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Opinión

Colegio de Periodistas, anarquía destructiva

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Por Oscar López Reyes

(Manifiesto de 45 gremialistas)**

En las últimas décadas, el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) ha estado dando tumbos en la boca de la mendicidad asistencialista, el populismo demagógico y la negligencia gerencial, gravitando en el desfase frente al ecosistema mediático y en la estrechez del sectarismo de unos pocos que lo han colocado en la puerta del colapso definitivo.

Por esa vorágine en la cola de nubarrones exteriores, como la ampliación de los oligopolios mediáticos y la fractura de los valores humanísticos más auténticos, nuestra institución sigue enclavada en los estentóreos del pasado, alimentada por un vanguardismo grupal intransigente, que se resiste a la renovación gremial interna y la transformación académico/profesional.

Directivas van y directivas vienen, sin el reporte visible de solución a los acuciantes problemas que sacuden a los periodistas, en el péndulo de la autoalabanza por la realización de actividades comunes. Se parecen a los pacientes que se niegan a aceptar el diagnóstico de su grave enfermedad, lo que agrava su cuadro patológico.

La usurpación lacerante en el ejercicio profesional del periodismo, sin respuesta del CDP; la apatía y exigua integración de sus miembros, porque entienden que poco le aporta; el alargamiento de la corruptela mediática, la incapacidad para cobrar el impuesto del medio por ciento de la publicidad insertada en los instrumentos comunicativos, la carencia de propuestas para afrontar la crisis financiera y los retos estructurales en el sector, el incremento exponencial de la desinformación interesada en el chantaje para la extorsión y la obsolescencia del modelo gremial han desgastado peligrosamente la imagen del periodismo y la institución, en la pérdida de confianza.

Para muestra, ocho botones del retroceso del periodismo puro y el CDP, en la deriva de la creciente falta de transparencia y el ocultamiento de hechos graves:

1.- La aprobación irregular como miembros del CDP de personas sin título universitario en comunicación social, ni el aval de un ejercicio profesional probado y reconocido, lo que pone en entredicho su legalidad, por violación a la Ley 10-91 que creó al Colegio Dominicano de Periodistas (CDP). Acciones de esa naturaleza no sintonizan con la honestidad, y advierte que estamos en el umbral del derrumbe más rotundo.

2.- El alquiler de la tercera planta del edificio del CDP y el litigio judicial: Una vergüenza! En el 2013, el presidente del CDP suscribió el alquiler de ese espacio físico con una persona que en numerosas ocasiones ha sido sometido a la Justicia y encarcelado por estafa y falsificación. En el 2014, un grupo de periodistas lo sacó del local, y desde entonces trata – bajo presión y chantaje- de apoderarse del inmueble perteneciente al gremio de los periodistas. El 31 de julio de 2014, el sujeto logró una sentencia favorable en el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional para la devolución de la tercera planta y el pago de una astreinte de RD$700,000.00, que no ha podido ejecutar porque al CDP le adeuda más de RD$1,585,000.00 por retraso en el referido arrendamiento. Han sido evacuados nueve sentencias a favor del CDP y una favorable al citado demandante. El expediente ha rodado por unos 10 tribunales, y actualmente está en estado de fallo en la Corte de Apelación del Centro de los Héroes. ¡Fatalidad!

3.- La actual directiva del CDP asumió, en nombre de la institución, todos los términos de la propuesta Ley de Expresión y Medios Audiovisuales sin consultar a los ex presidentes de la institución, y menos socializarla con los directivos provinciales ni la membresía. La Asamblea General Ordinaria del 31 de mayo de 2025 aprobó que sean iniciadas jornadas regionales a los fines de su estudio más profundo por todas las instancias gremiales. ¿Será cumplida esa disposición?

4.- La actual directiva del CDP ha decidido presentar al Congreso Nacional una propuesta para la modificación de la Ley 10-91, sin agotar el anterior procedimiento. ¿Seguirá como el caballo con anteojeras?

5.- La actual directiva del CDP se ha mostrado incapaz, por debilidad en el liderazgo y la falta de carácter de sus dirigentes, de gestionar, ventilar y remediar una descarrilada confrontación entre periodistas de Santiago, por la administración del Club Recreativo de Santiago, que por difamación e injuria descansa en un tribunal de Justicia de esa ciudad.

