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Despenalización del aborto en Colombia: la historia de lucha de miles de mujeres

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La organización Causa Justa, que consiguió despenalizar el aborto en Colombia hasta la 24ª semana, recoge el testigo del movimiento feminista, de Florence Thomas a Mónica Roa

Mexico/Bogotá.-Este lunes hubo fiesta en el centro de Bogotá. Cientos de personas llenaron las calles que rodean el edificio de la Corte Constitucional, en pleno corazón de la capital colombiana. Celebraban que los magistrados decidieron despenalizar la interrupción del embarazo hasta la 24ª semana. Las mujeres jóvenes fueron las protagonistas de un festejo que varias generaciones esperaban desde hace tiempo en un país donde nunca ha sido fácil hablar del aborto. Florence Thomas, una de las voces más influyentes del feminismo en Colombia, recuerda que hasta hace apenas unos años era un tema casi prohibido. “La gente se salía de mis charlas cuando empezaba a hablar del aborto”, decía Thomas a este diario en noviembre pasado, cuando el constitucional ya estudiaba la demanda del movimiento feminista colombiano representado por la organización Causa Justa, que recoge el testigo de mujeres como Florence Thomas o Mónica Roa, la abogada que consiguió en 2006 la despenalización del aborto en tres causales.

Thomas llegó de Francia a vivir en Colombia a finales de los sesenta y se encontró con un país que no escuchaba a las mujeres. “Parecía que los hombres eran los únicos que podían hablar. Yo no entendía eso”. No había espacio para debatir sobre la interrupción del embarazo, pero los grupos feministas insistieron y lo que se logró esta semana no habría sido posible sin la rebeldía de mujeres con Florence, como todos la conocen. A través de su trabajo como maestra en la Universidad Nacional, como escritora, pero sobre todo como una de las líderes de la organización Mesa por la vida y la salud de las mujeres, ha promovido una conversación en torno a la interrupción del embarazo y la educación reproductiva.

Entre los años ochenta y noventa, se presentaron ante el Congreso –recuerda Florence– al menos siete proyectos de ley para despenalizar el aborto y todos terminaron archivados. “La Iglesia tenía más peso que ahora en las decisiones que se tomaban. Recuerdo que me invitaban a programas de televisión y la contraparte era cualquier antiderechos que aparecía con un feto metido en tarro. Así era muy difícil debatir”, cuenta la activista, que reconoce la importancia del movimiento Católicas por el derecho a decidir (CDD) en la discusión sobre el aborto en un país tan religioso como lo es Colombia. En 2006, los grupos feministas alcanzaron un hito con el trabajo liderado por la abogada Mónica Roa. “Ella cambió el rumbo de la historia”, reconoce Thomas. Roa se dio cuenta de que el camino no era el Congreso. Habían fracasado tantos intentos allí, que decidió probar en la Corte Constitucional y logró que los magistrados despenalizaran el aborto en tres casos: cuando la vida o la salud (física o mental) de la mujer está en peligro; cuando el embarazo es resultado de violación o incesto; o cuando una malformación fetal hace inviable la vida fuera del útero.

Muchas libertades individuales han avanzado en Colombia a golpe de sentencias de la Corte Constitucional sobre discusiones que provocan choques de valores. La del aborto marcó un antes y un después. Para entonces, solo abrirse a la posibilidad de las causales era un avance gigantesco. “Éramos bastante pequeñas comparadas con el movimiento que hay hoy en día”, al que admira y agradece, recuerda Roa por teléfono desde su vivienda en Madrid. En su momento tuvo que enfrentar amenazas de seguridad y mantener guardaespaldas por años. “Siento que cada vez hay un movimiento social con una base juvenil muy grande que va haciendo suyos estos reclamos”.

Las olas de entonces ya empiezan a hacer marea. “Esto que pasa hoy va a tocar la vida de muchísimas personas en Colombia, y les va a dar una oportunidad de imaginar un país en donde todas las maternidades sean deseadas”, celebra Roa sobre la decisión de la Corte, que califica como un paso de gigante, o un salto cuántico. “Desde hace muchos años hay una triada de países que son México, Argentina y Colombia, que van halando la vanguardia en Latinoamérica”, valora. Sin embargo, reconoce con la perspectiva que da el tiempo los límites del denominado litigio estratégico, y que las causales han demostrado no ser suficientes. “Los procesos de cambio social son eso, procesos. No ocurren de la noche a la mañana. Una cosa es convencer a una mayoría de jueces de la Corte Constitucional y otra lograr remover los obstáculos institucionales y culturales del sector de la salud, la educación, la función pública y todos los que sean relevantes para que todas las mujeres que necesiten un aborto conozcan sus derechos y los puedan ejercer de manera digna y oportuna”.

