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Opinión

Danilo en el discurso y el PLD en los decretos

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El discurso inaugural del presidente Danilo Medina constituye un esfuerzo por poner sello propio a su gestión gubernamental, con importantes rectificaciones a la política de su antecesor y logró satisfacer a una ciudadanía que se aferra a las expectativas de cambios.

Pero los decretos que designan a los principales funcionarios expresan los compromisos que lo atan a su Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus aliados, cuya matrícula dirigencial ha sido ratificada en los principales cargos gubernamentales aunque con intercambios de funciones.

Convocará pactos sociales. El nuevo mandatario ratificó su planteamiento de un triple pacto con la sociedad, por la educación, la electricidad y fiscal, definiendo ampliamente el primero como “nuevo nombre de la libertad” y ratificando su compromiso de cumplir la ley que dispone el 4 por ciento del producto bruto para la educación preuniversitaria. Fue más parco en definir el pacto eléctrico pero lo declaró de “Alta y Estratégica Prioridad para el Desarrollo Económico Nacional”.

Lo que definitivamente aplazó fue la identificación de las líneas maestras de su propuesta de Pacto Fiscal y, tal vez para no mencionar la soga delante del ahorcado, evadió toda referencia al grave déficit fiscal en que recibe el Gobierno y que lo obligará a buscar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Medina subordinó el Pacto Fiscal a una próxima convocatoria a todos los sectores “para que juntos acordemos soluciones definitivas a los problemas que vienen deteriorando la calidad de vida y limitando nuestro potencial de desarrollo e inclusión social”. Planteó entonces “una reforma fiscal integral, que asegure elevar la calidad del gasto y, a la vez, garantice la disponibilidad de recursos para impulsar las tareas del desarrollo”.

En ese punto el nuevo presidente advirtió que no haría la convocatoria “sin antes dar ejemplos ante toda la sociedad”, lo que parece anunciar una batida al despilfarro y la malversación de recursos que caracterizó la pasada gestión y que llevó el país a los últimos escalones en las evaluaciones internacionales sobre transparencia y corrupción. “Garantizaremos la transparencia, elevaremos la calidad del gasto público y avanzaremos firmemente hacia una gestión pública austera, cada vez más profesional y efectiva”, proclamó.

Logró impacto emocional. Un somero análisis cualitativo del discurso presidencial evidencia la presencia de múltiples elementos emocionales que sintonizaron con las expectativas nacionales de cambios de paradigmas sociales, de transparencia, de seguridad pública e imperio de la ley, de sinceridad y sencillez, y en todo eso logró impactar el orador, alcanzando altos niveles de aprobación expresados en el liderazgo social y en las reacciones populares.

Más allá de toda consideración política, e incluso de las divisiones y lesiones dejadas por una elección con rasgos de imposición del poder, en diversos sectores se manifestó simpatía con los planteamientos. La gente parece aferrarse a la esperanza de que son posibles cambios, aún dentro de una misma comunidad dirigencial.

Obviamente hay muchos precavidos que conocen la distancia que hay entre el discurso y la acción política. Se recuerda el magnífico discurso con que el presidente Leonel Fernández retornó al poder hace 8 años, proclamando la sociedad del conocimiento y la hora de la escuela para luego empecinarse en relegar la inversión a que lo obligaba la ley y hasta su nueva Constitución. El discurso del 16 de agosto del 2008 está lleno de planteamientos éticos y de combate a la corrupción y el despilfarro y hasta prometió suprimir cargos innecesarios y reducir el gasto corriente en “por lo menos 20 por ciento”, pero la gestión gubernamental decidió lo contrario y construir un metro y otras prioridades sacadas de una caja de sorpresas.

Un análisis cuantitativo del discurso hecho por el profesor de la materia Manuel Quiterio Cedeño indica que de 8,013 palabras del discurso, sin contar las protocolares, el 20.3 por ciento (1,627) fueron de contenido motivacional. Le siguió el tema educación con 10.2 por ciento (814 palabras), salud con el 8 por ciento (648 palabras), casi lo mismo para la temática de la transparencia-ética-corrupción con 634 palabras, 6.4 por ciento para las pequeñas y medianas empresas, 5.9 por ciento a mujer y género, mientras la seguridad pública y la energía alcanzaron cada una el 5.2 por ciento de las palabras.

Emerge el realismo político. Así como fue claro el entusiasmo por el discurso, se manifestaron decepciones en las redes sociales y en los comentarios en los medios electrónicos por las designaciones del gabinete y los demás altos cargos, dos tercios de los cuales correspondieron al máximo liderazgo del PLD y los partidos aliados, una parte ratificados en sus mismas funciones y otros intercambiados.

