Análisis Noticiosos
¿A qué no renunció Benedicto XVI?
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14 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Francisco Herman Bosch
Adrian Berra, Sigue
Ciudad del Vaticano, 11 de febrero del 2013, en una reunión que a casi nadie le interesa se da una noticia que parece sorprender a todo el mundo: el Papa Benedicto XVI renuncia a su ministerio de Obispo de Roma y máximo jerarca de la iglesia Católica.
Las repercusiones no se hacen esperar: sus colegas jefes de estado, hablan de sorpresa y de “decisión respetable”, sus subordinados obispos en la Iglesia católica se denominan “huérfanos” (¿los cuervos saben lo que es la orfandad?), etcétera, etcétera, etcétera…
Los medios masivos de desinformación hablan a cada momento de “decisión histórica”. Realmente la medida tiene precedentes hace más de 600 años, pero en un contexto mucho más frágil del papado. La decisión, si es medida por la vara de sus antecesores papas, es una medida “histórica”. Aunque reniego de utilizar el término, quizás porque la medida cristiana para ver si un paso es histórico es acercarse al Dios hecho historia, en el carpintero de Galilea… de esa historia, está muy lejos la jerarquía de la Iglesia Católica.
Estos días la desinformación girará en torno a ¿Por qué renunció el Papa? Ratzinger, un hombre de libros, ha calculado el paso y las razones: dijo estar limitado por la fuerza y la salud. Igualmente el porqué no nos interesa tanto. La pregunta central que tenemos es, ¿A qué renunció Ratzinger?
La primera respuesta es clara: renuncio al ministerio que se le ha encomendado como obispo de Roma (suelta el timón de la barca). Y este suceso tiene día y hora fijado: el 28 de febrero a las 10:00 el cardenal Ratzinger dejará de ser el Papa.
La pregunta se pone más interesante si se realiza en negativo, ¿A qué no renuncia Benedicto XVI?
Y la respuesta vuelve a ser, a mi entender, contundente: Ratzinger deja el cargo, habiéndose asegurado que el modelo de Iglesia que cimento Juan Pablo II, fue canonizado junto a su persona y permanecerá en el tiempo. Ratzinger deja “su ministerio”, pero no renuncia a su modelo eclesial: la estructura institucional de una “iglesia” del poder (el poder sagrado que hizo posible la aberración estructural de esta “iglesia pedófila”), movida por el miedo, comprometida con el fundamento de este sistema capitalista de muerte, está más vigente que nunca. El papa en sus ocho años de mandato, ha dejado como herencia una generación de obispos nefastos que aseguran “la normalización” de su territorio diocesano… los embajadores miedosos del jefe, cumplirán las ordenes a rajatabla (la diócesis de San Cristóbal de las Casas es un ejemplo paradigmático).
Benedicto XVI se va, ¡porque sabe que se queda!
Entonces, algún “adulto”, gritará que estas líneas nacen de un joven revoltoso por naturaleza, que tiene 60 años menos que el padre Ratzinger. Y tendrá razón, solo que también deberá escuchar, que somos muchos los creyentes que NO RENUNCIAMOS a que:
La Iglesia sea una mediación histórica para construir salvación en este mundo;
Los servidores de esta mediación, sean pastores y no funcionarios,
Y que esta Iglesia, se parezca cada día más a Jesusito, aquel artesano que amó hasta el extremo martirial de la cruz…
No renunciamos a luchar por un mundo nuevo, y hacerlo desde nuestra fe y desde la iglesia…
La historia nos reclama a los creyentes. Y la coyuntura abre puertas a nuestro favor. En medio de la crisis profunda que atraviesa el mundo, desde el ámbito económico, al político y ético, resulta necesario reformular una vieja pregunta: en la Edad Media, la pregunta era ¿fuera de la Iglesia puede haber salvación?; hoy la pregunta se decanta por ¿Cómo puede haber salvación dentro de esta secta farisaica que se ha vuelto al Iglesia institucional?
Creemos que no hay una voz que pueda responder a esta pregunta, porque creemos que el paso a dar es la democratización profunda de esta gran comunidad que es la iglesia. Entendemos democratización, en primer término, como la apertura franca del dialogo y la participación en los temas que configuran la vida de la comunidad, a todos y todas… que “los hombres de buena voluntad”, destinatarios de tantos documentos, sean protagonista de los pasos realmente históricos que Dios exige en este tiempo.
Concretamente hay dos semanas antes que el Papa deje vacante “el trono de San Pedro” (increíble que un seguidor del pescador del lago de Galilea, sea revestido en un trono y no reciba un delantal en los suburbios, ¿no?)… muchos especularan con la llegada de un Papa negro o Latino (cuesta creer que los cuervos de la curia Romana lo permitan). Nosotros no queremos un cambio de color, sino de las reglas del juego (ya tenemos un afrodescendiente sentado en la siempre “casa blanca”):
– Hay que reformar el colegio cardenalicio que es el cuerpo elector del próximo Papa.
– Hay que replantear el rol del Obispo de Roma.
– Finalmente hay que presentar el compromiso histórico de abrir una franca transformación en los temas que son cruciales en este tiempo, una verdadera hoja de ruta de vuelta a Jesús…
Este proceso de cambio (que es nuestro sueño, más que una realidad que tengamos cerca), debe ser profundamente sinfónico, para volver a compartir los gozos y fatigas de este mundo. Y al estilo de “un tal Jesús”, sentirnos estructuralmente con las entrañas conmovidas, para construir una institución desde los dolores de las mayorías (allí donde reside la única autoridad cristiana, la autoridad de los que cargan este mundo).
NUNCA MÁS una Iglesia sin ellas…
NUNCA MÁS una Iglesia sin los otros…
NUNCA MÁS una iglesia que se crea dueña de la verdad…
NUNCA MÁS una Iglesia encarnada en el poder de este mundo…
NUNCA MÁS una Iglesia que no nos invita a pensar…
NUNCA MÁS una Iglesia sectaria, que manipula a “Dios” según sus caprichos…
NUNCA MÁS una Iglesia que este al margen de la suerte de los pobres de este mundo…
NUNCA MÁS una Iglesia que traiciona a Jesús…
NUNCA MÁS una Iglesia que no se apasiona en la lucha por una humanidad nueva, por un mundo nuevo…
A LA IGLESIA DEL PODER QUE SOSTIENEN LOS DE ARRIBA… A ESA IGLESIA, NOSOTROS RENUNCIAMOS.
Nos queda la fe en el carpintero… a ellos la ambición de poder.
Nos queda la esperanza del Reino de Dios, que es Otro mundo posible (un mundo donde quepan muchos mundos)… a ellos las especulaciones y las trampas.
Nos queda el amor… a ellos mucho miedo.
Este no es un tratado sobre los cambios necesarios, sino simplemente un grito que reivindica nuestro derecho a querer vivir de otra manera la fe y la vida… y así decirlo, y así construirlo, y así lucharlo.
Francisco Herman Bosch (un creyente). Las Palmas, San Salvador (El Salvador)
Fuente: Rebelión
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