Aún está pendiente hacer realidad la promesa que la Constitución de 1991 le hace a las mujeres y niñas. “Solo cuando se logren remover los obstáculos institucionales y culturales para tener plena educación sexual, acceso a anticonceptivos, protección frente a la violencia sexual, aborto libre, digno y responsable y practicado lo antes posible, servicios de maternidad segura, y justicia para los abortos forzados, podremos promover ciudadanías libres y responsables, y familias con relaciones sanas que construyan país, desarrollo y bienestar”, concluye.

Desde que se promulgó la Constitución de 1991, el mayor hito en torno al aborto era esa sentencia del 10 de mayo de 2006, en la que la Corte Constitucional le puso un piso a la despenalización. El tribunal señaló que no era posible revocar esas tres causales, pero el Congreso podía avanzar en una despenalización mayor siempre y cuando respetara esos mínimos –lo que nunca ocurrió–. En aquel momento, la dignidad humana comenzaba a tener un mayor peso en la jurisprudencia, y prevaleció en la decisión, recuerda el exmagistrado Manuel José Cepeda, quien emitió entonces una recordada aclaración de voto. “El punto de partida, y lo esencial, es la dignidad humana. Por eso las tres excepciones que abre la Corte en ese momento tienen las características que tienen”, explica el jurista. Destaca que son momentos distintos, pues mientras en 2006 la controversia estaba planteada contra la penalización absoluta, ahora se ha planteado en la necesidad de ir más allá. “Las mujeres no están pudiendo acceder aún cuando se encuentran legítimamente en esas tres causales. Entonces, dentro del espíritu de la sentencia anterior hay que avanzar para que se quiten las barreras de acceso. Y la única manera es que la mujer pueda, en ejercicio de su dignidad y autonomía, tomar la decisión”, señala Cepeda. “Lo que está en juego acá es el goce efectivo del derecho. En la práctica, no exclusivamente a nivel jurídico. Para los magistrados es fundamental que los derechos no se queden en el papel”.

El paso del Constitucional llevaba tiempo madurando. “Tenemos un presidente de derecha que ha impedido cualquier avance en materia de regulación, pero al mismo tiempo estamos en un momento en que globalmente hay una movilización feminista importante y ha habido cambios legales en muchos sitios, entonces políticamente es un escenario con oportunidades y restricciones”, valora la académica Isabel Cristina Jaramillo, profesora de Derecho de la Universidad de Los Andes que ha sido asesora de Causa Justa. “Lo que se esperaba en el 2006 era volver este un debate más laico, y eso se ha logrado. El debate contemporáneo es laico, y en materia de derechos de las mujeres”, apunta la también autora de La Batalla por el Derecho al Aborto, que además ha sido postulada como magistrada del Constitucional. Señala que, bajo las circunstancias actuales, los médicos revisan las causales y tienden a interpretarlas de la manera más restrictiva. “Frente al abandono del Congreso, las mujeres tenemos que buscar nuestra protección de los derechos frente al órgano que está encargado, que es la Corte Constitucional. Hay personas muriendo, yendo a la cárcel, por algo que ya se definió en la sociedad colombiana, y es que impedirle a las mujeres abortar en ciertas circunstancias es vulnerarles su dignidad”.

Figuras como Thomas, que ha dedicado su vida a hablar del aborto, aplauden lo que han hecho las mujeres más jóvenes para lograr que la despenalización, así no sea total, hoy sea una realidad. “Cuando empezamos no teníamos redes, ni internet, solo teníamos las calles y ahí salíamos a gritar. Cuando veo ahora a las jóvenes me alegra saber que ellas tienen más opciones para impactar”, dice.

