Opinión
Cartas desde Denver: los entresijos de la nostalgia
Published
13 años agoon
Por Franklin Gutiérrez
Desde la aparición del internet y de las herramientas que facilitan su uso y expansión, pocas personas escriben cartas formales. La misiva cuidadosamente elaborada ha sido sustituida por el mensaje de texto el cual, por la premura de su escritura, casi siempre resulta ser un documento malogrado ortográfica y semánticamente.
Sin embargo, Ligia Minaya, conocida por sus cuentos y novelas carentes de tabúes sexuales, desoye a quienes alientan la extinción del género epistolar y nos entrega un volumen compuesto por treinta cartas con temática plural, titulado Cartas desde Denver. Sus destinatarios son amigos, familiares, escritores, políticos y religiosos.
Eso sí, su primera advertencia es: “Estas cartas no tienen pretensiones literarias”, y lo reitera. Advertencia dual, digo yo. Primero, porque le sirve a la autora para embotar las flechas punzantes de los oficiantes de la crítica literaria y, segundo, porque me libera de la engorrosa y comprometedora tarea de adjudicarle valor literario a esta producción suya. Pero hay astucia en dicha advertencia, pues Ligia sabe muy bien que para desnudarse con propiedad ante el lector es fundamental despojar el lenguaje de cualquier vestimenta que lo enturbie, y situar las ideas en el tiempo y el espacio apropiado. Y ella logra ambas cosas satisfactoriamente
Además de lenguaje sencillo e ideas precisas, Carta desde Denver es, en el más extenso e intenso sentido del vocablo, una radiografía del desarraigo, de la soledad que estimula la memoria evocando el ayer y exacerbando la nostalgia. Es un epistolario donde confluyen la añoranza por la patria dejada atrás, el pasado irrecuperable y los conflictos existenciales propios del emigrante recién llegado a cualquier país.
Desde la primera carta la emisora describe la sociedad norteamericana como un monstruo desalmado y deshumanizado empeñado en arrebatarle una dominicanidad cuya erección le ha costado seis décadas de trabajo intenso y de entrega patriótica. La deshumanización señalada por Ligia Minaya en Cartas desde Denver es misma descrita en 1918 por su compatriota Manuel Florentino Cestero, en su obra Estados Unidos por dentro.
“Los gringos son sosos, desalmados y extraños. Si a ellos les interesa gozar la vida a plenitud tienen que dominicanizarse”, sentencia Ligia en algunas de sus cartas, Pero su propuesta es utópica. Los gringos jamás serán semejantes a los dominicanos, un espacio abismal lo separa del latino y del caribeño. Ellos no dilapidan el tiempo en abrazos efusivos, mucho menos tomándose un “pote de romo” en una esquina con una manada de amigos. No buscan excusas baladíes para un lunes o marte cualquiera inventar un sancocho o armar una partida de dominó debajo de un almendro, tampoco faltan al trabajo cuando llueve. De ahí que a muchos emigrantes les cueste tanto entenderlos y asimilarse a ellos.
¡Cuánta nostalgia y melancolía entrega Ligia en esas páginas! La ausencia de la figura paterna durante niñez, la bailarina folclórica que jamás pudo ser, la mendicidad de los personajes populares de su Moca natal y el canturreo mañanero de las pregoneras de frutas.“Todo ese sabor criollo se desvanece cuando los gringos convierten al emigrante en un número de seguro social”, dice compungida. Y es justa su queja, porque es frustrante para cualquier ser humano entregarse físicamente a un país extraño hasta volverse un escupitajo, cuando su alma y sus pensamientos siguen prendidos al terruño natal.
Ocasionalmente la remitente de Cartas desde Denver apunta sus dardos hacia los políticos dominicanos del pasado y del presente por faltarle temple para erradicar la deficiencia del sistema educativo, la mediocridad de los servicios de salud y el problema de la electrificación, males que descalabran y empobrecen a la sociedad dominicana.
Pero no todo es llanto y desacierto en Cartas desde Denver. Porque desde lejos, tanto Ligia como millares de paisanos suyos radicados en los Estados Unidos y otros puntos del planeta, pueden apreciar mejor los vaivenes dela Patria, convertirse en celosos vigilantes de los desaciertos de sus gobernantes, amar con mayor intensidad a sus seres queridos y dejar de mendigarle servicios básicos y buena calidad de vida a quienes han secuestrado a la República Dominicana, convirtiéndola en su propiedad privada.
