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El coronavirus rompe las costuras de la política migratoria de Trump

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La pandemia lleva al Gobierno de Estados Unidos a llamar a médicos extranjeros y a blindar a inmigrantes indocumentados que trabajan en el campo

El presidente Donald Trump, en una de sus conferencias de prensa.JIM LO SCALZO / EFE

Washington / Los Ángeles.- La Administración Trump urge a los profesionales médicos extranjeros, sobre todo a aquellos que trabajan con la Covid-19, a contactar con los consulados para acelerar la tramitación de sus visados y que puedan incorporarse cuanto antes a la lucha de Estados Unidos contra el coronavirus. También califica de “esenciales” empleos, como la recogida de las cosechas, que sabe que hacen los inmigrantes indocumentados. Y anuncia que no realizará redadas en busca de sin papeles, para evitar que el temor de estos a acudir al médico genere focos de contagio.

Ocurre justo en el momento en que el país se despierta del dulce sueño del pleno empleo, y se enfrenta a unas cifras de paro históricas. Más de 16 millones de personas, uno de cada 10 trabajadores del país, han solicitado la prestación por desempleo entre las dos últimas semanas de marzo y la primera de abril. Los expertos no dudan de que les seguirán millones más. Donald Trump, que ha hecho suyo el eslogan de “comprar estadounidense y contratar a estadounidense”, se encuentra ahora entre dos fuerzas: los empresarios que le urgen a relajar la mano dura con la inmigración para contener el descalabro de la economía, y los activistas anti inmigración, a los que ha azuzado durante más de tres años, que reaccionan airados a cualquier atisbo de cambio de actitud justo en el momento más crítico.

“Queremos que vengan”, dijo Trump, el 1 de abril, sobre los inmigrantes que vienen a trabajar al campo. “No estamos cerrando la frontera para que no pueda entrar toda esa gente. Han estado ahí años y años, y he dado mi palabra a los granjeros: van a continuar viniendo”.

En el campo de California está empezando estos días la recogida de la fresa. En dos semanas, serán las cerezas y los arándanos. En mayo, albaricoques y nectarinas. Un estudio de la Universidad de California calcula que trabajan 800.000 personas en la industria agrícola de ese Estado. La estimación más baja es que el 60% son indocumentados. Estos días de aislamiento, son las manos que garantizan que hay fruta y verdura fresca en los supermercados.

Estos trabajadores siempre han temido a la policía. Desde que California aprobó la orden de cuarentena, se añade otra razón para pedirles los papeles: la policía vigila que solo salgan a la calle trabajadores “esenciales”. La ironía del momento es que los indocumentados de los campos son a la vez trabajadores esenciales. Sin ellos no funciona la cadena de suministro de alimentos. “Si no fuera por ellos, cuánta gente se encontraría sin comida en la tienda”, dice por teléfono Manuel Cunha, presidente de Nisei Farmers League, un sindicato importante de Fresno, California.

Hace siete semanas, Cunha empezó a enviar a las asociaciones de productores una carta tipo para que la firmaran. Es una especie de salvoconducto. “En apenas un párrafo, se dice el nombre del trabajador, el granjero para el que trabaja y el teléfono. Si le para un agente de policía o del sheriff, solo tiene que enseñar la carta, llaman al granjero y este les confirma que esa persona se está desplazando a trabajar”. Las asociaciones han repartido las cartas entre las enormes producciones agrícolas de Fresno, afirma, y calcula que ya han impreso unas 400.000.

Ha tenido que llegar una pandemia mundial para que las administraciones de Estados Unidos reconozcan por escrito que no se puede prescindir de los inmigrantes irregulares. Tampoco aterrorizarlos. El pasado 18 de marzo, la policía de inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) anunció que paralizaba las redadas y detenciones indiscriminadas de indocumentados. Solo seguirán adelante las detenciones de delincuentes peligrosos. El criterio en la presidencia de Trump es detener a la mayor cantidad de gente posible.

El comunicado de ICE decía expresamente que no habrá detenciones cerca de servicios de salud, como hospitales. “La gente no debería evitar la atención médica por miedo a la actividad de la policía de inmigración”, afirma. El cambio de criterio, aunque temporal, extiende a la sanidad lo que ya era evidente en el ámbito de la seguridad pública en todas las grandes ciudades de EE UU, donde la policía no pide a nadie los papeles para que no tengan miedo de denunciar crímenes o testificar. A esto se le llama políticas de santuario y es una de las obsesiones de Trump. El coronavirus ha obligado a Trump a declarar de facto todos los hospitales santuarios.

