Análisis Noticiosos
Danilo necesita su rehabilitación para disputarle el poder a Leonel.
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7 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Juan Bolívar Díaz
Todas las encuestas publicadas en los últimos años han indicado que sin Danilo Medina en la competencia electoral del 2020, el candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) sería Leonel Fernández, por sus tres períodos de gobierno, su indiscutible carisma y por la gratitud de cientos de miles de beneficiarios directos de sus gestiones.
Aunque no tenga mucha viabilidad inmediata, la sola propuesta de reforma constitucional para rehabilitar una candidatura presidencial de Medina a partir del 2024, amortigua la derrota sufrida por el continuismo danilista y le otorga más protagonismo en la difícil promoción de una opción alternativa, que de ser impuesta abusando del Estado elevaría el riesgo de dividir el PLD.
Fortalecido el leonelismo
Leonel Fernández y sus seguidores fueron subestimados hasta por analistas y observadores políticos, y sobre todo por la maquinaria del danilismo continuista que jugó hasta el final a una política de tierra arrasada, cuya mayor torpeza fue la prolongada militarización hasta de los pasillos y el techo del Congreso Nacional.
Desde hace justo dos años, en agosto del 2017, el leonelismo se lanzó al medio de las calles y carreteras para impedir el desconocimiento del pacto del 2015, llevado a la Constitución de la República, que permitiría el segundo gobierno de Medina, pero dejaba constancia en su artículo 124 y en el vigésimo transitorio que tras sus dos gobiernos, el mandatario no podría volver a ser candidato presidencial nunca más.
Todas las encuestas, publicadas o no, han indicado que sin Danilo en la competencia para el 2020, Leonel “iba de robo”. Las dos últimas Gallup-HOY, la más acreditada del mercado, marcaron la fortaleza del expresidente. En la publicada en octubre del 2018 fue el único que avanzó en preferencias en relación a la anterior, incluso superó a Medina 22 a 19% en el universo y 39 a 22% entre quienes se declararon simpatizantes del PLD. En la publicada en mayo pasado, Danilo lo superó 47 a 36%, ventaja que se reducía, 43 a 38% en la Mark Penn un mes antes. Pero en un escenario sin el presidente, Leonel alcanzaba 50% entre simpatizantes y 53% entre miembros del partido, en la Gallup-HOY. Su esposa Margarita Cedeño lograba 6 y 5%, y Reinaldo Pared 4%. Los demás aspirantes menos de 2%.
Pero más allá de las encuestas, era indiscutible que las movilizaciones de Leonel Fernández por todo el país eran masivas, como también que dispone de recursos infinitos acumulados por sus más cercanos colaboradores y derivados de las contribuciones de empresarios y contratistas del Estado a los que benefició durante 12 años de gobierno.
La acumulación originaria
Es obvio que el poder presidencial otorga grandes ventajas, pero sin Danilo en la competencia hay que remitirse a la acumulación originaria de Fernández. Fue él quien permitió que decenas de peledeístas y asociados se hicieran multimillonarios al amparo del Estado, que cientos se hicieran millonarios y muchos miles ricos, entre ellos quienes constituyeron miles de pequeñas y medianas empresas para suplir y contratar con el Estado.
El agudo dirigente político Felucho Jiménez, advirtiendo los riesgos de una división, dijo hace un mes que entre 300 y 400 mil peledeístas perderían sus empleos. La mayoría de ellos los consiguieron por el ejercicio gubernamental de Fernández y la continuación de Medina, quien probablemente no hubiese ganado las elecciones del 2012, (51 a 47 %) sin las desmesura del déficit fiscal de Leonel por más de 150 mil millones de pesos en la campaña electoral. Por igual fue éste quien multiplicó a cientos de miles las tarjetas de programas sociales iniciados en el gobierno de Hipólito Mejía, que siguió incrementando el actual gobierno, constituyendo una base clientelar fundamental del dominio político del PLD.
No se ven razones objetivas para que la mayoría de esos peledeistas se la jueguen contra Leonel Fernández, ni tampoco para que quieran la división del PLD, por más rencillas y hasta odios que hayan acumulado los dos líderes que se lo disputan. Hasta prueba en contrario, muchos empresarios parecen sentirse más confortables con el actual mandatario, pero también recibieron amplios beneficios del antecesor, y no le regatearán contribuciones, sino por amor, por temor de que pudiera volver y ver reducidos sus negocios con el Estado.
