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Ada Balcácer y los años sesenta

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Por Andrés L. Mateo

Lo que ha quedado en el espíritu de quienes sobrevivimos a la movilidad social de los años sesenta habiéndola reflexionado es sobrecogedor. Los del sesenta hemos sobrevivido de derrumbe en derrumbe, y casi naufragado en el amargo signo de nuestra época: la perversión y la muerte. Con la desaparición de Trujillo sobrevino una idea de la libertad; quitamos los cerrojos de los labios, hicimos poemas, pintamos cuadros y armamos esculturas, nos desgarramos gritando el sueño de una reconquista de nosotros mismos, casi perdidos y tomados por los bríos del ideal, con las camisas en llamas, jurando exterminar la explotación del hombre por el hombre. Fue un viaje, un largo periplo hacia nosotros mismos que no estuvo libre del martirologio y la lucha ideológica.

Justo ahí, en esa década convulsa, aparece Ada Balcácer. Y es importante referirnos a la década de los años sesenta, porque mucha gente piensa que la desaparición de Trujillo sirvió únicamente para situarnos de golpe en medio de los aires de libertad que el continente americano respiraba. Pero no fue así, porque el trujillismo era también la forma más concreta de enajenación de la identidad que conoce la historia dominicana y la manera más efectiva de desvincularnos de las corrientes del pensamiento universal.

 Desde 1969, con la pintura “El bacá, derribando el mito”, Ada Balcácer, desarrolla una de las obras más emblemáticas, creada en los años 70 y vinculada al imaginario mítico dominicano.
Desde 1969, con la pintura “El bacá, derribando el mito”, Ada Balcácer, desarrolla una de las obras más emblemáticas, creada en los años 70 y vinculada al imaginario mítico dominicano.

Con Trujillo se enmascaró de tal forma al ser dominicano que él nos podía emparentar con la gesta hispánica del Cid Campeador y abolir de un plumazo al ser concreto que se expresaba en la realidad social; desterrando al negro, suprimiendo por decreto las creencias mágico-religiosas, apostrofando las manifestaciones de la cultura popular y adulterando los imaginarios que conforman la vida del pueblo llano, para convertirnos en españoles allende los mares.

Si miramos las series con las que ella se presenta, de inmediato nos asaltará el carácter subversivo de sus propuestas pictóricas.

Lo que se abrió fue, por lo tanto, una búsqueda desesperada del ser nacional. Fue de ahí que surgieran los movimientos como Arte y Liberación, los grupos literarios como La Generación del Sesenta, los grupos El Puño, La Isla, La Máscara, etc. Y surgieron, también, los pintores que, viniendo de la academia, se lanzaron a buscar las raíces del ser nacional. Ada irrumpió en ese momento, y ella no lo sabía, pero hoy podemos leer su pintura como la insurgencia de un discurso contestatario que se plantaba ante sí mismo, derribando las barreras de la enajenación ideológica que el absolutismo trujillista había legitimado. La palabra enajenación quiere decir alejarse de sí mismo, no reconocerse en su mismidad, ser distante de lo que constituye el verdadero ser de una persona o de una comunidad nacional. Y eso era lo que había ocurrido en la historia dominicana de los treinta y un años de la Era. Si miramos las series con las que ella se presenta, de inmediato nos asaltará el carácter subversivo de sus propuestas pictóricas.

«Si miramos las series con las que ella se presenta, de inmediato nos asaltará el carácter subversivo de sus propuestas pictóricas», destaca el autor. (Fuente externa).