La crisis también ha obligado al Gobierno a buscar fuera de sus fronteras profesionales con los que combatir la pandemia en los hospitales del país. “Animamos a los profesionales médicos que buscan trabajo en Estados Unidos con un visado de trabajo o de intercambio, especialmente aquellos que trabajan en temas de Covid-19, a contactar con la embajada o consulado más cercano para obtener una cita”. El mensaje lo lanzó el 26 de marzo el Departamento de Estado. Seis días antes, se habían suspendido los servicios rutinarios de visados en las embajadas de todo el mundo, reducidas a servicios esenciales y concentradas en la repatriación de estadounidenses.

 
El mensaje, publicado en la página web del Departamento de Estado y difundido por redes sociales, desató un aluvión de llamadas de profesionales médicos para interesarse por la aparente invitación a iniciar un proceso que, en condiciones normales, puede demorarse durante años. También críticas en las redes por lo que se interpretaba como la promoción de una fuga de cerebros que podría ser letal para países que luchan contra una pandemia que pone al límite sus recursos. Al día siguiente, el Departamento de Estado tuvo que emitir una “aclaración”: el mensaje se dirigía solo, dijeron, a aquellos profesionales que ya habían sido admitidos para trabajos o estudios en Estados Unidos.

“Debo confesar que quizá lo que publicamos no era tan claro como debía haberlo sido”, reconocía Ian Brownlee, de la Oficina de Asuntos Consulares, en una sesión informativa telefónica con periodistas. “Se trata de gente que ya estaba lista para venir, no buscamos a otros”, aclaró. Preguntado acerca de por qué entonces publicar el anuncio, si no se estaba ofreciendo un tratamiento especial, Brownlee respondió que tendría que mirar “cómo todo esto sucedió”.

No ha sido la única medida reconsiderada (o aclarada) después de desatar una polémica. El 5 de marzo, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que aumentaría en 35.000 los visados para trabajadores temporales disponibles este año. Se trata de un visado que permite a los empleadores traer a trabajadores extranjeros para actividades temporales no agrícolas, como la hostelería o el turismo. Los empresarios suelen defender que se aumente el cupo, pero los partidarios de reducir la inmigración consideran que la práctica abarata los salarios e impide a los estadounidenses acceder a esos empleos.

El pasado 2 de abril, tras la publicación de los alarmantes datos de empleo, el Gobierno anunció que el plan de ampliar el cupo quedaba suspendido “debido a las actuales circunstancias económicas”. El problema es que muchos empresarios consideran que los trabajadores extranjeros son cruciales para determinados empleos que cuesta cubrir con ciudadanos estadounidenses. Y más cuando ahora pueden obtener más ingresos con las prestaciones de desempleo y otras ayudas contempladas en el gigantesco plan de estímulo a la economía. “Los inmigrantes están trabajando en los supermercados, en el campo, procesando la comida, en la construcción. Son las personas que, en momentos de emergencia, mantienen este país funcionando”, defiende Sindy Benavides, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos. “Confío en que esta crisis haga que, como sociedad, comprendamos esto”.

elpais.com

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Israelíes y palestinos se culpan mutuamente de muerte 4 niños

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Por EUROPA PRESS

FRANJA DE GAZA.- Las autoridades israelíes y palestinas han cruzado acusaciones este sábado por la muerte de cinco personas, incluidos cuatro niños, en una explosión ocurrida en el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de la Franja de Gaza.

Fuentes militares israelíes citadas por la prensa hebrea han asegurado que no son responsables de ningún ataque en esa zona en el momento de la explosión e incluso aseguran tener datos de radar que constatan el lanzamiento del proyectil que impactó en el lugar.

«Tenemos vídeos que demuestran más allá de cualquier sombra de duda que no es un ataque israelí. Se ha demostrado inequívocamente que es un lanzamiento fallido de un cohete de Yihad Islámica», ha apuntado otra fuente citada por ‘The Times of Israel’.

Sin embargo, fuentes palestinas señalan a Israel por el ataque y la agencia de noticias palestina WAFA asegura incluso que fueron dos misiles lanzados por aviones de combate israelíes los que causaron la masacre.

24 MUERTOS Y 203 HERIDOS EN 2 DÍAS OFENSIVA ISRAELÍ

El Ministerio de Sanidad de la Franja de Gaza, controlado por Hamás, ha informado de que son ya 24 los muertos y 203 los heridos en los dos días de ofensiva israelí, incluidos seis niños.