Difícil sucesión de Danilo
Con Danilo fuera de la carrera presidencial para siempre, el leonelismo tenderá a fortalecerse más, y el danilismo a extinguirse, de ahí el proyecto de reforma constitucional para restablecerle la posibilidad de volver al poder, aunque sea a partir del 2024. Su sólo enunciado ayuda a contener las escapadas, que pudieran incluir por lo bajo hasta a connotados danilistas, unos por mantener canonjías y otros por temor a que les cobren. Y los leonelistas saben de eso, porque al primero de ellos que Danilo neutralizó en el 2015 fue al íntimo Félix Bautista, a quien de inmediato los jueces le dictaminaron un no ha lugar al enorme expediente de corrupción que le había instrumentado la Procuraduría General, que “casualmente” no apeló el descargo.
Las esperanzas de cerrarle el paso a Leonel están cifradas en que uno de los siete “danilistas” que le disputan la candidatura pueda descollar en menos de dos meses para ser ungido y con el poder del Estado imponerse en las primarias del 6 de octubre. El plazo para inscribir precandidaturas vence en tres semanas, el 22 de agosto, por lo que tendrían que inscribirlos a todos y, según se anuncia, en septiembre mediante encuestas definirían quién prevalecerá, y el resto tendría que retirarse para concentrar sus votos.
Como casi todos parten de preferencias menores al 3 por ciento, pudieran ocurrir virtuales empates o que no haya un claro ungido, lo que complicaría la escogencia del delfín. Pero en el mejor de los casos tendría sólo tres o cuatro semanas para exhibir garras frente al “león” de la selva. Pareciera que el presidente Medina esperó demasiado para abrirse una opción alternativa, recordando lo que ocurrió a los promotores de la reelección de Antonio Guzmán para 1982, que contando con que el poder del Estado vencería el credo anti reeleccionista del líder Peña Gómez esperaron muy tarde para apoyar la precandidatura de su vicepresidente Jacobo Majluta, cuando ya Salvador Jorge Blanco se había afianzado como alternativa.
Se puede correr la rosca
Con siete precandidatos amigos, Danilo tendría muchas dificultades de inclinar el Estado en favor de uno, sin generar fuertes tensiones y posibles rompimientos que en nada le ayudarían. El último en lanzarse, el ministro de Obras Públicas Gonzalo Castillo, llega con tantos recursos como los otros seis juntos, si se mide por la propaganda pagada y por las conexiones y beneficios del cargo que ostentó por 7 años, lo que también puede generarle resistencias en peledeístas más arraigados como el co-fundador del partido Temístocles Montás, el secretario general Reinaldo Pared Pérez, en antiguos dirigentes como Radhamés Segura y Carlos Amarante Baret, con meses de campaña. También en los dos que más parecen la “sangre nueva” augurada por Danilo, y que gozan de buena imagen más allá del PLD, Francisco Domínguez Brito y Andrés Navarro.

SANTO DOMINGO,RD, Reunio del Comite Central del Partido de la Liveracion Dominicana en el hotel Melia hoy Domingo 10 de abril 2011 para elegir los precandidatos a la presidencia a la republica
Foto:Cesar de la Cruz
Como el candidato presidencial del PLD será electo con el padrón universal, el abuso del poder del Estado pudiera agregarle competitividad al ungido. Por ejemplo “incentivando” con dinero a decenas de miles de ciudadanos sin vela en ese entierro para que voten. Pero como eso no se improvisa y a los leonelistas no le faltarán recursos, las primarias del PLD pudieran derivar en un mercado persa que mancharía indeleblemente el concurso. Si aprietan demasiado la rosca puede correrse y hasta detonar la división definitiva del partido.
Si Danilo pudiera logra la reforma de la Constitución, que le libraría de “la jubilación”, pudiera sacar ventaja competitiva, pero luce bien difícil que consiga pronto esos votos, con persistente rechazo general, y cuando los legisladores estarán buscándose candidaturas para el 6 de octubre. No será definitivamente con los leonelistas, y sólo una locura política los arrojaría desde la mayor opción de la oposición, el Partido Revolucionario Moderno, cuyo papel sería dejar que Leonel y Danilo sigan peleándose hasta la división, sin ayudar a ninguno y menos al que ostente todo el poder del Estado que después se volvería contra ellos.
