Opinión
Colegio periodístico, ¡Salvémoslo!
Published
1 mes agoon
Por Oscar López Reyes
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) ha estado galopando bajo un ruido ensordecedor, como aquel que se escucha cuando los vagones cruzan sobre los rieles de acero de un sistema ferroviario. Un nuevo presidente (2025-2027), el profesor Luis Pérez Novas, ha aceptado la apuesta de tirarse encima un pesado equipaje en un viaje que, para arribar a buen puerto, urge la eficiencia, la fiabilidad y la rentabilidad.
El CDP yace en la camilla del moribundo. Echarse a un lado en esta circunstancia, para que la locomotora de combustibles fósiles lo aplaste y triture, agravará todos los sistemas de señalización, un obstáculo rodante para vadear puentes y túneles. Al asumir el cargo, a los presidentes se les conceden 100 días para ver qué pasará por las estaciones. El buen juicio recomienda que coadyuvemos en el diseño de un enfoque holístico, para que haya una prueba de mutación o, por lo menos, una mejora tangible.
Tenemos que ayudar a superar los lastres pretéritos, que nos han estado socavando. Para finiquitarlos, se precisa conocerlos, y transitar sobre ellos en la autocrítica sin sectarismo grupal. Estos son ellos:
Primero: Apuro ético-moral
1.- Ausencia de educación ético-profesional y de sanción acogiéndose al Código de Ética.
2.- Pérdida de autoridad del CDP.
3.- Disminución del activismo gremial y la movilización socio-comunitaria y profesional.
Segundo: Incapacidad gerencial
1.- No ha sido lograda ninguna conquista de trascendencia en el CDP en últimas décadas.
2.- Mostrada incompetencia para cobrar el 0.5 de la publicidad insertada por los medios de comunicación.
3.- Incapacidad para dar seguimiento a viejos proyectos y poner en marcha otros, con base en la planificación estratégica.
Tercero: Ausencia de liderazgo motivador
1.- Postura conservadora e individualista de periodistas con vasta experiencia profesional y gerencial, porque rehúyen al sacrificio y a las injurias y desconsideraciones de colegas en la competición electoral.
2.- Permanencia de la misma cúpula en la dirección del CDP, que se exhibe anquilosada y desgastada.
3.- El tradicional liderazgo idealista y revolucionario ha sido diezmado por el cruce del tiempo y por su desaparición física, junto con la reducción del dinamismo socio-gremial. No ha emergido una robusta generación de jóvenes con un liderazgo carismático y transformacional, en virtud de que la inmensa mayoría de los egresados universitarios en comunicación social piensa primero en la faceta monetaria, orillada en el activismo de las redes sociales y el lenguaje de la viralidad. Este fenómeno refleja una desconexión del CDP con los nuevos valores de la comunicación.
Cuarto: Crisis de imagen y credibilidad
1.- Bajísima asistencia a actividades institucionales y a las votaciones electorales. En las elecciones celebradas el viernes 29 de agosto de 2025, apenas sufragó el 27% de la membresía del CDP.
2.- Imperceptible nivel de pago de las cuotas mensuales de los miembros del CDP.
3.- Un alto porcentaje de egresados de las escuelas de comunicación social no ingresa a la organización, señalando que no le aporta ningún beneficio, e integrantes de la vieja guardia solo recuerdan al CDP cuando sufren persecución, agresión o apresamiento, o para solicitar auxilio por enfermedad y pensión.
Cinco: Casa Nacional del Periodista
1.- Deterioro físico muy pronunciado de la Casa Nacional de Periodistas. Se cae a pedazos.
2.- El local ha sido hipotecado parcial e ilegalmente.
3.- Los miembros del CDP no se animan a celebrar cumpleaños, bodas ni otras actividades en sus instalaciones, porque no tiene una buena imagen de marca.
Respuestas con las valijas sobre los trenes de las vías férreas:
1.- Imperiosidad de renovación en el cambio intergeneracional, comenzando con la modificación de la Ley 10-91, que creó al Colegio Dominicano de Periodistas (CDP).
2.- Forjar y proyectar a una nueva generación gremial, con la renuncia aspiracional de la vieja cúpula.
3.- Lograr el ingreso al CDP del mayor número de egresados de las escuelas universitarias de comunicación social.
4.- Establecer una alianza con el sector empresarial mediático en todas las áreas.
5.- Dar apertura a una Escuela de Formación Gremial.
Juzgue usted…
………………………………
Autor: Expresidente Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP), del Tribunal Disciplinario (dos veces) y del Comité Ejecutivo del CDP.