Catalina Martínez es una de las voces de la generación que en los últimos años ha llevado las banderas a favor del aborto en Colombia. Es la directora regional del Centro de Derechos Reproductivos y desde allí ha acompañado legalmente a madres que han visto morir a sus hijas tras un aborto clandestino o a mujeres acusadas judicialmente por haber interrumpido su embarazo. “[Llegar aquí] es el resultado de muchas luchas feministas y de haber dado pasos contundentes durante todos estos años. El Congreso colombiano se ha quedado corto frente a la oportunidad de legislar sobre los derechos de las mujeres, por eso la Corte Constitucional se convirtió en la puerta para materializar y acceder a nuestros derechos”, decía Martínez el pasado noviembre cuando estaba por vencerse uno de los plazos que tenía la Corte para fallar.

Causa Justa logró abrir una conversación pública sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos que jamás se había visto en Colombia. Hoy solo el 20% de los ciudadanos está de acuerdo con que las mujeres vayan a la cárcel por abortar. Artistas, líderes de opinión y políticos se han unido al movimiento a favor del aborto y han hecho de este un espacio más diverso. “La causa va más allá de grupos feministas. Esto se trata de un tema de salud, de derechos humanos, de democracia”, dice Martínez.

Mariana Ardila es otra de las abogadas que ha contribuido al avance en los derechos de las mujeres en Colombia. Desde Women’s Link ha liderado la lucha por el aborto libre desde hace más de una década. “El país no ha cambiado por arte de magia, esto ha sido el resultado de un trabajo sostenido de varias organizaciones para investigar, hacer litigio estratégico, hablar con médicos”. La despenalización del aborto hasta la semana 24 es el máximo logro de un trabajo de muchos años y del esfuerzo de muchas personas. “No sé si la gente dimensiona lo que hay detrás de la historia que se escribió hoy. No somos unas cuantas. Somos miles. Somos cada vez más. Lo pusimos y lo dejamos todo. ¡Y este es el resultado!”, escribió en un tuit Mariana Ardila tras conocer la noticia. Colombia hoy es un país más justo gracias al movimento feminista.

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La compra de votos por parte de Abel Martínez se verificó en diferentes municipios de la provincia de Santiago.

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Por Rosa Hernández

Las votaciones en la consulta del PLD eran muy precarias en los diferentes del pueblo del país y a pesar de que los precandidatos compraban los votos a razón de mil quinientos pesos por persona de las demás  organizaciones y de los miembros del partido morado, la irregular situación no mejoró la pobre participación en la contienda,  cuyo poco interés podría obedecer a una serie de factores ventilados anteriormente por los propios líderes de esa organización.

Todos los periódicos de circulación nacional, incluido la radio, la televisión y los digitales, reportaron desde las primeras horas de este domingo la poca asistencia que se verificaba en los centros de votación utilizados para elegir al candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Los informes de prensa destacaban la poca asistencia para ejercer el voto, lo cual podría ser atribuible a una diversidad de factores, como por ejemplo que los discursos de los candidatos no lograron calar entre los votantes convocados a la consulta, la perdida de la credibilidad de esta organización de la que varios dirigentes son procesados por corrupción administrativa o probablemente porque no circuló todo el dinero que se acostumbra a distribuir en este tipo de contienda.

Era prácticamente general la creencia de que la concentración de personas de los precandidatos durante su campaña obedecía a que recibían algún dinero por su asistencia, lo cual indica que parece que no ocurrió lo mismo al final de la jornada  y ello quitó estímulo a los que sufragan a cambio de un interés pecuniario.

El propio expresidente de la República Dominicana y líder del PLD, Danilo Medina, dijo luego de perder las elecciones frente al Partido Revolucionario Moderno (PRM) que el problema de su organización es que si a los militantes no se les paga se niegan a hacer el trabajo político que se requiere para ganar.

E incluso agregó que ya los peledeístas sólo se movilizaban cuando buscaban que se les nombrara en un cargo y luego también exigían que muchos de sus familiares fueran favorecidos con el mismo premio en la administración pública.

Los peledeístas estuvieron convocados este domingo para escoger el candidato presidencial de esa organización mediante una consulta que se inscribe en el marco del manejo ilegal en que incurren los partidos tradicionales del país, ya que en realidad se trata de unas primarias anticipadas, pese que  que la ley del régimen electoral las tiene pautadas para mediados del año 2023.