Sin ánimo de contrariarla, Ligia es una mujer suertuda y agraciada. Imagínese, lector mío, a un emigrante económico llegado tres o cuatro décadas antes que ella, sin tarjeta verde, sin un lugar donde guarecerse, sin seres queridos prestos a mimarlo y pasearlo por museos y parques gringos, con grandes deudas por solventar en su país de origen y el resto de la familia esperando sus remesas. En fin, sin nada para echar hacia delante, ni nadie para empujarlo. Invito a Ligia, pues, a disfrutar a plenitud esa extensa vacaciones que en su edad otoñal le ha regalado la vida.
Por Rosario Espinal
El sistema de partidos dominicano, aunque maltratado por las luchas caudillistas, las divisiones y la incapacidad de los gobiernos para realizar las reformas necesarias, no ha colapsado. Esto hay que resaltarlo porque la probabilidad de un outsider se potencia cuando colapsa el sistema de partidos.
En una región y un mundo lleno de sorpresas, inestabilidad y polarizaciones políticas, la República Dominicana sobresale por su persistente estabilidad y el bajo nivel de polarización, aunque a veces los procesos electorales confundan y den la impresión de que se libra una batalla feroz.
Durante los últimos 60 años han gobernado cuatro partidos, y dos de ellos han emanado de divisiones del PRD: el PLD y el PRM.
La matriz partidaria original se fracturó: el Partido Reformista se consumió en divisiones y el PRD colapsó después que parió al PRM. Pero, aunque el sistema de partidos ha cambiado producto de las divisiones, se ha mantenido vigente y la clase política intacta. Hasta los vencidos encuentran cómo seguir usufructuando.
Por muchos años me han preguntado cuándo surgirá un outsider que dé al traste con la partidocracia; o sea, un candidato presidencial al margen de los principales partidos políticos.
Mi respuesta siempre ha sido (incluido este momento) que no veo condiciones propicias para el surgimiento de un outsider con posibilidades presidenciales.
Las razones para dar esta respuesta son las siguientes:
El sistema de partidos dominicano, aunque maltratado por las luchas caudillistas, las divisiones, y la incapacidad de los gobiernos para realizar reformas necesarias, no ha colapsado. Esto hay que resaltarlo porque la probabilidad de un outsider se potencia cuando colapsa el sistema de partidos.
Para el 2028, el PRM, la Fuerza del Pueblo y el PLD tienen candidatos disponibles, todos con arraigo en la sociedad dominicana, para impulsar una campaña exitosa. Así que, a pesar de que los partidos políticos tengan baja estima en la ciudadanía, y el porcentaje que dice no simpatizar por ninguno ha aumentado en los últimos años, por esos partidos se decantará muy probablemente la inmensa mayoría de los electores.
La economía dominicana experimenta problemas, agravados actualmente por el aumento del precio del petróleo, pero no crisis. Una crisis económica prolongada es uno de los factores claves que contribuye al colapso del sistema de partidos. Sin ella, los partidos del sistema tienden a sobrevivir.
El Estado clientelar-asistencial dominicano, ampliado en los últimos años, es un factor estabilizante de la política, a pesar de los riesgos económicos que acarrea cuando se conjuga con un gran déficit fiscal.
En el ámbito político, el Estado clientelar-asistencial permite incorporar como beneficiarios a un amplio segmento de la clase política (aun de la oposición), a empresarios, clase media y sectores populares. Es un factor esencial de protección e inclusión social.
Mientras ese Estado clientelar-asistencial pueda sostenerse sin crisis económica, difícilmente surja con éxito un outsider que en campaña prometa arrasar con todo al estilo Javier Milei, o con una campaña monotemática (criminalidad, por ejemplo) que reciba un cheque en blanco de la ciudadanía para erigirse en autócrata como Nayib Bukele.
La conjunción de los factores señalados ha permitido a la República Dominicana sortear los vaivenes de la política latinoamericana y mundial de las últimas décadas, manteniendo estabilidad política.
Por más odiados que sean los partidos políticos dominicanos, siguen generando las figuras que gobiernan el país y los votantes necesarios para elegirlos.