Opinión
Trump ordena, Abinader se arrodilla y el Pentágono invade
Published
2 días agoon
diciembre 11, 2025Por Narciso Isa Conde
Santo Domingo.– Al aceptar la determinación de Trump y del Pentágono, de intervenir militarmente los aeropuertos de San Isidro y Las Américas, el espacio aéreo y aguas territoriales de nuestro país, para agredir militarmente a Venezuela y a otros países de la región, Luis Abinader ha cometido el delito de traición a la patria dominicana y la peligrosa afrenta de sumarse al plan de guerra e intervención de EE.UU. en esta región.
¿Qué implica la intervención militar en bases dominicanas?
La base militar de San Isidro es la más grande del país, concentra el mayor poder de fuego (aviación, cuerpo de paracaidistas, infantería y blindados) y pasa a ser intervenida por el Comando Sur del Pentágono.
No se había visto una cosa parecida luego de la intervención militar de abril de 1965: en los últimos 60 años la intervención militar de EE.UU. se mantuvo camuflada como «asesorías», «visitas», «ejercicios» y «operaciones» puntuales; pero ahora la intervención se asume directa, invasiva, indefinida y con tropas especializadas.
La Constitución vigente -a pesar de lo conservador, autoritario y neoliberal de su contenido- obliga a Abinader a rechazar cualquier agresión a nuestra soberanía y cualquier intervención en los asuntos internos de otros países.
¿Cuál es el contexto político y regional de esta acción?
En verdad, no se trató de un «acuerdo», sino de una orden de Trump y el Pentágono, fielmente cumplida por Abinader, en medio de un despliegue naval en el Caribe y áreas del Pacífico; apuntando contra Venezuela y Cuba, en primer lugar y sucesivamente.
Pero también contra los gobiernos de México y Colombia (Colombia ya invadida por 10 bases militares), sin descartar Nicaragua, ni a otros países que no se le dobleguen a un imperio furioso por su decadencia, empecinado en saquear petróleo, gas, minerales estratégicos, biodiversidad y fuentes de agua en Nuestra América.
El cartel mayor del Hemisferio Occidental es Wall Street y el mercado más grande es el Norte Revuelto y Brutal, mientras aquí abundan las narco-complicidades en altas instancias del Estado.
Este es un narco-estado y si no lo creen, examinen los largos años de impunidad de altos funcionarios civiles, militares y empresarios protectores de los capos Quirino, Figueroa Agosto, Toño Leña, Cesar El Abusador, Arturo del Tiempo, Nelson Solano, Miguel Gutiérrez, Miki López, Yamil Abreu y los capos del Cartel del Cibao, que primero financió al PLD y luego al PRM.
Examinen la narco-política del PRM y por qué las conexiones del narco con sus jefes políticos en funciones gubernamentales no se atacan ni se sancionan.
Opinión
Educación y carácter: deuda que RD no puede posponer
Published
2 días agoon
diciembre 11, 2025Por Isaías Ramos
Santiago nos golpeó con dos tragedias que el país no puede normalizar. Noelvin Jeremías Cabrera, de 14 años, murió tras un conflicto vinculado al entorno escolar luego de salir del Politécnico Simón Antonio Luciano Castillo; otro adolescente guarda prisión preventiva mientras se conoce el proceso.
Días después, Stephora Anne‑Mircie Joseph, de 11 años, falleció por ahogamiento durante una excursión escolar del Colegio Leonardo Da Vinci. Según informó el Ministerio Público, el caso se investiga como homicidio involuntario y se detuvo a cuatro personas, alegando presuntas fallas graves de supervisión y seguridad.
Estos episodios no son accidentes desconectados. Son síntomas de un deterioro profundo: en demasiados entornos escolares se ha debilitado la fuerza formativa, la autoridad moral y la coherencia institucional. Durante casi treinta años, la formación moral y cívica ha sido relegada y, al mismo tiempo, la disciplina ha sido malinterpretada como autoritarismo, dejando un vacío que hoy se expresa en conductas violentas, negligencia, irrespeto y una cultura escolar sin límites claros.
El Gobierno reaccionó anunciando una mesa interinstitucional “permanente” entre el Ministerio de Educación y la Procuraduría, enfocada en prevención, monitoreo y protocolos de actuación. Es un paso necesario. Pero debemos ser honestos: la República Dominicana está cansada de anuncios que no pasan de la rueda de prensa. La ciudadanía exige resultados medibles, responsables identificables y continuidad real. Lo que no se supervisa se pierde; lo que no se mide se diluye.
El problema de fondo excede cualquier mesa técnica. La Constitución es clara: el artículo 63, numeral 13, ordena como obligatoria en todas las escuelas —públicas y privadas— la formación social, cívica y ética, la enseñanza de la Constitución, los derechos fundamentales y la convivencia pacífica. La Ley 66‑97 insiste en principios como el respeto a la vida, la democracia, la solidaridad, la verdad y los valores que sostienen la dignidad humana. Sin embargo, entre la teoría legal y la práctica cotidiana hay un abismo que seguimos pagando con vidas jóvenes.