En el curso de esta misma tarde está supuesto anunciarse el candidato ganador, pero no existe mucha esperanza de que se diga la verdad de la cantidad de personas que votó en la consulta, ya que sería una derrota política decir  lo ocurrido para una entidad que busca regresar al poder en el 2024.

El desenlace de la consulta también tiene el ingrediente de que si la ganadora fuera Margarita Cedeño de Fernández podrían surgir problemas a lo interno de esa organización,  ya que los seguidores de Abel Martínez parecen estar preparados para alegar fraude como lo advirtió su vocero Fernando Ramírez, lo cual podría implicar otra división en esa entidad.

Por lo menos se pudo establecer que principalmente Abel Martínez se dedicó a comprar votos, no sólo de sus compañeros de partido, sino también de los miembros del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de las demás organizaciones a razón de mil quinientos pesos por cada persona que sufragara  en su favor.

Esta conducta de Martínez se verificó en Santiago y todos los municipios pertenecientes a la provincia de Santiago, como San José de las Matas, Jánico, Sabana Iglesia, Baitoa, entre otros, lo cual se difundió como reguera de pólvora, lo que supone que igual tuvo que haber ocurrido en todas las regiones del territorio nacional.

La consulta se inició a las ocho de la mañana y  concluyó a las cinco de la tarde cuando se inició el conteo para determinar quién fue el triunfador en la contienda y cuál será a partir de ese momento la suerte de un partido profundamente cuestionado por todos los actos de corrupción en que ha estado involucrado.

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Maldiciones, herencias y acusaciones de colonialismo. ¿Qué pasará con las joyas de Isabel II?

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Madrid.- Cuenta la leyenda que todos los varones que han poseído el Koh-i-Noor han caído en desgracia. Un texto hindú del siglo XIV dice que “quien posea este diamante dominará el mundo, pero también conocerá todas sus desgracias. Solo Dios o una mujer pueden llevarlo con impunidad”. Nadie se ha atrevido a desafiar la profecía en los últimos siglos, pero las cosas podrían cambiar, pues es un hombre, Carlos III de Inglaterra, quien acaba de heredarlo. El Koh-i-Noor es uno de los diamantes más grandes del mundo. Se han librado guerras en su nombre. Perteneció a monarcas hindúes, mongoles, persas y afganos. Y en 1877 pasó a manos de la familia real británica, cuando la reina Victoria fue nombrada emperatriz de la India. La joya se engastó en el centro de la llamada Corona de la reina Isabel, que ahora ha heredado el nuevo rey. Muchos esperan que no sea él quien la luzca y que, siguiendo la tradición —o superstición— familiar, se la ceda a su esposa, la reina consorte Camila. Otros tantos, en la India, esperan otra cosa.

La muerte de Isabel II, el 8 de septiembre, ha galvanizado en los últimos días una vieja disputa internacional. Las autoridades indias creen que la inclusión de esta joya nacional en la corona británica es un símbolo del yugo colonial. Aseguran que la pieza fue robada por la familia real británica, no regalada. Y las acusaciones se han intensificado en los últimos días en las redes sociales, donde el nombre de la joya se convirtió en trending topic nada más anunciarse la muerte de la monarca. La disputa viene de lejos. En 2010, el entonces primer ministro británico, David Cameron, abordó el tema en una entrevista en la televisión india con unas declaraciones que dieron la vuelta al mundo: “Si accediéramos a todas las peticiones, el Museo Británico se quedaría vacío”.

Esta es una de las muchas historias que han salido del joyero de Isabel II en los últimos días y representa muy bien por qué han despertado el interés del pueblo británico (y mundial), pues conjugan el lujo y boato de la corona con su pecado original. Son joyas, pero cuentan historias de maldiciones, intrigas palaciegas y conflictos morales e internacionales.

