Opinión
Cantan fascismo y enrarecen el 2024
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4 años agoon
Sucede con el Congreso Nacional, la Policía Nacional, DNCD, DNI, Sistema de Justicia, Fuerzas de Defensa y sus respectivos Ministerios.
Por Narciso Isa Conde
El Trío fue completado con Abel para ampliar el dúo Abinader-Leonel y tratar de oscurecer aún más la ruta 24.
Uno quiere seguir y dos quieren volver.
Los tres, al rodar, cantan racismo, machismo y conservadurismo a granel, en diferentes tonos; con gran dosis de xenofobia disfrazada de patriotismo.
Es una «moda» mundial de un capital en descomposición. Una «moda» para prolongar su enfermedad.
En EEUU y Europa el tono coral sube sin cesar, retumba por todos los confines del planeta; y en Nuestra América los hay que no quieren quedarse atrás, entre ellos Abel, Leonel y Abinader.
Haití, república negra, heroica y vilmente empobrecida por el poder imperial, le sirve de “banquito de picar carne” y “saquito de echar motas”, como decían las abuelas.
Muchas falacias los alimentan: la migración calificada de “invasión”, el trabajo sobre explotado estigmatizado como “carga”, la invasión imperialista para supuestamente “combatir las bandas armadas” que el propio imperio creó, centenares de miles de inmigrantes abultados en “millones”…
· MERCADOLOGÍA EN ACCIÓN
Abel es el que canta más duro, quizás por estar todavía más lejos del gobierno y con más pedregones podridos tirados en la ruta de su partido.
A los tres, los mercadólogos y asesores de imágenes los han convencido de que la fuente de la victoria reside en esa mezcla abigarrada de anti-haitianismo racista, ecocidio minero, recolonización neoliberal endurecida, machismo, impugnación de las Tres Causales, homofobia, fundamentalismo religioso, Comando Sur, poder mediático y apoyo gringo y oligárquico.
Los tres con mucho “cuartos” y recursos ajenos en sus cajas fuertes para una campaña electoral anticipada, ilegal y desbordante: dinero y poder de Estado y empresarial, una opción; y mucho dinero robado, las otras dos.
Eso nutre un neofascismo al estilo caribeño.
· DETERMINACIÓN SISTÉMICA A CUALQUIER COSTO
Las fuerzas que dominan el viciado sistema de dominación y sus mecanismos electorales, altamente privatizados, están pues decididas a enrarecer y contaminar de neofascismo el episodio electoral del 2024.
ABINADER-PRM harán diabluras “postmodernas” y antiguas desde el Estado y desde su Poder Empresarial para reelegirse; y los PLD, el morado y el verde – bajo control de mafias políticas esencialmente impunes todavía- para tratar de volver.
Pero lo peor –y en esto hay que insistir- es que el guión de ese episodio se redacta con tinta racista anti-haitiana, xenofóbica, homofóbica, adulto-céntrica, patriarcal-machista, fundamentalista-religiosa y servilmente pro-colonial; nutriendo así una modalidad caribeña del neofascismo mundialmente en boga, en el marco global de un capitalismo en decadencia pero todavía agresivamente dominante.
Ese capítulo está recibiendo ahora más energía de ese pernicioso triángulo electoral, representado por esas tres candidaturas presidenciales y conglomerados partidistas convertidos a fuerza de caras duras en empresas multimillonarias- Abinader-VIcini-PRM /Abel-PLD / Leonel-FP.
Los tres, con su carga de partidocracia corrupta, empresariado voraz e inescrupuloso, generalato delincuente, neoliberalismo recolonizador, racismo anti-haitiano y nacientes maquinarias para-militares o para-policiales… (llámense ANTIGUAS, VIEJAS O NUEVAS ÓRDENES DOMINICANAS) -compitiendo por el campeonato en ese lodazal- están decididos a teñir de neo-fascismo el ejercicio político dominante, el gobierno y Estado.