Hay, sin embargo, una señal alentadora: la Ordenanza 02‑2025 del Ministerio de Educación, que establece la implantación formal de la asignatura Educación Moral, Cívica y Ética Ciudadana en todos los niveles a partir del año escolar 2025‑2026. Es un avance importante, pero no será suficiente si no se acompaña de tres elementos indispensables: formación docente rigurosa, coherencia institucional y supervisión real. Una asignatura sin cultura institucional es como sembrar sin preparar la tierra.
En el Frente Cívico y Social entendemos que volver a educar el carácter implica recuperar la disciplina como virtud cívica, no como castigo. Disciplina significa dar estructura, sostener límites razonables y construir hábitos que fortalezcan la voluntad. Significa ser coherente —los adultos primero—, persistente —todos los días— y consistente —consecuencias claras, justas y previsibles—. La disciplina bien aplicada protege al alumno, dignifica la convivencia y devuelve a la escuela su papel como taller de ciudadanía.
Esta visión ha sido afirmada desde perspectivas distintas pero convergentes. Elena G. de White advirtió que la verdadera educación desarrolla la facultad de pensar y hacer, evitando que los jóvenes sean “simples reflectores del pensamiento de otros”. Y Camila Henríquez Ureña alertó contra reducir la educación a instrucción técnica, recordándonos que formar el ser es más decisivo que enseñar destrezas.
Hoy, en plena era de la inteligencia artificial, esta verdad es más urgente: la información se obtiene en segundos; el carácter se forma con esfuerzo cotidiano y con entornos que sostengan lo correcto cuando haya presión.
En medio de tanta preocupación, pude ver una señal de esperanza. Recientemente compartí con el personal docente y administrativo del Colegio Adventista Salvador Álvarez de Jababa, Moca: la escuela donde estudié de niño, fundada en 1925 y portadora de cien años de legado educativo y cristiano. Allí, en una actividad anual organizada por la familia Álvarez‑Piantini‑Schliemann, reafirmamos un compromiso: trabajar juntos para que este colegio rural se convierta en un referente nacional de educación integral y disciplina con propósito. En tiempos de crisis, los ejemplos valen más que los discursos.
Si queremos honrar a Noelvin y a Stephora, debemos transformar el duelo en acción verificable. Necesitamos un protocolo nacional obligatorio para excursiones escolares y actividades de riesgo, con auditoría anual y sanciones claras cuando se incumpla. Necesitamos indicadores públicos de convivencia —con estricta protección de identidad— y, más importante aún, que se publiquen de forma trimestral por distrito educativo: incidentes reportados, tiempos de respuesta, medidas aplicadas y avances en prevención. Y necesitamos la ejecución seria, no decorativa, de la formación moral y cívica, con acompañamiento docente, supervisión independiente y continuidad sostenida.
Porque una sociedad que educa el carácter reduce la violencia. Y una que renuncia a esa tarea termina llorando a sus hijos.
Despierta, RD!
Por Rommel Santos Diaz
Otro de los derechos accesorios al derecho a la participación es el derecho a la notificación. Una vez que las víctimas sean reconocidas como tales frente a la Corte Penal Internacional, en una situación o en un caso, directamente o a través de sus representantes legales, las víctimas tienen derecho a ser notificadas e informadas de los avances del procedimiento, de las decisiones de la Sala correspondiente, de las fechas de las audiencias, de la interposición de recursos por las partes , entre otras diligencias.
Tanto la publicidad de los procedimientos como la notificación a las víctimas son claves para garantizar que esta pueda ejercer su derecho a la participación.
Esta importancia es reconocida por algunas disposiciones que hacen expresa la necesidad de que las víctimas tengan conocimiento del estado de los procedimientos; por ejemplo la norma 87 establece la obligación explícita del Fiscal de notificar a las víctimas de acuerdo a la regla 50(1) y la regla 92(2). Igualmente, derivado del artículo 15 del Estatuto de Roma, la Secretaría podrá asistir en esta notificación si así es requerida por la Fiscalía.
Igualmente, existe la obligación de notificar y dar adecuada publicidad de las actuaciones por medios generales de acuerdo a las reglas 92(8) y 96(1).
Esta función se encuentra regulada en el Reglamento de la Secretaría de la Corte Penal Internacional en donde se reconoce la importancia de que esta información sea accesible a las víctimas para facilitar el ejercicio de sus derechos.
Finalmente es importante mencionar que los jueces al ser los garantes del debido proceso y el ejercicio de las víctimas, tienen la facultad de rechazar una solicitud de participación si consideran que en ella no se ha acreditado la calidad de víctima frente a la Corte Penal Internacional.
Sin embargo, las víctimas podrán presentar otra solicitud en una etapa ulterior de acuerdo a la regla 89(2).Finalmente las víctimas si así lo desean, podrán retirar su solicitud de participación en cualquier momento si así conviniere a sus intereses.
