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El coronavirus es una arma poderosa para E.U. en su guerra psicológica, comercial y tecnológica en contra de China.

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 Mientras aumenta la alarma en todo el mundo por el coronavirus, Estados Unidos se estrena con un caso, la primera muerte en América, que ya  alcanza a 85 mil afectados en el mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado que los casos de coronavirus  ya ciertamente  llegan a 85 mil  en el planeta, cuyo mayor impacto, naturalmente aparte de China, es en Europa, ya que en Italia se habla de 1000 contagiados, cuya cifra ha dejado un saldo de 29 muertos.

En el continente americano se habla que la primera víctima se ha producido en los Estados Unidos y se informa de 2 contagiados en México, otro en Ecuador, lo cual quiere decir que la enfermedad toma cuerpo sin que todavía exista un medicamente para contrarrestarla.

El COVID-19 parece constituir uno de los virus más letales de todos los tiempos, porque a la velocidad que avanza serán miles las víctimas hasta encontrar la respuesta científica  de una enfermedad que  proviene del murciélago, igual que el ébola en África.

Los países latinoamericanos, los mas vulnerables cuando virus como el actual atacan, se han apresurado a tomar medidas para evitar el contagio  de su población, para cuyo fin han impuesto disposiciones extremas como impedir la entrada por sus aeropuertos y puertos de aviones y barcos que transporten pasajeros que presenten síntomas de gripe o de cualquier problema respiratorio.

 En países donde todavía no ha aparecido el primer contagiado la gente toma todas las medidas pertinentes para evitar el virus, cuyas autoridades difunden por los medios de comunicación el protocolo a seguir frente a la posibilidad de ser impactados por el coronavirus.

El Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana ha recomendado todo un procedimiento para que en el país nadie sea contagiado con el virus letal que tiene su origen en China, donde hay una cantidad significativa de víctimas mortales y aun mucho mayor de contagiados.

Las autoridades del gobierno chino han informado que los niveles de contaminación han bajado y que en consecuencia la cantidad de víctimas mortales ha disminuido, pero admiten que todavía no hay una vacuna para combatir el virus.

El pánico en la gente ya tiene un impacto importante en la economía, ya que la cantidad de visitantes se ha reducido en países donde el turismo es su principal producto de exportación, lo cual todavía no se puede medir en la República Dominicana.

En el país por lo menos se ha impedido la entrada de algunos barcos con turistas y se han suspendido los vuelos procedentes de países como Italia, nación de Europa que más ha sido impactada por el coronavirus.

En la medida que pasan las horas el pánico toma cuerpo y la gente ha decidido dejar de comprar alimentos fuera de la casa y temen hasta tener un contacto físico con extraños, sobre todo sin son personas procedentes del continente asiático.

La realidad es que el coronavirus se ha convertido en un mecanismo para contrarrestar el avance comercial que tiene China en el mundo, porque se ha generado una especie de discriminación en contra  de todo lo que provenga  de esta nación que hoy es una potencia que amenaza la hegemonía que tiene los Estados Unidos en el planeta, cuyas consecuencias podrían ser devastadoras para la economía de la nación asiática.

Hace décadas que la guerra entre las superpotencias  se desarrollaba  en el terreno bélico, pero luego la misma se convirtió en bacteriológica y posteriormente hasta la presente época pasó a lo ideológico, cuyos principales protagonistas son los medios de comunicación, pero no se puede descartar cualquier  retroceso si es que es conveniente para los actores de la   confrontación mundial por razones comerciales, económicas y tecnológicas.

 

 

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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