El presidente Luis Abinader pronunció un discurso que se podría calificar de grandilocuente y con aparente buenas intenciones, pero carente de un horizonte claro ante un país con una economía gravemente afectada por la corrupción y la pandemia de la Covid-19.
Abinader recurrió al mismo recurso de los pasados gobernantes de hablar de tantas cosas que cuando uno aterriza se choca con la realidad de que todo se queda en el marco del interés del mandatario de desarrollar un plan, sobre todo de construcciones, que no parece tan fácil de que se pueda lograr a menos que no sea con una nueva reforma fiscal o mediante un mayor endeudamiento externo.
En el curso de su discurso también se habló de la modificación de la Ley de Hidrocarburos, lo cual está por verse en virtud de los intereses que se mueven alrededor de la misma e incluso no se sabe hasta dónde pueda ser posible cuando el Gobierno en vez de disminuir sus ingresos procura aumentarlo y esa legislación coloca unos impuestos a los combustibles que les da un respiro a las autoridades.
Lo otro que se mencionó, aunque no lo hizo el presidente Abinader, sino el senador Eduardo Estrella, es la reforma de la Ley 8701 que crea el Sistema de Seguridad Social, lo cual se interpreta como una demagogia en virtud de los tantos intereses que convergen en las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) y las de Fondos de Inversiones, lo cual habría que ver hasta dónde sea posible.
El Gobierno, que rindió cuentas en el Congreso Nacional, está en medio de situaciones muy delicadas si se parte del hecho de que ya han sido varios los escándalos de corrupción y las dudas generadas, principalmente, con la destitución del Ministro de Salud Pública, Plutarco Arias, quien ha dicho que ha sido víctima de una campaña de descrédito por parte de sectores que quieren repartirse el presupuesto de esa cartera.
En lo que respecta a su denuncia se puede colegir entonces que el presidente Abinader responde a los grupos que provocaron su destitución, lo que deja una incógnita que se ventilará en los medios de comunicación durante un buen espacio de tiempo.
Se impone preguntarse cuál de los envueltos en esta confrontación tiene la razón, quién habla la verdad de lo ocurrido, ya que Plutarco Arias fue despojado antes de ser destituido hasta de la facultad de comprar medicamentos en razón de que esa responsabilidad fue transferida al Programa de Medicamentos Esenciales (PROMESE).
La situación planteada se constituye en un dolor de cabeza para el actual Gobierno porque son dudas que no se ve claro como podrán ser despejadas, porque se sabe que la actual administración perremeísta ha sido tomada por sectores que les interesa más el dinero que el bienestar de la sociedad.
Pero también se sabe que muchos funcionarios ponen por encima la búsqueda de dinero, aunque sea mediante la corrupción, lo que no se sabe si ha ocurrido en la destitución de Arias, sobre cuyos detalles no habló el presidente Abinader.
Otro tema de gran interés que abordó el presidente fue en lo referente a la instalación de una verja en la frontera para evitar la inmigración ilegal de haitianos, cuya intención podría ser realizable, pero habría que ver si la comunidad internacional la ve con buenos ojos.
Un tema tocado por el presidente en su discurso fue el referente al llamado peaje Sombra, el cual cuenta con un contrato hasta el año 2038 con un alto costo para el Gobierno dominicano y cuya rescisión constituiría un motivo más que suficiente para que la decisión sea discutida en un tribunal internacional con grandes posibilidades de que el país sea multado.
Ante cualquier consideración del discurso de Abinader, el mismo se inscribe en lo que se tiene acostumbrado al dominicano de recibir muchas promesas en esta fecha, pero cuya mayoría es incumplida.
Una cosa que se puede calificar como una exageración es asegurar que el 80 por ciento de la población estará vacunada contra el coronavirus a finales del mes de junio cuando el promedio de inmunización no pasa de 25 mil personas por mes. El mandatario en una ocasión anterior había asegurado que la pandemia estaba controlada en el país, lo que contribuyó al aumento de los contagios provocados por el patógeno.
Sin embargo, este 27 de febrero el presidente Abinader ha logrado pronunciar un discurso, que aunque nadie tiene la certeza de si cumplirá o no con lo prometido, el mismo ha estado lleno de un buen manejo escénico y con un contenido que se puede calificar de bueno.