Gaza, 30 mar.- Si el joven español Javier Atienza no hubiera trabajado en Afganistán no sabría aplicar la “cirugía de guerra” que hoy necesitan los palestinos de las protestas de Gaza: complejas fracturas de bala que fragmentan el hueso.
“No hay demasiados que hagamos cirugía reconstructiva, no es normal hacer frente a este tipo de fracturas en Europa, un traumatólogo europeo o un cirujano plástico se echa las manos a la cabeza con este tipo de pacientes”, valora en conversación con Efe este licenciado en la universidad de La Coruña, que hoy trabaja para Médicos Sin Fronteras (MSF).
La organización ha vaciado de pacientes el hospital del norte, Awda, donde Atienza está hoy en alerta para hacer frente a un posible aumento de heridos ante la manifestación masiva convocada junto a la frontera con Israel para conmemorar el primer aniversario de la Gran Marcha del Retorno, que pide el fin del bloqueo y la vuelta de los refugiados palestinos.
Según cifras de la oficina de asuntos humanitarios de la ONU (OCHA), 195 palestinos han muerto en las marchas, que también coincide con lo que los palestinos llaman Día de la Tierra, cuando seis civiles murieron en 1976 en una protesta por la confiscación por parte de Israel de tierras de propiedad palestina en Galilea.
Además, en este periodo han muerto otros 77 palestinos y dos israelíes en incidentes violentos y enfrentamientos.
Desde que comenzaran las movilizaciones el año pasado en Gaza, 6.500 manifestantes han recibido un disparo del Ejército de Israel, de los que 200 han pasado por las manos de Atienza, reclutado como parte del dispositivo activado por MSF para aliviar el alto coste médico, humano y económico que han supuesto.
“Si esto pasara en cualquier país occidental en el sistema público, con apoyo del privado, se derrumbaría. Son demasiados pacientes”, valora.
Atienza llegó en agosto desde Yemen, donde trabajó en la frontera con Arabia Saudí, en una guerra abierta: “no es comparable” a lo que ocurre en Palestina, aunque en el caso de los heridos “todos los conflictos se parecen”.
La mayor parte de las fracturas que trata son “conminutas”, es decir, que el impacto de bala hace que el hueso se fracture en dos o más fragmentos y los heridos suelen llegar con estos y los tendones expuestos, que “en un alto número se infectan”.
Ya en abril de 2018, MSF aseguró haber constatado “heridas de bala inusualmente graves y de consecuencias devastadoras”.
“A veces requieren clavos intramedulares, placas y tornillos, injerto óseo, transporte de hueso, y requiere de un quirófano mucho más avanzado y de materiales de los que de momento no disponemos”, ilustra sobre las limitaciones del sistema sanitario de la Franja.A estos profesionales, derivan después de la estabilización de emergencia, los casos más complicados, por lo que los pacientes de Atienza, la mayoría entre 12 y 25 años, han necesitado una media de entre cuatro y cinco intervenciones, “y algunos hasta quince operaciones”, en el seguimiento.
Pero este tipo de heridas tienen además un tiempo limitado de tratamiento, advierte, “porque no se puede dejar a un paciente toda la vida con un fijador”, y “dependiendo del tipo de fractura, está abocado a la amputación”, de la que se encarga el Ministerio de Sanidad palestino: 124 hasta ahora, 109 en sus piernas y 15 en brazos. 21 de los amputados eran menores.
“La situación en Gaza excede médica, financiera y humanamente a las posibilidades de las instituciones y organizaciones presentes en la Franja”, alerta la organización, que apunta a las consecuencias de más de una década de bloqueo israelí y a las autoridades palestinas atrapadas en el estancamiento político.
El riesgo actual es que “miles de personas queden abandonadas a su suerte entre dolores terribles, riesgo de amputaciones y futuras discapacidades”, avisa MSF sobre los que ya están heridos.
Lo que espera Atienza es que este sábado no sume muchos más y, aunque están preparados con un dispositivo especial, saben que un alto flujo puede desbordar la situación, ante la que “se reinventarán” y reaccionarán, porque “no les vas a mandar a casa”.