Medina podía tener un mayor deseo de renovación, pero no puede ignorar los compromisos adquiridos con quienes le llevaron al poder, y con los que “se fajaron” en la campaña electoral, hasta apelando a prácticas de dudosa legitimidad para mantenerse en el poder. Tampoco podría abrirse temprano un frente interno dejando en la vagancia a gente acostumbrada al disfrute del poder, teniendo desde ya al nuevo caudillo Leonel Fernández a la expectativa de retornar al poder en la próxima elección.

Hubo algunas claras dicotomías entre el discurso y los decretos. Por ejemplo, el énfasis puesto en la igualdad de género, pero en los tres decretos emitidos hasta la noche del viernes, de un total de 67 funcionarios civiles designados, sólo 9 (el 13 por ciento) eran mujeres, seis repitientes. Los 19 oficiales militares y el jefe de la Policía escogidos para altos cargos eran todos hombres.

Otro ejemplo es que se anunció una “reforma integral de la Policía Nacional” bajo el liderazgo del Ministerio de Interior y Policía” y se ratifican los titulares de ambas entidades que no se han distinguido en la promoción de esa demanda general. Se anuncia una reestructuración de las relaciones exteriores y se ratifica al ministro que ha encabezado el Ministerio en los últimos 8 años.

Aún el sector externo y el equipo técnico que dirigió la campaña y elaboró el programa de gobierno de Medina está poco representado en los altos cargos, aunque resaltan el coordinador Gustavo Montalvo y el joven empresario José Ramón Peralta, designados en los estratégicos ministerios de la Presidencia y Administrativo de la Presidencia. También Rubén Bichara, administrador de la Corporación de Empresas Eléctricas y el joven José del Castillo Saviñón al frente del Ministerio de Industria y Comercio.

Sería precipitado sacar conclusiones sobre el rumbo del nuevo gobierno y lo más indicado y justo parece ser dar oportunidad a que Medina pueda empezar a traducir su magnífico discurso en acciones de gobierno. Tal vez comience con el ejemplo que prometió dar antes de convocar a los diversos sectores para buscar el pacto fiscal. Y eso no podrá dilatar dadas las precariedades financieras heredadas y la necesidad de preparar el presupuesto para el 2013 y pedir la asistencia del FMI.

Un discurso esperanzador

Desde sus primeros acordes, el discurso de casi hora y media con que Danilo Medina inició su período de gobierno fue un intento bien concebido para forjarse su propia ruta y poner sello propio con una gestión más plural y participativa, situándose “en el camino de la justicia, del amor, de la humildad, de la compasión y del equilibrio”, mientras imploraba a Dios para que “nunca me deje llevar por la soberbia, el odio, la frialdad, la insensibilidad, la vanidad, la arrogancia y la prepotencia”.

Medina dejó claro que realizará “un fuerte reordenamiento de las prioridades y la calidad del gasto público” para privilegiar la educación y la salud, orientándose a un nuevo modelo de desarrollo “colocando a las personas en el centro de todas las políticas”, al extremo de no haber mencionado una sola obra física, centrando su atención en convocar a la sociedad para una acción colectiva contra la pobreza y las exclusiones sociales.

Reivindicó la herencia del fundador del PLD, el profesor Juan Bosch, de quien se confesó discípulo y a quien proclamó como “paradigma de liderazgo ético y moral, luchador incansable por liberar a nuestra patria del atraso, la miseria y la desigualdad social”, haciendo a muchos recordar los valores que marcaron el peledeísmo antes de su ascenso al poder.

Medina fue reiterativo en responder los reclamos nacionales contra la corrupción al plantear “un país ético y transparente basado en la meritocracia y en el combate implacable y vigoroso a todas las formas de impunidad”, al definirse “implacable con los deshonestos, los oportunistas y los soberbios” y al reafirmarse como “intolerante con actos de deshonestidad o de despilfarro”, fortaleciendo la prevención, corrección y sanción. Luego se manifestó “decidido a ponerle fin a la impunidad”, luchando contra la criminalidad y la corrupción. Anunció que obligará a los funcionarios a suscribir un “Código de Pautas Éticas” y casi al final proclamó “no voy a negociar con los deshonestos”.

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Opinión

Una policía reflejo fiel de la sociedad.

