El proceso de vacunación tuvo una serie de tropiezos en el país en virtud del egoísmo y el individualismo de los países de economías muy desarrolladas que adquieren las vacunas sin pensar en los demás, pero ahora resulta que la dificultad tiene que ver con la carencia de un plan, de organización y de la disciplina que demanda la circunstancia.
Nadie puede negar que el Gobierno se ha empeñado en buscar las vacunas en los lugares donde se encuentren, no importa que recóndito sea, como por ejemplo China, pero su falta de organización y de disciplina lo daña, sino todo, por lo menos una buena parte del esfuerzo.
La primera alarma del desorden a que tiene acostumbrada las autoridades a la gente surgió de una fila en la Universidad Pedro Henrique Ureña (UNPHU), donde alguien decía por la vía telefónica que llevara a la mamá del diputado porque sería inmediatamente vacunada.
Iguales denuncias se han recibido desde el interior del país, donde alegadamente funcionarios electos, como diputados y senadores, ordenan apartar vacunas para sus familias y allegados, constituyéndose en un privilegio odioso y repugnante.
El desorden ha continuado con filas interminables en los lugares de inaculación, sin ninguna medida de prevención y con altas posibilidades de contaminación, además de la escasez o terminación de las vacunas con largas filas iniciadas en prácticamente horas de la madrugada.
En definitiva, un desorden mayúsculo, que podría constituir peor la medicina que la enfermedad, fruto de que el Gobierno da la impresión de no tener idea de lo que hace, lo cual genera críticas muy legitimas de los que buscan inmunizarse.
El proceso de vacunación parece quedarle muy grande a las autoridades, porque el desorden no podría ser mayor, lo cual además se convierte en un peligro para los que desesperadamente buscan inmunizarse para evitar ser víctimas de la enfermedad.
Este martes hubo lugares en los que se debió suspender el proceso de vacunación porque se acabaron las vacunas, lo cual creo grandes decepciones en personas enfermas que han decidirse vacunarse para salvar sus vidas.
La inmunización ya cubre una buena parte del país, principalmente en las principales ciudades del territorio nacional, donde ya muchas personas han sido vacunadas, pero que también ha estado presente el fantasma de la improvisación que es la principal carta de presentación del Gobierno del PRM y de su presidente Luis Abinader.
Las autoridades buscan quedar bien con el pueblo dominicano frente a los efectos mortales de la pandemia, pero su ADN las traiciona porque su falta de planes no es un problema cualquiera, sino que es algo consustancial a la conducta de los perremeístas.
Hay una famosa expresión que dice que no se le puede pedir peras al olmo y la misma cae como anillo al dedo con las actuales autoridades, lo cual provoca que cualquier acción que se emprenda se convierta en una incógnita que nadie sabe con exactitud cuál será el resultado.
La falta de planificación, la gestión individualista y su poco compromiso con la palabra empeñada le ha creado un sello al presente Gobierno que lo distancia de las aspiraciones del pueblo dominicano que ansía un país más organizado y responsable.
El ejemplo más contundente de su nivel de desorganización y falta de planes es el desastre creado con el proceso de vacunación que parece un invento de niños que juegan con fuego porque no tienen conciencia de la consecuencia que se puede derivar de la falta de prevención o planificación.