¿Qué había en esos trazos amenazantes, en esa persistencia de la luz (la luz es una obsesión ingobernable en Ada, no cualquier luz, a lo Caravaggio, por ejemplo; sino la luz del trópico que es tan sugerente y omnipresente que ciega), en esa recuperación de lo ancestral que prefiguran la mirada elusiva y las múltiples tetas de “Tatica madre África”, la conga encojonada de “Robalagallina, rey del carnaval”, o el signo alegórico de una historia particular y traumática del bacá? Simplemente, el encuentro de lo múltiple en el arte y lo variado de la realidad del ser nacional. La dominicanidad había sido el discurso de lo idéntico (la hispanidad) hasta entonces, y esta pintura rescata lo múltiple, lo variado, el arcoíris infinito de nuestro ser. Nosotros no habíamos leído todavía a Claude Lévi-Strauss, ni Roland Barthes había escrito su “Mitologías”. Dagoberto Tejeda no soñaba con conseguir una beca para Brasil, y Fradique Lizardo ni pensaba en irse a Bélgica o a Venezuela a estudiar antropología y folklor. Pero ya Ada era Ada, y todos comenzábamos a ver en ella la expresión artística de una recuperación épica de lo propio de nuestro ser. Todos comenzamos a llamarle a Ada “La Bacá”, y ese sesgo denominativo, ahora lo sabemos, reinterpretaba en su persona un aspecto de la cultura dominicana que había sido clandestinizado por la cultura oficial: las manifestaciones de los mitos y leyendas populares del dominicano. La década de los años sesenta es de una gran movilidad social en nuestro país y en casi todo el continente americano. Con la caída de Trujillo se orientó un fuerte sentimiento de ruptura con la cultura anterior. En estos cuadros podemos notar cómo es en la pintura de Ada que, desde el punto de vista de la plástica, esta ruptura se instala. No era gratuito entonces que, a sus espaldas, nosotros le llamáramos “La Bacá”, y no es extraño tampoco que su serie se inscribiera bajo el título de “El bacá derribando el mito”.

Lo que estaba ocurriendo es que los mitos populares se reinterpretaban como parte de la expresión cultural auténtica del dominicano, y ello entrañaba una provocación y una revolución frente a la cual las creencias mágico-religiosas venían a ser valoradas como parte del mundo espiritual del dominicano. ¿Por qué el bacá derribaba al mito? Porque la dominicanidad había falsificado en la ideología hispanista el espejo de sí misma y apostaba a la ilusión de ser lo que no era. A las experimentaciones pictóricas de Ada vinieron a parar todos estos bríos de ruptura de los años sesenta, y solo un espíritu intranquilo como el alma de esta mujer pudo haber conseguido los dones de expresar en una obra de arte consistente todos estos valores de nuestra vida espiritual que antes no habían sido reconocidos en las artes plásticas nacionales.

 Retrato de Ada Balcácer. (Fuente externa).
Retrato de Ada Balcácer. (Fuente externa).

Cuando Fernández Pequeño me habló de este acto, yo pensé en una mesa redonda en la que estuvieran Norberto James, René Alfonso, Miñín Soto, Carlos Francisco Elías y algunos otros que la vida ha desperdigado por ahí; o que la muerte ha entrampado en sus garras, como René del Risco. Porque entonces sí que hubiéramos molido canela fina y discutido de manera ensordecedora sobre esos años convulsos. Y tal vez, solo tal vez, hubiéramos tenido una idea de por qué en los años sesenta del siglo pasado esta mujer era “La Bacá”.

Todos comenzamos a llamarle a Ada “La Bacá”, y ese sesgo denominativo, ahora lo sabemos, reinterpretaba en su persona un aspecto de la cultura dominicana que había sido clandestinizado por la cultura oficial: las manifestaciones de los mitos y leyendas populares del dominicano.

NOTA: El autor escribió el artículo a raíz del resumen de la obra artística de Ada Balcácer, para una muestra que se organizó en Santiago, en el Centro León. Es un testimonio para que nuestra ciberlectoría conozca la presencia y el influjo que tuvo la fenecida artista el 25 de diciembre de 2025, en esa década convulsa de nuestro país y del mundo.

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Opinión

La crisis de confianza y la urgencia de una Revolución Cívica

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Por Isaías Ramos

La crisis más profunda que enfrenta hoy la República Dominicana no cabe en una estadística. Es una crisis de confianza y, en el fondo, una crisis de valores y principios. La confianza constituye una infraestructura invisible: permite que la palabra conserve valor, que las instituciones resulten creíbles y que los ciudadanos cooperen más allá de sus intereses inmediatos. Cuando se erosiona, toda la convivencia se encarece y se debilita.

Esa erosión se manifiesta cuando el mérito cede ante el privilegio, cuando la ley parece distinta según a quién se aplique y cuando justificamos en los nuestros aquello mismo que condenamos en el adversario. En ese punto, la ética deja de ser una brújula y se convierte en una coartada.

El problema no reside únicamente en las decisiones individuales. También importa el ecosistema institucional y cultural que premia, tolera, excusa o sanciona determinadas conductas. Una nación educa tanto por lo que enseña como por lo que recompensa.