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Por Isaías Ramos

Todos los dominicanos nos hemos hecho expertos en buscar soluciones a las instituciones policiales de una manera simplista sin insertar a los cuerpos policiales en algo más complejo de los cuales ellos son parte. Nuestra Policía Nacional es un reflejo fiel de una sociedad en deterioro, unos gobiernos dirigidos por una clase política sin principios, sin valores y carente de conciencia social y patriótica, y un sistema judicial secuestrado por una élite política corrupta y una seguridad pública que sólo puede llegar hasta donde “¿Usted sabe quién yo soy?”

Los dominicanos sueñan por décadas por tener unos cuerpos policiales temidos por los delincuentes y enemigos de la ley y el orden, pero amados por los ciudadanos trabajadores, amantes de las buenas costumbres y respetuoso de la ley y el orden. Una policía que prevea el delito y vele por la seguridad de sus ciudadanos. Que sea seria, discreta, efectiva, profesional, imparcial y cercana al ciudadano.

En el Frente Cívico y Social estamos convencidos que solo transformando el sistema de gobierno implementado por la clase política que durante décadas viene involucionando y pervirtiendo a la sociedad, liberando la justicia para que actúe bajo el derecho de igualdad ante la ley, podremos implementar un sistema de selección de miembros que nutra los cuerpos castrenses de manera muy selecta y meticulosa. Esto a través de profesionales que puedan detectar cualquier aberración en su perfil psicológico y que de manera rígida solo sean elegidos los que reúnan el perfil psicológico adecuado a la responsabilidad que van a desempeñar, capacitándolos, educándolos. Se requiere proveerles un buen entrenamiento, sueldos adecuados, buen equipamiento, infraestructuras adecuadas, funciones y objetivos claros, con un sistema de gobierno que lo revista de la autoridad que le manda las leyes y la Constitución. La policía nacional debe de ser disciplinada y de buen carácter.  En esas condiciones ya estaremos en busca de la excelencia, el respeto y reconocimiento de la sociedad se hará palpable en esas circunstancias. De ese modo podremos garantizar una policía alejada de todo tipo de corrupción y con la capacidad, efectividad, legitimidad y resultados que todos deseamos.

De contar en el gobierno con una clase política con principios y valores, conciencia social, moral y patriótico, lograremos hacer realidad el poder caminar por nuestras calles sin sobresaltos, disfrutar del orden y la garantía de que la autoridad asignada para cumplir y hacer cumplir la ley está preparada bajo cualquier eventualidad.

RD si puede!

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Opinión

La Declaración  de la  Paz  y Cese de Guerras  y los derechos humanos

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Por Rommel Santos Díaz

Los principios fundamentales de la Declaración de Paz y Cese de Guerras  consisten en en reconocer que todo miembro de la familia humana desfruta de la dignidad humana y de derechos iguales e inalienables, y que estos derechos representan  un principio necesario para la  preservación  de la libertad, la justicia y la paz en todo el mundo.

La Declaración de Paz y Cese de Guerras  reafirma la fe en los derechos humanos, en   la dignidad y el  valor del ser humano, en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en la promoción del progreso  social y la mejoría de los estándares de vida para la gente y las futuras generaciones, y la necesidad de facilitar  la coexistencia pacífica entre las religiones, las creencias y las etnias del mundo.

Para el contexto de América Latina y el Caribe es importante destacar que la Declaración de la Paz  y Cese de Guerras  reconoce que el  principio de la igualad de derechos y la libre determinación de las personas constituye una contribución significativa  al derecho internacional  contemporáneo, y  que su aplicación efectiva  en los países de la región es de primordial interes  para Cultura Celestial, Paz Mundial, Restauración de la Luz (HWPL).

En la Declaracion de la Paz y Cese de Guerras  se establece como una cuestión de principio general  que las  condiciones bajo las  que la justicia de operar de prevalecer el respeto  a las obligaciones derivadas del derecho internacional, de conformidad  con  un espíritu común en el  plano religioso a todas las  religiones  y a las  reglas del derecho internacional , incluidos los derechos  fundamentales garantizados; a proceder con la acusación  y la sanción  de actos de violencia graves y sistemáticos

El  objetivo fundamental de Cultura Celestial, Paz Mundial, Restauración de la Luaz (HWPL) es lograr que los Estamos miembros de la Organización de las Naciones Unidas se aboquen a adoptar la Declaración de la  Paz y Cese de Guerras y que la misma sea respetada  por todos los Estados del mundo.

Los Estados en sus relaciones internacionales deben abstenerse de hacer uso de la amenaza  o de la fuerza militar contra la integridad territorial  o la independencia política de cualquier Estado,  o de cualquier otra forma incompatible con los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas  o el derecho internacional general.