· SIMULACIONES DE LA TRIPLETA
Todo esto se impulsa revestido de múltiples simulaciones, entre ellas las supuestas preocupaciones de las tres partes y de sus socios menores en múltiples suciedades, por el auge de la delincuencia “no oficial” o delincuencia “común”.
Pero acontece que el Estado dominicano, sus gobiernos y sus instituciones hacen añales están infectados de delincuencia e integrados por mafias políticas, policiales, militares y empresariales, narco-mafias incluidas; todas protegidas por una larga impunidad.
Eso es estructural, sistémico.
La Constitución del 2010, las instituciones derivadas, el sistema jurídico-político y de partidos anexos, están conformados para dar esos productos gubernamentales-estatales
Las entidades encargadas de fiscalizar, prevenir, enfrentar, perseguir y erradicar delitos son las más penetradas o asociadas a diversas modalidades de delincuencia; oficiales y no oficiales, comunes o gubernamentales.
Sucede con el Congreso Nacional, la Policía Nacional, DNCD, DNI, Sistema de Justicia, Fuerzas de Defensa y sus respectivos Ministerios.
Presidentes y jefes de esas entidades o son cómplices, protectores o socios de esas mafias; o, en otros casos, están cercados por ellas y muestran impotencia para enfrentarlas; salvo escasas actitudes tipo Miriam Germán y demás casos particulares.
· CAMBIARLO TODO
Esto pasó ayer y pasa hoy a nivel de gobiernos y Estado, luego de los excepcionales ejemplos éticos de los efímeros Gobiernos de Bosch y Caamaño; seguidos de procesos en que corruptela y crímenes de Estado y comunes, no cesan de crecer bajo tutela imperialista y oligárquica.
A Chu Vásquez, al General Then y a su presidente Abinader, solo le queda bravuconear y allantar. Hacer bulto.
A los ex Presidentes delincuentes, Danilo y Leonel, y sus respectivas mafias peledianas y asociadas, no le luce la pose de abanderados del accionar anti-delincuencia.
Es ridículo: una delincuencia, ni es mejor que la otra, ni está en capacidad de acabar con la otra.
El mal hay que arrancarlo de raíz, sacando a todos del poder y cambiándolo todo.
Y como las vías institucionales están infectadas, incluso gangrenadas; como no hay ni siquiera democracia electoral, solo el pueblo movilizado, ejerciendo democracia de calle en actitud de impulsar un PROCESO CONSTITUYENTE SOBERANO, puede erigirse en poder paralelo para detener esa ruta macabra, refundar el Estado, iniciar las transformaciones y construir lo nuevo.
Por Rommel Santos Diaz
A fin de garantizar el desarrollo de sus actividades, determinados funcionarios estatales gozan de una prerrogativa por medio de la cual no puede ser sometido a un proceso penal si previamente el Congreso, u otra instancia no otorga su autorización.
La inmunidad, como lo ha señalado la doctrina, es una institución que fue establecida con un objetivo concreto, cual es el de poner freno a las intenciones políticas de interrumpir el normal desarrollo de las actividades de una importante autoridad pública.
De acuerdo al Estatuto de Roma, esta prerrogativa de los altos funcionarios no constituye un impedimento para que pueda juzgarse a estas personas. Así lo establece el Art. 27 del Estatuto de Roma.
El artículo 27 del Estatuto de Roma establece que el mismo será aplicable por igual a todos sin distinción alguna basada en el cargo oficial.
En particular el cargo oficial, el cargo oficial de una persona, sea Jefe de Estado o de Gobierno , miembro de un gobierno, en ningún caso la eximirá de responsabilidad penal ni constituirá per se motivo para reducir la pena.
Las inmunidades y las normas de procedimiento especiales que conlleven el cargo oficial de una persona, con arreglo al derecho interno o al derecho internacional, no obstan para que la Corte Penal Internacional ejerza su competencia sobre ella.