Pero ése no es todo nuestro país.

La República se sostiene diariamente sobre una reserva moral que rara vez ocupa titulares: padres que cumplen, maestros que enseñan, trabajadores que honran su palabra, empresarios que progresan sin corromper, servidores públicos que cuidan lo que pertenece a todos y ciudadanos que hacen lo correcto aun cuando nadie los mira.

Sobre esos dominicanos debemos construir.

Refundar la patria no significa destruir lo existente, fundar otra República ni idealizar el pasado. No es nostalgia ni ruptura del orden constitucional. Es una renovación moral, cívica e institucional que recupera los fundamentos necesarios para avanzar: Dios, como reconocimiento de una dignidad humana superior a cualquier poder; Patria, como herencia y responsabilidad compartida; Libertad, inseparable de la responsabilidad; Constitución, como límite de la autoridad; y Deber, como puente entre principios y conducta.

La Constitución define a la República Dominicana como un Estado Social y Democrático de Derecho. Esa definición no debe permanecer como una fórmula solemne. Es una promesa pendiente de plena realización: un Estado al servicio de la dignidad humana, con orden bajo la ley, justicia para todos, límites efectivos al poder e igualdad real de oportunidades.

Hacerla realidad exige instituciones capaces, pero también ciudadanos dispuestos a defenderlas, fiscalizarlas y exigir que funcionen.

A ocho años de su fundación, el Frente Cívico y Social sostiene que es urgente impulsar en la República Dominicana una Revolución Cívica: pacífica, democrática y constitucional. Una transformación que comience en la conciencia del ciudadano, se exprese en su conducta, se organice en las comunidades y contribuya a hacer efectivas las promesas de nuestra Constitución.

No una revolución contra personas, sino contra las prácticas que han normalizado la arbitrariedad, el clientelismo, la indiferencia y la doble moral.

No busca enemigos; busca responsabilidades.

No promete un salvador, porque ningún hombre puede sustituir la responsabilidad de una nación.

La cultura del deber ocupa aquí un lugar decisivo. Los derechos fundamentales no dependen de que primero cumplamos un deber; nacen de nuestra dignidad y deben ser garantizados. Pero una sociedad necesita responsabilidades compartidas para hacer efectivos y sostenibles esos derechos.

El derecho limita al poder; el deber exige que quien lo ejerce actúe con honestidad. El derecho nos permite participar; el deber nos recuerda que la indiferencia también produce consecuencias.

La pregunta central no es únicamente qué nos deben o qué debe hacer el Gobierno. También debemos preguntarnos:

¿Qué me corresponde hacer a mí desde el lugar que ocupo y con las capacidades que tengo?

La respuesta comienza en cinco verbos: formarse, organizarse, servir, proponer y participar.

Participar significa intervenir todos los días en la vida pública. También implica defender el derecho constitucional a elegir y ser elegido, y prepararnos para llevar democráticamente nuestras propuestas a las instituciones cuando la ciudadanía lo decida y la vía jurídica lo permita.

La democracia no comienza el día de las elecciones, pero tampoco termina antes de llegar a las urnas.

Una persona puede iniciar una conversación. Una comunidad puede convertirla en acción. Y una nación puede cambiar cuando suficientes ciudadanos asumen la parte de responsabilidad que les corresponde.

La transformación que necesitamos no será obra de un libro, de un hombre ni de una organización.

Será obra de ciudadanos.

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Opinión

Jimmy Sierra: El inolvidable hacedor de cultura popular

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Por Oscar López Reyes

A seis años -18 de agosto de 2020- del cese irremisible de las funciones biológicas vitales de Jimmy Sierra, su voz y su alma perviven en la conciencia colectiva y su legado repercute desde lenguajes audiovisuales y escritos en una legión de discípulos que, espontáneamente, reconocen el provecho de sus enseñanzas, su solemne compromiso con la cultura popular y su coherente e irrenunciable empeño por el cambio democrático de la sociedad dominicana.

