Opinión
Cambios y micro/macropoderes (II)
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7 meses agoon
Por Oscar López Reyes
Los emergentes entablillados tecnológicos y culturales retumban en el núcleo de los sistemas planetarios, reconfigurando nuevos servicios, otros derechos, frescas relaciones de convivencia y mando, inéditas acciones colectivas, así como agentes y movimientos sociales glocales (globales y locales) de facturación que se plantan a miles de años luz de la época medieval. Estrictamente, en la Nueva Época han irrumpido micropoderes y macropoderes, que han desplazado a estamentos jerárquicos heredados de la sociedad industrial moderna.
La tecnología de la información y comunicación contemporánea ha traído la nueva época de la globalización, que conecta óptimamente con la ciudadanía, viabiliza su integración social, su preeminencia transformadora y su empoderamiento, como la Marcha Verde contra la Corrupción, las Sombrillas Amarillas por el 4% del presupuesto nacional para la educación y la rendición de cuentas para la transparencia, en una diversificación individualizada que apareja una reconstrucción de la memoria colectiva y nuevas teorías del poder.
Esos nuevos escenarios y redes para el cambio social vamos a segmentarlos en 10 puntales:
1.- La explotación tecnológica. Las corporaciones transnacionales, especialmente “Las siete magníficas”, han devenido en el más vigoroso poder geoestratégico universal, junto a las infraestructuras militares de las superpotencias. Las compañías especializadas en software, internet y hardware moldean a los pobladores, alteran los mercados, manipulan informaciones y erosionan la jurisdicción de gobiernos, en tanto que -en el monitoreo de la Inteligencia Artificial y el silente algoritmo con más garras devastadoras que el uranio- las arquitecturas castrenses apuestan por la supremacía militar en una escalada bélica sin límites.
2.- Los nuevos micropoderes (influencer, community manager, creador de contenido, streamings, como los gamers, y otros miembros de las redes sociales o Quinto Poder, facilitan un acceso rápido y diverso a noticias, dan voz colectiva, activan los movimientos sociales en Internet (ciberactivismo) y proporcionan herramientas poderosas para construir un contrapoder comunitario. Otros micropoderes (líder asociativo, jefe del hogar, profesor, experto, médico, funcionario, policía de tránsito y bibliotecario) también motorizan el aprendizaje cooperativo y la convivencia socio-educativa.
3.- Influencia de empresarios. De impasibles en el pasado han pasado a ser actores activos en certámenes electorales y en la administración pública, en un prevalecido corporativismo político, con mayor influjo en la vida pública y en negocios del “gobierno plutocrático”.
4.- Instituciones financieras globales. Con préstamos transfronterizos e intervencionismo, sus costos, tasas de interés, comisiones y cobros, el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades intergubernamentales renuevan sus facultades, reducen el accionar del Estado-Nación y fomentan la interdependencia supranacional.
5.- Las mujeres y los jóvenes. El empoderamiento y la creciente ascendencia y liderazgo de las mujeres -jefas de Estado y gobiernos, legisladoras y presidentas de instancias sociales- se ha transformado en un nuevo control en el progreso de la igualdad de género. Similarmente, los jóvenes representan un novedoso mando, por su adaptabilidad a las nuevas ideas, tendencias y tecnologías, y su participación dinámica en proyectos que impulsan cambios sociales.
6.- La sociedad civil o Tercer Sector (Ong,s). Con asistencia social y humanitaria a marginados inciden protagónicamente en la gobernanza multinivel.
7.- Nuevas juntas de vecinos. Se registra una mayor integración a la comunidad, para empujar en la solución de problemas comunitarios, entre ellos consejos para la inclusión de grupos vulnerables, para el acceso a oportunidades y apoyo en los servicios básicos: alimentos, medicamentos, vivienda, educación y empleo.
8.- Crecimiento de las cooperativas. Colectivos laborales adquieren, en condiciones más óptimas, bienes y servicios, en unidades organizativas de propiedad compartida.
9.- Asociaciones de servidores públicos. Promueven la protección de los derechos laborales y abogan por beneficios socio-económicos para los empleados estatales.
10.- Entidades de medio ambiente. Procuran la implementación de proyectos para la restauración, preservación, protección y sostenibilidad del suelo, el agua y el aire.
Si nos fundamentamos en la lógica de los contextos argumentativos sobre la innovación y la productividad en la era de la digitalización y la globalización, las personas y las instituciones están compelidas a ser repensadas, articuladas en las redes tecnológicas y en el uso de la conectividad relacional y horizontal, para la gobernanza abierta y activa en las esferas vecinales/comunales y nacionales, el nuevo pacto de la construcción comunitaria y la recuperación de la supervivencia.
En ese lineamiento se impone como tendencia dominante la participación ciudadana para incidir en la toma de decisiones de la gestión de los recursos estatales, bajo el criterio del activismo voluntario y la responsabilidad cívica: las consultas a los residentes, discusiones y aprobaciones colectivas del presupuesto de los gobiernos locales, la creación de grupos de apoyo en auxilio de personas vulnerables y los comités, juntas, consejos y jurados de pobladores, para fomentar los vínculos solidarios en la mira de resolver conflictos y apuros, para un vivir preferible y aventajado.
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El autor: Periodista, escritor y catedrático.
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Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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6 días agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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6 días agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
