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Opinión

Doña Justicia Capital

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 Por Narciso Isa Conde ( narsoisa@gmail.com)

Hubo una vez un hombre muy pobre, que por robarse un salami para paliar el hambre que lo agobiaba, pasó diez años en la cárcel.

En estos días nos informan que otro infeliz fue a parar a un destacamento policial por “robarse una guayaba”..

En ambos casos, tanto el dueño pijotero del salami como el de la guayaba, recurrieron a la nada santa Policía Nacional, asociada desde sus estructuras de mando a todo tipo de delitos de Estado, empresariales, civiles y militares.

 Y no es que el pobre hombre del salami o el infeliz joven de la guayaba recibieran el castigo mayor contemplado en casos de violación de la ley que protege la “santísima propiedad privada”, pues es conocida la abundancia de jovenzuelos empobrecidos que caen sistemáticamente abatidos por la implacable metralla policial; muchas veces solo “por sospecha” o por el simple hecho de ser pobre, generalmente “mal vestido”, negro,  mulato o descendiente de haitianos/as

Con el ricachón, el general, el político encumbrado, el alto funcionario enriquecido, el “inversionista extranjero”,  el mafioso  con papeletas… pasa lo contrario. Y si además es blancote y rubiote, va en coche.

A robo menor, penas mayores; robar poquito por hambre puede conllevar  hasta pena de muerte.

A  robo mayor, impunidad absoluta. Robar muchísimo desde el poder  y la opulencia incluye condecoraciones, reconocimientos, alabanzas, candidaturas y nombramientos jugosos; incluidos títulos de filántropos (si se trata de grandes empresarios) o diploma del “mejor estadista del año” (si se trata de un ex-presidente socio en suciedad de una voraz  transnacional tipo Barrick).

Así ha sido en tiranías y post-tiranías, durante las ladrocracias (balaguerista, perredeísta y peledeísta); durante las mentadas democracias, las seudo-democracias y las narcocracias capitalistas.

Y si les asaltan dudas sobre el “arreglo” que le han hecho a la balanza o no alcanzan a ver los agujeros en la venda de Doña Justicia, observen bien los Ladroneles de hoy, presentes en parte en el gabinete de Danilo.

Los asociados a la estafa de la Sun Land  y los conspicuos receptores de las ayudas multimillonarias a FUNGLODE.

Los sobornados por Barrick Gold, Falcondo, Gold Corp, Uni Gold y todo el cártel de la mega-minería. Los muchachones del PEME. Los integrantes de las mafias importadora, eléctrica, energética, de la construcción, de las deudas y los bonos soberanos

Pónganle el ojo clínico a los narcos-generales y sus conexiones políticas.

Y entonces podrán valorar la dicha de esos tipos por no limitarse a  cogerse las guayabas y salchichones ajenos. ¡Justicia de clase!

Artículo original publicado en el periódico HOY

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Opinión

Mujeres, paguen

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Por Rosario Espinal

¿Son estúpidas las mujeres? ¿Incapaces? ¿No les interesan esos cargos? Muchas veces se habla de igualdad, pero a la hora de la verdad, sobresalen las justificaciones para mantener la desigualdad.

No se dejen engañar, ni construyan ustedes la mentira de que hay igualdad, ni siquiera de oportunidad. Los hombres mandan en este país y en todos, y tienen más recursos que las mujeres.

Para ilustrar, en este país nunca ha habido una mujer presidente. De una veintena de ministerios en solo dos hay ministras (una es de la Mujer). De 32 senadores, solo hay cuatro senadoras. De 158 alcaldes, solo 10% son mujeres. De 190 diputados, solo alrededor del 30% son mujeres (y eso es con cuota).

¿Por qué? ¿Son estúpidas las mujeres? ¿Incapaces? ¿No les interesan esos cargos?

Muchas veces se habla de igualdad, pero a la hora de la verdad, sobresalen las justificaciones para mantener la desigualdad.

Se argumenta que los hombres tienen más fuerza física, que es un designio de Dios, que son más racionales, menos emotivos.

A las mujeres las culpan hasta de que las violen. ¿Por qué estaba en la calle a esa hora? ¿Por qué se viste así? O se lo inventó.

¿Quieren los hombres perder el poder que tienen? ¡Jamás!

Entre los empresarios sobresalen los hombres. Unas cuántas mujeres, casi siempre por nombre de familia, adornan el escenario masculino-empresarial.

El poder de los hombres es ancestral y la inmensa mayoría de los hombres lo defienden a capa y espada, con distintos argumentos, con distintas estrategias, y también, con la ayuda de muchas mujeres que han sido socializadas (y socializan a sus hijos) para creer que los hombres mandan, y tienen derecho a hacerlo.

Veamos las religiones. ¿Conoce usted un Dios mujer en la tradición judeocristiana-islámica? ¿Ha habido un Papa mujer? ¿Sacerdotes mujeres? ¿Imanes o ayatolas mujeres?

Hay pastoras protestantes y evangélicas, pero la mayoría son hombres. Hay algunas mujeres rabinas en el judaísmo reformado, pero la inmensa mayoría de los rabinos son hombres. Hasta el corrector de esta laptop me marcó la palabra rabina incorrecta.

¿Quieren los curas, imanes, rabinos y pastores perder su poder para dar cabida a las mujeres en las estructuras jerárquicas que controlan? ¡No!

Si todavía usted no se ha dado cuenta de la desigualdad de género, vaya al oculista o deshollínese el cerebro.

La campaña en contra de la llamada “ideología de género” que promueven las religiones consiste en decir que no hay desigualdad entre hombres y mujeres, que hay diferencias biológicas por designios de Dios para cumplir distintas funciones en la sociedad.

