Opinión
Capitalismo ultra conservador en marcha y energías liberadoras en gestación
Published
3 años agoon
Por Narciso Isa Conde
Las reformas devienen en contra-reformas hasta convertirse en una contrarrevolución conservadora con fuertes tintes neofascistas e intensas dinámicas guerreristas.
En su decadencia, en el curso de su fase neoconservadora, el capitalismo imperialista apela a las ideologías que le precedieron a lo largo de las monarquías feudales, las cuales nunca logró enterrar a pesar de sus proclamas liberales y sus promesas de revolución democrática.
Retoma con nuevos bríos e ingeniosas modalidades el patriarcado.
Vuelve al caudillismo con fuertes tonos presidencialistas.
Empapa los Estado y el desarrollo de las ciencias de un alto grado de religiosidad y paso a paso manda al carajo el laicismo.
Tritura las promesas de libertad, igualdad y fraternidad.
Siembra racismo por doquier y enfrenta la libertad de emigrar con una alta dosis de supremacía blanca y xenofobia.
El adulto varón al interior de la clase capitalista y de la propiedad privada altamente concentrada se erige en el centro de la sociedad y se extiende a la familia y a toda la pirámide social.
La democracia liberal, además de coexistir con periodos de dictaduras militares, restricciones y fascismos desbordados, ha resultado un proyecto efímero al paso de los siglos.
La incontenible sed de ganancia, de expansión del capital y alienación de la sociedad humana prolonga el capitalismo occidental como combinación abigarrada de dominio clasista, machista, racista, adulto-céntrico, judeo-cristiano y ecocida.
· CONSECUENCIAS.
A escala mundial y en los diferentes escenarios nacionales-dependientes reina el dominio despótico de los monopolios sobre los mercados.
Prima la voracidad y el despojo para apropiarse de lo que carece para impulsar las nuevas revoluciones tecnológicas, aplicarla a la industria informática y prolongar su existencia dilapidadora hasta devenir en lumpen capitalismo y lumpen imperialismo
La impronta liberal del capitalismo emergente de los siglos xix y xx queda atrás.
La bestialidad de su acumulación originaria es ultra modernizada y reincorporada a su ejerció de Estados y corporaciones para contrarrestar la perdida de hegemonía y la prolongación de su decadente existencia.
Las promesas de paz y solidaridad apenas hacen de envoltura de una dominación militarista y una guerra global infinita. El capitalismo imperialista occidental se pentagoniza y la OTAN, con el PENTAGONO en sus entrañas y conectada a los grandes negocios del Complejo Militar-Industrial-Financiero, pasa a ser su brazo armado global.
Las reformas devienen en contra-reformas hasta convertirse en una contrarrevolución conservadora con fuertes tintes neofascistas e intensas dinámicas guerreristas.
Abundan sí los adornos, las poses y simulaciones.
· POSES Y REALIDADES.
En realidad, lo neoliberal es el camuflaje de lo neoconservador. De liberal tiene el disfraz: libre mercado, libre competencia, liberación de precios, y privatización de lo social y público como sinónimo de democracia económica y libertad… ¡Puras falacias!
El neoliberalismo es conservador y anti-democrático.
Es un nuevo periodo de la fase imperialista del capitalismo en que sus potencias estrangulan los mercados internos de su periferia dependiente e incluso de sus aliados con menos poder militar.
El poder supranacional desplaza los Estados nacionales.
La soberanía, o se torna fantasía, o sencillamente se expresa como rebeldía.
Los monopolios y oligopolios imponen los precios,
La gran propiedad subordina y manipula en mayor grado la mediana y la pequeña.
La exclusión social se multiplica, el egoísmo prima sobre la solidaridad, los servicios sociales se privatizan y todo se va mercantilizando; incluyendo política, partidos y elecciones.
La partidocracia termina usando en gran escala el Estado para hacerse ella misma clase capitalista, al tiempo que se asocia a los grandes grupos empresariales, para servirles y engordarlos.
Paso a paso la partidocracia se va transformando en plutocracia (poder del dinero), mientras los megas-capitalistas asaltan los cargos ejecutivos de los gobiernos, trascienden fronteras y conforman espacios de gobernanza mundial
Las desigualdades se tornan abismales. Gobierno, Estado y partidos se privatizan en sí mismos…
Crece el despotismo económico, social y político.
Se acelera la conversión de ciudadanos/as, electores/as. en clientela cuya dinámica no solo opera en las campañas electorales, sino que se ejerce y expande permanentemente desde un Estado privatizado y privatizador, generador de esas desigualdades y de un horrible proceso de empobrecimiento material y espiritual de gran parte de la sociedad humana y de su entorno natural.
Así del saqueo del patrimonio natural a base de onerosas facilidades, se pasa a la apropiación directa del mismo por el gran capital privado, transnacional y local, en dimensiones y vertientes inéditas: suelo, subsuelo y sobresuelo. Fuentes de agua, sol, brisa, bahías, ensenadas, playas vírgenes, montañas y áreas protegidas.
De ahí brotan los resorts al borde del mar, erosionando las playas.
Se privatizan puertos, aeropuertos, autovías, hidroeléctricas y acueductos.
Ni el agua, ni aire ni el sol quedan libre de la apropiación privada: se instala, campos de paneles solares y molinos para energía eólica privados, mientras el agua pasa a ser garantías de préstamos y grandes tesoros naturales convertidos en negocios a los compases avasallantes de la marcha de APPS, Fideicomisos y el predominio de la mentalidad empresarial capitalista en el manejo del Estado y la política.
Y como la civilización capitalista occidental está en crisis de decadencia, porque su poder dominante resulta altamente destructivo del planeta y de sus seres humanos, su dominación se sigue gansterizando y pentagonizando; y como además se amalgama con la supremacía blanca, con el patriarcado y con el dogma religioso, su dominación se torna más racista, machista, xenófobo, homófoba y criminal.
El capitalismo occidental bajo el mando de EEUU entra así al periodo ultra-conservador de su fase actual generada por una crisis múltiple y un declive incontenible desde su propia racionalidad, que no puede ser otra que la de la súper ganancia y la acumulación a costa de la existencia del planeta y de la humanidad.
Y la resistencia a esa fase su dominación, sensiblemente erosionada por las rebeldías de Estados y pueblos, por todo lo que emerge como diversidad anti-opresora, se torna más eficaz cuando la diversidad de las indignaciones tiende a confluir en un torrente transformador antiimperialista, anticapitalista, anti patriarcal, anti racista y eco-socialista.
Solo así la resistencia podría convertirse en ofensiva liberadora, con energías suficientes para hacer posible lo que ahora parece imposible.
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)
Published
7 días agoon
enero 4, 2026Por Rommel Santos Diaz
Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre 8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.
La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.
A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.
El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.
Finalmente, en la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una de ayuda y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.
rommelsantosdiaz@gmail.com
Por Nelson Encarnación
El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.
Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.
Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.
Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.
Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.
Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.
Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.
En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.
Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.
En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.
Por Isaías Ramos
Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.
Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.
No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.
La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.
La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.
Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.
Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.
Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.
La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.
Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.
Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.
Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.
¡Despierta RD!