6.- Que la actual directiva del CDP explique por qué áreas del parqueo de la Casa Nacional del Periodista se ha convertido en un almacén de vehículos variopintos del Poder Judicial, que restringe el estacionamiento de colegiados.

7.- Que la actual directiva del CDP exprese las razones para que fuera alquilada la azotea de la Casa Nacional del Periodista, donde fue instalada una antena empresarial, que no sabemos si provoca o no daños a los que se cobijan en ese edificio.

8.- Las quejas por discriminación en las solicitudes, en la capital, el interior y el exterior, y el deterioro de la imagen del CDP han demorado el proyecto de remodelación de la Casa Nacional del Periodista y la implementación del programa de pensiones para los periodistas.

Por los puntos señalados, con el predominio de las falencias en el ejercicio ético y la competencia profesional, los suscribientes proponemos:

1.- Emplazar a las autoridades del CDP a que divulguen masivamente un boletín explicativo sobre los ingresos irregulares en el padrón de membresía, y que los integrantes de la institución que se sientan lesionados que acudan a las instancias judiciales correspondientes.

2.- Que la directiva del CDP publique un informe pormenorizado, a la mayor brevedad y con amplia difusión, en torno a la sentencia contra la institución y el proceso judicial que envuelve a la Casa Nacional del Periodista.

3.- Que las autoridades del CDP emitan un boletín detallando los motivos para alquilar o facilitar los parqueos y la azotea.

4.- Que sea designada una comisión de alto nivel, cuyos integrantes no estén ligados a los movimientos internos del CDP, para mediar en el grave conflicto judicial que involucra a colegas de Santiago sobre el Club Recreativo de esa ciudad.

5.- Que sean desarrolladas las jornadas de socialización sobre la propuesta Ley de Expresión y Medios Audiovisuales, aprobadas en la Asamblea General Ordinaria del CDP del 31 de mayo de 2025, y que igual ocurra con la sugerida modificación de la Ley 10-91 que creó al CDP.

6.- Por el rescate del CDP. Instar a los movimientos que interactúan en el CDP, a que ponderen a la institución por encima de las apetencias personales, aúnen esfuerzos para consensuar un candidato a la presidencia de la institución para las elecciones del 29 de agosto de 2025, con idoneidad y entereza para contraponer y superar las malventuras, percances y deficiencias administrativas, así como las apuestas tecno-profesionales. Para no volver por los mismos fueros, indefectiblemente que el pacto por el que postulamos ha de ser reconocido por su ejercicio profesional y sus valores éticos, lo cual otorgará confianza, respeto y reconocimiento; que tenga pericia gerencial y dedique el tiempo requerido para cumplir sus funciones.

……………………………….

*Expresidente Colegio de Periodistas.

**Manifiesto del 26 de junio de 2025.

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Opinión

Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.

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Por Isaías Ramos

En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.

Son preguntas indispensables.

Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:

¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?

Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.

Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.

La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.

El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.

Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.

Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.

Solamente hemos reemplazado una pieza.

Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.

Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.

El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.

Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.

Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.

Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.

La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.

Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.

Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:

¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?

Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.

Por eso no basta preguntar quién cayó.

Debemos preguntar:

¿Qué estructura descubrimos?

¿Qué red desmantelamos?

¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?

Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.

Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.

Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.

Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.

Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.

Eso protege al ciudadano.

Y también protege al policía que actuó legítimamente.

Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.

Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.

Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.

Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.

Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.

Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.

El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.

Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.

La República Dominicana necesita autoridad.

Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.

Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.

Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.

Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.

Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.

Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.

Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.

