Análisis Noticiosos
Aumentan los Peligros de Estar Vivo
Published
14 años agoon
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José CabralPor José Cabral
Día tras día los dominicanos sufren la consecuencia de tener una sociedad en la que sus principales perfiles la convierten en no viable, en un país prácticamente colapsado, donde sus principales puntos de referencias son realmente preocupantes.
Los atracos a mano armada, la violencia, el narcotráfico y el consumo de drogas, así como la delincuencia generalizada, constituyen partes del diario vivir de los dominicanos, es como algo consustancial a nuestra sociedad.
Pero los peligros que se viven en el país también tienen que ver con el tipo de alimentación de nuestro público, de nuestra gente, la cual es, sin lugar dudas, otra grave amenaza de diezmar la población, cuyos productos de la canasta familiar son elaborados, no para alimentar a seres humanos, sino a animales.
El consumo de una serie de productos mantiene a muchas personas, a miles y miles de personas, postradas en una cama, como resultado de los altos niveles de contaminación que contienen los mismos, en virtud de que son elaborados focalizados sólo en ganar dinero y nada más.
Hace algunos días que el escándalo fue con la mala calidad del salami que se fabrica en la República Dominicana, cuyo informe de ProConsumidor es realmente conmovedor, tétrico, sobre todo por el tipo de materia prima que usan los embutidores para la elaboración del mismo.
Posteriormente fue la llamada azúcar negra o crema, la cual está ligada con arena, lo que puede mandar a cualquier persona directo al quirófano por obstrucción intestinal, cuyas consecuencias podrían ser fatales.
Ahora la denuncia tiene que ver con que el arroz que se consume en el país, el cual contiene arsénico, lo que constituye un peligro para la salud, siempre y cuando la cantidad del mismo sea significativa, pese a que un organismo competente de los Estados Unidos dijo que el nivel de ese veneno no es una amenaza para el que lo consume, pero naturalmente se habla del cereal que se vende en la unión americana, no el nuestro.
Todavía no se ha hablado de que la mayoría de los productos agrícolas dominicanos, como vegetales y verduras, están contaminados con unos agroquímicos que están prohibidos en países donde hay una alta fiscalización sanitaria.
La fumigación de la mayoría de los productos agrícolas dominicanos con insecticidas desechados en los Estados Unidos y Europa es una de la causa principal de que miles y miles de dominicanos padezcan cirrosis hepática, popularmente conocida como hidropesía.
No son pocos los que están en la tumba por el consumo de unos alimentos contaminados, sin que el Estado Dominicano esté en capacidad de parar esta grave amenaza en contra de la población.
En la República Dominicana prácticamente todos los productos manufacturados en el país están ligados con ingredientes que ponen en peligro la salud, pero cuál institución oficial se atreve a realizar una investigación sería sobre el particular.
Sin lugar a dudas, que Pro Consumidor ha hecho denuncias muy valientes, pero los resultados han sido los de siempre, la continuación de la irregularidad, para cuya comprobación habría que determinar si las estaciones de gas de cocinar han renunciado a estafar a los dominicanos al vender una cantidad de un producto que no se corresponde con el precio cobrado.
El peligro de estar vivo en la República Dominicana cada día aumenta, porque sólo el que tiene vida está obligado a transitar por las calles del país y exponerse a un atraco y hasta perder la vida y si decide quedarse en la casa también necesita ingerir algún alimento, el cual generalmente está altamente contaminado, lo que también lo expone a perder la vida.
Es decir que desde cualquier perspectiva que se analice la problemática, la conclusión de siempre será que es un peligro estar vivo, porque donde quiera que se mueva se encuentra con un parásito, una bacteria, un virus o un ser humano ladrón que se interesa en lo suyo y para conseguirlo está dispuesto a llegar al extremo de arrebatarle la vida.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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6 días agoon
septiembre 11, 2026
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El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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2 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
Por Nelson Valdez
Hay momentos en que el cansancio de un pueblo se vuelve ira y la ira se desplaza como inteligencia. Es cuando dejamos de preguntarnos quién está preparado para gobernar y empezamos a pensar contra quién votar.
República Dominicana está en uno de esos momentos.
El fenómeno de Santiago Matías (Alofoke) no es solo el ascenso de un comunicador o empresario digital; es la manifestación sociológica de un electorado cansado de los partidos tradicionales, de promesas envejecidas y discursos vacíos. La política tradicional generó esta desconfianza. Primero buscamos al empresario, luego al outsider y ahora podemos estar buscando al espectáculo.
Pero el fracaso de la política tradicional no convierte automáticamente en estadista a quien triunfa en el entretenimiento.
El algoritmo premia la indignación, la controversia y la velocidad. El Estado funciona al revés: la inflación no baja por un video viral, la deuda no se administra con carisma ni la salud mejora por tener seguidores. Las redes premian la reacción; el Estado cobra la improvisación.
La antipolítica seduce diciendo: «Ellos te fallaron, nosotros somos distintos». ¿Pero distintos en qué? ¿Con qué equipo, programa o conocimiento de la administración pública? Gobernar es la parte aburrida de la política, pero es la única que importa cuando se apagan las cámaras.
El riesgo es convertir la decepción en un «voto de castigo»: «Como todos me fallaron, votaré por quien más daño les haga». Eso no es transformación, es desahogo. El voto es un instrumento demasiado poderoso para entregárselo a la ira.
Detrás de este fenómeno hay ciudadanos hartos que deben ser escuchados, pero la indignación debe ser el comienzo de una pregunta, no el final del razonamiento: ¿Qué propone? ¿Con quién? ¿Cómo?
No se trata de elegir entre política tradicional y espectáculo, sino de recuperar el criterio: no venerar al famoso por serlo ni condenar al político por serlo.
Antes nos engañaron con la promesa del cambio; ahora podrían seducirnos con la del castigo. La rabia es un pésimo combustible para gobernar. La próxima elección exige pensar.
#republicadominicana🇩🇴 #santiagomatias #alofoke @pr1ncematias
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