Andrés Beato Betances / abeato102@gmail.com
El acoso laboral es una forma de tortura que contamina el derecho de las personas a trabajar y al mismo tiempo pervierte las ventajas terapéuticas de la acción laboral, constituyendo un factor de enfermedad que genera fobia al trabajo y grandes pérdidas económicas y de competitividad.
Se refiere más específicamente a la acción de una o varias personas de una empresa, sociedad o institución dirigida contra un compañero de trabajo con el objeto de conseguir que abandone su puesto, socavar su autoestima o elevar la de los acosadores.
Podemos asumirlo como el maltrato psicológico reiterado en el trabajo y con un objetivo determinado; los motivos que llevan a una persona a ejercer esa clase de acoso y derribo sobre otras son varios, aunque no tantos como la existencia de motivaciones individuales.
El principal, aunque suene sorprendente a algunos, es la envidia. La envidia entendida como celos del éxito de la futura víctima.
El acoso laboral es tan antiguo como el propio trabajo, aunque se ha intensificado; la situación de que un trabajador se vea marginado, hostigado, vejado, etc., por sus compañeros o por su jefe, para que aborrezca la situación y se marche, es tan antiguo como el trabajo y desde luego se ha seguido manifestando tras la aparición del Derecho del Trabajo.
Cuantas situaciones deben enfrentar los trabajadores y trabajadoras de hoy para mantenerse en el empleo. Todas estas situaciones provocan insolidaridad y ausencia de colaboración entre ellos, hasta el silencio y la no intervención en los conflictos que se puedan crear entre un miembro del grupo y su jefe.
Este último goza de una ventaja «competitiva» con respecto a los subordinados porque en una relación jurídica que se distingue por el componente de la asimetría, desigualdad entre las partes a favor del que paga y no del que ofrece la fuerza de trabajo.
El que produce los medios de trabajo, el que produce los bienes necesarios para el desarrollo, el que gestiona algo, el que presta un servicio, en lugar de ser el privilegiado, el que crea y desarrolla, se convierte en el culpable de todos los males del discurso cuando se trata de mediar ante un conflicto de acoso.
Determinar si existe o no el acoso laboral en nuestro lugar de trabajo, debe despertar el interés de todos, como la importancia en la escogencia de las empresas objeto de estudio, tal inclinación radica en que estas entidades por su magnitud empresarial representa uno de los sectores más importantes en el desarrollo laboral y a su vez porque a lo largo de la historia han sido protagonistas en las negociaciones colectivas de su convención laboral, las cuales siempre han estado marcadas por despidos, desplazamientos forzosos por amenazas y muertes de trabajadores y dirigentes sindicales.
Un buen desempeño desde el área organizacional, permitiría contribuir en la creación de ambientes de trabajos saludables, evitando de esta manera que se presente humillación, desprotección y acoso a los trabajadores.
El acoso laboral no distingue del nivel cultural, la idiosincrasia popular, el idioma, la religión, el nivel de desarrollo y educacional, el país, su ente, su historia, costumbres y otros parámetros vinculados con el desarrollo humano, puesto que es una pandemia que se ve a todo nivel, afectando a las personas tanto física como moral o psicológicamente, comenzando por hechos insignificantes, que pasan casi inadvertidos, hasta llegar al verdadero «terrorismo» en el ambiente laboral.