Texas, Estados Unidos.-“Atención: el río es una zona militarizada. Una regla de seguridad, de propiedad de defensa, que prohíbe la entrada por el río. Entrando por esta área constituye una violación de esta regla. Si cruzan el río, estarán entrando ilegalmente y seránenjuiciados”.
La advertencia irrumpe en el silencio del amanecer. Se transmite desde altavoces de alta potencia instalados en puntos estratégicos del Valle del Río Grande, en el sur de Texas. Su alcance es tal que puede escucharse desde territorio mexicano, a varios kilómetros de distancia.
El mensaje se repite cada minuto, sin parar. Su propósito es frenar a quienes intentan cruzar de manera irregular la frontera sur entre Estados Unidos y México.
Decenas de estos altavoces están distribuidos a lo largo de la zona fronteriza. Las autoridades los colocan en puntos considerados vulnerables o de alto flujo migratorio: desde áreas remotas, donde los migrantes avanzan a pie, hasta tramos estratégicos del río Bravo.
Es jueves. Son las 7:11 de la mañana en Granjeno, Texas. El sol aún no sale. Un grupo de periodistas latinoamericanos, acompañado por agentes migratorios, observa uno de estos altavoces durante un recorrido por la frontera sur.
“Por aquí cruzan muchos (migrantes)”, dice la oficial Susana González, especialista de la Oficina Asuntos Públicos de la Patrulla Fronteriza.
Frontera sur de Estados Unidos.Sauro Scalella/ LD
Los altavoces están instalados en torres verticales sobre pequeños remolques.
Además de emitir ese tipo de alertas, las torres también funcionan como sistemas de rescate. Con solo presionar un botón rojo, se activa una señal hacia la Patrulla Fronteriza, mientras una voz automatizada responde en 10 idiomas —entre ellos español, inglés, mandarín y portugués—: “Por favor, mantenga la calma. La ayuda está en camino. Es importante que no se vaya”.
En total, hay 79 torres desplegadas en el sector, según datos oficiales.
El sistema está diseñado para asistir a cualquier persona en peligro, especialmente migrantes que enfrentan situaciones críticas como la deshidratación. En lo que va de 2026, la Patrulla Fronteriza ha encontrado al menos 15 cuerpos a lo largo del valle, una cifra que ya supera la registrada en todo el año fiscal 2025, cuando se localizaron ocho.
El sector del Valle del Río Grande ha sido durante muchos años uno de los principales puntos de entrada para migrantes provenientes de Centroamericana y Sudamérica.
Hace apenas tres o cuatro años, la Patrulla Fronteriza detenía entre 2,000 y 3,000 personas al día en esta zona, explica Rod Kise, portavoz de la Oficina de Asuntos Públicos de la agencia federal en ese sector.
Hoy, el panorama es distinto.
Tras el endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump, el flujo ha disminuido drásticamente.
El muro que construye la gestión del presidente Donald Trump es más alto y robusto que los anterioressauro scalella/ld.
“Ahora estamos viendo entre 50 y 70 migrantes diarios”, señala Kise. “Desde que esta administración comenzó, los números han bajado considerablemente”.
Aun así, el Valle del Río Grande continúa siendo el sector con mayor número de detenciones. En lo que va del año fiscal, las autoridades han arrestado a 5,832 migrantes en esta área, según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). La mayoría proviene de México.
Entre ellos, también hay dominicanos: al menos 28 han sido detenidos en el año fiscal 2026 tras intentar cruzar ilegalmente las aguas del río Bravo, según Kise.
Los periodistas también recorren un tramo abierto en la ribera del río Bravo, justo debajo del puente internacional McAllen-Hidalgo, que conecta con Reynosa, en Tamaulipas, México.
El paisaje es rural: hierba alta, matorrales y un camino marcado que desemboca en el río por donde migrantes ya han cruzado irregularmente, según las autoridades. En el suelo quedan rastros de ese cruce silencioso.
“Podemos observar aquí un poco de basura. Lo que normalmente las personas cargan: agua, algún tipo de comida, sueros. Esta es basura que queda de toda la actividad (migratoria) que vemos aquí”, explica González, mientras ilumina el área con un foco.