La real hora de los hornos
El 2 de febrero último “El tema de hoy” se tituló “El PLD en la hora de los hornos; DM y LF se entienden o se dividen”. Citábamos una dramática oración de Felucho Jiménez en entrevista el 31 de enero en Uno+Uno, cuando a pesar de manifestarse en favor del presidente y bien crítico de Fernández, dijo que “eso de la reelección está difícil, y ninguno de esos otros le va a ganar a Leonel, pero Leonel no gana sin el apoyo de Danilo, por lo que están obligados a entenderse o es pa´fuera que vamos”.
El martes en el mismo telediario, cuando le recordamos su vaticinio, Jiménez consideró que ya es tarde para salvar la unidad del PLD, y que perderán las elecciones, porque en la práctica ya son dos partidos en uno. No admitió que haya posibilidad de un pacto, aunque le recordamos la cita de lo que perderían los peledeistas si salen del poder.
Es obvio que el PLD, como ha ocurrido a todos los partidos dominantes, puede dividirse en el poder, por los intereses en juego. Pero los peledeístas han dado muestras de su temor a romper el consenso grupal y probablemente desde las dos facciones enfrentadas surgirán intentos de acercamiento. Pero se jura que de ninguna manera Danilo permitirá que Leonel gane la candidatura y menos después la presidencia. Se duda que con Danilo vetado puedan impedir que la precandidatura de Leonel alcance el tercio para ser avalada en el Comité Central, lo que se definirá justamente el próximo sábado 10.
Se sabe que hay varios partidos listos para postular a Leonel Fernández, y que arrastraría votos suficiente por lo menos para hacer difícil que un PLD puramente danilista salga adelante en las elecciones generales. Otra vez puede que el poder del Estado resulte insuficiente.-
Por Nelson Valdez
Hay momentos en que el cansancio de un pueblo se vuelve ira y la ira se desplaza como inteligencia. Es cuando dejamos de preguntarnos quién está preparado para gobernar y empezamos a pensar contra quién votar.
República Dominicana está en uno de esos momentos.
El fenómeno de Santiago Matías (Alofoke) no es solo el ascenso de un comunicador o empresario digital; es la manifestación sociológica de un electorado cansado de los partidos tradicionales, de promesas envejecidas y discursos vacíos. La política tradicional generó esta desconfianza. Primero buscamos al empresario, luego al outsider y ahora podemos estar buscando al espectáculo.
Pero el fracaso de la política tradicional no convierte automáticamente en estadista a quien triunfa en el entretenimiento.
El algoritmo premia la indignación, la controversia y la velocidad. El Estado funciona al revés: la inflación no baja por un video viral, la deuda no se administra con carisma ni la salud mejora por tener seguidores. Las redes premian la reacción; el Estado cobra la improvisación.
La antipolítica seduce diciendo: «Ellos te fallaron, nosotros somos distintos». ¿Pero distintos en qué? ¿Con qué equipo, programa o conocimiento de la administración pública? Gobernar es la parte aburrida de la política, pero es la única que importa cuando se apagan las cámaras.
El riesgo es convertir la decepción en un «voto de castigo»: «Como todos me fallaron, votaré por quien más daño les haga». Eso no es transformación, es desahogo. El voto es un instrumento demasiado poderoso para entregárselo a la ira.
Detrás de este fenómeno hay ciudadanos hartos que deben ser escuchados, pero la indignación debe ser el comienzo de una pregunta, no el final del razonamiento: ¿Qué propone? ¿Con quién? ¿Cómo?
No se trata de elegir entre política tradicional y espectáculo, sino de recuperar el criterio: no venerar al famoso por serlo ni condenar al político por serlo.
Antes nos engañaron con la promesa del cambio; ahora podrían seducirnos con la del castigo. La rabia es un pésimo combustible para gobernar. La próxima elección exige pensar.
#republicadominicana🇩🇴 #santiagomatias #alofoke @pr1ncematias
https://www.instagram.com/p/DcRz3lRCZhz/?igsh=MXMyMnF6ZGp5Mm56NA==
Por Nelson Valdez
Hay en la sociología del espectáculo un afán dañino por confundir la celebridad con el estadismo, un deslumbramiento de mercado que pretende equiparar el ruido mediático con la solvencia del pensamiento. La política no es un plato de televisión ni un debate de utilería donde la estridencia sustituye a la doctrina. Pretender que la conducción de un Estado pueda entregarse al primer charlatán con micrófono es confundir el circo con el templo, la muchedumbre enfervorizada con el ciudadano consciente.
