Por Elba García
Desde hace algo más de un año que el mundo ha visto como llegado el coronavirus y en su recorrido arrasa con, sino lo mejor, lo más destacado, sobre todo una parte de aquellos que promueven la literatura y el arte en general, como si la intención fuera dejarnos sin voz, sin alma y sin ninguna forma de expresión artística.
Son muchos los que han desfilado por el sendero de la muerte, muchas veces prematura, y en otras inoportuna y desgarradora, cuyos rastros perduran para siempre por la secuela de daños emocionales que causa entre los seres más queridos que en prácticamente todos los casos no permiten ni una despedida ajustada a la dimensión y los aportes del que se va para siempre.
Hay perdidas de grandes seres humanos que no hay palabras que pueda definir el alcance del dolor y de la nostalgia por la ida repentina de un ser que su principal misión ha sido dar hasta más no poder todo el esfuerzo y el amor a su gente, al prójimo y a todo el que incluso no conoce ni nunca vio.
Es una cadena de muertes que no deja ni siquiera un descanso para tomar impulso y entonces casi de inmediato se produce otro golpe irreparable y que marca profundamente a la sociedad, porque incluso muchos de los seres que se van se quedan con nosotros porque cuentan con obras que trascienden la muerte y la transitoriedad de la vida.
Ahora le tocó a Marcio Veloz Maggiolo, el poeta mayor como muchos lo han definido, porque su obra literaria, en prácticamente todos los géneros, se ganó el premio de vivir para siempre, de ser inmortal, ya que nació para dejar una impronta que lo coloca como un ser especial, extraordinario, imperecedero.
Veloz Maggiolo fue un hombre que forjó con su literatura los perfiles auténticos de la dominicanidad, de lo bueno y de lo malo que somos, porque su criticidad desde la literatura no tuvo fronteras, fue tan universal que abarcó todos los aspectos de la interpretación, la correcta interpretación de la vida en una sociedad tercermundista como la dominicana.
Sin embargo, su ida fue tan fugaz como el menos importante de los seres humanos, porque así sabe arrancarnos del corazón el coronavirus a los seres más queridos, más profundamente formados para entender el alcance del peligro, pero al propio que no tienen el miedo de recorrer un camino de tropiezos como de grandes éxitos.
Marcio Veloz Maggiolo, quien en su trajinar desde académico hasta literato, poeta, ensayista e inigualable ser humano fue tocado por una enfermedad que llega repentinamente y podría decirse que hasta pendejamente para llevarte el último suspiro y sustraer del afecto y el amor aun de aquellos que nunca lo conocieron.
Porque su obra literaria nos ponía muy cerca de él, aunque nunca lo vimos físicamente, pero su nombre trascendía su personalidad para convertirlo en un gigante que superaba los continentes y el mundo de la insignificancia de lo material.
El coronavirus o el Covid-19 es un asesino silente y sin miramientos que arranca los corazones de seres nobles que vinieron al mundo a dar hasta su propia vida para la felicidad de los demás, para llevar alientos y esperanzas a aquellos que no tienen la fuerza para sobrevivir en un mundo de grandes desigualdades e injusticias sociales.
Se ha ido un grande, un gigante de la literatura, de la poesía, del cuento y de todos los géneros literarios y su partida al más allá sin avisar ha sido una responsabilidad de una pandemia para dejar sentado un antes y un después en la historia de la humanidad, cuyas pérdidas humanas no serán recuperadas jamás.
Hasta siempre, maestro Veloz Maggiolo, porque no hay virus ni nada, absolutamente nada, que pueda eclipsar su inmortalidad aunque ya no esté físicamente con nosotros, porque su obra es tan grande que supera la dimensión del mundo.
Hasta siempre!