MATAN DIRIGENTES YIHAD ISLÁMICA

Por otra parte, las Fuerzas Armadas israelíes han informado de la muerte el viernes de otro dirigente de Yihad Islámica en un ataque aéreo en el sur de la Franja de Gaza.

Se trataría de Jaled Mansur, muerto en la ciudad de Rafá, quien sería el máximo comandante para el sur del enclave y equivalente al comandante en el norte Taisir Yabari.

Con esta muerte, el jefe de la Dirección de Operaciones de las Fuerzas Armadas israelíes, el general Oded Basiuk, ha indicado que según «toda la información disponible» han acabado con toda la dirigencia de Yihad Islámica.

«Esta organización ha intentado perpetrar un ataque mortal contra los ciudadanos israelíes y contra los soldados del Ejército israelí lanzando misiles guiados anticarro para matar civiles y militares», ha apuntado Basiuk en rueda de prensa.

«Hemos atacado y frustrado la cadena que iba a ejecutar este ataque», ha destacado. «La dirección al completo del brazo militar de Yihad Islámica en Gaza ha sido alcanzada», ha remachado.

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El papel de la raza en disputa en el asesinato de un nigeriano en Italia

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AP

La gente del pueblo ha aceptado la versión oficial de los hechos, atribuyendo la muerte del hombre nigeriano a un vendedor callejero insistente que desafortunadamente se enfrentó con un hombre que tiene un historial de enfermedad mental documentado por la corte

Civitanova Marche, Italia.-El sábado, dos marchas en una acomodada ciudad costera del Adriático italiano buscaban justicia en el brutal asesinato a la luz del día de un hombre nigeriano a manos de un extraño italiano, pero estaban divididas por una palabra: racismo.

Una marcha de nigerianos que viven en la provincia italiana de Macerata fue encabezada por la llorosa viuda de la víctima Alika Ogorchukwu y se unieron dos de sus hermanos. Los organizadores de esa marcha dijeron que no querían que la búsqueda de justicia se viera enturbiada por acusaciones de racismo que sienten que no se pueden probar.

La segunda marcha, a lo largo de la misma ruta una hora más tarde, fue encabezada por italianos negros de toda Italia que exigieron que las autoridades italianas dieran marcha atrás y reconocieran el papel que desempeñó la raza en el asesinato del 29 de julio.

“No nombrar el racismo no nos ayudará a entender cómo vencerlo. Porque el racismo existe en Italia”, dijo Selam Tesfaye, un activista inmigrante con sede en Milán, a la segunda multitud de unas 100 personas. “Si alguien en Civitanova quiere explicar por qué esto no es racismo, aquí estamos”.

Un video ampliamente difundido muestra al hombre italiano luchando contra Ogorchukwu en el suelo y estrangulándolo. Se puede escuchar la voz de un hombre gritando que el atacante se detuviera, pero ningún espectador intervino físicamente, agregando una capa de indignación pública por su aparente indiferencia.

La policía arrestó a un sospechoso italiano, Filippo Ferlazzo, de 32 años, pero rápidamente descartó una motivación racial para el ataque. El hallazgo fue confirmado por los fiscales que no incluyeron la motivación racial en la hoja de cargos, según la abogada de Ferlazzo, Roberta Bizzarri.

Según la policía, Ferlazzo primero golpeó a Ogorchukwu con una muleta que usó el vendedor después de perseguir al nigeriano 200 metros (yardas) por una calle comercial llena de boutiques de alta gama. Algunas cuentas dijeron que Ogorchukwu había felicitado al compañero de Ferlazzo mientras intentaba hacer una venta o pedir cambio de repuesto. Otros dijeron que había tocado el brazo del compañero.

La gente del pueblo ha aceptado la versión oficial de los hechos, atribuyendo la muerte del hombre nigeriano a un vendedor callejero insistente que desafortunadamente se enfrentó con un hombre que tiene un historial de enfermedad mental documentado por la corte.

“Esta no es una ciudad racista”, dijo Domenico Giordano, propietario de un quiosco. “Esta es una ciudad abierta. Si te portas bien, eres bienvenido e incluso ayudado”.

La gente ha dejado flores y condolencias en la acera donde mataron a Ogorchukwu, frente a una boutique de ropa de playa que estaba cerrada para el almuerzo en ese momento. La dueña de la tienda, Laura Latino, dijo que ha recibido comentarios negativos desde lugares tan lejanos como Houston, acusándola de quedarse al margen y no hacer nada cuando ni siquiera estaba allí.