El resentimiento hacia la clase política es comprensible; el desgaste de las siglas tradicionales y la fatiga ante los discursos gastados son heridas abiertas en la sociedad. Sin embargo, el hastío no puede convertirse en pasaje hacia el abismo. La figura de Leonel Fernández, con todas las contradicciones que la historia pueda atribuirle, pertenece al ámbito de la formación intelectual, del manejo de la diplomacia y de la comprensión profunda de las instituciones. Medirlo en el mismo rasero que a la cultura de la chabacanería y el algoritmo no solo es un desatino conceptual, sino un insulto a la inteligencia colectiva.
La búsqueda de un cambio no se resuelve dinamitando la casa para librarse de las goteras. Entregar la responsabilidad de una nación a la frivolidad del espectáculo no es renovación: es un suicidio asistido por el aplauso fácil. El verdadero liderazgo exige lectura, sobriedad y sentido de la historia; lo demás es pura escenografía para un público distraído que confunde la pantalla con la patria.
Análisis Noticiosos
El reconocimiento de cuerpos por videollamada: duelo a distancia venezolano
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3 semanas agoon
agosto 13, 2026
Caracas.- Norellys Marrero dejó un ejemplar del libro Vida, de Paulo Coelho, en la mesa de noche de su hija Liz el día antes de abandonar Los Ángeles. Viajaba de vuelta a Venezuela luego de vivir tres años con ella y esperar la respuesta de una solicitud de asilo que le fue negada. “Te lo dejo aquí para que nunca te olvides de que, pase lo que pase, uno nunca puede perder la esperanza de vivir hasta el final”, le dijo. Dos meses después, Norellys murió junto a su otra hija y su nuero en La Guaira, durante el doblete sísmico del 24 de junio en Venezuela.
Pero, a diferencia de otras historias, Liz vivió la tragedia por videollamada. Estaba a punto de ir a dar clases a la academia de baile donde trabaja desde hace 11 años cuando su mejor amigo —que también es artista y vive en Turquía— la llamó para decirle que había habido un terremoto catastrófico y que llamara a su familia. “Aparecieron todos, excepto mi núcleo familiar. Y ahí, cuando yo veo que todo el mundo contesta, que todo el mundo escribe y no escucho a los míos y llamo, llamo, llamo… ahí yo, automáticamente, ya sabía”, dice Liz.
La bailarina contactó desde Los Ángeles a motorizados en La Guaira para que fueran a ver el estado del edificio; también a su canosa tía Maribel, que perdió carro y casa pero se fue a participar en las labores de rescate, e incluso le mostraron las manos del cadáver de su hermana para que las reconociera. “¿Pero para qué iba a reconocer unas manos? Quería ver el cuerpo completo de mi hermana, que apareció debajo de su esposo. Yo creo que ellos quedaron vivos y con la fuerza que les quedaba empujaron a su hijo para que pudiera salir, porque los encontraron impulsando los brazos hacia arriba y Samuel estaba encima de ellos”, describe Liz.

Sus sobrinos sobrevivieron. Sebastián, de 16 años, estaba en la playa de Macuto celebrando la fiesta de San Juan y vio cómo todo se desplomaba a su paso. Samuel, de 11, quedó atrapado junto a su familia, y un turista lo rescató 24 horas después tras ver cómo su cabeza sobresalía entre los escombros. Ahora Samuel tiene cuatro fracturas y una parálisis facial. “Está en el hospital, todavía muy delicado. No habla, no puede mover la cara, tiene que hacer terapia de lenguaje, terapia ocupacional, y lo atienden entre fisioterapeutas, neurocirujanos e intensivistas. Lo acompaña una enfermera las 24 horas, y no se le puede dar de alta porque, cuando lo intentaron, convulsionó”, explica Liz.
Fue ella quien organizó cómo decirle a su otro sobrino que sus padres habían muerto. De nuevo, por videollamada: “Contacté a un psiquiatra y fue mi sobrino con toda la familia a su consultorio. El abuelo le dio a Sebastián la noticia y ese fue el momento más difícil de mi vida: ver a Sebastián tirándose al piso y gritando, a través de la pantalla. Porque ese dolor también lo tengo yo, yo también perdí a mi mamá en el mismo momento que él”, recuerda Liz.
Desde entonces, sus sobrinos están bajo la custodia de su abuelo paterno, mientras Liz ha organizado una campaña en GoFundMe a beneficio de su futuro como beisbolistas profesionales, carrera de la que sueña ser manager. “Gracias a la danza he reunido más de 70 mil dólares en un mes. Ya tengo 13 ciudades confirmadas donde se van a hacer talleres de danza para donar a los niños. También en la ciudad hacen un festival que se llama Next Fest LA y, gracias a las redes, vieron lo que estoy haciendo y me llamaron para patrocinar un escenario a beneficio de mi familia”, explica.

