Por Elba García
La entrada del nuevo año advierte circunstancias políticas y económicas e incluso sociales de no muy buenos augurios para la nación, porque se proyecta una acentuación del endeudamiento económico y de posiciones ultraconservadoras del gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), en su afán de ser un aliado fiel de los planes expansionistas de Donald Trump, que podría complicar el ambiente local.
Por lo que se puede observar el gobierno ultraconservador de los Estados Unidos aumenta su cerco contra los países latinoamericanos, sobre todo de aquellos con políticas liberales y democráticas con el patrocinio de los aspirantes presidenciales latinoamericanos que promueven, sino el mismo comportamiento o visión, por lo menos que observan una cierta tolerancia con la forma de ver el poder del mandatario estadounidense.
Lo que le espera al país es una tendencia hacia posiciones ultraconservadoras que lesionan la imagen en la comunidad internacional de R.D. que ha tenido una visión moderada y, podría decirse, respetuosa del derecho a la autodeterminación de los pueblos, máxime de los colocados en el llamado tercer mundo.
El gobierno dominicano hizo su entrada en su política de poco respeto de los demás pueblos de su entorno hemisférico con su interés de promover una invasión armada en Haití, sin sopesar si ese paso es del agrado del ciudadano de la vecina nación.
Pero el asunto no se detiene ahí, sino que el gobierno dominicano acompaña al presidente Trump en sus travesuras de rechazar todas aquellas disidencias de países aliados con la imposición de aranceles y de intromisiones en los asuntos internos, incluidas en las elecciones para escoger sus autoridades nacionales con el auspicio de candidatos presidenciales con una concepción igual o parecida a la de Trump.
Los niveles de colonización económica, financiera, política y social toman cuerpo en el país con el agresivo endeudamiento externo que supera ya el 58 por ciento del Producto Interno Bruto, amén de un aumento preocupante de un neoliberalismo salvaje y de una corrupción que amenaza toda la vida nacional.
El año 2026 parece traer consigo también una profundización de una falta de legitimidad de los partidos políticos porque apuestan e insisten en un comportamiento que los deja muy mal parados frente a los diferentes sectores que conforman la vida nacional.
De antemano se sabe que la inclinación del gobierno dominicano por el conservadurismo y agresividad de Trump busca una cierta tolerancia con la conducta del mandatario estadounidense para evitar una persecución irracional en su contra en razón de que la economía de importación dominicana se sustenta en el mercado de la potencia del norte, además de haber razones de hegemonía política.
El gobierno de Luis Abinader es llevado cotidianamente a desarrollar políticas, sobre todo exterior, que no han sido las que han caracterizado al país ni siquiera durante las administraciones ultraconservadores como las encabezadas por Joaquín Balaguer.
Este panorama no parece traer alguna posibilidad de que el manejo de la nación bajo ese criterio implique buenas nuevas para el dominicano que por lo menos ha sabido jugar mucho con una percepción que no tiene nada que ver con la realidad, pero que ha permitido sobrellevar la crisis institucional y de liderazgo que ha sufrido en los últimos lustros o décadas.
Sin embargo, el 2026, que ya hace su entrada, podría ser de grandes explosiones sociales cuando la deuda se vuelva insostenible y la inflación, esta última producto de factores muy variados, exploten e impacten severamente a las grandes mayorías nacionales como resultado también de una agudización de la deficiencia en los servicios sociales, principalmente de agua potable y de energía eléctrica.
Las turbulencias que se aproximan en el nuevo año no parecen que puedan ser resistidas o manejadas por la aeronave que sobrevuela la democracia nacional, la cual no tiene la fortaleza que demandan las circunstancias económicas, políticas y sociales y que podrían impactar muy negativamente a la Republica Dominicana.