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Opinión

Otra estafa, la Inteligencia Artificial (1 de 4)

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Por Oscar López Reyes
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.
Sí, dos estafas. La primera se patentiza en la global automatización planificada de las gigantes tecnológicas, y la segunda, la ciberdelincuencia, que procede de hábiles empíricos y hackers teñidos de mafiosos. Para vulnerar sistemas informáticos y leyes, estos piratas supervillanos se sumergen en dispositivos y navegadores, engendros primigenios de la devastadora revolución transhumanista y posthumanista.
Balanceando la beneficiencia (comunicación, salud, educación, economía, etc.) y la maleficiencia (ciberterrorismo, ciberrrobos, ciberacosos, armas biológicas, reducción laboral, deshumanización, agujero negro, etc.) de las tecnociencias digitales, científicos computacionales cuánticos y cognitivos, programadores, pensadores, filósofos y otros expertos se inclinan en señalar que los ciudadanos están siendo embaucados y colocados en una trampa por el algoritmo y la robótica.
Y con una asombrosa responsabilidad advierten que ese intelecto sintético o cibernético “aterroriza” y se delinea como “la mayor crisis existencial”, por “la pérdida del control de la civilización”, que entraña “un jaque mate a la civilización”, que avizora “un futuro impredecible”, que los ciudadanos no captan por el apabullante “bombo” de los predicadores de la IA.
Una de las personas más influyentes en Inteligencia Artificial, la lingüista de la Universidad de Washington Emily M. Bender, y la antigua investigadora científica de IA ética de Google, la socióloga Alex Hanna, impugnan “la implacable promoción de la IA por parte de las empresas tecnológicas para justificar el robo de datos, motivar la creación de herramientas de vigilancia en el puesto de trabajo y devaluar la creatividad humana”
Y plantean los “riesgos” de la IA,  que “amenazan nuestra existencia”, en tanto que “cuanta más gente esté preparada para identificar y resistirse a las nuevas promesas, menor y menos destructiva será la burbuja” (1), mientras que Mo Gawdat, exdirector ejecutivo de Google, señala que “los villanos funcionando con IA es tan inevitable como el desarrollo de la IA” (2), y Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, España, resalta “El afán imperialista de las ciencias triunfantes por negar la libertad” (3).
Reforcemos los lineamientos de estas advertencias y petitorios:
Un total de 86 desarrolladores de Inteligencia Artificial han acumulado una fortuna récord, y 45 cofundadores y ejecutivos de primera línea de compañías de esta tecnología se convirtieron en multimillonarios en apenas el último año. Y para 2026 se calcula en más de 11 billones de dólares los perjuicios por los delitos de la ciberdelincuencia, como los usos de la propiedad intelectual, el phishing (notificaciones falsas para sustraer datos), el Ransomware (software que interrumpe o cifra archivos y sistemas para exigir dinero para volver a permitir el acceso), estafas de inversión y fraudes con criptomonedas, impulsadas por IA.
Conforme firmas especializadas, como Cybersecurity Ventures, con su sede en Nueva York y que opera a escala mundial, si la ciberdelincuencia fuera una nación, sería la tercera economía más grande del globo terráqueo, superada apenas por Estados Unidos y China (4).
Corporaciones que implementan la IA apelan a sistemas, dispositivos y procesos de espigadas especializaciones y a la ingeniería civil ((manipulación psicológica), así como los ciberdelincuentes, para defraudar a empresas y consumidores. Las estafas sofisticadas son múltiples, y plasmemos 10 de ellas:
1.- Despojo de propiedad intelectual (Big Tech). Difundir, sin permiso ni remunerar a los autores, contenidos de libros, artículos periodísticos, software, códigos de programación, modelos de lenguaje, imágenes, música y otras obras de arte, así como para entrenar a recursos humanos de compañías tecnológicas. Están en marcha múltiples demandas judiciales por plagios de autores de obras posteadas en internet por empresas, que han tenido que pactar acuerdos millonarios con artífices de proyectos intelectuales y artísticos copiados y explotados.
2.- Afectación de la creación cultural. Redactores, ilustradores, fotógrafos y músicos que viven de sus producciones denuncian que las gigantes computacionales devalúan su trabajo, y que no informan a los autores ni a la sociedad el uso que dan a los contenidos ajenos. Cuando una máquina produce en segundos, y casi gratis, el trabajo humano pierde precio en el mercado.
3.- Exagerar el potencial de productos. Inflan las capacidades y el rendimiento de hardware para elevar el precio de sus acciones, atraer inversores y reclutar a ingenieros y científicos para que laboren en proyectos avanzados. Otras simulan la utilización de algoritmos, cuando en verdad operan con herramientas manuales tradicionales o software básico y, además, monopolizan el mercado.