Susana González, especialista de la Oficina Asuntos Públicos de la Patrulla Fronteriza.Sauro Scalella/LD.
Al otro lado de la orilla, ya en territorio mexicano, González señala que, aunque algunas personas aparentan estar pescando o simplemente pasando el rato, en muchos casos “están vigilando el movimiento” de los agentes para “informar si va a cruzar un grupo” de migrantes.
Quienes logran cruzar el río Bravo se enfrentan a otro desafío. Del otro lado les espera un terreno seco y difícil, lleno de plantas con espinas y animales salvajes como víboras, insectos, garrapatas e incluso ocelotes.
En medio de ese entorno, los agentes de la Patrulla Fronteriza buscan señales que indiquen por dónde han pasado los migrantes. González lo explica: “Nos enfocamos en las ramitas de los árboles. Si está rota en una dirección. Son detalles que son parte de nuestro entrenamiento y los vamos mejorando día a día”.
Las huellas también son importantes. Por la forma y lo recientes que se vean, los agentes pueden saber si alguien pasó por algún lado hace poco. Pero muchos migrantes intentan evitar ser detectados colocando cartón en la suela de sus zapatos, para no dejar marcas en el suelo.
El río, sin embargo, cuenta con sensores de movimiento y gran parte del valle está cubierto por cámaras de vigilancia que operan las 24 horas. A esto se suma un sistema de monitoreo constante.
“Desde el primer nivel contamos con sensores a lo largo del monte que mandan la señal (de movimiento). Otro nivel viene siendo el sistema de cámaras ubicadas (por ejemplo) en el puente. También tenemos las torres (de vigilancia). Y también contamos con asistencia de helicópteros”, detalla González.
A nivel general, en todas las zonas fronterizas, las autoridades estadounidenses han detenido 27,879 migrantes durante el presente año fiscal, de los cuales 18,900 son mexicanos.
La visita de los reporteros internacionales formó parte de un programa de cobertura sobre inmigración organizado por el Departamento de Estado estadounidense y la firma de periodismo Inquire First, que se extendió por una semana.
El Ejército de Israel dijo este domingo que lanzó durante la noche una nueva oleada de ataques «a gran escala» en Teherán contra instalaciones de producción de armas, cuarteles generales y una base militar de entrenamiento de soldados.
«Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) continúan intensificando su impacto operativo en los sistemas y capacidades militares del régimen», recoge el comunicado castrense.
El Ejército asegura que, entre las instalaciones atacadas, se encuentra una base militar iraní utilizada para el entrenamiento de soldados; una instalación de producción y almacenamiento de armas del Ministerio de Defensa y al menos un cuartel general del Ministerio de Inteligencia iraní.
Impacto de los ataques en Tel Aviv
En lo que va de domingo, Irán ha lanzado al menos siete oleadas de ataques con misiles que han afectado sobre todo el área metropolitana de Tel Aviv (centro del país), con la caída de fragmentos y munición de racimo en carreteras, un edificio residencial y un coche, confirmó el Ejército a EFE e informaron los equipos de emergencias.
Estos ataques han causado un herido moderado y otros 14 leves, según informó el Magen David Adom, el servicio de Emergencias de Israel (MDA).
Teherán, Irán.-El ejército de Irán amenazó el domingo con cerrar por completo el estratégico estrecho de Ormuz si el presidente estadounidense Donald Trump ataca las plantas eléctricas del país.
«Si se llevan a cabo las amenazas de Estados Unidos respecto a las plantas eléctricas de Irán (…) el estrecho de Ormuz quedará completamente cerrado y no volverá a abrirse hasta que nuestras plantas eléctricas destruidas hayan sido reconstruidas«, afirmó el mando operativo del ejército Jatam Al Anbiya en un comunicado difundido por la televisión estatal.
Irán prácticamente ya ha cerrado esta estratégica vía marítima, pero un número relativamente reducido de buques ha podido transitar por allí, alrededor de un 5% de su volumen previo a la guerra, según la empresa de análisis Kpler.