puntualidad mientras normalizamos la impuntualidad.

Le hablamos de responsabilidad mientras ve autoridades incumplir sus propias reglas.

Y debemos comprender algo esencial:

cada autoridad también educa.

Cuando quien ejerce poder incumple una norma sin consecuencias, está impartiendo una clase de educación cívica en sentido contrario.

Por eso no necesitamos simplemente otra asignatura.

Necesitamos una Revolución Cívica que abarque escuela, familia, iglesias, comunidad, empresa y Estado; que alcance también a quienes ya dejaron las aulas; que convierta el cumplimiento en hábito, el mérito en estímulo, el buen ejemplo en norma y la responsabilidad en valor nacional.

No se trata de buscar culpables eternos.

Se trata de asumir una responsabilidad histórica y corregir el rumbo.

Porque ninguna Constitución puede proteger una República cuyos ciudadanos aprenden a ignorarla.

Casi dos generaciones han atravesado ya este proceso.

Y serán esas mismas generaciones las que, tarde o temprano, recibirán la conducción del país.

Todavía estamos a tiempo de cambiar la enseñanza.

Pero el tiempo no es infinito.

La pregunta que debemos responder como nación es ésta:

¿seguiremos administrando el deterioro, o tendremos finalmente el carácter, la voluntad, la determinación y la fidelidad a nuestra Constitución necesarios para formar ciudadanos capaces de construir, respetar y defender la República que prometimos ser?

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Opinión

Ser enemigo de un periodista

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Por Oscar López Reyes

Demetrio, Higinio y Marcelo, exfuncionarios estatales imbuidos de un hinchado poder político, no prestaron oídos del precavido refrán: “A chica boca, chica sopa” y, cual volcán, cada uno por su lado se arrojó -como si tuvieran en misiones espaciales en diferentes temporadas y universos cósmicos- a hostigar y a perseguir a un periodista respetuoso y cumplidor. La maledicencia, agazapada en villanías, les hizo olvidar que para participar en foros había que tener los bozos limpios.

Ninguno de los tres judicializables estuvo en la mirilla del tranquilo Gael Otero, a quien jamás dejaron de incordiarlo inmisericordemente, sin motivo aparente. Empero, sin este reportero/articulista buscarlos, en sus manos se posaron -como si fueran enviados por un molesto extraterrestre- datos incriminatorios sobre sus acosadores, que lo dejaron perplejo. ¿Cuál fue su reacción?

Los hechos y personajes a ser descritos son reales, ocurridos en Santo Domingo, República Dominicana, en años recientes, aunque sus protagonistas pudieran llamarse Piernavieja (abogado), Pieldelobo (administrador de empresas) y Viejobueno (ingeniero). Sus verdaderos patronímicos son Demetrio Gabilondo, Higinio Quintana y Marcelo Mosquera, el trío diabólico que, visiblemente con el sistema límbico y el tronco encefálico dislocados, asediaron y se pusieron a la caza de Gael, como si fuera un ladrón. ”El cazador cazado”, ¡qué ironía!

Primero. Demetrio: en el examen de tesis de grado, un miembro del jurado al estudiante de periodismo Gael le asignó 98 y otro 95, que ponderaron la metodología en el abordaje, la capacidad investigativa y el pensamiento crítico. El tercer juez docente, Demetrio, emitió su veredicto sin consultar a sus dos colegas: un 40. Cuando el ya graduado aspiró a ser maestro, en un examen le colocó un 0 y en el año que presentó un proyecto para crear una unidad académica en la universidad estatal, lo boicoteó, a la clara. Posteriormente, este abogado lo importunaba en reuniones de las lides gremiales. ¿Y por qué…?, se preguntaba Gael.

Sorpresa: Un domingo en la mañana, mientras Gael chequeaba su agenda en la redacción del periódico Hoy, su director Virgilio Alcántara le entregó un documento que había recibido, con acusaciones comprometedoras contra Demetrio. Le instruyó enfáticamente para que profundizara en la investigación. Si no inquirí estos papeles, si este caballero me ha pisoteado insistentemente -reflexionó Gael- y ahora tengo esta encomienda del director del matutino, por qué no hacer mi trabajo y focalizar el tema con superficialidad.

La indagatoria duró más de una semana, y los hallazgos encontrados fueron demoledores. Escribió tres amplios reportajes y el director del rotativo los publicó en tres primeras páginas. El escándalo no pudo ser más vergonzoso, en el pico de la gravedad. El consejo directivo de la institución donde laboraba el jurista sesionó de emergencia, con el documento original y los reportajes en la mesa. La cancelación de Demetrio fue inevitable. ¡Vaya!

Marcelo: En los años 2018-19, a Gael pretendió trazarle pautas, sin ser su jefe; humillarlo e imponérsele, sin razón, en el organismo gubernamental en la cual ambos ofrecían sus servicios profesionales. Narcisista indecoroso y arrogante, Marcelo escudriñaba fallas en el accionar de Gael, para reportarlo ante la máxima autoridad. Cuando este difundía algún texto periodístico, lo separaba, subrayaba puntos específicos y lo llevaba al mando superior, su amigo de muchos años, con recomendaciones despiadadas. Jamás aceptó conciliación, aun comprobándose que incurría en irrefutables conflictos de intereses.

Asombro: Un colega y amigo del periodista Gael sintió estupor al enterarse del drama –a través de un tercero- y decidió rastrear las andanzas de Marcelo en la administración pública, así como sus actuales relaciones y comportamiento. Descubrió que como director administrativo-financiero hacía negocios con otras instituciones públicas. Siendo así, la única alternativa de la alta gerencia fue su despido. ¡Qué pena! ¿Acaso funge ahora con las mismas funciones en otra dependencia estatal?

Higinio: Después que, con el tráfico de influencia política, truculentamente este ingeniero se enriqueció con la adjudicación de contratos a sobreprecios –y con desvíos de fondos públicos desde un organismo público hacia una corporación en la cual era un testaferro- fuera del gobierno –¡Qué viva Odebrecht!- se dedica actualmente a querer socavar las imágenes de personas honradas, desde un digital en el cual se proclama, sin asearse los colmillos, “comunicador”. ¡Qué tupé!

Espanto: El legajo de documentos acumulados por indignados de organizaciones de interés social sirvió para instrumentar un expediente, depositado en la Procuraduría General de la República para que se añadiera a otro más grande divulgado públicamente, vinculada a la gestión 2012-1016. En una cama supercómoda, el imputado Higinio languidece, dando sus últimos suspiros, y pocos saben que fue por su doble osadía: sustraer, usurpar como “comunicador” y atacar para aparentar… ¡Desvergonzado!, ¿sí o no?

Demetrio, Higinio y Marcelo vituperaban a Gael sin conocer sus facultades divinas: cada vez que este emprendía un proyecto y otros hacían lo mismo, avanzaba con tanta prontitud que los paños y lienzos de sus competidores eran tirados en barrancos. Idénticamente, meses después de que un elocuente lo encaraba con alevosía, ese alevoso moría súbitamente, como aconteció con dos de los tres judicializables. El otro de similar estirpe quedó entrampado en la peor hoguera, porque sufre más que Juana de Arco.

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El autor: periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.

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13 de septiembre de 2026

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