El año parlamentario del Reino Unido se inauguró en 2022 con un discurso del entonces príncipe Carlos. No faltó, eso sí, la Corona de la reina Isabel, aunque el actual monarca no se la puso.GETTY IMAGES

Son tan famosas que han acabado convirtiéndose en una expresión: las Joyas de la Corona son una colección de alhajas y tesoros que pasa por ser la más valiosa del mundo. Más de dos millones de personas las visitan cada año en la Torre de Londres. La Corona de Eduardo el Confesor, la imperial del Estado, la de la India, la Diadema del estado, la Corona pequeña de la reina Victoria, la de la reina Isabel, la de Jorge, príncipe de Gales… Todas pertenecen a la institución, no a la persona de Isabel II, con lo cual han pasado automáticamente al nuevo rey Carlos III, aunque este puede dejarlas a distintos miembros de la familia real, como ya hacía su madre. Kate Middleton ha lucido tiaras, broches y gargantillas pertenecientes a la familia real con cierta asiduidad. Camila también. Incluso Meghan Markle, antes de distanciarse de la familia, las usó en acontecimientos especiales como en su boda con el príncipe Enrique. Normalmente, estas piezas solo se utilizan para la coronación de un monarca, en retratos oficiales y en algunas ocasiones ceremoniales.

¿Con qué joyas será enterrada la reina?

Un funeral de Estado y una coronación son dos actos bastante ceremoniales, así que las especulaciones sobre las joyas que lucirán los protagonistas se han disparado en los últimos días. Durante el funeral, el féretro de Isabel II estará decorado con cuatro objetos, como manda la tradición: el estandarte del monarca británico, el Cetro de la cruz, el Orbe del soberano y la Corona del Estado imperial (que ya se han podido ver en su traslado del palacio de Buckingham al Parlamento). Esta última tiene más de 3.000 piedras preciosas incrustadas, pero es una en concreto la que ha llamado la atención de la prensa. El diamante Cullinan II, conocido como la Gran Estrella de África, fue encontrado en Sudáfrica en 1905. Un general bóer compró el pedrusco y se lo regaló a Eduardo VII, rey de Inglaterra de la época, como demostración de lealtad del pueblo bóer, pocos años después de la guerra que enfrentó a Inglaterra con sus colonias. El gesto fue visto como un acto de servidumbre colonialista incluso en la época y aún hoy muchos sudafricanos piden que se devuelva el diamante.

Estos objetos adornarán el féretro de la reina, pero muchos especulan con las joyas con las que será enterrada. Lisa Levinson, jefa de comunicaciones de la asociación de joyeros Natural Diamond Council, ha declarado al medio británico Metro que cree que lo será con “su sencillo anillo de bodas de oro galés y un par de pendientes de perlas”. Levinson asegura que su anillo de compromiso, que perteneció a la madre de Felipe de Edimburgo, la princesa Alicia de Battenberg, será probablemente entregado a la princesa Ana, aunque no hay ninguna información oficial al respecto.

La reina Isabel II luciendo las esmeraldas de Cambridge, un juego de joyas que propiciaron el secreto de los testamentos reales en Inglaterra. La foto es de un banquete en Singapur, en octubre de 1989.TIM GRAHAM (GETTY IMAGES)

Sobre la ceremonia de coronación de Carlos III (lo que se ha producido estos días ha sido su proclamación, no su coronación) hay menos certezas. Será celebrada el próximo año 2023, y se está preparando en una operación llamada pomposamente Golden Orb. Varios medios británicos han asegurado que será más pequeña, corta y económica de aquella que coronó a la difunta reina, hace 70 años. Aun así, parece difícil que la ceremonia, ligada a la tradición y el boato de esta institución centenaria, se lleve a cabo sin ciertos elementos litúrgicos. Carlos III recibirá la Corona de San Eduardo, la pieza más importante de las Joyas de la Corona británica, de las manos del arzobispo de Canterbury. Es la corona que se emplea para coronar a los monarcas del Reino Unido. Fue elaborada para la coronación del rey Carlos II. Por su parte, se espera que Camila luzca la Corona de la reina Isabel, con el Koh-i-Noor. Puede que así esquiven la maldición, pero avivarán seguramente la polémica y el enfrentamiento con el pueblo indio.

Queda aún por saber qué sucederá con el joyero personal de Isabel de Inglaterra, las preseas ligadas a su persona y no a la institución y que, por tanto, ella podrá legar libremente. Los tabloides ingleses especulan con el destino de un cofre que atesora más de 300 piezas, con un valor superior a los 120 millones de euros. La mayoría de sus joyas provenían del legado de dos matriarcas reales: su abuela, la reina María de Teck, y su tatarabuela, la reina Victoria. Algunos medios apuntan a que se dividirán entre Camila, Kate Middleton y su hija Carlota.

