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El consulado dominicano en Nueva York continúa como un botín de los políticos.
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2 años agoon
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LA REDACCIÓNEn la República Dominicana y en el exterior nadie ha podido entender por qué resulta tan difícil convertir el consulado dominicano en una institución recaudadora en favor del Estado en vez de ser un botín para determinados políticos que llegan al puesto sólo preocupados por los altos ingresos en dólares que reciben.
Es un debate de nunca acabar porque todo el que llega al poder con la promesa de corregir un problema como el del consulado dominicano en Nueva York, que crea tanto escozor entre los dominicanos del país y los que viven en el exterior, cambia su discurso al respecto y se apega al criterio de hacer ricos a personas que sólo persiguen eso en la política partidista.
En los actuales momentos el puesto lo ocupa el ingeniero Eligio Jáquez, quien parece que durará los cuatro años de la gestión de Luis Abinader y se habla de la acumulación de una fortuna personal por parte de éste que supuestamente supera los mil millones de dólares.
Pero son muchos los que han desfilado por las arcas del consulado dominicano en Nueva York, cuya mayoría sale definitivamente rica, porque la mayor parte de los ingresos de la dependencia oficial tiene como destino los bolsillos del incumbente.

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El asunto es más que bochornoso porque ello ocurre sobre la base de cobrar tarifas abusivas en contra de los dominicanos que viven en la denominada ciudad que no duerme, cuyos inmigrantes de la República Dominicana tienen que trabajar día y noche para lograr tener un pequeño ahorro económico.
Sin embargo, lo de Abinader se convierte ya en lo que se podría llamar un abuso, porque sólo así se puede entender el hecho de que entregue un pedazo del Estado a un particular para que se haga multimillonario sobre la base del castigo tarifario a los dominicanos que han tenido que huir del país por razones socio-económica.
No hay un solo partido de los que operan en la República Dominicana, principalmente los tradicionales que son los que han sido privilegiados de llegar al poder, que busque corregir una situación que constituye una vergüenza nacional.
El consulado dominicano en Nueva York ha sido tradicionalmente una fuente de corrupción tan bochornosa que en esa dependencia del Estado en algún momento ha habido colocado hasta 37 vicecónsules en franca violación de la política diplomática con los Estados Unidos.
E incluso en algún momento se han dado negociaciones entre los que alegan tener el derecho partidario de ocupar el puesto, pero que no pueden por ser ciudadanos o residentes en los Estados Unidos y que en esa virtud no pueden ser designados en la posición y que han escogido a otros de sus compañeros para que sean nombrados allí, pero quien administra los recursos económicos es el que supuestamente tiene el derecho por las razones indicadas.
El consulado dominicano en Nueva York siempre ha sido un refugio de vagos y “vividores” que entran a la actividad política partidista para por lo menos exigir que se les premio con una posición en la institución recaudadora del Estado dominicano.
Naturalmente, el fenómeno de las llamadas “botellas” se extiende también a las demás dependencias oficiales en la gran manzana, como se conoce a Nueva York, ya que la misión diplomática dominicana allí es otra fuente de colocar a activistas de los partidos sin rendir ninguna labor y sin tener la preparación necesaria.
En algún momento funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han dicho que la República Dominicana tiene un personal diplomático que supera al de potencias y grandes países como Alemania, donde se para de la silla un empleado de la misión dominicana para que se siente otro y de esa manera por lo menos venda la idea de que hace alguna función.
Pero el asunto no para por mucho que se hable y se debata al respecto, ya que el botín del consulado dominicano siempre será codiciado por los que han hecho de la política partidista un negocio que no tiene contención ética.
Mientras el consulado dominicano en Nueva York continúa como un problema a resolver por la sociedad y el Estado, muchos acumulan fortunas sin la menor preocupación porque cuentan con el aval del presidente de la República de turno, exactamente como ocurre ahora entre Eligio Jáquez y Luis Abinader.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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2 días agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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4 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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7 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