En la Declaración de la  Paz y Cese de Guerras (DPCW) los Estados deben asegurarse de  que las armas de destrucción masiva, capaces de causar sufrimiento general e innecesarios,  y armas incompatibles con el derecho internacional humanitario, desmanteladas  o  destruidas. En ese orden  todas estas medidas  de destrucción  y  desarmes  deben servir para propósitos beneficiosos para la humanidad.

Otra cuestión de principios de la Declaración de la Paz y Cese  de Guerras (DPCW), consiste en que los Estados  deben tener en cuenta la igualdad  soberana, y procurar consultar a todos los demás Estados sobre la base del respeto reciproco  en relación a temas que le puedan concernir para resolver y evitar  disputas  que puedan surgir  observando los derechos humanos  y la dignidad humana.

Finalmente, la Declaración de la  Paz y Cese de Guerras  es un documento inspirador para los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas unirse para fortalecer los esfuerzos internacionales para fomentar un dialogo mundial en busca de una cultura de la tolerancia y de paz a todos los niveles, basado en el respeto  a los derechos humanos y la diversidad de creencias  religiosas.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Dos mentiras sobre la migración haitiana

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Por Rosario Espinal

El tema de la migración haitiana sube y baja en el discurso político dominicano en función de las situaciones que se presentan en Haití, pero, sobre todo, la necesidad que tenga el gobierno dominicano de resaltarlo con fines políticos. ¿Por qué digo esto?

La situación en Haití es siempre precaria, sea porque gobierna un horrendo dictador o porque el gobierno es débil y es reemplazado por grupos armados. Tiene una población inmensa para su escaso y deteriorado territorio y casi toda la población carece de escolaridad y servicios de salud, dos elementos vitales para de control poblacional y el bienestar social.

Aunque la ocupación de Naciones Unidas no dejó legado positivo en Haití, mientras duró la violencia callejera se apaciguó. Posteriormente, la situación política y socioeconómica ha ido de mal en peor. De ahí que la inmensa mayoría quiere irse, según atestiguan diversas encuestas y los éxodos migratorios.

Cuando Luis Abinader llegó al poder inició un supuesto diálogo con un gobierno haitiano sin legitimidad. Era obvio que no saldría nada positivo. Inmediatamente después inició sus peticiones a la comunidad internacional para que se hiciera cargo de Haití. No le prestaron atención porque nadie quiere hacerse cargo de Haití.

En el proceso, el gobierno dominicano ha montado un espectáculo de deportaciones que busca hacerle creer a los dominicanos que se están tomando medidas para sacar a los haitianos. ¿El propósito? Concitar amplio apoyo político (tal vez el jueguito le salga bien electoralmente).

Ahora las dos mentiras que se escuchan por doquier desde hace tiempo.

Primera: la idea propagada en la República Dominicana de que la comunidad internacional (léase: Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá) obliga este país a aceptar los inmigrantes haitianos. ¡Falso!

En la frontera no hay soldados de ninguno de esos países obligando a la República Dominicana a dejar cruzar a los haitianos. Han venido por décadas porque las autoridades dominicanas los han dejan pasar cobrando sobornos y porque muchos empresarios dominicanos, sobre todo en la agricultura y la construcción, los emplean por bajos salarios.

Segunda: la idea también propagada de que los haitianos (sobre todo las haitianas) utilizan los recursos públicos dominicanos para tratarse en hospitales (parir, sobre todo). Ojo: la población haitiana que acude a los hospitales dominicanos es fundamentalmente inmigrante que vive en la República Dominicana. Si los dejan cruzar la frontera y los emplean, ¿dónde van a tratarse si se enferman? ¿dónde van a parir si se embarazan? Son seres humanos, aunque los crean subhumanos. Incluso, si llegan mujeres de Haití a punto de parir (como también propaga), ¿quién las dejó pasar?

Me pregunto: ¿llegará algún día en que la República Dominicana asuma su responsabilidad por el caos migratorio que los gobiernos y los empresarios dominicanos han generado?

Por un siglo han patrocinado la migración haitiana ilegal, explotan a los inmigrantes pagando bajos salarios sin prestaciones, no les dan documentación y cambian las leyes para negarle a sus descendientes nacidos en la República Dominicana la nacionalidad dominicana.

Seamos más serios. Asumir poses antiimperialistas no elimina el racismo y la xenofobia. Si otros países hacen igual o peor, eso no justifica lo que hacemos.

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