Por siglos y siglos, los hombres han tenido el poder en todas las religiones, mientras las mujeres representan la gran feligresía y dicen amén. Es penoso que tantos utilicen a Dios para justificar las desigualdades.

En todo el mundo, las mujeres se encargan de casi todas las labores de cuidado doméstico, trabajan fuera del hogar (quieran o no) porque necesitan recursos para mantener sus familias, y muchas cuidan solas de sus hijos porque el padre los abandonó.

Y encima de todas esas cargas, ahora se proclama que las mujeres deben pagar la mitad de la cuenta, para aliviar la carga de los hombres que no tienen suficiente para invitar.

¡Por favor! La fiebre no está en la sábana.

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Opinión

Los grandes retos del país

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Por Miguel Guerrero

Durante años he escuchado con fascinación a los dirigentes políticos pontificar que los problemas nacionales son de tal ancianidad y envergadura que se precisa de una acción conjunta de todas las fuerzas  políticas y sociales para encararlos. Pero de ahí a los hechos ha mediado, como se dice, un largo e interminable trecho.

Las rivalidades partidistas se anteponen a ese enorme compromiso nacional, siempre pendiente.

Usualmente, los partidos se hacen la ilusión de que el fracaso de una administración les favorece y les allana el camino al poder. En ciertas circunstancias esa percepción es errónea y denota una escasa visión de futuro. Los tropiezos de un gobierno, cuando es legítimo, son de todo el país. Y si la oposición llegara a beneficiarse de ello, le tocaría un fardo de problemas como herencia.

Además de los temas coyunturales, como los que hoy se debaten, la nación tiene otros grandes retos, tal vez como pocas veces en el pasado. Y para alcanzar la mayoría de ellos se impone un compromiso nacional. Muchos de nuestros fracasos, lo que en cierta medida explica el atraso del que nos hablaba frecuentemente el profesor Juan Bosch, se derivan de la resistencia de los grupos de oposición a colaborar con la agenda del gobierno en aquellos temas que son prioridades nacionales, y, por el otro lado, de la prepotencia de dirigentes y funcionarios que creen que se bastan por sí solos.

Muchas de las fallas de esos programas, que pagamos después, se deben a la falta de respaldo político fuera del ámbito oficial y de la miopía de los gobiernos respecto al valor del rol de la oposición. Sólo un ambiente de respeto mutuo hará que un día gobierno y oposición se pongan de acuerdo para adelantar aquellos proyectos con los que usualmente están de acuerdo. En una democracia el valor de la oposición es tan importante como la del gobierno. Mientras no se la entienda de ese modo seguiremos a la deriva.

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Opinión

La Constitución dominicana es sólo de apariencia.

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Por José Cabral.

Es muy bonito escuchar por la televisión y todos los demás medios de comunicación el tema de los derechos fundamentales, cuya realidad envía un mensaje distinto.

En más de una ocasión he planteado el serio problema en que está atrapada la sociedad dominicana en el contexto del sistema de justicia nacional.

Lo primero es que nadie, absolutamente nadie, respeta como debe ser la justicia constitucional, ni siquiera las cortes que tienen la misión de velar por ella mediante los recursos extraordinarios para la preservación y respeto de la constitución.

El primer ejemplo de lo que ocurre con la violación de la Constitución y con el no respeto de los derechos fundamentales, tanto a nivel del derecho interno como del externo, es la actitud del Ministerio Público, el cual destina al zafacón las denuncias y querellas presentadas por aquellas personas humanas víctimas de robos, asaltos a mano armada y de una gran variedad de actos delincuenciales.

El asunto es tan grave que cuando las victiman reclaman resultados de sus querellas o denuncias el fiscal procede con un archivo definitivo en virtud de lo que dispone el artículo 181 del Código Procesal Penal, pero peor aun cuando el perjudicado decide someter un recurso de objeción ante el juez de Instrucción, el cual regularmente lo que hace es ratificar lo decidido por el Ministerio Público.

En este caso no importa la violación que cometa el fiscal que ha manejado el caso, lo cual se constituye en una violación de la tutela judicial efectiva, el debido proceso y el derecho a la defensa, consignados en los artículos 68 y 69 de la Constitución.

Pero la cuestión se complica cuando hay que acudir mediante un recurso contencioso administrativo por las constantes y graves violaciones de los derechos de los administrados, cuyo desempeño de los jueces de esta jurisdicción, hermanita de padre y madre del  derecho constitucional, actúa como una caja de resonancia del Procuraduría General Administrativa y ahora abogado del Estado.

Es frustratorio e imperdonable lo que ocurre en esta jurisdicción de la justicia, pero todavía la cuestión es mucho más preocupante con la emisión de una serie de sentencias que violentan los más elementales principios del derecho constitucional.

Sin embargo, lo más deprimente es cuando se somete un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia, cuyo fallo se produce cuando  ya los justiciables han muerto o de revisión de una acción de amparo o de una decisión jurisdiccional ante el Tribunal Constitucional, en cuyos órganos se concreta la expresión de que justicia tardía es justicia denegada, dado que los casos son decididos hasta 2, 3 y hasta 4  años después de haberse sometido.

Voy seguir con el tema, pero lo que he dicho hasta este punto indica que la Constitución dominicana y el neo-constitucionalismo que tanto se pregona es una forma de que el país esté a la moda con esta corriente, pero que la realidad está más asociada con la herencia histórico cultural del pueblo dominicano, en la que  prevalecen una serie de antivalores como el amiguismo, el machismo, el patriarcado y el caudillismo, entre otros.

Sólo el pueblo dominicano puede superar la sociedad de las cavernas en que nos tienen sumergidos los partidos políticos y otros actores de la democracia de papel que se ha impuesto en la República Dominicana.

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