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Con poca esperanza de una respuesta la gente acude a la fiscalía con impotencia.

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Con la mirada perdida en  la destartalada oficina del Ministerio Público y lleno de desesperanza se presentan los ciudadanos víctimas de atracos, robos, con y sin violencia, y otros tipos de hechos que se registran en la provincia de Santiago.

Mientras hombres y mujeres víctimas de robos y de atracos a mano armada se presentan con mucha desesperación  al centro de recepción de querellas y denuncias de la base aérea de Santiago, los fiscales que allí laboran y de otras unidades del Ministerio Público actúan como si nada estuviera ocurriendo.

Los casos allí son engavetados no bien llegan y comienza un suplicio para la víctima, cuyo sufrimiento se expresa con mucha impotencia frente a un Estado que no funciona, que no ofrece resultados que puedan fortalecer el estado de derecho.

El auxiliar del Ministerio Publico no está tan lejos de ese comportamiento, porque el policía destinado para darle suporte a la investigación nunca hace nada y se pasa el día ocupado con sus bostezos y con aquellos casos de víctimas que están dispuestas a desembolsar  alguna suma de dinero.

Cada día que pasa el asunto se vuelve mas incómodo, pero los fiscales y policías siguen como si nada ocurriera, mientras se amontonan los casos, cuyo aumento hace más imposible que se pueda mejorar la deficiencia.

Todo transcurre en medio de un drama que muchas veces  raya en la falta de  respeto por parte de la víctima  contra  policías y fiscales, pero no es para menos,  quienes ya no tienen  ninguna razón en el mundo que los haga movilizarse para darle solución a los casos por lo que no reciben algún dinero.

A ese nivel del sistema de justicia nada funciona y sólo existe la garantía de un archivo definitivo de aquellas querellas que no cuentan por parte de las víctimas de dinero para simular que el proceso camina.

Este drama va acompañado de una manifiesta incapacidad que no hay que ser un experto para saber  que tanto en la fiscalía como en la policía existe una incapacidad que prácticamente no permite que haya una salida idónea al crimen y al delito.

La pasada semana llegó a la recepción de denuncias y querellas un hombre que narra como si nada fuera la forma espectacular en que le robaron, pero su inocencia no le permitía entender que tal vez ese delincuente está confabulado con quien tiene que perseguirlo.

Otra mujer muestra su total decepción por la actitud de la policía y la fiscalía, ambas con una indiferencia hacia el crimen y el delito como si tuvieran los mismos ADN.

Por su parte, una procuradora fiscal narraba como un joven delincuente que se presentó al centro de recepción de denuncias y querellas intentaba hasta agredirla sin que tuviera el apoyo de una institución como la policía que se supone que en cualquier parte del mundo debe protegerla.

En la Policía y las diferentes unidades del Ministerio Público cualquiera entra armado y en el  momento menos esperado podría producirse una tragedia lamentable.

El Ministerio Público, la Policía Nacional y los propios jueces son el mejor ejemplo para medir que el Estado dominicano hace mucho tiempo que colapsó, en el que sólo tiene cabida lo mal hecho y donde no existe la más mínima garantía de hacer justicia en contra de todo aquel que tiene vocación para el delito y el crimen.

Este medio de comunicación también está entre los que no han podido movilizar al Ministerio Publico ni a su auxiliar la Policía Nacional, pese a que ha sido víctima en reiteradas ocasiones de hechos al margen de la ley, como el hackeo de su plataforma digital, robo sin violencia y con violencia, entre otros casos, que le permiten hablar con propiedad del fracaso que significan estos dos órganos del Estado dominicano.

 

 

 

 

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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