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Opinión

Danilo es el gran delincuente de estado del PLD

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Por Narciso Isa Conde

En esos trajines «gozó de privilegio y acceso a informaciones privilegiadas».

Santo Domingo.– El Ministerio Público obtuvo de un tribunal la aprobación de un acuerdo, mediante el cual Maxi Gerardo Montilla Sierray un grupo de sus empresasaceptaron su responsabilidad penal y autorizaron el decomiso, indemnizaciones y pagos de impuestos evadidos por más de 3,000 millones de pesos a favor del Estado dominicano.

Maxi Montilla es cuñado del expresidente Danilo Medina (hermano Cándida Montilla, esposa de Medina), y es conocido por su participación en negocios relacionados con el sector eléctrico.

También, deberá disolver sus empresas Transformadores Solomon Dominicana, S.A.S., Electrocable Aluconsa, S.A.S., NSD, Importaciones Diversas, SRL; Distribuidora de Materiales Eléctrico FEE, SRL; Distribuidora Eléctrica Henan Jinshui, SRL; Importadora Eaglerise, SRL; TLC Negocios Globale, SRL; Watmax Lighting, SRL; HerrajesEléctricos RPC, SRL, y MG Solomon Corporationen un plazo de dos años.

En el acuerdo homologado las empresas distribuidoras se hicieron representar por Celso Marranzini, presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras (CUE).

Montilla Sierra y sus empresas son asistidos legalmente por Miguel E. Valerio Jiminián, Ramón Emilio Núñez y José Figueroa Guíllamo.

·MODO OPERANDI DE LA FAMILIA MAFIOSA.

El Ministerio Público establece en el documento que Montilla Sierra, utilizó sus empresas «como vehículo societario» para participar en procesos de contratación pública de forma fraudulenta y en violación a las normativas que regulan las contrataciones del Estado dominicano, «logrando con ello adjudicaciones de forma ilícita en perjuicio del patrimonio público«.

En esos trajines «gozó de privilegio y acceso a informaciones privilegiadas».

En el curso de la gestión presidencial de Danilo Medina varios miembros de su entorno familiar y personas de su confianza, tanto de manera directa como indirecta, participaron de manera relevante en los procesos de compras y contrataciones del Estado, especialmente en áreas estratégicas como la energética, utilizando como protección sus estrechas relaciones con el mandatario de turno.

Al ser suplido el Estado por empresas (carpetas o formales), propiedad de familiares cercanos del entonces presidente Medina, éstas lograron constituirse en oligopolio proveedor del sector eléctrico en condiciones muy ventajosas, disponiendo de informaciones privilegiadas.

Con esos fines se sobornó a funcionarios públicos responsables de las compras y contrataciones en el sector eléctrico; sobornos destinados a condicionar decisiones administrativas, favorecer contratos irregulares y agilizar desembolsos.

De los sobornados todavía no se ha dicho nada.

Maxi Montilla devolvió efectivos y bienes inocultables por más 3 mil millones, suma con la cual compró su libertad; pero es claro que, habiendo contratado ventas a las EDES por valor de 20 mil millones de pesos, pudo quedarse con varios miles de millones, previamente preservados para tales contingencias, porque de tonto no tiene un pelo …Lo otro es suponerlo demasiado pendejo.

Compró así su libertad con una parte del dinero robado y se quedó con la otra: un negociazo luego de evidenciados los detalles de una parte de sus operaciones en un contexto político diferente.

·  EL «CAPO DE TUTI CAPI»

Cierto que la banda de Alexis Medina y de Maxi Montilla instrumentaban sus respectivas estafas multimillonarias por separado, pero con la misma protección: el primero como hermano del presidente y el segundo como cuñado.

Dos capos bajo el mando de «Don Corleone«, el padrino mayor de la familia y «capo de tutti capi» de todas las mafias del PLD, versión número dos.

Dos bandas convertidas en un oligopolio estafador

Danilo… ¿Dónde cae en esta farsa judicial? Sin dudas sigue protegido por Abinader y pactando temas nacionales e internacionales con él, donde no podía faltar la mesa contra Haití.

Vivo, suelto y multimillonario, pese a ser el delincuente de estado de mayor jerarquía de las dos estafas procesadas y manipuladas por el régimen.

El dirá que, si Leonel tiene derecho a la impunidad, él la tiene por las mismas razones; derecho otorgado por un presidente de turno (Abinader) que, igual que Hipólito Mejía es de opinión que los ex presidentes no se tocan, aun hayan sido presidente delincuentes y hasta narco-presidentes.

 Y no faltan quienes se atreven a sustentar que estamos avanzando, porque «cuando Balaguer no se procesaban generales, ni expresidentes, ni ministros, ni familiares del presidente».

Fue así en los 12 años, pero tanto en los diez posteriores. Recordemos lo de Jorge Blanco, Leonel Almonte y sus comparsas de «jorocones» civiles y militares.

Pero, además, no es igual el nivel de la conciencia colectiva de hoy a la de aquellos tiempos. Ahora, después de Marcha Verde, el régimen está obligado a iniciar los procesos en medio de los grandes escándalos, aunque luego los manipule y hasta lograr sentencias benévolas, negociaciones espurias e incluso reciclar la impunidad.

 De todas maneras, en las farsas perfumadas contra el PLD y otros casos parecidos, los culpables logran evadir las sanciones merecidas,

Eso explica lo acontecido y posibilita que Leonel y Danilo estén sueltos y que sus corporaciones políticas mafiosas (PLD y FR) no estén inhabilitadas como partidos. «! ¡Gracias a la transparencia de Luis!

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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