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A sólo un mes de Gobierno y ya existe la idea más que suficiente para que la gente sepa hacia dónde se dirige Luis Abinader.

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El Partido Revolucionario Moderno (PRM) a un mes de estar en el Gobierno ha dejado lo suficientemente claro que tiene un comportamiento que no dista mucho del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ya que los mensajes y meta-mensajes son más que suficientes para que esta comparación sea valedera.

El PRM, que ha demostrado hasta la saciedad que carece de un plan de formación de sus miembros, pero que además  tiene  unos genes, por decirlo de alguna manera, que traicionan su aparente intención de hacer las cosas bien.

Los perremeistas han enviado su primer mensaje con el comportamiento de muchos de los funcionarios del Gobierno de Luis Abinader, el cual consiste en tener unas apetencias desbordadas, ya que hay dirigentes que lo quieren todo para ellos.

Es una conducta que consiste en esa cultura patrimonial del Estado, porque aparte de que ya hay familias vinculadas al PRM que reciben más de un millón de pesos al mes de los recursos del Estado a través de una multiplicidad de empleos, cuyos beneficiarios son padres, madres, hijos hasta nietos de personas vinculadas al partido de Gobierno, también es una administración entregada en cuerpo y alma al empresariado privado.

En este y en muchos otros casos se confirma que la herencia que ha dejado el viejo PRD a su hijo, el PRM, para que cambie ese comportamiento se hace prácticamente imposible  y todo parece indicar que la existencia de ese gene podría convertirse en la razón principal del fracaso de un Gobierno que luce que no da pie con bola.

El problema es tan grave, el cual  tiene una gran similitud con la conducta perredeísta, dado que desde la campaña electoral cuando el PRM se sintió ganado, inició una serie de acciones en detrimento de sus propios aliados, despojándolos con fraudes de candidaturas que fueron otorgadas sobre la base de un acuerdo político en la coalición que los llevó al poder.

Además, el PRM, a pesar de que el presidente ha sido coherente con algunas de las cosas que prometió durante la campaña, ha incurrido en contradicción en lo que respecta a las medidas a tomar para corregir muchos de los problemas que le creó al país el Partido de la Liberación Dominicana con su política de democratización de la corrupción y cuando la consigna era apropiarse impunemente de todos los recursos del Estado.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que el PRM exhibiera una conducta que mantiene en una incertidumbre total a los dominicanos que cada día dejan de creer en la partidocracia dominicana precisamente por la forma en que actúan las diferentes organizaciones de la mal llamada democracia nacional.

El PRM, cuyos dirigentes que hoy ocupan posiciones importantes en la administración pública, no lo hace cambiar nadie, ni nada, porque su ADN define su comportamiento, lo cual lo dota de poca disposición para ser leal y servir a la gente.

En realidad, en el caso del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no se le puede pedir peras al olmo, porque resulta prácticamente imposible que cumpla con su palabra y que mantenga algún tipo de lealtad con la sociedad, porque no hay quien pueda actuar diferente para lo que ha sido educado y formado.

Podría interpretar como descabellado atribuirle ese comportamiento a un partido que apenas tiene días en el Gobierno, pero resulta que su conducta no se mide por ese detalle, sino por lo que pasa durante el día a día de gente que se les niega hasta a los que hicieron causa común con ellos.

Su conducta y prepotencia hablan por sí solas en algo más de 30 días y se puede asegurar que no será diferente en el curso de los meses y los próximos años, porque las principales herramientas del PRM son el clientelismo, el individualismo, la falta a la palabra empeñada y buscar fortunas sin importar de dónde provenga, máxime si proceden del patrimonio nacional por ser las que más garantizan que no haya un régimen de consecuencia y que prevalezca una total impunidad.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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