La prerrogativa de la inmunidad se encuentra prevista en algunos casos en las normas constitucionales o en las leyes. En este último caso, cualquier posible contradicción con el Estatuto de Roma puede solucionarse con la reforma de la legislación respectiva.
Sin embargo, cuando la inmunidad se encuentra prevista en la constitución el asunto se complica, ya que por su naturaleza , es una norma que exige para su modificación un proceso más rígido.
Opinión
Treinta años de leyes. Casi dos generaciones esperando.
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8 horas agoon
septiembre 16, 2026Dr. Isaías Ramos
Durante casi treinta años, la República Dominicana ha recibido una advertencia tras otra sobre la calidad de su educación y la formación de sus ciudadanos.
Han cambiado gobiernos, programas, funcionarios y discursos.
Lo que demasiado poco ha cambiado son los resultados.
Cada vez que llega una nueva evaluación repetimos el mismo ritual: alarma, titulares, explicaciones, promesas. Después pasa la noticia y continuamos.
Así llevamos demasiado tiempo.
La Ley General de Educación 66-97 definió con extraordinaria claridad el ciudadano que debía formar la escuela dominicana.
Su artículo 5 ordena formar personas libres, críticas y creativas; ciudadanos amantes de su familia y de su patria, conscientes de sus deberes, derechos y libertades, con profundo sentido de responsabilidad y respeto a la dignidad humana. También manda fortalecer la identidad nacional y educar en valores morales y éticos, solidaridad, trabajo productivo y servicio comunitario.
Desde 2010, la Constitución reforzó ese mandato: formación social y cívica, enseñanza constitucional, valores patrios y ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes.
El mandato nunca faltó.
Después llegaron las advertencias.
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, ha mostrado reiteradamente graves dificultades de nuestros jóvenes para comprender, razonar y aplicar conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias.
El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana, ICCS, reveló profundas debilidades en conocimientos y competencias cívicas.
Nuestras propias Pruebas Nacionales también han mostrado desempeños modestos al concluir la secundaria.
Y la Encuesta de Cultura Democrática volvió a encender alarmas sobre dimensiones esenciales de nuestra cultura ciudadana.
No fueron hechos aislados.
Fueron advertencias acumuladas durante años.
Es justo reconocer avances. Entre PISA 2018 y 2022 el país mejoró significativamente en matemáticas, lectura y ciencias. Pero en 2025 esos avances no continuaron: los resultados fueron estadísticamente similares a los de 2022.
Después de mejorar, nos estancamos.
Y ahí surge la pregunta que la nación merece responder:
¿cómo es posible que, después de tantos diagnósticos, no hayamos tenido la voluntad política, la determinación institucional y la continuidad necesarias para implementar plenamente los fines educativos que nosotros mismos convertimos en ley y mandato constitucional?
No faltaron normas.
No faltaron pruebas.
No faltaron diagnósticos.
Faltaron voluntad política, determinación institucional y continuidad para convertir la educación y la formación ciudadana en una verdadera causa nacional.
Y eso tiene un costo humano.
Ya no hablamos solamente de porcentajes y rankings.
Hablamos de casi dos generaciones de dominicanos que atravesaron el sistema mientras sabíamos que no estábamos formando las competencias académicas y ciudadanas que necesitaban para dirigir sus vidas y, algún día, conducir la República.
¿Quién responde por ellos?
¿Dónde está el gran programa nacional para recuperar y fortalecer a quienes ya salieron de las aulas con brechas académicas y cívicas que el propio sistema había identificado?
En 2025, el Consejo Nacional de Educación aprobó la Ordenanza 02-2025 para incorporar explícitamente la Educación Moral, Cívica y Ética Ciudadana. Hoy vuelve a discutirse legislativamente la obligatoriedad de esa formación.
Bienvenidas sean esas iniciativas.