Orientador sin avaricia, desprendido, solidario y altruista en su extendida calidad humana. Abogado en el talento de su humildad, sólo ejerció su profesión para defender a presos políticos y sindicatos en la era de Balaguer, y no aceptó administrar ningún organismo gubernamental por su temor a cometer iniquidades y ser pasto del escarnio público. Haciendo acopio del renombrado verso de Antonio Machado, prefirió «hacer camino al andar» como cineasta, catedrático universitario, productor mediático y escritor.

Genuino en la inspiración filosófica, potencializada en los corredizos de su inteligencia superior, Julio Samuel (Jimmy) Sierra -16 de diciembre de 1944, Najayo, San Cristóbal- desarrolló, en la búsqueda de la verdad y la libertad, el pensamiento lógico y crítico. Se sumergió en la reflexión intelectual trascendente, sin acoger a prima facie argumentos fuera de contexto, explicaciones simplistas ni trastadas dogmáticas.

Sus planteamientos y opiniones se articularon en el conocimiento, la ciencia y el arte, precedidos de indagatorias curiosas y evaluaciones racionales y rigurosas. Y, por sus enfoques analíticos conceptuales, sus allegados lo bautizaron con la categoría socio-lingüística de El Teórico.

Los mencionados atributos y su estructura relacional se fundaron y agigantaron en el eje giratorio del tiempo cronológico, desde la infancia (a los 14 años), cuando constituyó un grupo de mozalbetes para rechazar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, y en la adolescencia (en 1960) en el liceo Eugenio María de Hostos imprimió el periódico “El crítico del Primero E”. Y, dos años después (1962) en Villa Juana, Santo Domingo, formalizó el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (Cejac), la primera entidad de esta naturaleza de República Dominicana.

En su juventud (1965), en la Zona Constitucionalista de la capital instaló una escuela para alfabetizar a combatientes en armas contra la segunda intervención norteamericana a la República Dominicana. En 1966 condujo el Movimiento Cultural Universitario (MCU), que auspició el Primer Festival de la Cultura Popular y la Primera Exposición de Artes Plásticas en Plena Calle.

1.- EL ABOGADO. Titulado de doctor en derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 1970, fungió como asesor del Sindicato de Trabajadores de la Fábrica de Clavos y de los Astilleros Navales de Santo Domingo, anclado en su militancia de izquierda. También, como relacionista público de la Asociación de Dominicana de Abogados (ADOMA).

2.- PRENSA ESCRITA. En 1966 insertó en El Caribe el cuento “El Niño”, y más tarde en El Nacional y la revista Ahora. En 1979 publicó los reportajes «Los que no pudieron ver al Papa» y luego, en el Sol «Arenga», la serie de 22 artículos sobre los mensajes televisivos en la R.D., con el seudónimo de Sebastián De Lorena. Igualmente, en 1986 publicó, en El Sol, «La guerra de la propaganda”, con el seudónimo de Esmeraldo Paz, y «Yo estaba allí”, una serie de 235 artículos.

3.- LA RADIO. Entre 1970 y 1975 produjo los programas radiales “La Nueva Voz”, vocero del Movimiento Cultural Universitario (MCU), por Radio Comercial; “Contacto en FA” y “Contacto en Re”.

4.- EL CINE Y EL TEATRO. En 1973 fundó el Instituto Nacional de Estudios Cinematográficos (CENEC) y en 1975 redactó el primer proyecto de Ley de Cine del país, implementado mediante la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica, que creó la Dirección General de Cine. Con la aprobación y ejecución de esta iniciativa, el entonces presidente de la República Leonel Fernández escuchó a Sierra, su amigo de infancia y mentor, a quien mostró fidelidad y solidaridad, que se traduce en un modelo de sincera y respetada amistad. El Teórico produjo y difundió diez obras de cine, seis de teatro y nueve videos.

5.- LA TELEVISIÓN. Desde 1979 hasta 2015 difundió los espacios “Contacto-Imagen”, por Color Visión; “La historia se escribió así”, cápsulas sobre efemérides, durante 12 años por RTVD y Color Visión; «Santo Domingo Vive», por Supercanal, «Dominican View, en Estados Unidos, y “Memorias del padre José Miguel”.

6.- DOCUMENTALES Y PELÍCULAS. Desarrolló una extensa variedad de documentales, películas y cápsulas televisivas, conjuntamente con su didáctico curso audiovisual “Viaje al centro de la historia”. En el 2002 en unos 50 pueblos produjo igual número de documentales de un minuto de duración, los cuales subió a la página “Arribasantodomingo.com”.

