Opinión
¿Corrupción = Expresión cultural?
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14 años agoon
El tres es un número encallado en nuestra expresión cultural, utilizado para darle forma a la dominicanidad.
Tres padres de la Patria. Una bandera de tres colores: blanco, azul y rojo, que con gotas de sudor, de llanto y de sangre fueron derramadas y sumadas para la Constitución de nuestra identidad nacional.
Mientras que el isleño de La Isabela (quien recibió influencias de tres etnias: la taína, la española y la africana) se acostumbraba a la idea de ser llamado dominicano, caminó por trechos de tierra o empedrados, ensilló a los mulos y afiló las espuelas de los gallos.
Valiente y despreocupado el quisqueyano buscó con cuidado las pequeñas piezas que le formaran. Con su música típica, su sazón característico y coloridas fiestas carnavalescas se divide y organiza en tres zonas con sus respectivas provincias, municipios, parajes, secciones y barrios.
El cibaeño enamora´o y exigente recopiló de la Zona Norte y de su forma de hablar una rima cómica al ser cortés: Poi´ favoi´. Un caballero en la cima del Monumento mirando hacia la iglesia de la Altagracia, hacia las Carreras o hacia la Capitai´.
El sureño que se protege de las guasábaras con el misterio del Polo Magnético, las Dunas y los terrenos de arena fina y cuarzo. El suroesteño se baña con aguas azufradas y respira hondo el olor fresco del lado de los manglares y de las resinas que se convierten en ámbar para perdonar a San Cristóbal por haber parido al Tirano.
Los del Este promovieron de repente su fortaleza y atractivo turístico, aportando peloteros, azúcar prieta y religiosidad. El suresteño se refugia en los campos de béisbol para tratar de olvidar las ilusiones y los amores perdidos en el ingenio.
Al encuentro de estos tres puntos cardinales el dominicano logra un sancocho con arroz blanco y aguacate en su punto, salpicado con agrio de naranja o picante, al gusto.
Como expresión cultural: Algarabía, risas estridentes, talento, hambre e ignorancia, gestos heróicos, históricos y lamentables, épocas dictatoriales y grandes caudillos, rituales religiosos y de buen corazón.
Les invito entonces a que hagamos un recorrido de igual forma: tripartita.
El primer recorrido desde el río Masacre hasta la Boca de Yuma.
Tomaremos café en Dajabón y desayunaremos batata, yuca y guineítos, con leche de vaca, jugo de chinola o morirsoñando en San José de las Matas; o podría ser mangú con huevo frito, salami y jugo de lechosa en San Juan.
Haremos una parada para refrescarnos en la confluencia del río Yaque y del Ámina, o en la Ventana del Inoa.
De comida, chivo picante y arroz liniero con habichuelas. Limoncillos de postre o dulce de leche con café y un juguito de naranjas de Bonao y un par de vejigazos veganos.
Hablaremos inglés y rezaremos el rosario en la Bahía de Samaná.
Tomaremos fotos en las Caritas taínas, vecinas del Lago Enriquillo.
Veremos caer la tarde sobre el Puerto Sans Soici o en el Faro a Colón.
Terminaremos este largo primer recorrido con olor a cañaverales, durmiendo en Higüey para encender una vela en la Basílica por nuestro destino nacional.
El segundo recorrido lo haremos en una pista de baile.
El mismo despliegue que hacemos al bailar ante el repiqueteo de la tambora, la güira, el acordeón, el trombón y las trompetas.
Bailar como lo hace la bailarina de merengue típico al ondear la falda tricolor de su vestido al compás de Compadre Pedro Juan, Juana Mecho, Arroyito cristalino, Carmela linda, Pena, y otras.
Lo que nos hace llegar al tercer recorrido. Para el cual solicito su valiosa ayuda para el esclarecimiento de mi confusión.
Los funcionarios públicos se pasean por el poder de manera empírica en su primer año con buenos planes e intenciones, el segundo y tercer año olvidan hasta su apariencia original, cambian sus domicilios, clase social y medio de transporte, piensan en dólares y en euros, lo compran todo con dinero ajeno y aquel capital que no logran utilizar lo desaparecen como acto de magia del Circo del Sol.
El último y cuarto año esos mismos funcionarios siguen siendo malabaristas que construyen ilusiones para que no se vean los hilos de robo y tendencias corruptas que los sostienen.
¿Formará entonces parte de la expresión cultural dominicana la corrupción en la administración pública?
¿La amnesia histórica del pueblo dominicano? ¿O es que no tenemos memoria?
¿Es que apoyar a los funcionarios corruptos y a sus programitas de caridad para limpiar sus nombres forma parte de nuestra expresión cultural?
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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5 días agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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6 días agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