Los vecinos al rescate de supervivientes
El caso de Crismar Chacín es similar. Su vida transcurre en Los Ángeles desde 2021, cuando consiguió una beca para The American Academy of Dramatic Arts. Desde entonces, no ha vuelto a La Guaira. Su papá se suicidó hace cuatro años, cuando ya Crismar vivía en el extranjero, y su hermano Cristian, de 19 años, murió atrapado en uno de los edificios que se derrumbó en Los Corales el día del terremoto.
“Hija, hubo un terremoto”, le dijo su mamá a través de una llamada mientras Crismar estaba en una biblioteca. “La primera persona que me contó fue mi mamá, que estaba en Caribe y me llamó para decirme que todo se había venido abajo. La llamada duró menos de cinco minutos y sentí que se estaba acabando el mundo. La escuché cuando logró llegar al edificio, gritar por Cristian y que no respondiera”, recuerda.
Al edificio no llegaron rescatistas hasta el día siguiente y, en ese momento, estaban priorizando el rescate solamente donde se escuchara vida: “Eran vecinos a mano limpia tratando de salvar gente. Mi tío se lanzó una travesía desde Catia La Mar hacia Los Corales porque la policía había dado la orden de que no se metieran a los edificios, y mi tío dijo que él sí iba a meterse. Así encontraron a Cristian y a otros vecinos el viernes 26 de junio”, explica.
Crismar estaba con su mamá en la llamada cuando identificaron a su hermano. “A pesar de estar en la distancia, algo me dijo que intentara llamarla a ver si entraba la señal, y fue justo en el momento en el que lo identificaron por su tatuaje”, dice. Sin embargo, ahí no lo pudieron extraer y tuvieron que echarle cal al cuerpo para preservarlo. “El piso tres quedó en planta baja y todo el peso del edificio estaba encima de nuestros familiares. Así que no fue posible sacarlos sin la ayuda correcta, que llegó cuatro días después gracias a los topos mexicanos”, explica.

Por eso Liz destaca el sentido de comunidad que ha vivido gracias a este momento: “Pasó lo peor en La Guaira, y la única razón por la que mis sobrinos están vivos es porque en ese momento había comunidad. El único que te puede salvar cuando no hay luz, no hay agua, no hay internet, es el que te quiere”, dice.
Crismar enfrenta una larga espera por la legalización de su estatus en Estados Unidos, lo que le impide salir del país para estar con su mamá, que ahora se quedó sola. “Lo peor ha sido estar pegada al teléfono hablando con mi mamá y sentirme completamente inútil porque no puedo ni ir para allá ni traérmela, porque ya los venezolanos venimos con ciertas limitaciones. No es la primera pérdida que vivo lejos después de haberme ido de Venezuela, y tampoco es la primera vez que no puedo ir y abrazar inmediatamente a mi mamá”, dice.
Liz, en cambio, está esperando una residencia permanente en Estados Unidos y el trámite no le permite salir del país. “Pero olvídate. En el momento en que se resuelva lo de mi green card, que debe ser en un par de meses, estaré volando a Venezuela a ver a mis sobrinos”, dice.
Liz Marrero y Crismar Chacín son ejemplo de los nueve millones de venezolanos que emigraron masivamente entre 2014 y 2024 debido a la crisis humanitaria compleja que vive el país. Ambas están tratando de entender cómo avanzar legalmente para estar más cerca de los suyos. “Tengo que validar ante Estados Unidos y Venezuela que soy una persona trabajadora de bien, que hace impacto en la comunidad, que siempre ha sido generosa, profesional y súper exitosa. Pero es muy difícil, porque uno tiene que lidiar con sus sentimientos y, a la vez, tienes que lidiar con trámites legales y frenar un poco el corazón”, dice Liz.
Ambas se hacen preguntas que las ayuden a aliviar la pena, pero las respuestas no llegan tan fácilmente. Crismar lo resume así: “No sé por qué a los venezolanos nos está tocando esto y es un sentimiento muy específico e indescriptible el que tú estés buscando un mejor futuro y trabajando por tu familia afuera pero no puedes estar ahí cuando estas cosas pasan”. Liz, por su parte, lo deja a la fe: “¿Por qué nos pasan estas cosas? Ya yo me molesté con Dios y lo perdoné. Ahora tengo que seguir”.
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