Por Nelson Encarnación
Este jueves, 16 de julio, se verificará el cambio de gestión en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), cuando el maestro Editrudis Beltrán entregue la Rectoría al nuevo incumbente, doctor Jorge Asjana, electo de manera convincente en los últimos comicios en la centenaria academia.
El rector saliente viene de una larga carrera docente que culmina con una administración rectoral libre de conflictos, lo cual significa mucho en la prestigiosa alma mater, donde hubo períodos caracterizados por turbulencias que trastornaron proyectos de dirección muy ambiciosos.
La universidad que entrega el maestro Editrudis ha tenido logros significativos que merecen ser destacados, consciente del impacto que tienen en beneficio de una población estudiantil que ya supera los 210,000 alumnos.
Y quiero detenerme en este dato, porque, si bien para algunos la masificación de la UASD es un hecho negativo, lo cierto es que la institución estatal es la única que ha mantenido su filosofía de puertas abiertas para acoger a los aspirantes a profesionales que no pueden pagarse una universidad privada.
En ese sentido—y sin mucha estridencia—la gestión que concluye, y con el apoyo del presidente Luis Abinader, logró que la universidad pasara de 18 localidades, a tener presencia en su ubicación natural que es el Distrito Nacional, las 31 provincias y cerca de 10 municipios.
Operan ya nuevas ciudades universitarias en modernos campus en Baní, Azua, Hato Mayor, Cotuí y Neiba, mientras la próxima será inaugurada en Santiago Rodríguez.
También merece una mención especial la política de apertura de liceos experimentales en Constanza, Jarabacoa, Moca, Guerra, Haina, Elías Piña, Santo Domingo Oeste, Baní y La Victoria.
Recordemos que, durante décadas, la UASD solo dispuso del bien ponderado liceo Amelia Ricart Calventi, por lo que esta expansión de la red de bachilleratos universitarios es un hecho trascendental en lo que concierne a crear en los estudiantes una cercanía temprana con su próxima alma mater.
Un área vital en la cual la UASD ha recibido permanentes críticas—pienso que no siempre con razón—es lo referente a la investigación científica.
En este aspecto tan relevante para el prestigio de la UASD, podemos citar el gran esfuerzo de la gestión del doctor Beltrán, que resultó en más de 300 artículos científicos publicados, más de 200 investigaciones activas y un liderazgo destacado en la obtención de proyectos Fondocyt.
Por Miguel Guerrero
Los avances de la tecnología y la ciencia han permitido llegar a la Luna y explorar lugares aun más recónditos del Universo. Estamos lejos, sin embargo, de poder encarar problemas tan dramáticos como satisfacer necesidades elementales de la población.
Gran parte de la humanidad no ha podido siquiera remediar el problema del hambre. Pero más que a una escasez de recursos, se ha debido a su mal empleo. Mientras se mantuvieron estáticos los índices de inversión en programas educativos y de desarrollo, el Tercer Mundo incrementó pavorosamente los gastos militares.
Las compras de armas en los años finales del siglo pasado de África y Asia sumaron más de 50,000 mil millones de dólares, dos veces al valor actual de esa divisa. Los árabes, con las mayores reservas monetarias debido a su potencial petrolero, figuraron en los primeros puestos. No obstante, África continúa entre las zonas más potencialmente expuestas al hambre y a la desnutrición. Millones de niños carecen allí de escuelas apropiadas, hospitales y alimentos, mientras modernos aviones Migs despegan y se exhiben en sus aeropuertos.
El mundo islámico tiene en su conjunto uno de los índices demográficos más bajos del mundo. Si se aplicara un estricto sentido de la justicia social, una distribución realmente equitativa de la propiedad agrícola, no habría allí problemas reales. Sin embargo, existe en la zona un bajo rendimiento agrícola, por la reducida inversión en programas de desarrollo agropecuario.
Otro ejemplo patético es la India. Con tasas altamente crónicas de muertes por inanición y desnutrición infantil y cientos de millones de personas que viven en condiciones infrahumanas, ese país ha desarrollado una política de rearme fabulosa. No obstante el impacto del alza del petróleo en su economía, el gobierno indio comprometió sumas extraordinarias en convertir a la nación en una potencia nuclear.