“Tenga cuidado al juzgar una ciudad de 45,000 habitantes”, dijo Latino, y agregó que los rumores falsos estaban “arruinando la reputación de la ciudad”.

Los funcionarios de la ciudad expresaron su preocupación de que el asesinato estaba siendo politizado antes de las elecciones parlamentarias anticipadas de Italia el 25 de septiembre.

Samuel Kunoun, un activista sindical nigeriano que organizó la marcha con la familia de la víctima, dijo que no cree que el ataque haya tenido motivos raciales. Aún así, el papel de la raza en el caso está tan cargado que mantuvo la palabra “racismo” fuera de las pancartas en la marcha que atrajo a 200 personas, en su mayoría nigerianos.

“No tenemos que mezclarlo con el racismo. Lo que pasó es que alguien que no es normal mató a nuestro compatriota nigeriano”, dijo Kunoun. “Queremos que este chico pague por lo que ha hecho, que esté preso de por vida. Esa es nuestra justicia”.

Pero un manifiesto para la segunda marcha, anunciada como la primera en Italia organizada por italianos negros, enumera el reconocimiento del papel de la raza en el asesinato de Ogorchukwu como principal entre 11 demandas. Unas 30 organizaciones dijeron que buscarían unirse a la fiscalía como querellantes civiles.

La viuda de Ogorchukwu, Charity Oriakhi, se resiste a decir que el asesinato tuvo motivos raciales.

“Simplemente es alguien malvado”, dijo Oriakhi a The Associated Press.

Dijo que tanto ella como su esposo siempre se sintieron bienvenidos en Italia y que él nunca relató interacciones negativas cuando estaba vendiendo. De hecho, dijo, a menudo llegaba a casa con regalos de italianos para el hijo de 8 años de la pareja.

La pareja se conoció en la ciudad toscana de Prato hace aproximadamente una década, poco después de la llegada de Ogorchukwu a Italia, y luego se reasentaron en la región de Marche en un departamento sobre un taller de mármol en la pequeña ciudad de San Severino, en la ladera de una colina.

El gobierno nigeriano condenó la muerte de Ogorchukwu y su Ministerio de Relaciones Exteriores instó a las autoridades italianas a “llevar al autor del acto atroz ante la justicia sin demora”.

No todos los nigerianos en la provincia de Macerata niegan un elemento racial.

“La palabra racismo no se puede minimizar porque existe”, dijo Daniel Amanze, quien llegó a Italia desde Nigeria como estudiante hace 40 años. Dijo que vio que el racismo se volvió más «obvio» en los últimos años, ya que algunos políticos usan a los inmigrantes como chivos expiatorios para cubrir «su mala administración».

Amanze dijo que el asesinato de Ogorchukwu renovó la sensación de miedo entre los africanos que viven en la región de Marche que había comenzado a disiparse luego de otros dos ataques por motivos raciales. Uno fue un tiroteo en 2018 por parte de un activista político de extrema derecha contra africanos en Macerata que hirió a seis. El otro fue la muerte en 2016 de un hombre nigeriano, Emmanuel Chidi Nnamdi, quien fue atacado después de defender a su esposa del abuso racial en la ciudad de Fermo.

Ogorchukwu usó una muleta porque un automóvil lo golpeó mientras iba en bicicleta hace un año, dejándolo cojo. El abogado de la familia, Franceso Mantella, dijo que el vendedor ambulante siguió vendiendo productos, desde pañuelos hasta sombreros de paja, incluso después de que un acuerdo con el seguro le proporcionó un poco más de seguridad financiera junto con el trabajo de Oriakhi limpiando una estación de tren.

La viuda dijo que vio a su esposo por última vez cuando él le dio un sándwich en la estación de tren el día de su muerte. El video la obsesiona y mantiene la televisión en casa apagada para que su hijo no vea esas imágenes.

“Vi el video”, dijo, imitando el dominio del atacante sobre su esposo. “Lo que más me duele es que hay gente rodeada. Hacen un video. Nadie para ayudar. Ojalá alguien lo rescatara. Tal vez no estaría muerto.

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Una tribu nativa lucha en Nueva York para salvar sus tierras del cambio climático

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AFP

Su territorio se lo está comiendo el aumento del nivel del mar y la erosión costera, haciéndolo cada vez más vulnerable a los huracanes y a las fuertes tormentas

Southampton, Estados Unidos.-En los Hamptons, conocidos por las suntuosas mansiones de ricos y famosos, una tribu nativa estadounidense lucha contra la última amenaza para lo que queda de sus tierras ancestrales: el cambio climático.