Lauren Kiehna, autora del libro The Court Jeweler, tiene motivos para pensar que no será así. En declaraciones al medio Page Six, esta historiadora ha aventurado que la reina legará todo a su hijo, por motivos históricos y económicos. “Creo que es muy probable que la reina haya seguido los pasos de su abuela, la reina María [de Teck], y su madre, la reina madre, y haya legado todas sus joyas directamente al nuevo monarca, el rey Carlos III”, manifestó. Esto es así porque la herencia directa entre monarcas, como es el caso, está libre del gravamen del 40% que se aplica a cualquier otra herencia en Inglaterra que supere las 325.000 libras (casi 375.000 euros).

En cualquier caso, el público nunca lo sabrá. Otra de las particularidades de los testamentos reales en Inglaterra es que son secretos. La práctica de sellarlos empezó hace un siglo y se ha arrastrado hasta el testamento del duque de Edimburgo, el más reciente antes de Isabel II. Durante este tiempo, la familia ha solicitado a la justicia mantener en secreto 33 testamentos y se ha repartido de espaldas al público activos por valor de al menos 187 millones de libras (unos 223 millones de euros) actualizados a precios de hoy, según cálculos de The Guardian. La medida se instauró para acallar un lío de faldas del príncipe Francisco de Teck, tío abuelo de Isabel II. Este legó en su testamento las joyas más valiosas de la familia, las esmeraldas Cambridge, a su amante, una mujer noble y casada. La reina María de Teck, hermana de Francisco, solicitó entonces a la justicia que el testamento de su familiar fuera secreto para ahorrarse un escándalo. Y lo consiguió, instaurando un precedente al que se han aferrado los Windsor desde entonces. El testamento era secreto, pero válido, así que la amante heredó las joyas por poco tiempo. María de Teck las compró por unas 10.000 libras de la época y las reintegró en el legado familiar. La reina Isabel II las lució en más de una ocasión. Ahora las repartirá, en secreto y quizá libres de impuestos, entre los suyos.

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Así era América antes de que Colón la descubriera

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Imaginemos, por un momento, un viaje imposible: tomamos un avión y despegamos del este de Bolivia, pero estamos en el año 1000 d. C., y realizamos un vuelo de reconocimiento a lo largo de todo el hemisferio occidental. ¿Qué sería visible desde las ventanillas del aparato? Hace cincuenta años, la mayor parte de los historiadores habrían dado una respuesta muy simple a esta pregunta: dos continentes absolutamente asilvestrados, poblados muy escasamente por bandas dispersas cuyo modo de vida apenas habría cambiado nada desde la última glaciación. Las únicas excepciones serían México y Perú, donde los mayas y los ancestros de los incas avanzaban casi a rastras hacia los comienzos de la Civilización.

Hoy, la idea que tenemos es completamente distinta en casi todos los sentidos. Imaginemos que ese avión del primer milenio vuela hacia el oeste, desde los páramos del Beni (Bolivia) a las cumbres de los Andes. Nada más iniciar el trayecto, se encuentran los caminos elevados y los canales que se ven actualmente, con la peculiaridad de que están en perfectas condiciones y repletos de gente. (Hace cincuenta años, esos trabajos de preparación del terreno realizados en tiempos prehistóricos eran casi del todo desconocidos incluso para quienes vivían en las inmediaciones). Al cabo de poco más de ciento cincuenta kilómetros, el avión gana altura para salvar las montañas, y la panorámica de la historia vuelve a cambiar. Hasta hace relativamente poco, los investigadores habrían dicho que las tierras altas, en el año 1000, estaban ocupadas por pequeñas localidades muy diseminadas, y que solo había dos o tres grandes ciudades con sólidas construcciones de piedra. Las más recientes investigaciones arqueológicas han servido para revelar que en esta época en los Andes existían dos Estados en la montaña, cada uno de ellos mucho más extenso de lo que previamente se suponía.