4.- Estafas artificiales financieras. Esquemas de compañías de inteligencia virtual prometen jugosas rentabilidades, empleando presuntos algoritmos milagrosos y plataformas de Trading automatizadas capaces de predecir el mercado a la perfección, y para lo cual presentan gráficos y ganancias simuladas en pantallas controladas por los estafadores, pero el dinero real nunca se invierte. Asimismo, muestran vídeos y audios hiperrealistas sobre «oportunidades de inversión masivas», que aseguran beneficios sin riesgos y rápidos.
 5.- Bloquear el acceso a documentos (Ransomware). Obstaculizan matemáticamente o con software desactualizado ficheros de datos y servidores esenciales -paralizan operaciones comerciales- bajo la amenaza de publicarlos si no se materializa el pago, comúnmente aceptados en criptomonedas.
6.- Clonación de voz y video. Reproducir o imitar con gran precisión, empleando redes neuronales artificiales, la voz y la imagen de un pariente cercano o una persona famosa (deepfakes o ultrafalsos) para simular una emergencia y solicitar dinero. También se usa para destruir reputaciones.
 7.- Crear nueva identidad sintética. Concebir perfiles falsos, mezclando informaciones reales e inventadas por IA (incluidas fotografías), para aperturar cuentas bancarias o solicitar créditos ilegítimos. Se construye un historial, obtiene un crédito y un día la deuda desaparece y, aunque el golpe inicial recae en bancos y financieras, termina siendo pagado por todo el sistema con controles más estrictos y créditos más caros para clientes honestos.
 8.- Chatbots amables e impostores. Asistentes virtuales o robots conversacionales (chatbots impostores), que imitan a agentes de servicios de atención a clientes de bancos y empresas legítimas, sustraen contraseñas y claves bancarias, para robar dinero. Ningún banco serio pide claves por mensaje ni teléfono.
9.- Acceso telefónico no autorizado. Hackears de centrales telefónicas privadas o sistemas de Voz sobre IP (VoIP) carentes de seguridad efectúan llamadas internacionales para recibir una comisión del operador dueño de los teléfonos. La empresa agraviada se entera de la generación del tráfico cuando recibe costosas facturas de cobros.
10.- Engaños de soportes técnicos. Infractores que simulan ser empleados de compañías tecnológicas o mensajería contactan por ventanas emergentes, chats o redes sociales y números de teléfonos fraudulentos para hacer advertencias o alertas de que dispositivos de la empresa han sido afectados por un virus grave o serán víctimas de un bloqueo inminente. Entonces proponen instalar aplicaciones para controlar computadoras o celulares, con la espuria promesa de repararlos a remoto y hurtar datos y dinero.
Habitualmente, por chats grupales, entrevistas en pódcast, libros e instrumentos mediáticos se encomia y loa apasionadamente a los robots humanoides, a los buscadores de internet y a los que responden preguntas, como Chatbolts, pero no se detienen, ni por un instante, a interpretar informaciones, aprendizajes y el análisis de datos, y sus objetivos ocultos. No se detecta a los villanos y malvados.
La inteligencia artificial no inventó las estafas, aunque lo hizo más barata, más rápida y más creíble. Lo que antes de su aparición requería una banda organizada, hoy lo hace una sola persona con las herramientas adecuadas. La respuesta no es temerle a la tecnología, sino educarnos para usarla a sabiendas de cuándo la usan en contra de los ciudadanos y la sociedad.
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Citas bibliográficas:
1.- Bender, Emily M., y Hanna, Alex, en “La Estafa de la IA. Cómo combatir el espejismo de las grandes tecnológicas que amenaza tu trabajo y tu libertad”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, págs. 310, 246 y contraportada.
2.- Gawdat, Mo, “La inteligencia que asusta. El futuro de la inteligencia artificial y cómo podemos salvar nuestro mundo”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2024, pág. 104.
3.- Cortina, Adela, “¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2026, pág. 140.
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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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Opinión

La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados

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Por Rommel Santos Diaz

El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.

La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el  31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.

El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.

Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.

Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.

No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado  podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de  esos crímenes  por sus nacionales  o en su territorio¨.

El objetivo de la disposición indicada anteriormente  es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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