7.- HISTORIA AUDIOVISUAL. Entre 1982 y 2013 realizó una decena de documentales sobre “Pintura y Escultura en Santo Domingo”, “Historia del Teatro Dominicano”, “Los medios de comunicación la R.D.”, “Historia de la Literatura Dominicana” (cinco partes), “Hostos el Sembrador”, «Un actor en busca de un personaje», «Los árabes en la Hispaniola», «Ulises Hereaux (Lilis): sangre, papeletas y cartas de amor”; “Cuando llegaron los americanos” y “Ahora que vuelvo, Ton”.

8.- MAESTRO Y CATEDRÁTICO. En 1964 fue cofundador de la Academia La Trinitaria, en el ensanche La Fe, y en la adultez primaria -1976- se desempeñó como profesor de los departamentos de Ciencias Políticas y Artes de la UASD y la Universidad Dominicana OyM.

9.- OBRAS LITERARIAS: Publicó 11 obras sobre cuentos, novelas y ensayos: Bordeando el río, Estudio sobre la incidencia de la publicidad en los mass media en la R.D, Mester de la ironía, Cine 011, Trujillo y las Mirabal, El Paquito de la Revolución, Ciudad de los Fantasmas de Chocolate, Cuentos de Papá Leche, Cuentos de Papá Leche Dos, Yo Estaba Allí, Diccionario Cultural Dominicano e Idolatría.

10.- CANCIONES DE SU AUTORÍA: Grabadas por Julio Sabala, Elenita Santos, Adalgisa Pantaleón, Claudio Cohén, José Antonio Rodríguez, Luis (Terror) Díaz, Ramón Orlando, E. Suazo, Shire, Eduardo Ramos (Sandino), Bonnie Baher, Lucy Méndez y Hendry Zarzuela.

11.- DIPLOMÁTICO INVESTIGADOR. En 1999 fue nombrado ministro consejero de la embajada dominicana en Francia, y en el 2000 se trasladó a Barcelona, España, para realizar la película La Joya del Inmigrante.

12.- LOS RECONOCIMIENTOS. Decenas fueron sus premios y reconocimientos, desde el Primer Festival de Teatro de la secretaría de Estado de Educación, El Dorado y Casandra, hasta México, Panamá y Suiza.

13.- LA TERTULIA. En la adultez secundaria, la Tertulia del Teórico congregó, cada sábado, a periodistas, intelectuales y amigos de distintos litorales políticos y creencias, en la que improvisadamente abordaban temas de la realidad nacional e internacional. Después del Covid-19, se efectúa por Zoom y difunde por YouTube.

Redondeando, el más efusivo y revelador tributo a su memoria, en acreditación a sus méritos por su interminable obra, aprecio y gratitud, las huellas que legó se redimensionaron el miércoles 18 de agosto de 2021, en la Biblioteca Nacional, en el primer aniversario de su partida física, con la puesta en circulación del libro de 158 páginas «¡Jimmy Sierra, inolvidable!». Rebosante de asistentes estaba la Sala Aida Cartagena Portalatín. ¡Fantástico!

El libro compila artículos, testimonios, reflexiones, poesías y otros textos difundidos en diarios, televisión, redes sociales e Internet por unos 40 intelectuales de vanguardia, profesionales y periodistas que conocieron su desvelo por la democracia y la cultura nacional durante más de 60 años. Yo estuve en ese acto –junto a su viuda Albania Gómez y su hijo Samuel- de enaltecimiento a las virtudes de este aclamado intelectual, como la integridad y el coraje en la sencillez. Jimmy, un abrazo, con respeto y admiración, por tu grandeza humana.

……………………………

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.

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Opinión

Haití actual: impacto de la ocupación imperial

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Por Narciso Isa Conde

Haití enfrenta una crisis profunda tras múltiples intervenciones militares. Bandas armadas, conectadas con la CIA, controlan zonas estratégicas, agravando el caos.

  • El balance reporta 20 mil muertos y más de un millón de refugiados.
  • Las bandas controlan 5% del territorio, incluyendo zonas estratégicas y accesos a Puerto Príncipe
  • Haití tiene 9 mil policías para 12 millones de habitantes, según el texto.