Pero debemos hacernos una pregunta más profunda:
¿cuántas veces tendremos que escribir la misma obligación antes de convertirla en conducta?
Porque el verdadero problema dominicano no parece ser la ausencia de normas, sino la distancia entre lo que proclamamos y lo que cumplimos.
Ahí la calle compite contra el aula.
Le enseñamos al niño a respetar la ley, pero observa que violarla puede no tener consecuencias.
Le hablamos de mérito mientras contempla favoritismo.
Le exigimos puntualidad mientras normalizamos la impuntualidad.
Le hablamos de responsabilidad mientras ve autoridades incumplir sus propias reglas.
Y debemos comprender algo esencial:
cada autoridad también educa.
Cuando quien ejerce poder incumple una norma sin consecuencias, está impartiendo una clase de educación cívica en sentido contrario.
Por eso no necesitamos simplemente otra asignatura.
Necesitamos una Revolución Cívica que abarque escuela, familia, iglesias, comunidad, empresa y Estado; que alcance también a quienes ya dejaron las aulas; que convierta el cumplimiento en hábito, el mérito en estímulo, el buen ejemplo en norma y la responsabilidad en valor nacional.
No se trata de buscar culpables eternos.
Se trata de asumir una responsabilidad histórica y corregir el rumbo.
Porque ninguna Constitución puede proteger una República cuyos ciudadanos aprenden a ignorarla.
Casi dos generaciones han atravesado ya este proceso.
Y serán esas mismas generaciones las que, tarde o temprano, recibirán la conducción del país.
Todavía estamos a tiempo de cambiar la enseñanza.
Pero el tiempo no es infinito.
La pregunta que debemos responder como nación es ésta:
¿seguiremos administrando el deterioro, o tendremos finalmente el carácter, la voluntad, la determinación y la fidelidad a nuestra Constitución necesarios para formar ciudadanos capaces de construir, respetar y defender la República que prometimos ser?
Por Oscar López Reyes
Demetrio, Higinio y Marcelo, exfuncionarios estatales imbuidos de un hinchado poder político, no prestaron oídos del precavido refrán: “A chica boca, chica sopa” y, cual volcán, cada uno por su lado se arrojó -como si tuvieran en misiones espaciales en diferentes temporadas y universos cósmicos- a hostigar y a perseguir a un periodista respetuoso y cumplidor. La maledicencia, agazapada en villanías, les hizo olvidar que para participar en foros había que tener los bozos limpios.
Ninguno de los tres judicializables estuvo en la mirilla del tranquilo Gael Otero, a quien jamás dejaron de incordiarlo inmisericordemente, sin motivo aparente. Empero, sin este reportero/articulista buscarlos, en sus manos se posaron -como si fueran enviados por un molesto extraterrestre- datos incriminatorios sobre sus acosadores, que lo dejaron perplejo. ¿Cuál fue su reacción?
Los hechos y personajes a ser descritos son reales, ocurridos en Santo Domingo, República Dominicana, en años recientes, aunque sus protagonistas pudieran llamarse Piernavieja (abogado), Pieldelobo (administrador de empresas) y Viejobueno (ingeniero). Sus verdaderos patronímicos son Demetrio Gabilondo, Higinio Quintana y Marcelo Mosquera, el trío diabólico que, visiblemente con el sistema límbico y el tronco encefálico dislocados, asediaron y se pusieron a la caza de Gael, como si fuera un ladrón. ”El cazador cazado”, ¡qué ironía!
Primero. Demetrio: en el examen de tesis de grado, un miembro del jurado al estudiante de periodismo Gael le asignó 98 y otro 95, que ponderaron la metodología en el abordaje, la capacidad investigativa y el pensamiento crítico. El tercer juez docente, Demetrio, emitió su veredicto sin consultar a sus dos colegas: un 40. Cuando el ya graduado aspiró a ser maestro, en un examen le colocó un 0 y en el año que presentó un proyecto para crear una unidad académica en la universidad estatal, lo boicoteó, a la clara. Posteriormente, este abogado lo importunaba en reuniones de las lides gremiales. ¿Y por qué…?, se preguntaba Gael.