El Estado más cercano al Beni tenía su centro en torno al lago Titicaca, una masa de agua andina de ciento ochenta kilómetros de longitud, a caballo entre la frontera de Perú y Bolivia. La mayor parte de esta región se encuentra a una altitud de 3.600 metros, tal vez más. Los veranos son cortos; los inviernos, lógicamente, largos. Esta “tierra desolada, gélida —como escribió el aventurero Victor von Hagen— era a todas luces el último lugar en el que uno podría dar por hecho que se hubiera desarrollado una cultura”. Lo cierto es que el lago y sus alrededores son relativamente templados, y que la tierra circundante está menos expuesta a las heladas que las zonas altas que la rodean. Aprovechándose de ese clima más o menos benigno, la población de Tiahuanaco, uno de los muchos asentamientos que han existido alrededor del lago, comenzó a florecer después del año 800 a. C. con el drenaje de los humedales que flanqueaban los ríos que iban a dar al lago, casi todos procedentes del sur. Mil años después, la población había crecido hasta el punto de ser sede de un extenso sistema de gobierno, una suerte de ciudad-Estado, también llamado Tiahuanaco.

Al ser no tanto un Estado centralizado como un conjunto de ayuntamientos unidos por la égida religioso-cultural del centro de los mismos, Tiahuanaco se benefició de las diferencias ecológicas extremas que tienen lugar entre la costa del Pacífico, las montañas escarpadas y el altiplano, y llegó a crear una tupida red de intercambios: pescado del mar, llamas del altiplano y frutas, verduras y cereales de los campos que rodeaban el lago. Gracias a la acumulación de la riqueza, la ciudad de Tiahuanaco llegó a ser una maravilla de pirámides en terrazas y grandes monumentos. Los muelles y diques de piedra se adentraban en las aguas del lago Titicaca, y a sus costados se apiñaban las barcas de alta proa, hechas de cañas y juncos. Dotada de agua corriente, de una red de alcantarillas cerrada, de paredes pintadas de colores chillones, Tiahuanaco llegó a contarse entre las ciudades más impresionantes del mundo.

Alan L. Kolata, arqueólogo de la Universidad de Chicago, realizó sucesivas excavaciones en Tiahuanaco durante la década de 1980 y a comienzos de la de 1990. Ha escrito que alrededor del año 1000 la ciudad tenía una población de unos 115.000 habitantes, junto con otro cuarto de millón en los campos circundantes. Son cifras que París, por ejemplo, tardaría todavía cinco siglos en alcanzar. La comparación no parece un disparate. En aquel entonces, el territorio que ocupaba el pueblo tiahuanaco tenía más o menos el tamaño de la Francia actual. Otros investigadores creen que esta estimación de la población es demasiado elevada. Es más probable que fueran 20.000 o 30.000 en la ciudad, según Nicole Couture, arqueóloga de la Universidad de Chicago que contribuyó a editar la publicación definitiva de la obra de Kolata en 2003. Y, en su opinión, el número de pobladores de los campos circundantes sería similar.

¿Cuál de los dos planteamientos es el correcto? Si bien Couture se mostraba plenamente segura de sus estimaciones, afirmó que tendría que pasar aún “otra década” hasta que se pudiera zanjar el asunto. Sea como fuere, el número exacto no afecta a lo que ella considera el punto crucial de la cuestión. “Construir una ciudad tan grande en un lugar como este es algo realmente insólito —dijo—. Me doy perfecta cuenta cada vez que vuelvo allí”.

Al norte y al oeste de Tiahuanaco, en lo que hoy es el sur de Perú, se encontraba el Estado rival de Huari, que abarcaba por entonces más de mil quinientos kilómetros por la columna de la cordillera andina. Organizados de manera más férrea, y con una mentalidad militar mayor que la de Tiahuanaco, los gobernadores de Huari idearon una especie de fortalezas que construyeron con arreglo a un mismo patrón y distribuyeron a lo largo de sus fronteras. La capital, llamada también Huari, se encontraba a gran altura, cerca de la moderna ciudad de Ayacucho. Con una población tal vez cercana a los 70.000 habitantes, Huari era un denso laberinto, lleno de callejuelas, con templos amurallados, patios ocultos, tumbas reales y edificios de viviendas de hasta seis plantas de altura. La mayoría de los edificios estaban recubiertos de yeso blanco, con lo cual la ciudad resplandecía al sol de las montañas.

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