Los Shinnecock («gente de la orilla de piedra», en su lengua), han vivido en Long Island (este de Nueva York) unos 13.000 años.

Sus poblados se extendían por el este de la isla antes de que los europeos les arrebataran sus tierras para asentarse y de que las autoridades estadounidenses los redujeran a poco más de 3 kilómetros cuadrados en la península.

Su territorio se lo está comiendo el aumento del nivel del mar y la erosión costera, haciéndolo cada vez más vulnerable a los huracanes y a las fuertes tormentas.

«Estamos ante una situación devastadora en que quizá tengamos que reubicar a todo un pueblo que siempre ha estado aquí», dice a la AFP Tela Troge, una abogada shinnecock.

La Nación India Shinnecock tiene gobierno propio y está reconocida a nivel federal como una tribu de unos 1.600 miembros.

Más o menos la mitad sigue viviendo en sus reservas, situadas en la Bahía de Shinnecock, al lado de Southampton, conocido por las suntuosas mansiones de multimillonarios escondidas tras portones eléctricos.

Al lado está el poblado de Shinnecock Hills, así como el famoso club de golf del mismo nombre, que se asienta, según la tribu, en unas tierras robadas en 1859.

– Inundaciones –

Ed Terry, de 78 años, que fabrica artesanía tradicional shinnecock con conchas que encuentra en la playa, recuerda que el arena llegaba mucho más lejos cuando era un niño.

«Se puede ver la erosión. Lo que era antes tierra ahora es agua. Es como si el mar viniera hacia nosotros», dice a la AFP mientras esculpe una cáscara de mejillón para hacer unos aretes.

Algunas zonas de la línea costera han retrocedido en los últimos años hasta 45 metros, según estudios que cita Shavonne Smith, la directora de medio ambiente de la nación indígena.

Dice que 57 casas tendrán que ser reubicadas, así como el cementerio situado al borde del mar.

«Cuando hablamos de trasladar a gente tan dependiente del agua – por razones espirituales, recreativas o de subsistencia – y llevarla al interior nos enfrentamos a un cambio gigantesco, estresante, emocional y dinámico de nuestra esencia», dice Smith a la AFP.

La tribu estima que el nivel del mar aumentará 1,3 metros para fines de siglo. A eso se suman tormentas cada vez más intensas que generan inundaciones cada vez más destructivas.

En 2012, el huracán Sandy ya avisó de lo que viene, llevándose riscos de la costa, arrancando tejados e inundando sótanos y cementerios.

«Hay estudios que muestran que para 2040 habrá un 100% de posibilidades de que todo el territorio de la Nación Shinnecock se inunde por tormentas», dice Scott Mandia, profesor de cambio climático en la Universidad Comunitaria del condado de Suffolk.

– «Sobreviviremos» –

Con el fin de preservar sus tierras y su forma de vida, que incluye la pesca y la agricultura, la tribu está tomando medidas para prepararse al cambio climático, construyendo un arrecife de conchas de ostras y colocando gigantescas rocas para que rompan las olas. Asimismo, ha plantado pasto para evitar que la erosión.

Los miembros de la tribu también contribuyen.

Troge, de 35 años, es directora del grupo de agricultoras de algas shinnecock, que reúne a seis indígenas que cultivan algas de azúcar para venderlas como un fertilizante natural.

Las algas ayudan a limpiar las aguas contaminadas que vierten los desarrollos urbanísticos vecinos, absorbiendo el carbono y los nitratos, y que están en el origen de las floraciones de algas tóxicas que dañan la vida marina.

La recolectora Donna Collins-Smith, con el agua hasta la cintura, dice que se inspiró en sus ancestros que «lo que preservaron para nosotros».

«Lo estamos recuperando de una muerte segura», dice esta mujer de 65 años.

Mandia, coautor de un libro sobre el aumento del nivel del mar, lamenta que las comunidades marginadas «que son las menos responsables» del cambio climático sean «las que más van a sufrir» y aunque aplaude los esfuerzos que realizan, simplemente están «ganando tiempo» antes de que su tierra se vuelva invivible.

Terry, el artesano septuagenario, se pregunta cómo será el futuro de los shinnecock, pues las fronteras de las tribus ya están delimitadas.

«No tenemos terreno más alto», dice, aunque está seguro de una cosa: «somos gente fuerte y sobreviviremos».

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