Sorpresa: Un domingo en la mañana, mientras Gael chequeaba su agenda en la redacción del periódico Hoy, su director Virgilio Alcántara le entregó un documento que había recibido, con acusaciones comprometedoras contra Demetrio. Le instruyó enfáticamente para que profundizara en la investigación. Si no inquirí estos papeles, si este caballero me ha pisoteado insistentemente -reflexionó Gael- y ahora tengo esta encomienda del director del matutino, por qué no hacer mi trabajo y focalizar el tema con superficialidad.
La indagatoria duró más de una semana, y los hallazgos encontrados fueron demoledores. Escribió tres amplios reportajes y el director del rotativo los publicó en tres primeras páginas. El escándalo no pudo ser más vergonzoso, en el pico de la gravedad. El consejo directivo de la institución donde laboraba el jurista sesionó de emergencia, con el documento original y los reportajes en la mesa. La cancelación de Demetrio fue inevitable. ¡Vaya!
Marcelo: En los años 2018-19, a Gael pretendió trazarle pautas, sin ser su jefe; humillarlo e imponérsele, sin razón, en el organismo gubernamental en la cual ambos ofrecían sus servicios profesionales. Narcisista indecoroso y arrogante, Marcelo escudriñaba fallas en el accionar de Gael, para reportarlo ante la máxima autoridad. Cuando este difundía algún texto periodístico, lo separaba, subrayaba puntos específicos y lo llevaba al mando superior, su amigo de muchos años, con recomendaciones despiadadas. Jamás aceptó conciliación, aun comprobándose que incurría en irrefutables conflictos de intereses.
Asombro: Un colega y amigo del periodista Gael sintió estupor al enterarse del drama –a través de un tercero- y decidió rastrear las andanzas de Marcelo en la administración pública, así como sus actuales relaciones y comportamiento. Descubrió que como director administrativo-financiero hacía negocios con otras instituciones públicas. Siendo así, la única alternativa de la alta gerencia fue su despido. ¡Qué pena! ¿Acaso funge ahora con las mismas funciones en otra dependencia estatal?
Higinio: Después que, con el tráfico de influencia política, truculentamente este ingeniero se enriqueció con la adjudicación de contratos a sobreprecios –y con desvíos de fondos públicos desde un organismo público hacia una corporación en la cual era un testaferro- fuera del gobierno –¡Qué viva Odebrecht!- se dedica actualmente a querer socavar las imágenes de personas honradas, desde un digital en el cual se proclama, sin asearse los colmillos, “comunicador”. ¡Qué tupé!
Espanto: El legajo de documentos acumulados por indignados de organizaciones de interés social sirvió para instrumentar un expediente, depositado en la Procuraduría General de la República para que se añadiera a otro más grande divulgado públicamente, vinculada a la gestión 2012-1016. En una cama supercómoda, el imputado Higinio languidece, dando sus últimos suspiros, y pocos saben que fue por su doble osadía: sustraer, usurpar como “comunicador” y atacar para aparentar… ¡Desvergonzado!, ¿sí o no?
Demetrio, Higinio y Marcelo vituperaban a Gael sin conocer sus facultades divinas: cada vez que este emprendía un proyecto y otros hacían lo mismo, avanzaba con tanta prontitud que los paños y lienzos de sus competidores eran tirados en barrancos. Idénticamente, meses después de que un elocuente lo encaraba con alevosía, ese alevoso moría súbitamente, como aconteció con dos de los tres judicializables. El otro de similar estirpe quedó entrampado en la peor hoguera, porque sufre más que Juana de Arco.
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El autor: periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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13 de septiembre de 2026