Las bandas terroristas, tomadas como pretexto para intervenir militarmente, siguen actuando y creciendo conectadas con CIA y los PARACOS, armadas desde Florida y desde Colombia»

·         Después de la Doceava (12) invasión en los últimos 30 años, con el pretexto de eliminar las bandas patrocinadas por EEUU, integrada por militares y policías de países aliados al imperio invasor y por unidades especiales del Comando Sur, la situación de Haití sigue igual o peor.

·         A las fuerzas regulares invasoras le sumaron tropas mercenarias comandadas por ex oficial de tropa especial trumpista, llamado Eric Prince que, entre otras cosas, operan las aduanas como negocio. El negocio de Trump y de Prince.

·         Los tres, más tarde, fueron impugnados por el trumpismo, la oligarquía, las derechas y ultraderechas; y, finalmente, esas fuerzas reaccionarias lograron disolver ese Consejo e imponer el actual Primer Ministro como Jefe de Estado: un empresario de extrema derecha metido a político, a lo Abinader.

·         Las bandas terroristas, tomadas como pretexto para intervenir militarmente, siguen actuando y creciendo conectadas con CIA y los PARACOS, armadas desde Florida y desde Colombia.

El balance actualizado de esa combinación de factores peca de funesto:

·         20 mil muertos.

·         Más de un millón de refugiados,

·         Las bandas terroristas controlan el 5% del territorio nacional, pero ese espacio incluye dos zonas estratégicas y una autopista de entrada a la Capital: gran parte de Puerto Príncipe y una importante zona arrocera en el Artibonite.

·         Tal ocupación ha implicado un descenso creciente de la producción arrocera nacional hasta el cuadro actual: el 85 % del arroz que se consume es importado.

·         La expansión de las Bandas ha sido contenida en zonas específicas por la autodefensa popular, escenificando experiencias muy valiosas, dignas de estudio,

·         9 mil policías para 12 millones habitantes, lo demás es bandas y tropas extranjeras manipuladas por EEUU.

·         Las costas haitianas, sin ninguna protección, favorecen el tráfico de armas, drogas, seres humanos y mercancías diversas.

·         El caos controlado se mantiene con la bendición EEUU., Israel, Francia y Canadá.

·         Profunda crisis ambiental y de agua, fuertes movimientos ambientalistas, combates contra la expansión de la minería del oro y las depredaciones de bosques y ríos.

·         Reducción sensible de las empresas de zona franca de 80 mil a 10 mil empleos

·         Nuevo Decreto Minero para liberalizar concesiones de exploración y explotación…

·         Esto, combinado con la ley minera colonial de RD y el propósito de reformarla para peor, atenta contra la vida de la isla.

·         Mafias civiles, empresariales y militares (dominicanas y haitianas) controlan el tráfico ilegal fronterizo en las narices del Comando Sur y de la inteligencia de EEUU e Israel. Eso forma parte de las fuentes del caos controlado por EEUU.

·         El Pentágono entiende la isla como un escenario militar único… y al RD le asigna el papel de plataforma logística de la actual ocupación de Haití, incluidos suministros de equipo militares por la vía terrestre y por los aeropuertos de San Isidro y Barahona.

·         Significativa desmovilización y desarticulación de las coordinaciones político-sociales. Uso de las bandas con esos fines e impacto negativo de la desarticulación del Grupo Montana y la dispersión del frente democrático-popular.

·         Permanencia de una amplia conciencia democrática, patriótica, anti-intervencionista y presencia activa de movimientos sociales y organizaciones populares, junto a una parte de las izquierdas coordinadas.

·         Elecciones inciertas, sin bases organizativas, con escasas posibilidades de concurrencia, con presencia de las agresiones de las bandas terroristas.

·         Si logran realizar este año esos comicios, lo más posible es que no pasaría de ser un recurso diseñado para imponer un “muñeco” del agrado de EEUU.

La solidaridad insular de doble vía es urgente.

Enfrentar el racismo anti-haitiano aquí y las reacciones anti dominicanas allá, colaborar en todo lo que favorezca soberanía, ambiente sano y conquistas de derechos fundamentales en ambos territorios, es un deber insoslayable.

 Asumir las propuestas de la Federación insular de dos estados soberanos y la Confederación Antillana de Caribe insular como componente de la Patria Grande liberada, tiene un valor estratégico antiimperialista, invaluable.

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