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Dónde Fallamos? Una Reflexión Sobre Qué Nos Pasó»

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Por: Isaías Ramos

Cuando los principios y valores son pisoteados y diluidos, sucede lo que nos está afectando en nuestra sociedad. Hemos entrado en una crisis moral y espiritual que muchos dominicanos aún no terminan de visualizar. Existe un dicho que afirma: “No existe peor ciego que aquel que no quiere ver”. Ignorar esta realidad es mostrarse indiferente ante un pueblo que ha sido ultrajado, engañado y robado; un pueblo que gime de hambre y sed de justicia.

Nos encontramos en un país que ha sido sometido a vivir con limitaciones extremas, mientras que unos pocos disfrutan de las opulencias del derroche. Millones de dominicanos hacinados en ghettos sin presente y, mucho menos, con futuro, donde todo está por hacer y nada por esperar.

Es indignante tener que aceptar esta realidad, especialmente en un país bendecido con tantos recursos que Dios nos ha dado. Sin embargo, estos recursos están siendo robados y saqueados bajo el permiso y supervisión de una clase política y económica carente de principios y valores.

Es frustrante que, en 48 mil km², con apenas un 17% dedicado a la producción agrícola, el productor trabaja a su suerte sin apoyo del Estado, mientras miles de dominicanos se van a la cama sin haber comido. Simplemente es inhumano.

Hoy en día, los países desarrollados no dependen tanto de sus recursos naturales sino de su capital humano. En nuestro país, carecemos de ambos. No se educa ni se capacita a nuestra población y, por otro lado, han secuestrado nuestros recursos naturales y económicos.

Es preocupante cómo se expande la pobreza en un modelo económico que glorifica las migajas y desprecia el trabajo y la producción. Según los datos del propio gobierno, en 10 programas sociales que, según ellos, contribuyen a “reducir la pobreza” con ayudas insignificantes y que son responsables de perpetuar la miseria, mientras que apenas unos pocos trabajan formalmente por contar con leyes laborales obsoletas y una ley de seguridad social injusta.

Pero no toda la culpa es de estos políticos. Nosotros, como ciudadanos, hemos sido víctimas de nuestra propia indiferencia, pues los hemos sostenido y tolerado a pesar de estar conscientes de sus naturalezas retorcidas. ¿Qué nos pasó el día que gobiernos sin valores y sin principios decidieron realizar programas de: “corromper para no matar” en vez de capacitar y educar en conocimientos, principios y valores? ¿Qué nos pasó que pasaron 14 años para exigirle al gobierno la implementación de la ley de educación? ¿Qué nos pasó que solo nos enfocamos en los recursos y no en la calidad de formar buenos ciudadanos? La falta de principios y valores también se ha ido desvaneciendo en las mismas iglesias que están llamadas a defenderlos.

Víctor Hugo decía: “Cambia tu opinión, pero no cambies tus principios; cambia tus hojas, pero mantén tus raíces”. La educación que nos urge no es solo de conocimiento, es de valores

Así, no seremos víctimas de la descarnada manipulación a la que diariamente nos someten: intentan destruir nuestra identidad como pueblo y sembrar desesperanza con frases que se repiten día tras día.

No existen países ricos ni países pobres; existen países gobernados con principios y valores, y otros que no. Tenemos una población en el exterior que se ha convertido en la principal fuente de recursos. Gracias a ellos, millones de dominicanos hoy no pasan hambre. Sin esta ayuda, nuestra situación sería mucho más terrible. La verdad es que nadie desearía que su gente tuviera que partir hacia tierras extrañas por necesidad, y mucho menos por seguridad. Pero esta es nuestra cruda realidad.

Por mi parte, también lo he pensado, pero he decidido quedarme para luchar por esta nación, que está siendo víctima de seres sin alma ni corazón. Si tú también tienes esa opción y decides tomarla, jamás será reprochable. Pero si eliges quedarte, hazlo para defenderla, para luchar, para que tus hijos tengan una sociedad más justa y mejor. ¡Estoy seguro de que lo vamos a lograr!

El Frente Cívico y Social (FCS) cree firmemente que tenemos el potencial para generar los cambios y las transformaciones necesarias que redirijan el curso de nuestra nación, evitándonos un posible camino hacia la destrucción. Para lograr esto, debemos despertar y elevar nuestra conciencia colectiva en términos sociales, morales y patrióticos. Es imprescindible dejar de lado nuestro ego, ese gran distractor que nos aleja de lo verdaderamente importante.

Es el momento de unirnos, en cuerpo, alma y espíritu. Debemos elegir conscientemente trabajar juntos. En el FCS, estamos convencidos de que nuestro pueblo será más sabio en las próximas elecciones, donde estaremos definiendo el futuro de nuestro país. Entendemos que ha llegado la hora para el pueblo dominicano de asumir su responsabilidad como ciudadanos y de definir el futuro de sus hijos, nietos y el suyo propio.

Hoy, más que nunca, esta nación requiere de hombres y mujeres dispuestos a jugársela por su país. Este es el momento de comprometernos, de hacer un llamado al patriotismo y a la responsabilidad cívica. Estamos convencidos de que, juntos, podemos cambiar el rumbo de nuestra nación y garantizar un futuro próspero para las generaciones venideras.

¡Levantémonos! ¡Unámonos como dominicanos! ¡Trabajemos juntos por nuestro futuro!

¡Despierta, República Dominicana!

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La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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